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12 de diciembre 2016    /   BUSINESS
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Por qué los niños deben jugar con muñecas y las niñas al fútbol

12 de diciembre 2016    /   BUSINESS     por          
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El calendario dice que toca ir pensando en los regalos que hay que pedir a SSMM los Reyes Magos de Oriente (y/o a Papá Noel, Olentzero, Apalpador, etc., los que hagan doblete o aquellos que no creen en la monarquía ni estos casos). Los bloques de anuncios en los canales infantiles (esos que, de vez en cuando, se ven interrumpidos por alguna serie o película de dibujos animados) o los catálogos de los grandes almacenes se encargan de recordárnoslo. Incluso se toman ‘la molestia’ de recomendar opciones en función del sexo del pequeño redactor de la carta.

Alba Alonso Feijoó sigue pensando que, pese a las excepciones que suponen catálogos como, por ejemplo, el de la juguetería Toy Planet, seguimos dando pasos de cangrejo en este sentido. «Los juguetes de los 70 y 80 eran mucho más neutros que ahora». La educadora y responsable del proyecto Realkiddys continúa manteniendo su lucha contra esta discriminación por géneros que la industria juguetera parece empeñada en seguir alimentando. Y lo hace con argumentos relacionados con el desarrollo de las capacidades de niñas y niños.

«Los juguetes tradicionalmente clasificados como femeninos fomentan el desarrollo de unas competencias, mientras que los de “los niños” lo hacen con otras». Las muñecas, casas y cocinitas, según Alba Feijoó, favorecen el desarrollo de las competencias sociales: «Demandan un juego de dramatización que en los juguetes masculinos, sin embargo, tienden a brillar por su ausencia. Con estos juguetes, además, se practica en mayor medida la comunicación oral porque se lleva a cabo un juego de imitación del mundo de los adultos donde se establecen situaciones que reclaman un diálogo permanente».

Por eso, continua explicando, ese tipo de juguetes son beneficiosos para el desarrollo de la inteligencia emocional, al aprender con ellos a identificar las emociones y saber actuar antes ellas. «Una muñeca llorará o estará triste y, entonces, habrá que atenderla, darle cariño… Quizás otro muñeco sienta dolor, miedo o alegría. Tal vez haya un “papá” enfadado porque se le ha quemado la comida y el niño o la niña tenga que escenificar esa situación de ira… Llevando situaciones irreales a un mundo real lograremos ganar en empatía y en resolución de conflictos personales». ¿Por qué, entonces, dejar fuera de la posibilidad de practicar esta habilidades a una parte de la infancia sólo por el hecho de no ser chicas?

Tampoco suele ser habitual regalar a un niño el busto de una muñeca para maquillarla o peinarla. O un set de abalorios para diseñar sus propias joyas. Juguetes que, según Carrillo, mejoran destrezas en el área de la motricidad fina y, además, impulsan la personalidad creativa y artística de los menores.

«Otra capacidad que se pone en práctica con este último grupo de juguetes del mundo de las artes y la plástica es la paciencia. Estos juegos invitan a la tranquilidad, a saber esperar sin obtener resultados inmediatos, y a valorar el fruto de un esfuerzo a largo plazo, algo fundamental en esta sociedad tan hiperconectada y vertiginosa en la que nos encontramos», añade la fundadora de RealKiddys. Que este tipo de juguetes se dirijan específicamente a las niñas posibilita que, en gran medida, acaben siendo más habilidosas en esas áreas que los niños, «haciéndonos pensar que se tratan de destrezas innatas en vez de habilidades adquiridas».

En el mundo de los juguetes masculinos o “para niños”, por su parte, la práctica de la comunicación oral es mínima o básica, aunque fomenta otras competencias «Todo se centra en la rapidez, la velocidad, la agresividad. Las conversaciones son sustituidas por pequeñas palabras o incluso simples onomatopeyas que describen la rapidez de un coche o el vuelo supersónico de un superhéroe: ¡Zas! ¡Boom! ¡Crash!¡Boing!…».

