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26 de septiembre 2014    /   BUSINESS
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La carta náutica de la innovación

26 de septiembre 2014    /   BUSINESS     por          
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Este libro viene de aguas profundas. Del océano azul de un mapa que sitúa al este la Bahía de la cultura y al oeste, la Costa de los motines. De una carta náutica donde la innovación apunta al norte y el valor apunta al sur. Un planisferio donde aún hay terra incógnita.
Nacho Villoch pintó en este mapa las coordenadas de la innovación. Quería situar en una carta náutica lo que siempre ocurre cuando alguien busca una fórmula nueva. Definió los paisajes agradables y los lugares hostiles. Y les dio un nombre. Los llamó Atolón de la colaboración, Bahía de los recursos, Know How Harbour, Punta I Told You, Arrecife de la reputación, Astillero de Why Not o Mar de la desesperación.
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Esto nunca hubiera ocurrido si un experto en innovación, Matti Hemmi, no hubiese buscado a otro, Nacho Villoch. El primero citó al segundo un viernes por la tarde en una cafetería y le soltó, en palabras de Villoch, «un desafío».
–Me retó a mapear la innovación y en vez de hacer un mapa tradicional, decidí dibujar una carta náutica en la que hubiese una tierra por explorar porque daba más juego. Y también para que no hubiera un solo recorrido. En la innovación no hay una ruta única. Cada uno tiene que encontrar la suya. Los caminos conocidos no llevan a lugares desconocidos.
El @capitancook de Twitter publicó el mapa en redes sociales y algunas personas le animaron a que continuara la historia. El mapa, aunque aún no lo supiera, era solo un punto de partida. Y entre los que se enamoraron de esa carta estaba, aunque tampoco lo sabía entonces, el que después fue su editor: el jefe de White Tiger Books.
«Lo que era solo una idea, al compartirla, fue enriqueciéndose hasta convertirse en un proyecto y un producto que ya está en Amazon», indica el manager de actividades y eventos de innovación de BBVA. Ese producto es un libro que el autor escribió después de diseñar el mapa y que nada tiene que ver con la retórica sobria, de efluvios Power Point, que normalmente acompaña a las legiones de evangelistas de la innovación.
La aventura de Diana es la historia de una expedición. Es una novela en la que los personajes se ven en situaciones similares a las que encuentra una persona que quiere crear un proyecto nuevo. En la narración aparecen más de 60 referencias a teorías de innovación y emprendimiento, pero en el barco de Diana, Yago y Félix nada recuerda a un discurso académico y empresarial. Estos conceptos aparecen barnizados por la literatura. Por eso el tan repetido concepto psicológico de la ‘zona de confort’ se convierte en este libro en una tierra llamada Confortalia o la investigación de tendencias deviene en una brisa.
Escribir este libro también fue un viaje desde Confortalia hasta la Isla de Amazon. Era su primera expedición en el mundo editorial y en esa disciplina de escapar del mundo a su alrededor cada fin de semana para navegar con Yago, Félix y Diana.
–Es un trabajo de constancia. Tenía el mapa en la cabeza y en mi mesa, dibujado en una cartulina. Ya tenía el mapa por donde había de transitar. Después diseñé tres personajes y los iba relacionando con la carta náutica. Era una combinación muy inspiradora.
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Villoch utilizó algunas herramientas de innovación para construir su novela. Los personajes aparecieron después de un proceso de design thinking.
–Los diseñé cómo me enseñaron en Soulsight. En una cartulina fui anotando los elementos de la personalidad de Diana, Yago y Félix. Hice arquetipos, para que el lector pudiese identificarse fácilmente con ellos, y anoté en cada cartulina los conocimientos que quería que transmitieran. Después tendría que crear situaciones para que se pudieran extraer varios aprendizajes. Además, para cada uno creé una lista de música en Spotify y cuando escribía sobre ellos, escuchaba sus canciones.
No es raro que una persona como Villoch acabara publicando un libro sobre innovación. Lo que decimos y escribimos no es más que un reflejo de lo que somos. Y es imposible escapar de ahí. A los 25 años se fue a vivir a Singapur y en esa ciudad se propuso volver de la oficina, cada día, por un camino distinto. «Conocí un Singapur que probablemente muchas personas de allí no hayan visitado. Era toda una aventura. A veces, incluso, empezabas a caminar el jueves y llegabas a casa el sábado».
