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25 de septiembre 2018    /   ENTRETENIMIENTO
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‘El laberinto mágico’: fotos que muestran la Guerra Civil en un lenguaje fotográfico actual

25 de septiembre 2018    /   ENTRETENIMIENTO     por          
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Republicanos y nacionales codo a codo y de buen rollo después de un día de intensos combates en el medio del bosque. ¿Imposible? ¿Surrealista? No del todo si se trata de los protagonistas de una batalla ficticia que se enmarca dentro de las recreaciones históricas de la Guerra Civil española.

Es una iniciativa organizada por diversas asociaciones de la península ibérica, desde Fayón en Zaragoza hasta Lopera en Jaén. El fin es acercar la dinámica y el significado simbólico de estas batallas a las generaciones que no vivieron de cerca este convulso momento histórico.

«Concebidas como acciones escénicas, son jornadas que se encuentran a medio camino entre lo lúdico y lo cultural. En ellas, recreadores y público se fusionan para condensar un imaginario visual proveniente del cine y de las fotografías realizadas por los corresponsales, ya que fue la primera guerra mediática», explica Julián Barón.

Disfrazados como los miembros del bando elegido, los espectadores tienen la oportunidad de sumergirse durante unas horas en un pasado que solo han conocido a través de los libros o de los relatos familiares.

El laberinto mágico es una especie de túnel del tiempo donde es posible ensayar desde la perspectiva del turismo bélico cómo se construyen las percepciones individuales sobre la Guerra Civil española, que opuso a republicanos y falangistas entre 1936 y 1939. Gracias a una serie de imágenes superpuestas, el artista levantino transporta al espectador hacia otra época desde el imaginario que son capaces de construir los recreadores de algunos de los episodios más significativos del periodo más doloroso de la reciente historia española.

«Esta temática surgió hace muchos años de una situación personal. Yo no me debería llamar Julián Barón, sino Julián Sebastián. En 1936, al principio de la Guerra Civil, se llevaron a mi abuelo y a sus dos hermanos de su pueblo de Zaragoza, porque sus padres no podían darles de comer. Mi abuelo fue el único hijo al que le cambiaron el apellido. Y hoy nosotros somos los únicos que nos apellidamos de otra forma, a pesar de que siempre hemos mantenido el lazo con el resto de la familia», cuenta el fotógrafo.

Este pequeño desfase personal le llevó a recopilar durante años fotografías de familia, revistas de guerra y álbumes del posconflicto, en los que aparecían momentos de la guerra, además de otros materiales como las novelas del escritor Max Aub.

«Un día en 2014 descubrí por la televisión que se realizaban este tipo de recreaciones históricas. Acudí a una para hacer fotos, que se fueron sumando a este entramado visual de la Guerra Civil que he almacenado en mi archivo», añade Barón, que desde entonces ha participado en cuatro jornadas.

La exposición en el espacio de Punta Begoña, en Getxo, le ayudó a plasmar El laberinto mágico. «El lugar jugó un papel muy importante, porque este edificio fue un hospital durante la Guerra Civil española», señala el fotógrafo.

La superposición de diferentes acontecimientos de la batalla es la forma que escoge Barón para combinar las distintas capas de esta reconstrucción temporal. «Es un territorio nuevo en la cuestión de la memoria histórica. De esta forma, mucha gente logra recuperar la memoria puntual de cada lugar, como ocurre con las asociaciones de fosas comunes que han ido surgiendo en varios puntos de España», agrega.

La conclusión a la que llega el artista es que estas recreaciones históricas, lejos de ser un pasatiempo para gente aburrida en busca una opción diferente de consumo, permiten ocupar un vacío que el Estado no ha sido capaz de llenar.

«La mayoría de los recreadores son personas que tienen vinculaciones personales con la guerra. Sus abuelos fallecieron en el campo de batalla y por esta razón sienten la necesidad de revivir aquellos momentos. Hay muchos profesores, pero también médicos, cerrajeros, albañiles o agricultores. Se toman este trabajo realmente en serio, aunque a primera vista puede parecer una acción extraña y perturbadora, porque se meten en medio de las montañas donde acontecieron estas batallas junto a 500 personas para recrear un momento que pertenece al pasado. Sin embargo, lo hacen profesionalmente y lo viven con mucha intensidad», cuenta Barón.

