7 de abril 2016    /   CREATIVIDAD
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El derecho fundamental de hacer tebeos sobre gitanos, nazis, yonquis, poetas y el SIDA

7 de abril 2016    /   CREATIVIDAD     por          
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A pesar de ser una disciplina todavía joven, los críticos de cómic ya han acuñado ciertas etiquetas para calificar el estilo de los diferentes dibujantes.

Por ejemplo, la «línea clara», «la línea chunga», a las que se podría añadir otra línea que también ha hecho mucho por el cómic de este país: la Línea de la Concepción, uno de los puntos más importantes de entrada de droga en la Península.

Si se le pregunta a Juarma, dibujante que acaba de concluir su nuevo álbum, Romance neardenthal, cuál de esas tres líneas le ha influenciado más para desarrollar su trabajo, lo tiene claro: «La Línea de la Concepción, sin duda alguna».

Cuando se echa un vistazo a su obra, el lector descubre que los tebeos de Juarma, con títulos tan sugestivos como Noches de MDMA y rosas, Carita de gitano con SIDA, Libertad para lo mío, El orgullo de ser nazi, Lo pitbull o Chupando tarjetas, son, efectivamente, un festival politoxicómano aderezado con ultraviolencia, colores saturados, reflexiones flosóficas, mensajes revolucionarios, misantropía, incorrección política, sexo, humor y apariciones de personajes tan aparentemente ajenos a esos referentes como Philip K. Dick, Luis de Góngora o el cineasta Val del Omar.

«Sí, los chistes que hago suelen tener varias lecturas con las que intento explicar un poco la forma en la que veo las cosas. Cuando aparecen ese tipo de personajes, lo hacen de un modo muy humano. No salen diciendo citas célebres ni frases de autoayuda. Si a alguien que busca esa violencia gratuita que suelo mostrar no le gustan este tipo de cameos, pues que se joda».

A pesar de la contundencia de la frase anterior y de muchos de sus chistes, en los que llega a afirmar cosas como «Me gusta la gente lo mismo que una enfermedad», «Ser Humano, como especie me caes muy mal», «Somos estúpidos desde el caldo primordial», Juarma es una persona ponderada, que adora la especie a la que pertenece, pero que sacrifica ese amor en beneficio de un buen chiste.

«En general, me gusta mucho la gente pero cuando quiero contar alguna cosa en un chiste, intento ir a la raíz del asunto y acabo haciendo alegatos contra la especie humana. En lugar de prenderle fuego a todo, escupo esa rabia en los tebeos. Pero cuando generalizo y señalo algún comportamiento estúpido como especie, me gusta incluirme a mí el primero».

La rabia y el vitriolo que rezuman los chistes de Juarma procede de una inteligente observación del mundo que nos rodea y, muy especialmente, de los comportamientos de políticos, policías, jueces y otros elementos peligrosos para la pacífica convivencia de los ciudadanos. Tanto es así, que podría decirse que Juarma ha inaugurado un nuevo género de tebeo: el cómic protesta.

«Sí, en el fondo todo lo que hago es protesta. Contra las instituciones, contra el sentido común, contra la vida en sí. Solo que en lugar de dibujar rajoys y pedrosánchezes, aparecen monos con palos y piedras que, si lo piensas bien, viene a ser lo mismo».

Además de monos con piedras, en sus tebeos son habituales los yonquis, los curas, los gitanos, los homosexuales, los vegetarianos, los quinquis, los animalistas, los esquizofrénicos, los mendigos, los yihadistas, los estudiantes en paro y otros colectivos que, en los últimos tiempos, parecen haber desaparecido del campo del humor por un malentendido concepto del respeto derivado de la extrema corrección política.

«No hago chistes para gustarle a todo el mundo. Lo que dibujo no son verdades absolutas y no pretendo decirle a nadie cómo debe hacer las cosas o qué debe pensar. A mí también hay muchas cosas que no me gustan en la vida, pero en mis chistes mando yo».

«En ese sentido, en mis tebeos no hay más provocación que la de intentar ser libre. A mí esta tontería de la corrección política no me ha afectado en absoluto a la hora de dibujar, pero sí al publicar ciertas cosas en internet o en algunas revistas. Cuando han surgido problemas o han puesto mordazas a mi trabajo, nadie ha dado la cara por mí ni me ha defendido. Ni un penoso #JeSuis o un emoticono triste me han puesto».