–La inmensa mayoría de la población busca la rutina, la comodidad. Hay un pequeño porcentaje que busca el cambio y probar cosas nuevas. Ahí estás tú. ¿Por qué te interesa lo desconocido, lo diferente?
–Es algo que siempre me ha gustado –responde Villoch–. Me gusta ponerme al otro lado del espejo y hacer conexiones que no hacen otras personas. Es algo que está en todo lo que hago. Siempre he buscado formas diferentes de hacer mi trabajo. Y si voy a un restaurante y veo un plato que no conozco, lo pido sin preguntar qué es. Me gustan las opciones desconocidas. Siempre me ha interesado el futuro y desafiar el status quo.
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Estamos en un café de otro siglo. La música pertenece también a otra época. Abandonamos el futuro, allá donde esté, y zarpamos hacia el pasado en busca de personajes que fascinan a Villoch por haberse adelantado a su época.
–Me parece increíble Chales Darwin y la historia desde que hizo su viaje en el Beagle hasta que se decidió a publicar El origen de las especies. Me encanta Leonardo da Vinci, por supuesto. Era un polímata que dominaba todas las disciplinas y las relacionaba entre sí. Experimentaba con todo. También Julio Verne, por su capacidad para imaginar futuros y Jacques-Yves Cousteau, porque inventó el sistema de buceo autónomo. Hay una persona que cada vez me gusta más: Richard Branson. Es un disruptor en todos los mercados que entra. Lo hizo en la música, en los viajes…
Villoch está de acuerdo en que la palabra innovación está manoseada y podría empezar a gastarse. Pero, por el momento, no tenemos otra. Utilizamos esta y le seguimos quitando lustre.
–¿Cómo definirías la innovación?
–En un sentido académico es la implantación de novedad y valor. Es la implantación de nuevos procesos que aporten valor tangible e intangible. Yo me quedo con la idea de implantación, de hacer, de hacer cosas nuevas. No solo hay que tener ideas. Hay que aplicarlas.
–¿Innovar implica novedad o pueden rescatarse ideas y conceptos olvidados del pasado?
–Se pueden hacer cosas nuevas y también formular nuevas aplicaciones. No hay que reinventar la pólvora porque nos quemaríamos las pestañas. Hay una imagen que lo muestra muy bien. Aparecen dos manos. Una tiene un hacha de sílex y la otra, un smartphone. Las dos manos sujetan igual a ambos objetos y los dos están hechos de la misma materia prima: el silicio. Las dos son herramientas sin las cuales no se podía vivir en su momento.
manos
–Un método puede ayudar a encontrar nuevas soluciones y, a la vez, puede crear un marco restringido. ¿Qué métodos te parecen más interesantes?
IDEO es el referente internacional de design thinking. Esa compañía ha hecho proyectos muy interesantes. Apple también es un caso extraordinario, pero son muy opacos y no sabemos qué herramientas y fórmulas utilizan. A mí me gusta mucho 3M, el fabricante del post-it. Hoy tienen decenas de productos. Los quirófanos están llenos de artículos suyos. El 30% de su catálogo son desarrollos de los últimos dos o tres años.
–¿Qué método utiliza 3M para inventar nuevos productos?
–El método de la perseverancia. El método de Edison. El laboratorio, la prueba y error…
La aventura de Diana no acaba en la página 348 del libro. Continúa en Facebook y en Twitter. Y muy pronto también en centros educativos. En universidades o institutos. O en los dos. Eso aún está por explorar. Villoch trabaja ahora en un cuaderno de actividades que desarrolla los conceptos de innovación que aparecen en la novela.
La aventura de Villoch con este libro tampoco ha llegado a su fin. Aún queda tierra desconocida y mucho por explorar. Y no pasa nada si el barco del Capitán Cook aparece inesperadamente en la Isla del resultado no buscado. De ahí siempre saldrá algo interesante, porque, como dice Albert Szent-Györgyi, «un descubrimiento es un accidente que choca con una mente preparada».
