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18 de julio 2016    /   BUSINESS
por
fotografia  Claudia Bellante

Así se fabrican juguetes sexuales de lujo

18 de julio 2016    /   BUSINESS     por        fotografia  Claudia Bellante
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En 2003 falleció la célebre oveja Dolly, empezó la Segunda Guerra del Golfo y un atribulado bosnio afincado en Suecia se devanaba los sesos pensando en el regalo perfecto para una dama que rozaba la cuarentena y nadaba en la abundancia. Filip Sedic, un ingeniero con vocación de inventor que entonces tenía 31 años, rumió y rumió hasta dar con un presente que nadie habría tenido la osadía ni la originalidad de comprar: un juguete sexual. Y se lanzó por todos los sex shops de Estocolmo a la búsqueda de un picante regalo que estuviera a la altura de tan refinada dama.

Pero no halló más que plástico barato y diseños venosos que no serían del agrado de tan elegante damisela. Ni de cualquiera con un mínimo de buen gusto. Y ahí, tuvo una idea que iba a cambiar su vida y la de mucha gente: ¿y si creaba una empresa que alejara el placer de la sordidez? ¿Y si empleaba materiales de lujo que convirtieran al vicioso vibrador en un deseado masajeador? Contactó con los diseñadores Eric Kalen y Carl Magnusson y se pusieron como posesos a crear prototipos en el salón de su casa. Y así nació LELO, una compañía que vende unas 250.000 unidades al mes en todo el mundo.

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¿Por qué no se le ocurrió regalarle un libro, un ramo de flores o unos bombones? Sedic, sentado en su despacho de Shanghái, donde dirige la compañía, suelta una sonora risotada. «Quería ser original», asegura encogiéndose de hombros este corpulento hombre de casi dos metros de altura.

El camino hasta la cima del placer sexual fue más rápido de lo que ellos mismos pensaron, pero también estuvo trufado de sorpresas. «No teníamos ni idea de dónde estaba la vagina. Hablando con médicos y especialistas me di cuenta de que todo lo que habíamos aprendido en el colegio y en los libros era falso», asegura con los ojos abiertos como platos. Y dio con el mapa del tesoro tanto del placer como de la riqueza. Su compañía, además de haber situado la vagina en su lugar, creció un 200% en 2015.

No teníamos ni idea de dónde estaba la vagina. Hablando con médicos y especialistas me di cuenta de que todo lo que habíamos aprendido en el colegio y en los libros era falso

Sedic ha insuflado clase a objetos que hasta aquel momento no se asociaban con este sector. Las creaciones de su compañía se distinguen por un diseño que no emula ninguna parte de la anatomía humana. Con un látex patentado por la compañía y unos acabados metalizados —en algunos casos, incluso, bañados en oro— parecen más pisapapeles artísticos que objetos destinados a arrancar gemidos.

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Pero la estudiadísima vibración (con diferentes opciones e intensidades) buscan garantizar los complacidos gritos de sus compradores. La clave, según él, es la tecnología SenseMotion, que es muy similar a la de los smartphones y las consolas, pero con un objetivo muy diferente. «Antes se empleaba únicamente en los aviones y costaba unos 30.000 dólares. Pero con el salto tecnológico de la última década, ahora vale sólo 100 dólares», explica Sedic.

Cada año acostumbran a sacar al mercado entre ocho y diez productos. Cada uno de ellos parte de una idea, que puede surgir de cualquier departamento de la compañía. «Tenemos una relación muy estrecha con nuestros compradores a través de chats y captamos sus necesidades. Pero muchas veces aparecen ideas de conversaciones informales», explica Joachim Kjaersgaard, jefe de desarrollo de producto. Cuando se le da luz verde, esa idea desemboca en 10 o 15 conceptos. De ellos, sólo uno verá la luz. Se hacen pruebas, se comprueba lo que funciona y lo que falla, y finalmente se descartan todos menos uno. «Es el momento más gratificante. Te sientes orgulloso de haber dado con el producto adecuado», asegura Kjaersgaard.