Aunque vehículos, pistolas y superhéroes no son los únicos juguetes catalogados tradicionalmente como masculinos. Los relacionados con las ciencias o matemáticas también suelen incluirse en la zona “no-rosa” de la juguetería, según denuncia Alonso Feijoó: «En sus cajas no veremos seguramente a una niña. Esto hará que las niñas acaben siendo más torpes en determinados ámbitos tecnológicos o científicos por su falta de práctica, o incluso por su propia percepción de inferioridad en estos campos respecto a los chicos. La inteligencia espacial inherente en este tipo de juegos se verá entonces mucho más desarrollada en los niños que en las niñas».

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Algo similar ocurre con el deporte y la actividad física, en general. Regalar una pelota de fútbol o baloncesto a una niña sigue siendo algo poco habitual. «Creo que hace 20 o 15 años las niñas y las adolescentes practicábamos mucho más deporte en equipo o individual que ahora. ¿Son culpables los juguetes? En cierto modo sí, aunque no son los únicos, claro».

Aunque no existen estudios científicos que lo certifique, el que desde muy pequeños, niños y niñas sean invitados a disfrutar de mundos y experiencias tan diferentes puede determinar su futuro. «No podemos demostrar que el hecho de que cada vez haya menos mujeres en ramas tecnológicas o menos hombres en otros campos más relacionados con las habilidades sociales sea culpa de los juguetes. Pero está muy claro que es otro factor más a tener en cuenta para comprender el porqué de la acusada segregación por sexos en determinados terrenos profesionales»

Para Feijoó, una niña a la que nunca se le regala un juego de ciencias, de construcciones o robótica o que no se la invita a participar en deportes de equipo difícilmente soñará con ser programadora, científica, arquitecta o futbolista profesional. Y a pesar de tener quizás mucho talento en alguno de esos terrenos, los continuos mensajes que recibe por todos los canales le aseguran que “eso” no es para ella.

Lo mismo ocurre con los niños que se sienten atraídos por actividades como la danza o el patinaje y que dejan de practicar por «la presión del grupo». «Lamentablemente, conozco varios casos —asegura—. Aunque esta resolución se suele llevar de manera voluntaria, si se analiza detenidamente se aprecia que en realidad es el entorno del niño el que les motiva al hacerle ver que esa determinada actividad no corresponde a su sexo».

Para la fundadora de Realkiddys, un ejemplo de «lo poco innatos» que son los gustos de los niños lo tenemos en el mundo de las cocinas de juguetes: «Desde que un programa de TV otorgó visibilidad a hombres y niños en la cocina, muchísimos más chicos están acudiendo a actividades extraescolares de cocina, y más padres y madres han regalado cocinitas de juguetes a sus hijos varones. Ya nadie se burla de los niños por tener pasión por los fogones».

La tendencia a remarcar diferencias entre roles masculinos y femeninos desde la más tierna infancia es, dice, algo propio de la cultura occidental e intensificado en los últimos años con la rosificación del mundo de las niñas. «Esta locura por el color rosa no tenía sentido hace unas décadas primero porque la TV era todavía era en blanco y negro, con lo cual no se percibían los colores de los juguetes anunciados. Y en segundo lugar porque los años 60 y 70 fueron años de explosión del color. La ropa, la decoración, los juguetes eran multicolores y eran para todos: niños y niñas. No existía la desorbitada distinción que podemos observar en la actualidad abriendo un catálogo de juguetes o entrando en la zona infantil de un centro comercial».

El mundo Disney y el del marketing, en general, concibieron la categoría «sexo» como un «nicho fantástico donde dar rienda suelta a su creatividad binaria y así facturar el doble por sí mismo».

Lego Friends es un ejemplo. Pese a que las construcciones de las marcas gozaban de similar aceptación entre niños y niñas («una manera fantástica de desarrollar la inteligencia especial o la memoria visual, entre otras capacidades, por cierto») la marca optó hace unos años por lanzar una niña específica para niñas. «Alguien decidió que debían de hacerlo. Aunque ahora, y básicamente tras las críticas recibidas, han introducido algunos cambios, al principio básicamente se trataban de construcciones tales como una cafetería, un centro de belleza, una casita o una clínica veterinaria. Otro mensaje par alas niñas: lo importante es estar bien monas e ir de compras».

