17 de febrero 2021    /   CREATIVIDAD
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La biblioteca de Borges: los libros en los que el autor de ‘El aleph’ encontró la felicidad

17 de febrero 2021    /   CREATIVIDAD     por          
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«Hay quien dice que la biblioteca de Borges se dispersó por varios lugares, y eso no es verdad. Los libros que él conservó hasta el final de su vida son esos que guardó como un tesoro María Kodama y están en la Fundación Internacional Jorge Luis Borges, en Buenos Aires. Más de dos mil. Son los que él conservó en su casa, que leyó y luego hizo que le releyeran una y otra vez».

Pero hubo más. Los otros ejemplares, «de los que se desprendió —continúa explicando Fernando Flores Maio— se han encontrado en otros lado. Pero, insisto, esos fueron los que él quiso conservar y, afortunadamente, se encuentran resguardados en dicha fundación».

Con tal cantidad de libros resulta inevitable imaginar a un Borges deambulando inmerso en un bosque de estanterías, de forma similar a como lo hacía Umberto Eco en su propia biblioteca en el vídeo que se viralizó hace un tiempo.

Aunque, más que la cantidad, lo realmente relevante de la biblioteca de Borges es la tipología de libros que la componen. Flores Maio, vicepresidente Fundación Internacional Jorge Luis Borges, dice que a través de los autores de todos esos libros, la mayoría sobre temas relacionados con la filosofía y la religión, «es posible encontrar las claves de la filosofía de vida de este genio, que apunta a la felicidad».

Borges siempre decía que sabía que a su abuela inglesa debía hablarle de una forma, y de otra al resto de la familia. Solo cuando creció supo que eran dos idiomas distintos: el inglés y el español

El periodista y escritor lo relata así en el libro La biblioteca de Borges (Paripe Books). En el prólogo del mismo, la propia María Kodama explica que ese par de miles de volúmenes permiten entender la profundidad de la escritura borgiana, «que no se limita a contar una historia, sino que siempre apunta a otra dimensión, la de la profunda reflexión sobre lo que narra».

La escritora y compañera de Borges cuenta también que buena parte de esos libros que compusieron su biblioteca fueron herencia de su abuela paterna, Fanny Haslam Arnett. Por eso preguntamos al propio Fernando Flores Maio por el peso de «la abuela inglesa» en la vocación literaria de su nieto.

«Fanny Haslam Arnett era, en efecto, inglesa y anglicana observante, y había sido ella la que inició al pequeño Jorge Luis en las Escrituras y en la alta lengua inglesa. Borges la imagina en la guarnición de Junín, a un trecho de las lanzas del desierto, leyendo su Biblia y su Dickens. Ella le recitaba y comentaba los versículos de la Biblia.

Fotos: @Javier Agustín Rojas

»El biblista Cardenal Gianfranco Ravasi citó un reportaje en que el escritor dice que recuerda que su abuela “sabía de memoria la Biblia”, de modo que pudo haber entrado en la literatura por el camino del Espíritu Santo. Borges atribuye a su abuela “el haber respirado por primera vez el texto bíblico”.

Y como recuerda Kodama, Borges siempre decía que sabía que a su abuela inglesa debía hablarle de una forma y de otra al resto de la familia. Solo cuando creció supo que eran dos idiomas distintos: el inglés y el español».

Cuenta en el libro que las claves de la filosofía de la vida de Borges apuntan a la felicidad. ¿Fueron los libros de su biblioteca las balizas que le ayudaron a encontrarla? ¿Concebía Borges algún otro tipo de felicidad más allá de los libros?

Cuando Patricio Binaghi me propuso realizar este proyecto con Paripé Books, me entusiasmó particularmente porque esperaba así continuar con un tema que me interesa mucho desde hace décadas: la filosofía de vida de Borges. La mayoría de los libros que se encuentran en la biblioteca de Borges tratan temas de filosofía y religión, y a través de esos autores es posible encontrar las claves de la filosofía de vida de este genio, que, efectivamente, apunta a la felicidad.