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A la fábrica que tienen en Suzhou, a hora y media de Shanghái, llega el producto ganador. El lugar se asemeja más a un laboratorio científico que un lugar de producción en cadena. Cada día alumbran entre 6.000 y 8.000 productos fabricados por unos 150 trabajadores y destinados al disfrute de todo el planeta. Aquí se encargan básicamente del ensamblaje de los artilugios, ya que las siliconas y las carcasas se producen en otras fábricas asociadas.

Así como en los años 70, los españoles de ‘moral licenciosa’ peregrinaban a Perpignan para ver ‘El último tango en París’, ahora los chinos acuden a Hong Kong para comprar películas para adultos

Sin embargo, cuando la fábrica se puso en funcionamiento, no les fue fácil reclutar al personal. En China, desde 2002 está prohibida la pornografía y trabajar en una fábrica de objetos destinados al placer puede ocasionar problemas familiares: «Nunca ponemos en los anuncios a qué se dedica la fábrica. Preferimos explicarlo en persona. La mayoría lo entienden y aceptan el trabajo», comenta Michael Duff, un escocés de 47 años que sufrió en sus carnes los tabús de su profesión. «Cuando mi padre se enteró de mi trabajo, estuvo tres meses sin hablarme», recuerda.

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En la última década se ha producido una revolución silenciosa en el mundo de los juguetes sexuales, en la que LELO ha tenido mucho que ver. Antes, para adquirir estos objetos, tenías que aventurarte en lóbregos sex-shops. Hoy en día tanto te puedes encontrar un lubricante al lado de la pasta de dientes en un supermercado como un vibrador de lujo en una tienda de Dolce & Gabbana.

Otros prefieren adquirir sus vibrantes fantasías al amparo del anonimato que procura internet. En Shanghái, por ejemplo, es casi obligatorio hacerlo así, pues los sex-shops son realmente escasos. El más grande que tuvieron, Kai Xuan Men Dasha, era un enorme centro comercial de cuatro plantas que acabó cerrando por falta de clientes. Pese a que China está viviendo un despertar sexual, la persecución de la pornografía por parte del gobierno no ha disminuido. Así como en los años 70, los españoles de ‘moral licenciosa’ peregrinaban a Perpignan para ver El último tango en París, ahora los chinos acuden a Hong Kong para comprar películas para adultos. En ese escenario, resulta complicado pasearse con una bolsa de un sex shop por el metro. Pero en la intimidad de los hogares y a través de internet, se adquieren estos productos que gozan de gran popularidad en este país.

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El fundador de LELO se ha convertido en un paladín dispuesto a combatir la mojigatería en busca del placer. Lo que resulta curioso es que hasta el momento no haya concedido ninguna entrevista. ¿Le caen mal los periodistas? Sedic ríe de nuevo: «¡Qué va! Mi mujer es periodista. Lo que pasa es que es un trabajo en equipo y no me gusta el culto a la personalidad. Sería injusto que la marca se identificara conmigo», asegura con carismática modestia. Y el enorme bosnio se dirige hacia un mueble de su despacho que abre para mostrar una colección de botellas de whisky. «En cualquier departamento de desarrollo de ideas del mundo tiene que haber whisky. En marketing pueden tomar ginebra, pero para las ideas, whisky», sentencia.

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Vista la amplia gama de productos con los que cuenta su compañía (fruto o no del malta), cabe preguntar: ¿cuál de ellos le regalaría ahora a la inspiradora mujer por la que se creó esta compañía? Sedic sonríe: «Imagino que ahora sería más convencional y le regalaría un libro erótico de esos antiguos, elegantes, porque, a pesar de todo, creo que el placer tiene que volver a sus orígenes».

