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2 de marzo 2018    /   BRANDED CONTENT
 

Las baldosas de Kiko Pérez juegan con el error y La Alhambra

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Cuando invitaron a Kiko Pérez a participar en la segunda edición del Premio Cervezas Alhambra de Arte Emergente, las condiciones le parecieron un reto apetecible: trabajar codo con codo con un artesano en la producción de la obra final; contar con la ayuda y guía de un mentor, y que la principal inspiración fuera La Alhambra y la ciudad de Granada.

Kiko Pérez es un joven creador cuya obra, explica, «deambula entre la pintura, la escultura y el objeto artístico». Su obra titulada El holandés errante ha sido la ganadora del Premio que Cervezas Alhambra otorga a artistas emergentes y ha consistido en la creación de un mosaico de baldosas hidráulicas inspirado en los motivos nazaríes que se observan en La Alhambra. «Hace tiempo que tenía ganas de hacer baldosas hidráulicas, y el resultado ha sido un fragmento de suelo compuesto por 108 baldosas. Es una composición pictórica».

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«La elección del soporte baldosa me ha facilitado mucho tomar algunas decisiones, ya que aspectos como la geometría, la repetición, los colores planos son recursos que ya he utilizado anteriormente; y para mí era importante continuar con mi proceso de trabajo, al margen de adaptarme a la propuesta del concurso».

La elección de estos materiales y estilo le ha obligado a salir, en cierta manera, de su zona de confort, pero para este artista gallego, los retos siempre son un estímulo. «Trabajar con un medio que no conoces siempre genera incertidumbre y dudas con las que tienes que lidiar. Es precisamente que te expones a eso para elaborar maneras de solucionar las cosas que no se han dado antes».

La idea de hacer baldosas le venía de antiguo. «Hace un par de años, en un viaje a Marruecos, por casualidad vi cómo hacían estas baldosas y desde entonces no se me ha ido de la cabeza», recuerda Pérez.

«Gracias al concurso, que pagaba la producción de la obra, pude ponerlo en marcha. También busqué elementos de La Alhambra que me pudieran servir de punto de partida para realizar mi obra y ahí me fijé en el alicatado nazarí y la teoría de los grupos cristalográficos, que ordena mediante diferentes simetrías los elementos geométricos. Mi propuesta es una interpretación un tanto anárquica, emocional, empática y occidental de esa ordenación».

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En un primer momento, la obra no tenía título, pero las bases del premio exigían darle algún nombre. Junto a su mentor, Pancho Lapeña, barajaron varias posibilidades, pero el título que parecía gustarles ya lo llevaba una obra de otro artista. Se le ocurrió entonces el de El holandés errante, que ya había aparecido en alguna conversación durante la producción de la obra.

Que fuera una leyenda muy extendida también le hacía ganar puntos y «según se dice, a los gallegos nos gustan este tipo de historias», cuenta divertido. «Me gustaba que fuese algo diferente al mundo árabe por generar un contraste, y al mismo tiempo habla de un holandés (en alusión al neoplasticismo y otras corrientes como el constructivismo, que me han influenciado mucho) y del error, que es a lo que juega la obra, a jugar equivocándose. Como ves es una explicación totalmente caprichosa».

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El mentor ha sido una figura fundamental, explica Kiko Pérez, para la realización de la obra ganadora del Premio Cervezas Alhambra de Arte Emergente de este año. Pérez eligió a Pancho Lapeña, un ilustrador, diseñador y artesano gallego como él que le ha ayudado y guiado durante el proceso.

«La ayuda de Pancho ha sido el recopetín», comenta Pérez. «Sin su ayuda este proyecto sencillamente no se podría haber hecho. Experimentado mosaiquista, incansable investigador de los asuntos más variopintos. Me influyó mucho el mosaico que realizó en la fachada del Hotel Langosteira, en Fisterra (A Coruña), donde reside».

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Lapeña se encargó además de coordinar junto al artesano Gabriel Fábregas (Chula) toda la infraestructura para realizar la obra. «Además me trajo un caldo gallego y una cerveza a las 5 de la mañana, y le estaré eternamente agradecido por ello».

