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12 de julio 2017    /   CREATIVIDAD
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El eterno verano de Kota Yamaji

12 de julio 2017    /   CREATIVIDAD     por          
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El diseñador japonés Kota Yamaji no pretendía plasmar la despersonalización en la ciudad. Ni siquiera la despersonalización en Tokio, donde vive. El motivo por el que escondió el rostro de su creación más conocida —una cara de limón que mira hacia el cielo y con capucha de lunares— era sencillo: le gustaba la forma de los limones. «Y también el color le pegaba a mi estilo», dice Yamaji. Así que, donde debería haber una cara, él colocó medio limón. Lo mismo hizo con un globo terráqueo, con un huevo, con una caja, con un árbol. Todos ellos le parecieron buenos sustitutos para los rostros que quería hacer desaparecer en sus diseños.

Yamaji es un artista de pocas palabras que trabaja sin grandes pretensiones. Si distorsiona las caras es porque le gusta que a la gente que contemple su trabajo «le vuele la cabeza». Asegura que lo hace así «porque la cara es el motivo que siempre vemos a lo largo de nuestra vida», pero también porque «crear arte visual desconcertante y surrealista es la esencia de mi trabajo».

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Desde muy pequeño, Yamaji ya dibujaba. Dice que probablemente aquellas tardes dibujando manga fueron el primer encuentro entre el artista y el arte. Sus intereses comenzaron a difuminarse cuando llegó a la universidad, donde se sintió atraído por la creación de videoclips.

Ver los diseños de Yamaji es como abrir una caja de chucherías. Por sus colores y texturas, sus creaciones parece que fueran comestibles. Aunque ahí tampoco hay una intención. «Nunca he pensado que la gente que ve mis diseños pueda pensar ‘me gustaría comérmelo’, pero creo que la combinación de colores y motivos provocan ese efecto”, dice Yamaji.

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Le gustan los colores fuertes. Tienen mucho que ver con la cultura japonesa porque «está llena de infinidad de colores», comenta. «Tanto las ciudades como la moda, como el arte, están llenas de colorido y eso es muy inspirador para mí».

Lo que le inspira no es el diseño gráfico. El arte surrealista, la moda y el packaging son sus grandes fuentes de inspiración. Suele citar como referentes a Salvador Dalí, Rene Magritte, Yohji Yamamoto, Steve Nakamura, Antoni Tudisco y Peter Tarka.

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Para conocer las últimas tendencias acude a Pinterest, consume cuanto ve y comienza a imaginar. Con su ordenador y con programas como Maxon Cinema y 4D Pixologic Zbrush crea sus disparatados vídeos y diseños. Con una estética psicodélica, retro y futurista a la vez, sus vídeos parecen estar fuera del tiempo. No en vano, una de las canciones para las que creó el videoclip se traduce como ‘Ruido anacrónico’.

Pensar cómo va a combinar los colores, dice, le divierte y le entusiasma porque está convencido de que eso es lo que caracteriza su obra. Por eso, evita colores neutrales, «para mantener el estilo». «Los colores son mucho más vívidos en verano que en otras estaciones», asegura. De alguna manera, los personajes sin rostro de Yamaji parecen vivir en un eterno verano.

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El diseñador japonés Kota Yamaji no pretendía plasmar la despersonalización en la ciudad. Ni siquiera la despersonalización en Tokio, donde vive. El motivo por el que escondió el rostro de su creación más conocida —una cara de limón que mira hacia el cielo y con capucha de lunares— era sencillo: le gustaba la forma de los limones. «Y también el color le pegaba a mi estilo», dice Yamaji. Así que, donde debería haber una cara, él colocó medio limón. Lo mismo hizo con un globo terráqueo, con un huevo, con una caja, con un árbol. Todos ellos le parecieron buenos sustitutos para los rostros que quería hacer desaparecer en sus diseños.

Yamaji es un artista de pocas palabras que trabaja sin grandes pretensiones. Si distorsiona las caras es porque le gusta que a la gente que contemple su trabajo «le vuele la cabeza». Asegura que lo hace así «porque la cara es el motivo que siempre vemos a lo largo de nuestra vida», pero también porque «crear arte visual desconcertante y surrealista es la esencia de mi trabajo».

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Desde muy pequeño, Yamaji ya dibujaba. Dice que probablemente aquellas tardes dibujando manga fueron el primer encuentro entre el artista y el arte. Sus intereses comenzaron a difuminarse cuando llegó a la universidad, donde se sintió atraído por la creación de videoclips.

Ver los diseños de Yamaji es como abrir una caja de chucherías. Por sus colores y texturas, sus creaciones parece que fueran comestibles. Aunque ahí tampoco hay una intención. «Nunca he pensado que la gente que ve mis diseños pueda pensar ‘me gustaría comérmelo’, pero creo que la combinación de colores y motivos provocan ese efecto”, dice Yamaji.

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Le gustan los colores fuertes. Tienen mucho que ver con la cultura japonesa porque «está llena de infinidad de colores», comenta. «Tanto las ciudades como la moda, como el arte, están llenas de colorido y eso es muy inspirador para mí».

Lo que le inspira no es el diseño gráfico. El arte surrealista, la moda y el packaging son sus grandes fuentes de inspiración. Suele citar como referentes a Salvador Dalí, Rene Magritte, Yohji Yamamoto, Steve Nakamura, Antoni Tudisco y Peter Tarka.

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Para conocer las últimas tendencias acude a Pinterest, consume cuanto ve y comienza a imaginar. Con su ordenador y con programas como Maxon Cinema y 4D Pixologic Zbrush crea sus disparatados vídeos y diseños. Con una estética psicodélica, retro y futurista a la vez, sus vídeos parecen estar fuera del tiempo. No en vano, una de las canciones para las que creó el videoclip se traduce como ‘Ruido anacrónico’.

Pensar cómo va a combinar los colores, dice, le divierte y le entusiasma porque está convencido de que eso es lo que caracteriza su obra. Por eso, evita colores neutrales, «para mantener el estilo». «Los colores son mucho más vívidos en verano que en otras estaciones», asegura. De alguna manera, los personajes sin rostro de Yamaji parecen vivir en un eterno verano.

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