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29 de septiembre 2013    /   IDEAS
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La acera de enfrente

29 de septiembre 2013    /   IDEAS     por          
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Vivimos tiempos de mezclas. Ya no se es abiertamente gay o hetero. O sí. La acera de enfrente ya no está enfrente, y no solo hablando de nuestras apetencias carnales y/o emocionales. Las fronteras son las calles que nos separan del otro lado, y se están borrando como si hubieran sido atacadas con un aerosol.

Ferrán Adriá fue invitado a Documenta de Kassel de 2007, causando estupor entre los círculos artísticos más académicos y envidia entre otros cocineros estelares. ¿Es la cocina un arte? ¿Puede un chef mirar de igual a igual a Damien Hirst? ¿Puede Damien Hirst mirar de igual a igual a Mario Vaquerizo?

La ultima película de Michael Gondry, que se hizo famoso poniendo imágenes a la música de Björk, se titula La espuma de los días, como la novela de Boris Vian en la que se basa. Hay fragmentos de videoclips, otros de publicidad, otros de video arte… Su obsesión por traducir la novela a la pantalla de manera escrupulosa da lugar a algo que quizá no sea una película al uso, pero que está llena de inesperados hallazgos. ¿Es cine? Puede. ¿Importa? No.

El cartel oficial de SONAR de 2002 mostraba a Diego Armando Maradona, buscando ese cambio de acera tan improbable entre la rave y el fútbol. Ocho años más tarde, Sergi Caballero, unos de los tres socios fundadores de ese festival, estrenó Finisterrae, su primer largo, en el que un par de fantasmas que hablan en ruso, recorren atribuladas geografías a lomos de un par de rocines.

El cartel del SONAR de ese año coincidía con el póster oficial de la película. ¿Marketing? ¿Transgresión? Qué más da, la película es genial, y la imagen de los fantasmas a caballo, icónica.

La frontera entre el porno y el erotismo es móvil cada año se desplaza un poco más cerca del primero. Pronto, imágenes que habrían hecho sonrojar a nuestros abuelos, serán disfrutadas por nuestros hijos como parte de su educación sexual. La frontera entre uso y abuso, entre placer y dependencia o entre la vida y la muerte también son absolutamente impredecibles. Son aceras móviles.

En cuanto a la política, los discursos de investidura de cualquier presidente, o alto cargo institucional son prácticamente intercambiables. La frontera entre izquierda y derecha se ha diluido tanto que ahora solo podemos hablar de fronteras entre arriba y abajo.

Ya publiqué en este medio el artículo Leyendo al enemigo, que causó revuelo solamente por defender que las ideologías no son cajitas estancas e impermeables, y que no pasa nada por cambiar de acera en determinados temas o momentos, siempre que la argumentación sea sólida. Los tories y los laboristas lo hacen continuamente en el parlamento más antiguo de Europa.

Respecto a las razas, Warren Beatty ya dijo que entre todos íbamos a acabar con los chinos, con los negros, con los indios… a base de follar unos con otros hasta diluir cualquier rasgo identitario que pueda conducir a la discriminación. Claro, que para eso hace falta un poco de tiempo, y muchas ganas de diversión.

El filósofo José Antonio Marina sostiene que “no hay personas homosexuales; hay actos homosexuales”, y yo creo que da en el clavo, pues tampoco hay personas filósofas, sino actos de filosofía.

Así pues, podemos concluir que en este mundo cambiante… la acera de enfrente es usted.

Vivimos tiempos de mezclas. Ya no se es abiertamente gay o hetero. O sí. La acera de enfrente ya no está enfrente, y no solo hablando de nuestras apetencias carnales y/o emocionales. Las fronteras son las calles que nos separan del otro lado, y se están borrando como si hubieran sido atacadas con un aerosol.

Ferrán Adriá fue invitado a Documenta de Kassel de 2007, causando estupor entre los círculos artísticos más académicos y envidia entre otros cocineros estelares. ¿Es la cocina un arte? ¿Puede un chef mirar de igual a igual a Damien Hirst? ¿Puede Damien Hirst mirar de igual a igual a Mario Vaquerizo?

La ultima película de Michael Gondry, que se hizo famoso poniendo imágenes a la música de Björk, se titula La espuma de los días, como la novela de Boris Vian en la que se basa. Hay fragmentos de videoclips, otros de publicidad, otros de video arte… Su obsesión por traducir la novela a la pantalla de manera escrupulosa da lugar a algo que quizá no sea una película al uso, pero que está llena de inesperados hallazgos. ¿Es cine? Puede. ¿Importa? No.

El cartel oficial de SONAR de 2002 mostraba a Diego Armando Maradona, buscando ese cambio de acera tan improbable entre la rave y el fútbol. Ocho años más tarde, Sergi Caballero, unos de los tres socios fundadores de ese festival, estrenó Finisterrae, su primer largo, en el que un par de fantasmas que hablan en ruso, recorren atribuladas geografías a lomos de un par de rocines.

El cartel del SONAR de ese año coincidía con el póster oficial de la película. ¿Marketing? ¿Transgresión? Qué más da, la película es genial, y la imagen de los fantasmas a caballo, icónica.

La frontera entre el porno y el erotismo es móvil cada año se desplaza un poco más cerca del primero. Pronto, imágenes que habrían hecho sonrojar a nuestros abuelos, serán disfrutadas por nuestros hijos como parte de su educación sexual. La frontera entre uso y abuso, entre placer y dependencia o entre la vida y la muerte también son absolutamente impredecibles. Son aceras móviles.

En cuanto a la política, los discursos de investidura de cualquier presidente, o alto cargo institucional son prácticamente intercambiables. La frontera entre izquierda y derecha se ha diluido tanto que ahora solo podemos hablar de fronteras entre arriba y abajo.

Ya publiqué en este medio el artículo Leyendo al enemigo, que causó revuelo solamente por defender que las ideologías no son cajitas estancas e impermeables, y que no pasa nada por cambiar de acera en determinados temas o momentos, siempre que la argumentación sea sólida. Los tories y los laboristas lo hacen continuamente en el parlamento más antiguo de Europa.

Respecto a las razas, Warren Beatty ya dijo que entre todos íbamos a acabar con los chinos, con los negros, con los indios… a base de follar unos con otros hasta diluir cualquier rasgo identitario que pueda conducir a la discriminación. Claro, que para eso hace falta un poco de tiempo, y muchas ganas de diversión.

El filósofo José Antonio Marina sostiene que “no hay personas homosexuales; hay actos homosexuales”, y yo creo que da en el clavo, pues tampoco hay personas filósofas, sino actos de filosofía.

Así pues, podemos concluir que en este mundo cambiante… la acera de enfrente es usted.

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