El calendario dice que toca ir pensando en los regalos que hay que pedir a SSMM los Reyes Magos de Oriente (y/o a Papá Noel, Olentzero, Apalpador, etc., los que hagan doblete o aquellos que no creen en la monarquía ni estos casos). Los bloques de anuncios en los canales infantiles (esos que, de vez en cuando, se ven interrumpidos por alguna serie o película de dibujos animados) o los catálogos de los grandes almacenes se encargan de recordárnoslo. Incluso se toman ‘la molestia’ de recomendar opciones en función del sexo del pequeño redactor de la carta.

Alba Alonso Feijoó sigue pensando que, pese a las excepciones que suponen catálogos como, por ejemplo, el de la juguetería Toy Planet, seguimos dando pasos de cangrejo en este sentido. «Los juguetes de los 70 y 80 eran mucho más neutros que ahora». La educadora y responsable del proyecto Realkiddys continúa manteniendo su lucha contra esta discriminación por géneros que la industria juguetera parece empeñada en seguir alimentando. Y lo hace con argumentos relacionados con el desarrollo de las capacidades de niñas y niños.

«Los juguetes tradicionalmente clasificados como femeninos fomentan el desarrollo de unas competencias, mientras que los de “los niños” lo hacen con otras». Las muñecas, casas y cocinitas, según Alba Feijoó, favorecen el desarrollo de las competencias sociales: «Demandan un juego de dramatización que en los juguetes masculinos, sin embargo, tienden a brillar por su ausencia. Con estos juguetes, además, se practica en mayor medida la comunicación oral porque se lleva a cabo un juego de imitación del mundo de los adultos donde se establecen situaciones que reclaman un diálogo permanente».

Por eso, continua explicando, ese tipo de juguetes son beneficiosos para el desarrollo de la inteligencia emocional, al aprender con ellos a identificar las emociones y saber actuar antes ellas. «Una muñeca llorará o estará triste y, entonces, habrá que atenderla, darle cariño… Quizás otro muñeco sienta dolor, miedo o alegría. Tal vez haya un “papá” enfadado porque se le ha quemado la comida y el niño o la niña tenga que escenificar esa situación de ira… Llevando situaciones irreales a un mundo real lograremos ganar en empatía y en resolución de conflictos personales». ¿Por qué, entonces, dejar fuera de la posibilidad de practicar esta habilidades a una parte de la infancia sólo por el hecho de no ser chicas?

Tampoco suele ser habitual regalar a un niño el busto de una muñeca para maquillarla o peinarla. O un set de abalorios para diseñar sus propias joyas. Juguetes que, según Carrillo, mejoran destrezas en el área de la motricidad fina y, además, impulsan la personalidad creativa y artística de los menores.

«Otra capacidad que se pone en práctica con este último grupo de juguetes del mundo de las artes y la plástica es la paciencia. Estos juegos invitan a la tranquilidad, a saber esperar sin obtener resultados inmediatos, y a valorar el fruto de un esfuerzo a largo plazo, algo fundamental en esta sociedad tan hiperconectada y vertiginosa en la que nos encontramos», añade la fundadora de RealKiddys. Que este tipo de juguetes se dirijan específicamente a las niñas posibilita que, en gran medida, acaben siendo más habilidosas en esas áreas que los niños, «haciéndonos pensar que se tratan de destrezas innatas en vez de habilidades adquiridas».

En el mundo de los juguetes masculinos o “para niños”, por su parte, la práctica de la comunicación oral es mínima o básica, aunque fomenta otras competencias «Todo se centra en la rapidez, la velocidad, la agresividad. Las conversaciones son sustituidas por pequeñas palabras o incluso simples onomatopeyas que describen la rapidez de un coche o el vuelo supersónico de un superhéroe: ¡Zas! ¡Boom! ¡Crash!¡Boing!…».

