Publicado: 19 de abril 2023 09:49  /   ENTRETENIMIENTO
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‘Killing an Arab’, la canción que más quebraderos de cabeza ha dado a The Cure

Publicado: 19 de abril 2023 09:49  /   ENTRETENIMIENTO     por          
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Killing an Arab – The Cure

Segunda mitad de los setenta en Crawley, Inglaterra. Unos chavalines se dedican a leer, ensayar y tocar para los amigos. Entre sus lecturas predomina el existencialismo. Y, aunando aficiones, uno de ellos decide que una de sus canciones trate sobre la realidad banal de Arthur Meursault, el protagonista de El extranjero.

En el breve libro que Albert Camus publicó en 1942, la anodina vida de un francés viviendo en la Argelia colonial (un tipo con escasas habilidades para discernir lo bueno de lo malo) queda trastocada por culpa de un suceso al que no sabe muy bien cómo llegó: dispara a un árabe en una playa y acaba con su vida. Así que este asesinato, clave en la obra y tan decisivo para el porvenir de Meursault, se convierte en el estribillo de la canción. Y también en el título.

Décadas después, con varias polémicas de por medio, Robert Smith diría que lo único que cambiaría de ese tema sería el nombre. Pero en esa época no le dio más importancia. En realidad, pensaba que solo lo iban a escuchar sus amigos de la escuela. Y ellos, al fin y al cabo, ya sabían de qué iba.

Pero el futuro les deparaba algo muy diferente. Porque Easy Cure, que es como se llamaba la banda, ganó un concurso cuyo premio era grabar para el sello alemán Hansa. En esas sesiones registraron Killing an Arab. Pero el artista más vendedor de la discográfica hasta la fecha había sido Boney M. Y claro, cuando los dueños de Hansa escucharon el resultado de las grabaciones, decidieron que o los jovencitos ingleses se dedicaban a hacer versiones, o no querían saber nada de ellos.

El contrato se rompió, Easy Cure recuperaron los derechos sobre sus canciones y empezaron a mover su maqueta. La única respuesta que obtuvieron fue de Chris Parry, que ya trabajaba en la industria discográfica y estaba empezando su propio sello: Fiction. Se entendieron a la perfección. Parry empezó a sacar los discos de la banda y, con el tiempo, Fiction se convertiría casi en sinónimo de The Cure. Pero eso fue ya con el paso de los LP.

Primero, el grupo acortó su nombre. Después, Killing an Arab se convirtió en su primer single. Y ahí comenzaron, por un lado, las buenas críticas, y por otro, las interpretaciones equivocadas.

Los últimos setenta vieron a skinheads despistados que se colaban en sus conciertos para salir horrorizados después de algunos insultos a los músicos. Y a asociaciones de estudiantes que les pedían que en sus instalaciones no interpretara esa canción, hasta que les explicaban de qué iba. Como la mayoría de la gente no profundizaba y se quedaba en el título, cuando se agotó la primera tirada y decidieron reeditarlo, el single ya iba con una etiqueta aclaratoria en la portada. Y alguna vez llegaron a tocarla como Killing Another.

Los malentendidos se fueron diluyendo en la memoria. Llegaron éxitos como Boys don’t cry, A forest, Close to me, In between days, The Lovecats… y parecía que había quedado claro de qué iba el grupo. Hasta que sacaron su recopilatorio de singles en 1986. El título, Standing on a beach o Staring at the sea, según el formato, también era parte de la letra de Killing an Arab.

Al publicarlo en Estados Unidos, con el mercado americano más receptivo a su música que en sus comienzos, la polémica resurgió. Algunas radios norteamericanas empezaron a pinchar la canción diciendo que su intención era racista. El Comité Árabe-americano contra la Discriminación pidió que ese corte se retirara del álbum porque promovía los sentimientos antiárabes. Y la noticia salió hasta en nuestro Telediario. Finalmente, tuvieron que poner una nueva pegatina en la portada condenando el uso malintencionado del tema y proponer un concierto a beneficio de los huérfanos palestino-libaneses.

Y quince años después, con los atentados de las torres gemelas, vuelta a empezar. De ahí la frustración de Robert Smith, su ideólogo, ante el nivel de comprensión de los oyentes y los medios. Porque habían pasado más de dos décadas desde que aquel adolescente con inquietudes intelectuales la compusiera. Y una canción que para él era todo lo contrario al racismo, que hablaba de alienación y de que la existencia de todos es básicamente igual, volvía a ponerlos en el ojo del huracán.