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Este libro viene de aguas profundas. Del océano azul de un mapa que sitúa al este la Bahía de la cultura y al oeste, la Costa de los motines. De una carta náutica donde la innovación apunta al norte y el valor apunta al sur. Un planisferio donde aún hay terra incógnita.
Nacho Villoch pintó en este mapa las coordenadas de la innovación. Quería situar en una carta náutica lo que siempre ocurre cuando alguien busca una fórmula nueva. Definió los paisajes agradables y los lugares hostiles. Y les dio un nombre. Los llamó Atolón de la colaboración, Bahía de los recursos, Know How Harbour, Punta I Told You, Arrecife de la reputación, Astillero de Why Not o Mar de la desesperación.
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Esto nunca hubiera ocurrido si un experto en innovación, Matti Hemmi, no hubiese buscado a otro, Nacho Villoch. El primero citó al segundo un viernes por la tarde en una cafetería y le soltó, en palabras de Villoch, «un desafío».
–Me retó a mapear la innovación y en vez de hacer un mapa tradicional, decidí dibujar una carta náutica en la que hubiese una tierra por explorar porque daba más juego. Y también para que no hubiera un solo recorrido. En la innovación no hay una ruta única. Cada uno tiene que encontrar la suya. Los caminos conocidos no llevan a lugares desconocidos.
El @capitancook de Twitter publicó el mapa en redes sociales y algunas personas le animaron a que continuara la historia. El mapa, aunque aún no lo supiera, era solo un punto de partida. Y entre los que se enamoraron de esa carta estaba, aunque tampoco lo sabía entonces, el que después fue su editor: el jefe de White Tiger Books.
«Lo que era solo una idea, al compartirla, fue enriqueciéndose hasta convertirse en un proyecto y un producto que ya está en Amazon», indica el manager de actividades y eventos de innovación de BBVA. Ese producto es un libro que el autor escribió después de diseñar el mapa y que nada tiene que ver con la retórica sobria, de efluvios Power Point, que normalmente acompaña a las legiones de evangelistas de la innovación.
La aventura de Diana es la historia de una expedición. Es una novela en la que los personajes se ven en situaciones similares a las que encuentra una persona que quiere crear un proyecto nuevo. En la narración aparecen más de 60 referencias a teorías de innovación y emprendimiento, pero en el barco de Diana, Yago y Félix nada recuerda a un discurso académico y empresarial. Estos conceptos aparecen barnizados por la literatura. Por eso el tan repetido concepto psicológico de la ‘zona de confort’ se convierte en este libro en una tierra llamada Confortalia o la investigación de tendencias deviene en una brisa.
Escribir este libro también fue un viaje desde Confortalia hasta la Isla de Amazon. Era su primera expedición en el mundo editorial y en esa disciplina de escapar del mundo a su alrededor cada fin de semana para navegar con Yago, Félix y Diana.
–Es un trabajo de constancia. Tenía el mapa en la cabeza y en mi mesa, dibujado en una cartulina. Ya tenía el mapa por donde había de transitar. Después diseñé tres personajes y los iba relacionando con la carta náutica. Era una combinación muy inspiradora.
m1
Villoch utilizó algunas herramientas de innovación para construir su novela. Los personajes aparecieron después de un proceso de design thinking.
–Los diseñé cómo me enseñaron en Soulsight. En una cartulina fui anotando los elementos de la personalidad de Diana, Yago y Félix. Hice arquetipos, para que el lector pudiese identificarse fácilmente con ellos, y anoté en cada cartulina los conocimientos que quería que transmitieran. Después tendría que crear situaciones para que se pudieran extraer varios aprendizajes. Además, para cada uno creé una lista de música en Spotify y cuando escribía sobre ellos, escuchaba sus canciones.
No es raro que una persona como Villoch acabara publicando un libro sobre innovación. Lo que decimos y escribimos no es más que un reflejo de lo que somos. Y es imposible escapar de ahí. A los 25 años se fue a vivir a Singapur y en esa ciudad se propuso volver de la oficina, cada día, por un camino distinto. «Conocí un Singapur que probablemente muchas personas de allí no hayan visitado. Era toda una aventura. A veces, incluso, empezabas a caminar el jueves y llegabas a casa el sábado».
