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4 de diciembre 2013    /   CREATIVIDAD
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Kawaii venezolano para despertar el hambre

4 de diciembre 2013    /   CREATIVIDAD     por          
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Las formas curvas, los colores intensos y los dulces no tienen por qué ser cosa de niños. Chocotoy es una marca y un estudio gráfico venezolano que, en apenas tres años de existencia, se ha colado en la sala Vip de la ilustración latinoamericana a base de “romper la estática de la gente, que vive estresada”, dice Luis Alfonso, el autor de clima cálido que engendra esta línea de dibujos junto a Karen Guevara, su pareja y compañera de trazos.

Todo empezó cuando trabajaban en la universidad en una asignatura para la que tenía que diseñar una línea de dibujos enfocada a una supuesta franquicia. Para el trabajo imaginaron que sus creaciones serían idóneas en unos locales destinados a niños, en los que estos pudieran jugar y comer dulces, y en consecuencia, crearon unos estridentes muñequitos de colores a los que les faltan los ángulos rectos y les sobra la glucosa.

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Pero resultó que aquella idea no era tan de niños. “Se trata de arte kawaii”, explica el ilustrador, “un concepto que utilizan los japoneses para designar a las cosas lindas. Un estilo en el que todo cobra vida”. Cuando quisieron retomar los dibujos que elaboraron en la facultad con el objetivo de darle una salida comercial, Alfonso y Karen se dieron cuenta de que esa filosofía kawaii llamaba la atención a mucha gente que hace tiempo abandonó la infancia.

Los 100 personajes ilustrados de Chocotoy, que incluso tienen nombres propios, solo catan el color negro para el caso de peticiones muy urbanitas. Además de en papel, se muestran en una línea de productos que engolosinan camisetas, carteras, bolsos, portamaquillajes, botellas y cualquier cosas susceptible de ser kawaiizada.

Encargos internacionales muy alejados de la producción para menores procedentes de marcas como Toyota o para plataformas musicales como Sound Club se fueron sumando a los que ya hacían para otras de veras enfocadas en los más pequeños, como la empresa juguetera española Estímulos, entre otras muchas. Una ampliación del target para los personajes curvos de estos veinteañeros que se va consolidando con hechos como haber sido los únicos ilustradores latinoamericanos presentes en el libro Fantastic Ilustration (Designer Book) –producción china–, haber sido invitados al festival cultural Offf o haber aparecido hasta nueve veces en el trendding topic de Behance.net, la red social más popular para ilustradores en todo el mundo.

Dice Luis que su “público tiene entre 15 y 45 años y da fe de que el trabajo no es un concepto que solo vayan a entender los carajitos (niños)”. “El consumo artístico y el enfoque con el que se ve está cambiando para Venezuela y Latinoamérica. Ahora ser ilustrador es un trabajo mucho mejor reconocido y respetado que antes. A la gente le interesa ver ideas novedosas y las aprecian. Y la nuestra se sale de lo que se venían viendo”, analiza el autor el panorama de su sector en la región. “Chocotoy quiere romper la rigidez social y trabajar con conceptos juveniles y alegres. Por eso hay tantos helados, galletas, muñequitos, dulces y chocolate, porque queremos hacer ilustraciones que apetezca comérselas”.

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Piñata

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Las formas curvas, los colores intensos y los dulces no tienen por qué ser cosa de niños. Chocotoy es una marca y un estudio gráfico venezolano que, en apenas tres años de existencia, se ha colado en la sala Vip de la ilustración latinoamericana a base de “romper la estática de la gente, que vive estresada”, dice Luis Alfonso, el autor de clima cálido que engendra esta línea de dibujos junto a Karen Guevara, su pareja y compañera de trazos.

Todo empezó cuando trabajaban en la universidad en una asignatura para la que tenía que diseñar una línea de dibujos enfocada a una supuesta franquicia. Para el trabajo imaginaron que sus creaciones serían idóneas en unos locales destinados a niños, en los que estos pudieran jugar y comer dulces, y en consecuencia, crearon unos estridentes muñequitos de colores a los que les faltan los ángulos rectos y les sobra la glucosa.

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Pero resultó que aquella idea no era tan de niños. “Se trata de arte kawaii”, explica el ilustrador, “un concepto que utilizan los japoneses para designar a las cosas lindas. Un estilo en el que todo cobra vida”. Cuando quisieron retomar los dibujos que elaboraron en la facultad con el objetivo de darle una salida comercial, Alfonso y Karen se dieron cuenta de que esa filosofía kawaii llamaba la atención a mucha gente que hace tiempo abandonó la infancia.

Los 100 personajes ilustrados de Chocotoy, que incluso tienen nombres propios, solo catan el color negro para el caso de peticiones muy urbanitas. Además de en papel, se muestran en una línea de productos que engolosinan camisetas, carteras, bolsos, portamaquillajes, botellas y cualquier cosas susceptible de ser kawaiizada.

Encargos internacionales muy alejados de la producción para menores procedentes de marcas como Toyota o para plataformas musicales como Sound Club se fueron sumando a los que ya hacían para otras de veras enfocadas en los más pequeños, como la empresa juguetera española Estímulos, entre otras muchas. Una ampliación del target para los personajes curvos de estos veinteañeros que se va consolidando con hechos como haber sido los únicos ilustradores latinoamericanos presentes en el libro Fantastic Ilustration (Designer Book) –producción china–, haber sido invitados al festival cultural Offf o haber aparecido hasta nueve veces en el trendding topic de Behance.net, la red social más popular para ilustradores en todo el mundo.

Dice Luis que su “público tiene entre 15 y 45 años y da fe de que el trabajo no es un concepto que solo vayan a entender los carajitos (niños)”. “El consumo artístico y el enfoque con el que se ve está cambiando para Venezuela y Latinoamérica. Ahora ser ilustrador es un trabajo mucho mejor reconocido y respetado que antes. A la gente le interesa ver ideas novedosas y las aprecian. Y la nuestra se sale de lo que se venían viendo”, analiza el autor el panorama de su sector en la región. “Chocotoy quiere romper la rigidez social y trabajar con conceptos juveniles y alegres. Por eso hay tantos helados, galletas, muñequitos, dulces y chocolate, porque queremos hacer ilustraciones que apetezca comérselas”.

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