Afortunadamente The Cure no han salido tan escaldados como para dejar de componer canciones inspiradas en obras literarias. Pero seguro que han tenido mucho más cuidado a la hora de ponerles título.

Segunda mitad de los setenta en Crawley, Inglaterra. Unos chavalines se dedican a leer, ensayar y tocar para los amigos. Entre sus lecturas predomina el existencialismo. Y, aunando aficiones, uno de ellos decide que una de sus canciones trate sobre la realidad banal de Arthur Meursault, el protagonista de El extranjero.

En el breve libro que Albert Camus publicó en 1942, la anodina vida de un francés viviendo en la Argelia colonial (un tipo con escasas habilidades para discernir lo bueno de lo malo) queda trastocada por culpa de un suceso al que no sabe muy bien cómo llegó: dispara a un árabe en una playa y acaba con su vida. Así que este asesinato, clave en la obra y tan decisivo para el porvenir de Meursault, se convierte en el estribillo de la canción. Y también en el título.

Décadas después, con varias polémicas de por medio, Robert Smith diría que lo único que cambiaría de ese tema sería el nombre. Pero en esa época no le dio más importancia. En realidad, pensaba que solo lo iban a escuchar sus amigos de la escuela. Y ellos, al fin y al cabo, ya sabían de qué iba.

Pero el futuro les deparaba algo muy diferente. Porque Easy Cure, que es como se llamaba la banda, ganó un concurso cuyo premio era grabar para el sello alemán Hansa. En esas sesiones registraron Killing an Arab. Pero el artista más vendedor de la discográfica hasta la fecha había sido Boney M. Y claro, cuando los dueños de Hansa escucharon el resultado de las grabaciones, decidieron que o los jovencitos ingleses se dedicaban a hacer versiones, o no querían saber nada de ellos.

El contrato se rompió, Easy Cure recuperaron los derechos sobre sus canciones y empezaron a mover su maqueta. La única respuesta que obtuvieron fue de Chris Parry, que ya trabajaba en la industria discográfica y estaba empezando su propio sello: Fiction. Se entendieron a la perfección. Parry empezó a sacar los discos de la banda y, con el tiempo, Fiction se convertiría casi en sinónimo de The Cure. Pero eso fue ya con el paso de los LP.

Primero, el grupo acortó su nombre. Después, Killing an Arab se convirtió en su primer single. Y ahí comenzaron, por un lado, las buenas críticas, y por otro, las interpretaciones equivocadas.

Los últimos setenta vieron a skinheads despistados que se colaban en sus conciertos para salir horrorizados después de algunos insultos a los músicos. Y a asociaciones de estudiantes que les pedían que en sus instalaciones no interpretara esa canción, hasta que les explicaban de qué iba. Como la mayoría de la gente no profundizaba y se quedaba en el título, cuando se agotó la primera tirada y decidieron reeditarlo, el single ya iba con una etiqueta aclaratoria en la portada. Y alguna vez llegaron a tocarla como Killing Another.

Los malentendidos se fueron diluyendo en la memoria. Llegaron éxitos como Boys don’t cry, A forest, Close to me, In between days, The Lovecats… y parecía que había quedado claro de qué iba el grupo. Hasta que sacaron su recopilatorio de singles en 1986. El título, Standing on a beach o Staring at the sea, según el formato, también era parte de la letra de Killing an Arab.

Al publicarlo en Estados Unidos, con el mercado americano más receptivo a su música que en sus comienzos, la polémica resurgió. Algunas radios norteamericanas empezaron a pinchar la canción diciendo que su intención era racista. El Comité Árabe-americano contra la Discriminación pidió que ese corte se retirara del álbum porque promovía los sentimientos antiárabes. Y la noticia salió hasta en nuestro Telediario. Finalmente, tuvieron que poner una nueva pegatina en la portada condenando el uso malintencionado del tema y proponer un concierto a beneficio de los huérfanos palestino-libaneses.

Y quince años después, con los atentados de las torres gemelas, vuelta a empezar. De ahí la frustración de Robert Smith, su ideólogo, ante el nivel de comprensión de los oyentes y los medios. Porque habían pasado más de dos décadas desde que aquel adolescente con inquietudes intelectuales la compusiera. Y una canción que para él era todo lo contrario al racismo, que hablaba de alienación y de que la existencia de todos es básicamente igual, volvía a ponerlos en el ojo del huracán.

Afortunadamente The Cure no han salido tan escaldados como para dejar de componer canciones inspiradas en obras literarias. Pero seguro que han tenido mucho más cuidado a la hora de ponerles título.

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