No es nuevo este argumento, que ya tuve oportunidad de señalar como curador de la muestra El atlas de Borges, cuyas fotos nos muestran a un hombre feliz. El autor de El aleph nos ha dejado esa maravillosa biblioteca —de la cual solo podrán ver en mi libro algunos ejemplares— que nos permite descubrir las claves de esa felicidad. Las lecturas de esos filósofos y místicos son las que seguramente han tenido una decisiva influencia en una obra que nos da un camino en el arte de vivir.

Fotos: @Javier Agustín Rojas

La vida y la obra de Borges, como la de todo hombre, transita por un camino que lleva en cada instante a la felicidad o a la desdicha. En un momento él creyó que la felicidad era inalcanzable. Luego se dio cuenta de que puede ocurrirnos en cualquier momento, pero que nunca debemos buscarla, como advierte en Un ensayo autobiográfico. Sí buscó «la paz, el disfrute del pensamiento y de la amistad, y aunque sea demasiado ambicioso, la sensación de amar y ser amado».

La felicidad no depende del éxito o fracaso, que a su juicio son totalmente irrelevantes y nunca se preocupó por ellos, como tampoco sintió la culpa que embarga a muchos. Tiene que ver, en cambio, con la posibilidad de crear, que es lo que nos puede salvar, y con la posibilidad de amar.

Ese es el arte de vivir para Borges, de la vida que supera a la muerte en la cuarta dimensión que detectamos como una realidad a lo largo de su obra.

Fotos: @Javier Agustín Rojas

Menciona también que Borges anhelaba un libro «eterno», «sin lectura final». ¿Hubo algún libro en su biblioteca que para él se acercase o fuese lo más parecido a ese ideal?

Esa será la tarea aún pendiente de investigadores que vinculen cada libro con las obras de Borges, y que indaguen cada una de las anotaciones que él hizo. Pienso que esas inscripciones nos dan claves para introducirnos mejor en sus escritos. Habrá que investigar qué relación tienen con su obra.

Considero que el mayor atractivo es que esa biblioteca quizá nos abre las puertas hacia la biblioteca infinita. Estar entre esos libros es una experiencia sobrecogedora. Es como introducirnos en un espacio sagrado.

En Borges se manifiesta permanentemente esa búsqueda del libro eterno o de «el poema». Así como los cabalistas se dedicaron a contar, combinar y permutar las letras de la Sagrada Escritura, urgidos por el ansia de penetrar los arcanos de Dios, el poeta ensaya otra alquimia que quizá lo lleve a crear esa realidad absoluta.

Claro que no es fácil, ni para los cabalistas ni para los poetas, encontrar la palabra que es la clave, a través de permutaciones de letras y de complejas variaciones.

Fotos: @Javier Agustín Rojas

Es curiosa también la relación que Borges parece establecer con muchos de esos autores. En algunos casos casi de amistad, pese a no ser siquiera en muchos casos coetáneos. En ocasiones, da la sensación de que más que de sus obras, Borges prefiere hablar directamente de los autores, ¿es así?

«Otros se jactan de lo que han escrito, a mí me enorgullece lo que he leído», decía Borges a Raúl Burzaco en 1985. Borges destacó que fue mereciendo amistades escritas que lo honraban, se siente cerca de esos escritores que él leía, y en algún caso leerlos era como conversar con un cordial fantasma. Esas amistades —que él fue cultivando al leer a sus autores preferidos— podemos conocerlas y hacerlas propias a través de los textos que leemos de Borges. En ese sentido, debemos agradecerle que nos haya presentado a tantos genios que quizá no hubiéramos conocido si no fuera por esas lecturas.

De manera que entrar al lugar adonde está la biblioteca personal de Borges es encontrar a todos esos amigos. Y para este libro tomamos casi al azar algunos de ellos; aunque como decía Borges, en realidad no hay azar, ya que lo que llamamos azar es nuestra ignorancia de la compleja maquinaria de la causalidad, inspirado seguramente en Spinoza.