Según todos los analistas, España está viviendo un cambio político trascendental. La «casta» surgida en la Transición está viendo cómo los jóvenes indignados están ganando terreno en las instituciones.

Esa nueva generación de políticos, encabezada por Íñigo Errejón, Albert Rivera o Andrea Levy muy probablemente haya leído alguna vez los tebeos de Juarma en publicaciones como El Jueves, TMEO o infinidad de fanzines. Toda una responsabilidad para un artista underground que, sin ser consciente, podría estar influyendo en el futuro de nuestra nación.

«En realidad, me parece más probable que esos políticos a los que citas me hubiesen fusilado a demandas si hubiesen leído alguno de mis libros como, por ejemplo, Romance Neanderthal, donde aparece Albert Rivera inaugurando una estatua de Adolfo Suárez hecha de cocaína».

«Que me lean ellos me halagaría lo mismo que cuando me lee cualquier otra persona. Pero me parece que los políticos no tienen sentido del humor. Ellos se ocupan de asuntos más serios, como saquear España».

«En todo caso, y si a Pablo Iglesias, que es muy dado a los obsequios, se le ocurriese regalarle uno de mis tebeos a algún político, me gustaría que fuera al Ministro del Interior, pero dedicado con un enorme pene hecho con un Edding 500».

Mientras espera que Pablo Iglesias tenga un hueco entre tanta negociación, tanto Hormiguero y tanto Qué Tiempo Tan Feliz para hacer realidad su deseo, Juarma se prepara para la presentación de Romance neardenthal, editado por Ultrarradio, que se celebrará en la librería Molar Mucho de Madrid el próximo sábado 9 de abril.

Viajará a la capital desde Granada, lugar de donde es natural, como Federico García Lorca, otro que comparte su afición por los gitanos y los guardia civiles. Por lo que se ve, a todos los granadinos les da por lo mismo.

«Bueno, intento reflejar mi entorno en los chistes y por eso aparecen esas referencias. También podría ser que esta ciudad no ha cambiado mucho en cien años. En todo caso, me gusta mucho Lorca, e incluso el título de mi tebeo es un guiño a su Romancero gitano».

A pesar de ser una disciplina todavía joven, los críticos de cómic ya han acuñado ciertas etiquetas para calificar el estilo de los diferentes dibujantes.

Por ejemplo, la «línea clara», «la línea chunga», a las que se podría añadir otra línea que también ha hecho mucho por el cómic de este país: la Línea de la Concepción, uno de los puntos más importantes de entrada de droga en la Península.

Si se le pregunta a Juarma, dibujante que acaba de concluir su nuevo álbum, Romance neardenthal, cuál de esas tres líneas le ha influenciado más para desarrollar su trabajo, lo tiene claro: «La Línea de la Concepción, sin duda alguna».

Cuando se echa un vistazo a su obra, el lector descubre que los tebeos de Juarma, con títulos tan sugestivos como Noches de MDMA y rosas, Carita de gitano con SIDA, Libertad para lo mío, El orgullo de ser nazi, Lo pitbull o Chupando tarjetas, son, efectivamente, un festival politoxicómano aderezado con ultraviolencia, colores saturados, reflexiones flosóficas, mensajes revolucionarios, misantropía, incorrección política, sexo, humor y apariciones de personajes tan aparentemente ajenos a esos referentes como Philip K. Dick, Luis de Góngora o el cineasta Val del Omar.

«Sí, los chistes que hago suelen tener varias lecturas con las que intento explicar un poco la forma en la que veo las cosas. Cuando aparecen ese tipo de personajes, lo hacen de un modo muy humano. No salen diciendo citas célebres ni frases de autoayuda. Si a alguien que busca esa violencia gratuita que suelo mostrar no le gustan este tipo de cameos, pues que se joda».

A pesar de la contundencia de la frase anterior y de muchos de sus chistes, en los que llega a afirmar cosas como «Me gusta la gente lo mismo que una enfermedad», «Ser Humano, como especie me caes muy mal», «Somos estúpidos desde el caldo primordial», Juarma es una persona ponderada, que adora la especie a la que pertenece, pero que sacrifica ese amor en beneficio de un buen chiste.

«En general, me gusta mucho la gente pero cuando quiero contar alguna cosa en un chiste, intento ir a la raíz del asunto y acabo haciendo alegatos contra la especie humana. En lugar de prenderle fuego a todo, escupo esa rabia en los tebeos. Pero cuando generalizo y señalo algún comportamiento estúpido como especie, me gusta incluirme a mí el primero».