Aunque vehículos, pistolas y superhéroes no son los únicos juguetes catalogados tradicionalmente como masculinos. Los relacionados con las ciencias o matemáticas también suelen incluirse en la zona “no-rosa” de la juguetería, según denuncia Alonso Feijoó: «En sus cajas no veremos seguramente a una niña. Esto hará que las niñas acaben siendo más torpes en determinados ámbitos tecnológicos o científicos por su falta de práctica, o incluso por su propia percepción de inferioridad en estos campos respecto a los chicos. La inteligencia espacial inherente en este tipo de juegos se verá entonces mucho más desarrollada en los niños que en las niñas».

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Algo similar ocurre con el deporte y la actividad física, en general. Regalar una pelota de fútbol o baloncesto a una niña sigue siendo algo poco habitual. «Creo que hace 20 o 15 años las niñas y las adolescentes practicábamos mucho más deporte en equipo o individual que ahora. ¿Son culpables los juguetes? En cierto modo sí, aunque no son los únicos, claro».

Aunque no existen estudios científicos que lo certifique, el que desde muy pequeños, niños y niñas sean invitados a disfrutar de mundos y experiencias tan diferentes puede determinar su futuro. «No podemos demostrar que el hecho de que cada vez haya menos mujeres en ramas tecnológicas o menos hombres en otros campos más relacionados con las habilidades sociales sea culpa de los juguetes. Pero está muy claro que es otro factor más a tener en cuenta para comprender el porqué de la acusada segregación por sexos en determinados terrenos profesionales»

Para Feijoó, una niña a la que nunca se le regala un juego de ciencias, de construcciones o robótica o que no se la invita a participar en deportes de equipo difícilmente soñará con ser programadora, científica, arquitecta o futbolista profesional. Y a pesar de tener quizás mucho talento en alguno de esos terrenos, los continuos mensajes que recibe por todos los canales le aseguran que “eso” no es para ella.

Lo mismo ocurre con los niños que se sienten atraídos por actividades como la danza o el patinaje y que dejan de practicar por «la presión del grupo». «Lamentablemente, conozco varios casos —asegura—. Aunque esta resolución se suele llevar de manera voluntaria, si se analiza detenidamente se aprecia que en realidad es el entorno del niño el que les motiva al hacerle ver que esa determinada actividad no corresponde a su sexo».

Para la fundadora de Realkiddys, un ejemplo de «lo poco innatos» que son los gustos de los niños lo tenemos en el mundo de las cocinas de juguetes: «Desde que un programa de TV otorgó visibilidad a hombres y niños en la cocina, muchísimos más chicos están acudiendo a actividades extraescolares de cocina, y más padres y madres han regalado cocinitas de juguetes a sus hijos varones. Ya nadie se burla de los niños por tener pasión por los fogones».

La tendencia a remarcar diferencias entre roles masculinos y femeninos desde la más tierna infancia es, dice, algo propio de la cultura occidental e intensificado en los últimos años con la rosificación del mundo de las niñas. «Esta locura por el color rosa no tenía sentido hace unas décadas primero porque la TV era todavía era en blanco y negro, con lo cual no se percibían los colores de los juguetes anunciados. Y en segundo lugar porque los años 60 y 70 fueron años de explosión del color. La ropa, la decoración, los juguetes eran multicolores y eran para todos: niños y niñas. No existía la desorbitada distinción que podemos observar en la actualidad abriendo un catálogo de juguetes o entrando en la zona infantil de un centro comercial».

El mundo Disney y el del marketing, en general, concibieron la categoría «sexo» como un «nicho fantástico donde dar rienda suelta a su creatividad binaria y así facturar el doble por sí mismo».