«Hay quien dice que la biblioteca de Borges se dispersó por varios lugares, y eso no es verdad. Los libros que él conservó hasta el final de su vida son esos que guardó como un tesoro María Kodama y están en la Fundación Internacional Jorge Luis Borges, en Buenos Aires. Más de dos mil. Son los que él conservó en su casa, que leyó y luego hizo que le releyeran una y otra vez».

Pero hubo más. Los otros ejemplares, «de los que se desprendió —continúa explicando Fernando Flores Maio— se han encontrado en otros lado. Pero, insisto, esos fueron los que él quiso conservar y, afortunadamente, se encuentran resguardados en dicha fundación».

Con tal cantidad de libros resulta inevitable imaginar a un Borges deambulando inmerso en un bosque de estanterías, de forma similar a como lo hacía Umberto Eco en su propia biblioteca en el vídeo que se viralizó hace un tiempo.

Aunque, más que la cantidad, lo realmente relevante de la biblioteca de Borges es la tipología de libros que la componen. Flores Maio, vicepresidente Fundación Internacional Jorge Luis Borges, dice que a través de los autores de todos esos libros, la mayoría sobre temas relacionados con la filosofía y la religión, «es posible encontrar las claves de la filosofía de vida de este genio, que apunta a la felicidad».

Borges siempre decía que sabía que a su abuela inglesa debía hablarle de una forma, y de otra al resto de la familia. Solo cuando creció supo que eran dos idiomas distintos: el inglés y el español

El periodista y escritor lo relata así en el libro La biblioteca de Borges (Paripe Books). En el prólogo del mismo, la propia María Kodama explica que ese par de miles de volúmenes permiten entender la profundidad de la escritura borgiana, «que no se limita a contar una historia, sino que siempre apunta a otra dimensión, la de la profunda reflexión sobre lo que narra».

El periodista y escritor lo relata así en el libro La biblioteca de Borges (Paripe Books). En el prólogo del mismo, la propia María Kodama explica que ese par de miles de volúmenes permiten entender la profundidad de la escritura borgiana, «que no se limita a contar una historia, sino que siempre apunta a otra dimensión, la de la profunda reflexión sobre lo que narra».

La escritora y compañera de Borges cuenta también que buena parte de esos libros que compusieron su biblioteca fueron herencia de su abuela paterna, Fanny Haslam Arnett. Por eso preguntamos al propio Fernando Flores Maio por el peso de «la abuela inglesa» en la vocación literaria de su nieto.

«Fanny Haslam Arnett era, en efecto, inglesa y anglicana observante, y había sido ella la que inició al pequeño Jorge Luis en las Escrituras y en la alta lengua inglesa. Borges la imagina en la guarnición de Junín, a un trecho de las lanzas del desierto, leyendo su Biblia y su Dickens. Ella le recitaba y comentaba los versículos de la Biblia.

Fotos: @Javier Agustín Rojas

»El biblista Cardenal Gianfranco Ravasi citó un reportaje en que el escritor dice que recuerda que su abuela “sabía de memoria la Biblia”, de modo que pudo haber entrado en la literatura por el camino del Espíritu Santo. Borges atribuye a su abuela “el haber respirado por primera vez el texto bíblico”.

Y como recuerda Kodama, Borges siempre decía que sabía que a su abuela inglesa debía hablarle de una forma y de otra al resto de la familia. Solo cuando creció supo que eran dos idiomas distintos: el inglés y el español».

Cuenta en el libro que las claves de la filosofía de la vida de Borges apuntan a la felicidad. ¿Fueron los libros de su biblioteca las balizas que le ayudaron a encontrarla? ¿Concebía Borges algún otro tipo de felicidad más allá de los libros?

Cuando Patricio Binaghi me propuso realizar este proyecto con Paripé Books, me entusiasmó particularmente porque esperaba así continuar con un tema que me interesa mucho desde hace décadas: la filosofía de vida de Borges. La mayoría de los libros que se encuentran en la biblioteca de Borges tratan temas de filosofía y religión, y a través de esos autores es posible encontrar las claves de la filosofía de vida de este genio, que, efectivamente, apunta a la felicidad.

