8 de enero 2021    /   IDEAS
por
Ilustración  Fábrica de Estampas

‘La anarquía explicada a los niños’: postulados ácratas que siguen vigentes en el concepto educativo actual

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«… Por culpas de unos y otros, la educación ha quedado

estancada en un marasmo de servidumbre, de la que

debe salir redimida y reconfortada.

Sean estas breves páginas estímulo para todos».

 

Con estas palabras, el grupo editor de La anarquía explicada a los niños cerraba su prólogo. El folleto, publicado en 1931 por la editorial barcelonesa Biblioteca Anarquista Internacional (B. A. I.) y escrito por su fundador, José Antonio Emmanuel, consideraba que solo bajo los dictados de la Razón y de la Ciencia era posible formar a niños y niñas para convertirlos en futuros hombres y mujeres libres.

Emmanuel era consciente de que la tarea no era fácil. La ignorancia y el oscurantismo se cebaban con los más vulnerables, promovidos, en no pocas ocasiones, por los poderes fácticos. De ahí que compartiera una a una las palabras del anarquista francés Eliseo Reclus cuando, al referirse a los hijos del proletariado español, dijo aquello de que:

«Débiles y pequeños, los niños son, por eso mismo, sagrados».

Para contrarrestar la «nefanda presión» en la educación ejercida desde el fanatismo, Emmanuel publicó desde B.A.I la colección Biblioteca Internacional, a la que pertenecen, entre otros, La anarquía explicada a los niños. O La anarquía explicada a las mujeres, dirigido a un colectivo no menos inerme por aquel entonces.

En realidad, José Antonio Emmanuel no era un nombre real sino uno de los alias utilizados por el pedagogo y filántropo anarquista José Ruíz Rodríguez (primo de Picasso, para más señas).

 

 

«Fue un personaje de la historia del movimiento libertario igual de audaz que singular. Sin su vehemencia y convicción, el ideario anarquista hubiese perdido un gran valedor», explica Piu Martínez, encargada de la nueva edición de La anarquía explicada a los niños recientemente publicada por Libros de El Zorro Rojo.

Emmanuel lo tenía claro. La anarquía era la única vía para alcanzar una sociedad libre de toda desigualdad y diferencias entre ricos y pobres, esclavizadores y esclavizados. También era el arma más potente para combatir el militarismo, el clericalismo y el capitalismo. El pedagogo acusaba a los tres ismos de ser los principales escollos para disfrutar de la Vida, en mayúsculas, aquella basada en los principios de solidaridad humana y amor universal.

Para hacerse «digno de la anarquía» era necesario seguir los postulados ácratas, que Emmanuel resume en el libro en diez puntos:

  1.  Ayuda
  2. Apoya
  3. Copia lo bello
  4. Labora
  5. Estudia
  6. Ama
  7. Protege
  8. Cultiva
  9. No tengas esclavos
  10. Trabaja

Dice Martínez que cuando el pedagogo hace referencia a estos diez mandamientos como el camino a recorrer para alcanzar la anarquía, lo que hace, a su vez, es mostrar las vías para alcanzar de manera conjunta y organizada una sociedad más justa: «Trabaja, apoya, estudia, ayuda, protege… ¿no son, acaso, enseñanzas y valores a transmitir en la actualidad?».

Por eso, pese a haber pasado casi cien años desde su primera edición, en su opinión, el texto está más vigente de lo que cabría pensar: «El pensamiento y la educación libertaria forman parte, por ajeno que pueda resultarnos, del concepto de educación que tenemos en la actualidad. Las propuestas y acciones reivindicadas por el movimiento libertario durante la II República se incorporaron a las distintas reformas educativas de nuestro país y han llegado hasta las escuelas de hoy. Hablamos de escuelas igualitarias, de un sistema educativo que no discrimina por clases ni géneros, etc.».

De los postulados defendidos por el folleto, Martínez destaca dos que siempre están de actualidad: la importancia del apoyo mutuo y el papel de la educación como herramienta fundamental para el desarrollo de una sociedad.

«Emmanuel nos habla de la escuela (refiriéndose al modelo de escuela racionalista impulsado por Ferrer i Guardia) como el verdadero motor de cambio social, pero también nos habla del sindicato y del ateneo. En definitiva, diferentes redes solidarias de difusión cultural para que el individuo pueda desarrollarse y, con ello, mejorar la sociedad».

Así ‘se rescata’ un libro

Piu Martínez habla del proyecto como un «rescate editorial» porque «el folleto no volvió a publicarse en España desde tiempos de la II República (aunque en la última década han ido apareciendo nuevas ediciones en América Latina, y en España también alguna digital)».

La presente aúna el texto original de Emmanuel de 1931 con los grabados del colectivo argentino Fábrica de Estampas. Aunque los editores la han transcrito íntegramente, sin intervención en los textos, el folleto incluye unas pequeñas notas aclaratorias al final. «Debido al lenguaje de los textos y a la naturaleza y autoría de los mismos, estimamos oportuno añadirlas para que el lector pueda obtener una visión más amplia del contexto histórico y de las voces que promovieron e impulsaron la pedagogía libertaria», aclara Martínez.

La edición original fue publicada con una cubierta ilustrada en la que aparecían unos pequeños grabados que hacían alusión a los postulados ácratas. «Estas ilustraciones sirvieron como referencia para la propuesta ilustrada de Casa de Estampas, quienes las pusieron en valor con un excelente rediseño y además las incluyeron a mayor tamaño en el interior del folleto». El colectivo argentino es también responsable de la imagen de la cubierta: una composición tipográfica estampada por ellos mismos. 