Lego Friends es un ejemplo. Pese a que las construcciones de las marcas gozaban de similar aceptación entre niños y niñas («una manera fantástica de desarrollar la inteligencia especial o la memoria visual, entre otras capacidades, por cierto») la marca optó hace unos años por lanzar una niña específica para niñas. «Alguien decidió que debían de hacerlo. Aunque ahora, y básicamente tras las críticas recibidas, han introducido algunos cambios, al principio básicamente se trataban de construcciones tales como una cafetería, un centro de belleza, una casita o una clínica veterinaria. Otro mensaje par alas niñas: lo importante es estar bien monas e ir de compras».

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Opiniones 7
  • Ideología. Si repitiéramos miles y miles de veces que son los propios niños los que en general se decantan más por unos juguetes y otros y de ahí los empresarios jugueteros lo que buscan es vender, se terminaría el debate. Pero por lo que sea, interesa vender la correlación ideológica del artículo.

  • Cuando hoy en día oímos hablar de centros educativos que siguen manteniendo una educación segregada por sexos, ponemos el grito en el cielo. Sin embargo, cuando la sociedad crea un entorno totalmente segregado en el que tenemos que vivir y en el que tienen que crecer nuestros hijos, entonces no pasa nada; no pasa nada porque los juguetes encasillen a nuestros hijos en unos roles predeterminados desde bebés, no pasa nada porque todos los juguetes vayan enfocados a que cada sexo desarrolle únicamente unas habilidades concretas -y que, por supuesto, tienen que estar perfectamente diferenciadas y delimitadas-, no pasa nada porque todas las «modas» estén destinadas a que la mujer permanezca en casa y desarrolle sólo las labores que tradicionalmente -y neanderthalmente- se han asignado al sexo femenino….No pasa nada. Para eso nadie se levanta del asiento ni pone el grito en el cielo.
    Resulta que ahora las mujeres primero tenían que hacer cupcakes, ahora scraapbooks, colorear mandalas y escribir blogs de maternidad y moda -mejor si es de niños, claro-, ahora tenemos que parir en casa con doulas, practicar colecho y tener al niño enganchado a la teta hasta los 5 años.
    Pero claro, luego nos sorprendemos de que aumente la violencia machista entre los jóvenes -jóvenes que sólo han tenido la posibilidad de desarrollarse en las habilidades que la sociedad impone a su sexo-, de que las mujeres reciban un salario inferior por el mismo trabajo que un hombre -remuneración que, por supuesto, es un hombre el que la decide-, o de los ataques machistas a las mujeres que deciden seguir su vocación cuando ésta se interna en un terreno que algunos hombres consideran suyo -como el desarrollo de videojuegos-.
    Antes los juguetes no tenían sexo. Todos jugábamos con una pelota, un monopatín, los airgamboys y los click, el tente o el Scalextric….todo era unisex. La Nancy, Leslie, el Nenuco o las Barriguitas, no tenían ni una sola prenda o accesorio rosas.
    ¿Por qué Lego prácticamente ha elimado a las mujeres de sus series excepto las que la marca ha decidido destinar solo a niñas? , ¿por qué aun siendo chicas las protagonistas de las últimas películas de Star Wars, es imposible encontrar ropa de la saga para niñas o legos en los que el hecho de que aparezcan los personajes femeninos no sea anecdótico?…
    En cualquier caso, el problema principal es que los progenitores entran en esa rueda, no sólo permitiendo el encasillamiento de sus hijos en esos roles machistas, sino siendo ellos mismos los que los encorsetan en los mismos desde que nacen, ya con sus ropas azules o rosas

  • ¿Para qué un Niño debe perder el muy valioso (y breve) tiempo de infancia jugando a las muñecas? Tiene el resto de su vida para hacerlo, y no serían de vinilo. El artículo rebasa la necesidad «feminista» y se traslada a un extremismo innecesario que termina siempre en una terapia de diván o en un psicópata que agrede a otros seres humanos por haber vivido sus primeros años en una represión anti-natura.

    • Los niños juegan al fútbol y juegan con automóviles porque tienden a imitar a sus modelos adultos, por eso las niñas juegan con muñecas y a maquillarse. siempre fue asi, no tiene nada que ver con discriminación por géneros, es solo naturaleza.

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