–La inmensa mayoría de la población busca la rutina, la comodidad. Hay un pequeño porcentaje que busca el cambio y probar cosas nuevas. Ahí estás tú. ¿Por qué te interesa lo desconocido, lo diferente?
–Es algo que siempre me ha gustado –responde Villoch–. Me gusta ponerme al otro lado del espejo y hacer conexiones que no hacen otras personas. Es algo que está en todo lo que hago. Siempre he buscado formas diferentes de hacer mi trabajo. Y si voy a un restaurante y veo un plato que no conozco, lo pido sin preguntar qué es. Me gustan las opciones desconocidas. Siempre me ha interesado el futuro y desafiar el status quo.
m4
Estamos en un café de otro siglo. La música pertenece también a otra época. Abandonamos el futuro, allá donde esté, y zarpamos hacia el pasado en busca de personajes que fascinan a Villoch por haberse adelantado a su época.
–Me parece increíble Chales Darwin y la historia desde que hizo su viaje en el Beagle hasta que se decidió a publicar El origen de las especies. Me encanta Leonardo da Vinci, por supuesto. Era un polímata que dominaba todas las disciplinas y las relacionaba entre sí. Experimentaba con todo. También Julio Verne, por su capacidad para imaginar futuros y Jacques-Yves Cousteau, porque inventó el sistema de buceo autónomo. Hay una persona que cada vez me gusta más: Richard Branson. Es un disruptor en todos los mercados que entra. Lo hizo en la música, en los viajes…
Villoch está de acuerdo en que la palabra innovación está manoseada y podría empezar a gastarse. Pero, por el momento, no tenemos otra. Utilizamos esta y le seguimos quitando lustre.
–¿Cómo definirías la innovación?
–En un sentido académico es la implantación de novedad y valor. Es la implantación de nuevos procesos que aporten valor tangible e intangible. Yo me quedo con la idea de implantación, de hacer, de hacer cosas nuevas. No solo hay que tener ideas. Hay que aplicarlas.
–¿Innovar implica novedad o pueden rescatarse ideas y conceptos olvidados del pasado?
–Se pueden hacer cosas nuevas y también formular nuevas aplicaciones. No hay que reinventar la pólvora porque nos quemaríamos las pestañas. Hay una imagen que lo muestra muy bien. Aparecen dos manos. Una tiene un hacha de sílex y la otra, un smartphone. Las dos manos sujetan igual a ambos objetos y los dos están hechos de la misma materia prima: el silicio. Las dos son herramientas sin las cuales no se podía vivir en su momento.
manos
–Un método puede ayudar a encontrar nuevas soluciones y, a la vez, puede crear un marco restringido. ¿Qué métodos te parecen más interesantes?
IDEO es el referente internacional de design thinking. Esa compañía ha hecho proyectos muy interesantes. Apple también es un caso extraordinario, pero son muy opacos y no sabemos qué herramientas y fórmulas utilizan. A mí me gusta mucho 3M, el fabricante del post-it. Hoy tienen decenas de productos. Los quirófanos están llenos de artículos suyos. El 30% de su catálogo son desarrollos de los últimos dos o tres años.
–¿Qué método utiliza 3M para inventar nuevos productos?
–El método de la perseverancia. El método de Edison. El laboratorio, la prueba y error…
La aventura de Diana no acaba en la página 348 del libro. Continúa en Facebook y en Twitter. Y muy pronto también en centros educativos. En universidades o institutos. O en los dos. Eso aún está por explorar. Villoch trabaja ahora en un cuaderno de actividades que desarrolla los conceptos de innovación que aparecen en la novela.
La aventura de Villoch con este libro tampoco ha llegado a su fin. Aún queda tierra desconocida y mucho por explorar. Y no pasa nada si el barco del Capitán Cook aparece inesperadamente en la Isla del resultado no buscado. De ahí siempre saldrá algo interesante, porque, como dice Albert Szent-Györgyi, «un descubrimiento es un accidente que choca con una mente preparada».
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Opiniones 4
  • Buenos días!
    Necesito ideas para el logotipo de una agencia de viajes.
    El nombre sería Nautiva Viajes.
    Necesito algo sencillo pero original y nada recargado, los colores corporativos son blanco y azul.
    Muchas gracias y saludos Almudena

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