No es nuevo este argumento, que ya tuve oportunidad de señalar como curador de la muestra El atlas de Borges, cuyas fotos nos muestran a un hombre feliz. El autor de El aleph nos ha dejado esa maravillosa biblioteca —de la cual solo podrán ver en mi libro algunos ejemplares— que nos permite descubrir las claves de esa felicidad. Las lecturas de esos filósofos y místicos son las que seguramente han tenido una decisiva influencia en una obra que nos da un camino en el arte de vivir.

Fotos: @Javier Agustín Rojas

La vida y la obra de Borges, como la de todo hombre, transita por un camino que lleva en cada instante a la felicidad o a la desdicha. En un momento él creyó que la felicidad era inalcanzable. Luego se dio cuenta de que puede ocurrirnos en cualquier momento, pero que nunca debemos buscarla, como advierte en Un ensayo autobiográfico. Sí buscó «la paz, el disfrute del pensamiento y de la amistad, y aunque sea demasiado ambicioso, la sensación de amar y ser amado».

La felicidad no depende del éxito o fracaso, que a su juicio son totalmente irrelevantes y nunca se preocupó por ellos, como tampoco sintió la culpa que embarga a muchos. Tiene que ver, en cambio, con la posibilidad de crear, que es lo que nos puede salvar, y con la posibilidad de amar.

Ese es el arte de vivir para Borges, de la vida que supera a la muerte en la cuarta dimensión que detectamos como una realidad a lo largo de su obra.

Fotos: @Javier Agustín Rojas

Menciona también que Borges anhelaba un libro «eterno», «sin lectura final». ¿Hubo algún libro en su biblioteca que para él se acercase o fuese lo más parecido a ese ideal?

Esa será la tarea aún pendiente de investigadores que vinculen cada libro con las obras de Borges, y que indaguen cada una de las anotaciones que él hizo. Pienso que esas inscripciones nos dan claves para introducirnos mejor en sus escritos. Habrá que investigar qué relación tienen con su obra.

Considero que el mayor atractivo es que esa biblioteca quizá nos abre las puertas hacia la biblioteca infinita. Estar entre esos libros es una experiencia sobrecogedora. Es como introducirnos en un espacio sagrado.

En Borges se manifiesta permanentemente esa búsqueda del libro eterno o de «el poema». Así como los cabalistas se dedicaron a contar, combinar y permutar las letras de la Sagrada Escritura, urgidos por el ansia de penetrar los arcanos de Dios, el poeta ensaya otra alquimia que quizá lo lleve a crear esa realidad absoluta.

Claro que no es fácil, ni para los cabalistas ni para los poetas, encontrar la palabra que es la clave, a través de permutaciones de letras y de complejas variaciones.

Fotos: @Javier Agustín Rojas

Es curiosa también la relación que Borges parece establecer con muchos de esos autores. En algunos casos casi de amistad, pese a no ser siquiera en muchos casos coetáneos. En ocasiones, da la sensación de que más que de sus obras, Borges prefiere hablar directamente de los autores, ¿es así?

«Otros se jactan de lo que han escrito, a mí me enorgullece lo que he leído», decía Borges a Raúl Burzaco en 1985. Borges destacó que fue mereciendo amistades escritas que lo honraban, se siente cerca de esos escritores que él leía, y en algún caso leerlos era como conversar con un cordial fantasma. Esas amistades —que él fue cultivando al leer a sus autores preferidos— podemos conocerlas y hacerlas propias a través de los textos que leemos de Borges. En ese sentido, debemos agradecerle que nos haya presentado a tantos genios que quizá no hubiéramos conocido si no fuera por esas lecturas.

De manera que entrar al lugar adonde está la biblioteca personal de Borges es encontrar a todos esos amigos. Y para este libro tomamos casi al azar algunos de ellos; aunque como decía Borges, en realidad no hay azar, ya que lo que llamamos azar es nuestra ignorancia de la compleja maquinaria de la causalidad, inspirado seguramente en Spinoza.

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