‘El laberinto mágico’, de Julián Barón, estará expuesto en Getxophoto, el Festival Internacional de Imagen, hasta el próximo 30 de septiembre.

Republicanos y nacionales codo a codo y de buen rollo después de un día de intensos combates en el medio del bosque. ¿Imposible? ¿Surrealista? No del todo si se trata de los protagonistas de una batalla ficticia que se enmarca dentro de las recreaciones históricas de la Guerra Civil española.

Es una iniciativa organizada por diversas asociaciones de la península ibérica, desde Fayón en Zaragoza hasta Lopera en Jaén. El fin es acercar la dinámica y el significado simbólico de estas batallas a las generaciones que no vivieron de cerca este convulso momento histórico.

«Concebidas como acciones escénicas, son jornadas que se encuentran a medio camino entre lo lúdico y lo cultural. En ellas, recreadores y público se fusionan para condensar un imaginario visual proveniente del cine y de las fotografías realizadas por los corresponsales, ya que fue la primera guerra mediática», explica Julián Barón.

Disfrazados como los miembros del bando elegido, los espectadores tienen la oportunidad de sumergirse durante unas horas en un pasado que solo han conocido a través de los libros o de los relatos familiares.

El laberinto mágico es una especie de túnel del tiempo donde es posible ensayar desde la perspectiva del turismo bélico cómo se construyen las percepciones individuales sobre la Guerra Civil española, que opuso a republicanos y falangistas entre 1936 y 1939. Gracias a una serie de imágenes superpuestas, el artista levantino transporta al espectador hacia otra época desde el imaginario que son capaces de construir los recreadores de algunos de los episodios más significativos del periodo más doloroso de la reciente historia española.

«Esta temática surgió hace muchos años de una situación personal. Yo no me debería llamar Julián Barón, sino Julián Sebastián. En 1936, al principio de la Guerra Civil, se llevaron a mi abuelo y a sus dos hermanos de su pueblo de Zaragoza, porque sus padres no podían darles de comer. Mi abuelo fue el único hijo al que le cambiaron el apellido. Y hoy nosotros somos los únicos que nos apellidamos de otra forma, a pesar de que siempre hemos mantenido el lazo con el resto de la familia», cuenta el fotógrafo.

Este pequeño desfase personal le llevó a recopilar durante años fotografías de familia, revistas de guerra y álbumes del posconflicto, en los que aparecían momentos de la guerra, además de otros materiales como las novelas del escritor Max Aub.

«Un día en 2014 descubrí por la televisión que se realizaban este tipo de recreaciones históricas. Acudí a una para hacer fotos, que se fueron sumando a este entramado visual de la Guerra Civil que he almacenado en mi archivo», añade Barón, que desde entonces ha participado en cuatro jornadas.

La exposición en el espacio de Punta Begoña, en Getxo, le ayudó a plasmar El laberinto mágico. «El lugar jugó un papel muy importante, porque este edificio fue un hospital durante la Guerra Civil española», señala el fotógrafo.

La superposición de diferentes acontecimientos de la batalla es la forma que escoge Barón para combinar las distintas capas de esta reconstrucción temporal. «Es un territorio nuevo en la cuestión de la memoria histórica. De esta forma, mucha gente logra recuperar la memoria puntual de cada lugar, como ocurre con las asociaciones de fosas comunes que han ido surgiendo en varios puntos de España», agrega.

La conclusión a la que llega el artista es que estas recreaciones históricas, lejos de ser un pasatiempo para gente aburrida en busca una opción diferente de consumo, permiten ocupar un vacío que el Estado no ha sido capaz de llenar.

«La mayoría de los recreadores son personas que tienen vinculaciones personales con la guerra. Sus abuelos fallecieron en el campo de batalla y por esta razón sienten la necesidad de revivir aquellos momentos. Hay muchos profesores, pero también médicos, cerrajeros, albañiles o agricultores. Se toman este trabajo realmente en serio, aunque a primera vista puede parecer una acción extraña y perturbadora, porque se meten en medio de las montañas donde acontecieron estas batallas junto a 500 personas para recrear un momento que pertenece al pasado. Sin embargo, lo hacen profesionalmente y lo viven con mucha intensidad», cuenta Barón.

‘El laberinto mágico’, de Julián Barón, estará expuesto en Getxophoto, el Festival Internacional de Imagen, hasta el próximo 30 de septiembre.

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