Pérez quiso intervenir directamente en todo el proceso y trabajar codo con codo junto a los artesanos para la creación de las baldosas, pero aquellos con los que contactó no parecían muy dispuestos a ayudarle. «No parecían querer involucrarse en una «artistada», lo cual me parece representativo de la poca estima que se le tiene al arte en este país. El arte molesta, pero si te dan un premio es guay», se queja el artista gallego.

La salvación vino de la mano de su mentor, quien contactó con Chula para fabricar el molde del que saldrían las baldosas. Aquellas estaban fabricadas fundamentalmente con cemento y algún otro material. «Una vez acondicionaron todo lo necesario para comenzar con la producción, me trasladé a su taller en Fisterra, donde me enseñaron el proceso, y nos pusimos manos a la obra».

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Pero toda experiencia no sirve de nada si no se aprende algo por el camino. Aunque Kiko Pérez no puede precisar nada en concreto («supongo que varias cosas de las que me iré dando cuenta con el tiempo»), sí se siente muy satisfecho con el camino recorrido. «En esta obra concretamente he tenido la sensación de que no hacer nada, a veces, es mejor que obsesionarse con exprimir hasta el último esfuerzo. Con esto quiero decir que la obra podía haber sido otra, que esta es una opción de las muchas que podía haber tomado, y me pareció bien no insistir y dejarlo en ese punto».

El gusanillo de hacer baldosas ya está metido en su creatividad. «Me encantaría hacer un suelo o un mural de baldosas, estoy abierto a proposiciones», deja abierta la puerta por si alguien tiene una propuesta atractiva que ofrecerle.

Pero, sobre todo, Kiko Pérez quiere mostrar su gratitud. Este tipo de iniciativas pueden ayudar a artistas emergentes a impulsar sus carreras, como ha sido su caso. «De partida, he podido realizar un proyecto gracias al concurso, que de otra manera habría sido bastante complicado llevar a cabo. Luego, la enorme difusión que hacen del evento ayuda a que se conozca tu trabajo».

«Lo que más me ha marcado es el nivel de visibilidad de la exposición y del premio. Se nota que cuenta con el apoyo a la difusión de una gran marca, y en cualquier caso me alegro de que apuesten por el territorio del arte contemporáneo haciéndolo a través de esta convocatoria».

 

Cuando invitaron a Kiko Pérez a participar en la segunda edición del Premio Cervezas Alhambra de Arte Emergente, las condiciones le parecieron un reto apetecible: trabajar codo con codo con un artesano en la producción de la obra final; contar con la ayuda y guía de un mentor, y que la principal inspiración fuera La Alhambra y la ciudad de Granada.

Kiko Pérez es un joven creador cuya obra, explica, «deambula entre la pintura, la escultura y el objeto artístico». Su obra titulada El holandés errante ha sido la ganadora del Premio que Cervezas Alhambra otorga a artistas emergentes y ha consistido en la creación de un mosaico de baldosas hidráulicas inspirado en los motivos nazaríes que se observan en La Alhambra. «Hace tiempo que tenía ganas de hacer baldosas hidráulicas, y el resultado ha sido un fragmento de suelo compuesto por 108 baldosas. Es una composición pictórica».

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«La elección del soporte baldosa me ha facilitado mucho tomar algunas decisiones, ya que aspectos como la geometría, la repetición, los colores planos son recursos que ya he utilizado anteriormente; y para mí era importante continuar con mi proceso de trabajo, al margen de adaptarme a la propuesta del concurso».

La elección de estos materiales y estilo le ha obligado a salir, en cierta manera, de su zona de confort, pero para este artista gallego, los retos siempre son un estímulo. «Trabajar con un medio que no conoces siempre genera incertidumbre y dudas con las que tienes que lidiar. Es precisamente que te expones a eso para elaborar maneras de solucionar las cosas que no se han dado antes».

La idea de hacer baldosas le venía de antiguo. «Hace un par de años, en un viaje a Marruecos, por casualidad vi cómo hacían estas baldosas y desde entonces no se me ha ido de la cabeza», recuerda Pérez.

«Gracias al concurso, que pagaba la producción de la obra, pude ponerlo en marcha. También busqué elementos de La Alhambra que me pudieran servir de punto de partida para realizar mi obra y ahí me fijé en el alicatado nazarí y la teoría de los grupos cristalográficos, que ordena mediante diferentes simetrías los elementos geométricos. Mi propuesta es una interpretación un tanto anárquica, emocional, empática y occidental de esa ordenación».