La rabia y el vitriolo que rezuman los chistes de Juarma procede de una inteligente observación del mundo que nos rodea y, muy especialmente, de los comportamientos de políticos, policías, jueces y otros elementos peligrosos para la pacífica convivencia de los ciudadanos. Tanto es así, que podría decirse que Juarma ha inaugurado un nuevo género de tebeo: el cómic protesta.

«Sí, en el fondo todo lo que hago es protesta. Contra las instituciones, contra el sentido común, contra la vida en sí. Solo que en lugar de dibujar rajoys y pedrosánchezes, aparecen monos con palos y piedras que, si lo piensas bien, viene a ser lo mismo».

Además de monos con piedras, en sus tebeos son habituales los yonquis, los curas, los gitanos, los homosexuales, los vegetarianos, los quinquis, los animalistas, los esquizofrénicos, los mendigos, los yihadistas, los estudiantes en paro y otros colectivos que, en los últimos tiempos, parecen haber desaparecido del campo del humor por un malentendido concepto del respeto derivado de la extrema corrección política.

«No hago chistes para gustarle a todo el mundo. Lo que dibujo no son verdades absolutas y no pretendo decirle a nadie cómo debe hacer las cosas o qué debe pensar. A mí también hay muchas cosas que no me gustan en la vida, pero en mis chistes mando yo».

«En ese sentido, en mis tebeos no hay más provocación que la de intentar ser libre. A mí esta tontería de la corrección política no me ha afectado en absoluto a la hora de dibujar, pero sí al publicar ciertas cosas en internet o en algunas revistas. Cuando han surgido problemas o han puesto mordazas a mi trabajo, nadie ha dado la cara por mí ni me ha defendido. Ni un penoso #JeSuis o un emoticono triste me han puesto».

Según todos los analistas, España está viviendo un cambio político trascendental. La «casta» surgida en la Transición está viendo cómo los jóvenes indignados están ganando terreno en las instituciones.

Esa nueva generación de políticos, encabezada por Íñigo Errejón, Albert Rivera o Andrea Levy muy probablemente haya leído alguna vez los tebeos de Juarma en publicaciones como El Jueves, TMEO o infinidad de fanzines. Toda una responsabilidad para un artista underground que, sin ser consciente, podría estar influyendo en el futuro de nuestra nación.

«En realidad, me parece más probable que esos políticos a los que citas me hubiesen fusilado a demandas si hubiesen leído alguno de mis libros como, por ejemplo, Romance Neanderthal, donde aparece Albert Rivera inaugurando una estatua de Adolfo Suárez hecha de cocaína».

«Que me lean ellos me halagaría lo mismo que cuando me lee cualquier otra persona. Pero me parece que los políticos no tienen sentido del humor. Ellos se ocupan de asuntos más serios, como saquear España».

«En todo caso, y si a Pablo Iglesias, que es muy dado a los obsequios, se le ocurriese regalarle uno de mis tebeos a algún político, me gustaría que fuera al Ministro del Interior, pero dedicado con un enorme pene hecho con un Edding 500».

Mientras espera que Pablo Iglesias tenga un hueco entre tanta negociación, tanto Hormiguero y tanto Qué Tiempo Tan Feliz para hacer realidad su deseo, Juarma se prepara para la presentación de Romance neardenthal, editado por Ultrarradio, que se celebrará en la librería Molar Mucho de Madrid el próximo sábado 9 de abril.

Viajará a la capital desde Granada, lugar de donde es natural, como Federico García Lorca, otro que comparte su afición por los gitanos y los guardia civiles. Por lo que se ve, a todos los granadinos les da por lo mismo.

«Bueno, intento reflejar mi entorno en los chistes y por eso aparecen esas referencias. También podría ser que esta ciudad no ha cambiado mucho en cien años. En todo caso, me gusta mucho Lorca, e incluso el título de mi tebeo es un guiño a su Romancero gitano».

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Opiniones 4
  • Pues desde La Línea de la Concepción, y desde el chiringuito con una cerveza en la mano, que hay mucha pulisia en la calle y no podemos sacar unas cajas de costo (¡que es pa comé, oiga!), quiero darte la enhorabuena por acordarte de los sufridos «piojosos»

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