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En 2003 falleció la célebre oveja Dolly, empezó la Segunda Guerra del Golfo y un atribulado bosnio afincado en Suecia se devanaba los sesos pensando en el regalo perfecto para una dama que rozaba la cuarentena y nadaba en la abundancia. Filip Sedic, un ingeniero con vocación de inventor que entonces tenía 31 años, rumió y rumió hasta dar con un presente que nadie habría tenido la osadía ni la originalidad de comprar: un juguete sexual. Y se lanzó por todos los sex shops de Estocolmo a la búsqueda de un picante regalo que estuviera a la altura de tan refinada dama.

Pero no halló más que plástico barato y diseños venosos que no serían del agrado de tan elegante damisela. Ni de cualquiera con un mínimo de buen gusto. Y ahí, tuvo una idea que iba a cambiar su vida y la de mucha gente: ¿y si creaba una empresa que alejara el placer de la sordidez? ¿Y si empleaba materiales de lujo que convirtieran al vicioso vibrador en un deseado masajeador? Contactó con los diseñadores Eric Kalen y Carl Magnusson y se pusieron como posesos a crear prototipos en el salón de su casa. Y así nació LELO, una compañía que vende unas 250.000 unidades al mes en todo el mundo.

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¿Por qué no se le ocurrió regalarle un libro, un ramo de flores o unos bombones? Sedic, sentado en su despacho de Shanghái, donde dirige la compañía, suelta una sonora risotada. «Quería ser original», asegura encogiéndose de hombros este corpulento hombre de casi dos metros de altura.

El camino hasta la cima del placer sexual fue más rápido de lo que ellos mismos pensaron, pero también estuvo trufado de sorpresas. «No teníamos ni idea de dónde estaba la vagina. Hablando con médicos y especialistas me di cuenta de que todo lo que habíamos aprendido en el colegio y en los libros era falso», asegura con los ojos abiertos como platos. Y dio con el mapa del tesoro tanto del placer como de la riqueza. Su compañía, además de haber situado la vagina en su lugar, creció un 200% en 2015.

No teníamos ni idea de dónde estaba la vagina. Hablando con médicos y especialistas me di cuenta de que todo lo que habíamos aprendido en el colegio y en los libros era falso

Sedic ha insuflado clase a objetos que hasta aquel momento no se asociaban con este sector. Las creaciones de su compañía se distinguen por un diseño que no emula ninguna parte de la anatomía humana. Con un látex patentado por la compañía y unos acabados metalizados —en algunos casos, incluso, bañados en oro— parecen más pisapapeles artísticos que objetos destinados a arrancar gemidos.

Sedic ha insuflado clase a objetos que hasta aquel momento no se asociaban con este sector. Las creaciones de su compañía se distinguen por un diseño que no emula ninguna parte de la anatomía humana. Con un látex patentado por la compañía y unos acabados metalizados —en algunos casos, incluso, bañados en oro— parecen más pisapapeles artísticos que objetos destinados a arrancar gemidos.

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Pero la estudiadísima vibración (con diferentes opciones e intensidades) buscan garantizar los complacidos gritos de sus compradores. La clave, según él, es la tecnología SenseMotion, que es muy similar a la de los smartphones y las consolas, pero con un objetivo muy diferente. «Antes se empleaba únicamente en los aviones y costaba unos 30.000 dólares. Pero con el salto tecnológico de la última década, ahora vale sólo 100 dólares», explica Sedic.

Cada año acostumbran a sacar al mercado entre ocho y diez productos. Cada uno de ellos parte de una idea, que puede surgir de cualquier departamento de la compañía. «Tenemos una relación muy estrecha con nuestros compradores a través de chats y captamos sus necesidades. Pero muchas veces aparecen ideas de conversaciones informales», explica Joachim Kjaersgaard, jefe de desarrollo de producto. Cuando se le da luz verde, esa idea desemboca en 10 o 15 conceptos. De ellos, sólo uno verá la luz. Se hacen pruebas, se comprueba lo que funciona y lo que falla, y finalmente se descartan todos menos uno. «Es el momento más gratificante. Te sientes orgulloso de haber dado con el producto adecuado», asegura Kjaersgaard.