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En un primer momento, la obra no tenía título, pero las bases del premio exigían darle algún nombre. Junto a su mentor, Pancho Lapeña, barajaron varias posibilidades, pero el título que parecía gustarles ya lo llevaba una obra de otro artista. Se le ocurrió entonces el de El holandés errante, que ya había aparecido en alguna conversación durante la producción de la obra.

Que fuera una leyenda muy extendida también le hacía ganar puntos y «según se dice, a los gallegos nos gustan este tipo de historias», cuenta divertido. «Me gustaba que fuese algo diferente al mundo árabe por generar un contraste, y al mismo tiempo habla de un holandés (en alusión al neoplasticismo y otras corrientes como el constructivismo, que me han influenciado mucho) y del error, que es a lo que juega la obra, a jugar equivocándose. Como ves es una explicación totalmente caprichosa».

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El mentor ha sido una figura fundamental, explica Kiko Pérez, para la realización de la obra ganadora del Premio Cervezas Alhambra de Arte Emergente de este año. Pérez eligió a Pancho Lapeña, un ilustrador, diseñador y artesano gallego como él que le ha ayudado y guiado durante el proceso.

«La ayuda de Pancho ha sido el recopetín», comenta Pérez. «Sin su ayuda este proyecto sencillamente no se podría haber hecho. Experimentado mosaiquista, incansable investigador de los asuntos más variopintos. Me influyó mucho el mosaico que realizó en la fachada del Hotel Langosteira, en Fisterra (A Coruña), donde reside».

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Lapeña se encargó además de coordinar junto al artesano Gabriel Fábregas (Chula) toda la infraestructura para realizar la obra. «Además me trajo un caldo gallego y una cerveza a las 5 de la mañana, y le estaré eternamente agradecido por ello».

Pérez quiso intervenir directamente en todo el proceso y trabajar codo con codo junto a los artesanos para la creación de las baldosas, pero aquellos con los que contactó no parecían muy dispuestos a ayudarle. «No parecían querer involucrarse en una «artistada», lo cual me parece representativo de la poca estima que se le tiene al arte en este país. El arte molesta, pero si te dan un premio es guay», se queja el artista gallego.

La salvación vino de la mano de su mentor, quien contactó con Chula para fabricar el molde del que saldrían las baldosas. Aquellas estaban fabricadas fundamentalmente con cemento y algún otro material. «Una vez acondicionaron todo lo necesario para comenzar con la producción, me trasladé a su taller en Fisterra, donde me enseñaron el proceso, y nos pusimos manos a la obra».

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Pero toda experiencia no sirve de nada si no se aprende algo por el camino. Aunque Kiko Pérez no puede precisar nada en concreto («supongo que varias cosas de las que me iré dando cuenta con el tiempo»), sí se siente muy satisfecho con el camino recorrido. «En esta obra concretamente he tenido la sensación de que no hacer nada, a veces, es mejor que obsesionarse con exprimir hasta el último esfuerzo. Con esto quiero decir que la obra podía haber sido otra, que esta es una opción de las muchas que podía haber tomado, y me pareció bien no insistir y dejarlo en ese punto».

El gusanillo de hacer baldosas ya está metido en su creatividad. «Me encantaría hacer un suelo o un mural de baldosas, estoy abierto a proposiciones», deja abierta la puerta por si alguien tiene una propuesta atractiva que ofrecerle.

Pero, sobre todo, Kiko Pérez quiere mostrar su gratitud. Este tipo de iniciativas pueden ayudar a artistas emergentes a impulsar sus carreras, como ha sido su caso. «De partida, he podido realizar un proyecto gracias al concurso, que de otra manera habría sido bastante complicado llevar a cabo. Luego, la enorme difusión que hacen del evento ayuda a que se conozca tu trabajo».

«Lo que más me ha marcado es el nivel de visibilidad de la exposición y del premio. Se nota que cuenta con el apoyo a la difusión de una gran marca, y en cualquier caso me alegro de que apuesten por el territorio del arte contemporáneo haciéndolo a través de esta convocatoria».

 

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