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debe salir redimida y reconfortada.

Sean estas breves páginas estímulo para todos».

 

Con estas palabras, el grupo editor de La anarquía explicada a los niños cerraba su prólogo. El folleto, publicado en 1931 por la editorial barcelonesa Biblioteca Anarquista Internacional (B. A. I.) y escrito por su fundador, José Antonio Emmanuel, consideraba que solo bajo los dictados de la Razón y de la Ciencia era posible formar a niños y niñas para convertirlos en futuros hombres y mujeres libres.

Emmanuel era consciente de que la tarea no era fácil. La ignorancia y el oscurantismo se cebaban con los más vulnerables, promovidos, en no pocas ocasiones, por los poderes fácticos. De ahí que compartiera una a una las palabras del anarquista francés Eliseo Reclus cuando, al referirse a los hijos del proletariado español, dijo aquello de que:

«Débiles y pequeños, los niños son, por eso mismo, sagrados».

Para contrarrestar la «nefanda presión» en la educación ejercida desde el fanatismo, Emmanuel publicó desde B.A.I la colección Biblioteca Internacional, a la que pertenecen, entre otros, La anarquía explicada a los niños. O La anarquía explicada a las mujeres, dirigido a un colectivo no menos inerme por aquel entonces.

En realidad, José Antonio Emmanuel no era un nombre real sino uno de los alias utilizados por el pedagogo y filántropo anarquista José Ruíz Rodríguez (primo de Picasso, para más señas).

 

 

«Fue un personaje de la historia del movimiento libertario igual de audaz que singular. Sin su vehemencia y convicción, el ideario anarquista hubiese perdido un gran valedor», explica Piu Martínez, encargada de la nueva edición de La anarquía explicada a los niños recientemente publicada por Libros de El Zorro Rojo.

Emmanuel lo tenía claro. La anarquía era la única vía para alcanzar una sociedad libre de toda desigualdad y diferencias entre ricos y pobres, esclavizadores y esclavizados. También era el arma más potente para combatir el militarismo, el clericalismo y el capitalismo. El pedagogo acusaba a los tres ismos de ser los principales escollos para disfrutar de la Vida, en mayúsculas, aquella basada en los principios de solidaridad humana y amor universal.

Para hacerse «digno de la anarquía» era necesario seguir los postulados ácratas, que Emmanuel resume en el libro en diez puntos:

  1.  Ayuda
  2. Apoya
  3. Copia lo bello
  4. Labora
  5. Estudia
  6. Ama
  7. Protege
  8. Cultiva
  9. No tengas esclavos
  10. Trabaja

Dice Martínez que cuando el pedagogo hace referencia a estos diez mandamientos como el camino a recorrer para alcanzar la anarquía, lo que hace, a su vez, es mostrar las vías para alcanzar de manera conjunta y organizada una sociedad más justa: «Trabaja, apoya, estudia, ayuda, protege… ¿no son, acaso, enseñanzas y valores a transmitir en la actualidad?».

Por eso, pese a haber pasado casi cien años desde su primera edición, en su opinión, el texto está más vigente de lo que cabría pensar: «El pensamiento y la educación libertaria forman parte, por ajeno que pueda resultarnos, del concepto de educación que tenemos en la actualidad. Las propuestas y acciones reivindicadas por el movimiento libertario durante la II República se incorporaron a las distintas reformas educativas de nuestro país y han llegado hasta las escuelas de hoy. Hablamos de escuelas igualitarias, de un sistema educativo que no discrimina por clases ni géneros, etc.».

De los postulados defendidos por el folleto, Martínez destaca dos que siempre están de actualidad: la importancia del apoyo mutuo y el papel de la educación como herramienta fundamental para el desarrollo de una sociedad.

«Emmanuel nos habla de la escuela (refiriéndose al modelo de escuela racionalista impulsado por Ferrer i Guardia) como el verdadero motor de cambio social, pero también nos habla del sindicato y del ateneo. En definitiva, diferentes redes solidarias de difusión cultural para que el individuo pueda desarrollarse y, con ello, mejorar la sociedad».

Así ‘se rescata’ un libro

Piu Martínez habla del proyecto como un «rescate editorial» porque «el folleto no volvió a publicarse en España desde tiempos de la II República (aunque en la última década han ido apareciendo nuevas ediciones en América Latina, y en España también alguna digital)».

La presente aúna el texto original de Emmanuel de 1931 con los grabados del colectivo argentino Fábrica de Estampas. Aunque los editores la han transcrito íntegramente, sin intervención en los textos, el folleto incluye unas pequeñas notas aclaratorias al final. «Debido al lenguaje de los textos y a la naturaleza y autoría de los mismos, estimamos oportuno añadirlas para que el lector pueda obtener una visión más amplia del contexto histórico y de las voces que promovieron e impulsaron la pedagogía libertaria», aclara Martínez.

La edición original fue publicada con una cubierta ilustrada en la que aparecían unos pequeños grabados que hacían alusión a los postulados ácratas. «Estas ilustraciones sirvieron como referencia para la propuesta ilustrada de Casa de Estampas, quienes las pusieron en valor con un excelente rediseño y además las incluyeron a mayor tamaño en el interior del folleto». El colectivo argentino es también responsable de la imagen de la cubierta: una composición tipográfica estampada por ellos mismos. 

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