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A la fábrica que tienen en Suzhou, a hora y media de Shanghái, llega el producto ganador. El lugar se asemeja más a un laboratorio científico que un lugar de producción en cadena. Cada día alumbran entre 6.000 y 8.000 productos fabricados por unos 150 trabajadores y destinados al disfrute de todo el planeta. Aquí se encargan básicamente del ensamblaje de los artilugios, ya que las siliconas y las carcasas se producen en otras fábricas asociadas.

Así como en los años 70, los españoles de ‘moral licenciosa’ peregrinaban a Perpignan para ver ‘El último tango en París’, ahora los chinos acuden a Hong Kong para comprar películas para adultos

Sin embargo, cuando la fábrica se puso en funcionamiento, no les fue fácil reclutar al personal. En China, desde 2002 está prohibida la pornografía y trabajar en una fábrica de objetos destinados al placer puede ocasionar problemas familiares: «Nunca ponemos en los anuncios a qué se dedica la fábrica. Preferimos explicarlo en persona. La mayoría lo entienden y aceptan el trabajo», comenta Michael Duff, un escocés de 47 años que sufrió en sus carnes los tabús de su profesión. «Cuando mi padre se enteró de mi trabajo, estuvo tres meses sin hablarme», recuerda.

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En la última década se ha producido una revolución silenciosa en el mundo de los juguetes sexuales, en la que LELO ha tenido mucho que ver. Antes, para adquirir estos objetos, tenías que aventurarte en lóbregos sex-shops. Hoy en día tanto te puedes encontrar un lubricante al lado de la pasta de dientes en un supermercado como un vibrador de lujo en una tienda de Dolce & Gabbana.

Otros prefieren adquirir sus vibrantes fantasías al amparo del anonimato que procura internet. En Shanghái, por ejemplo, es casi obligatorio hacerlo así, pues los sex-shops son realmente escasos. El más grande que tuvieron, Kai Xuan Men Dasha, era un enorme centro comercial de cuatro plantas que acabó cerrando por falta de clientes. Pese a que China está viviendo un despertar sexual, la persecución de la pornografía por parte del gobierno no ha disminuido. Así como en los años 70, los españoles de ‘moral licenciosa’ peregrinaban a Perpignan para ver El último tango en París, ahora los chinos acuden a Hong Kong para comprar películas para adultos. En ese escenario, resulta complicado pasearse con una bolsa de un sex shop por el metro. Pero en la intimidad de los hogares y a través de internet, se adquieren estos productos que gozan de gran popularidad en este país.

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El fundador de LELO se ha convertido en un paladín dispuesto a combatir la mojigatería en busca del placer. Lo que resulta curioso es que hasta el momento no haya concedido ninguna entrevista. ¿Le caen mal los periodistas? Sedic ríe de nuevo: «¡Qué va! Mi mujer es periodista. Lo que pasa es que es un trabajo en equipo y no me gusta el culto a la personalidad. Sería injusto que la marca se identificara conmigo», asegura con carismática modestia. Y el enorme bosnio se dirige hacia un mueble de su despacho que abre para mostrar una colección de botellas de whisky. «En cualquier departamento de desarrollo de ideas del mundo tiene que haber whisky. En marketing pueden tomar ginebra, pero para las ideas, whisky», sentencia.

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Vista la amplia gama de productos con los que cuenta su compañía (fruto o no del malta), cabe preguntar: ¿cuál de ellos le regalaría ahora a la inspiradora mujer por la que se creó esta compañía? Sedic sonríe: «Imagino que ahora sería más convencional y le regalaría un libro erótico de esos antiguos, elegantes, porque, a pesar de todo, creo que el placer tiene que volver a sus orígenes».

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Opiniones 5
    • Me parece muy curioso el proceso de fabricación de estos juguetes, hace poco me he comprado uno de muy buena calidad en https://www.sexplace.mx/vibradores y he intentado desmontarlo solo por curiosidad de ver como está construido y es imposible. Viendo este artículo ahora entiendo que están hechos con gran calidad y pensando que no se desmonten para que no den problemas.

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