17 de julio 2012    /   ENTRETENIMIENTO
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La biblioteca subterránea de Nueva York

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Desde 2008, Ourit Ben-Haim no lee en el metro. Prefiere ver cómo lo hacen los demás viajeros. Y si la escena le gusta, la inmortaliza con su cámara.

“En ocasiones es el escenario, en general, lo que me inspira y en otras la expresión del sujeto”. Son esos gestos los que, según la fotógrafa, delatan la capacidad de “viajar a una gran profundidad dentro de nosotros mismos” que nos proporciona la lectura. De hecho Ourit llamó a su proyecto visual The Underground New York Public Library porque “lo que presta esta biblioteca es la muestra evidente de que tenemos esa capacidad”.

Como cualquier otra biblioteca, la de Ourit tiene horario. Abre de domingo a viernes. Son los días en los que suele viajar en metro y subir al menos una foto a su blog. Los sábados descansa. El domingo vuelve a ‘abrir’ aunque de forma especial. Es el día que dedica a fotografiar a gente leyendo la Biblia.

A veces los lectores (o the Reading-Readers como prefiere llamarlos la fotógrafa) se encuentran tan absortos en la lectura que no se dan cuenta que son fotografiados. En otras ocasiones sí. Aunque a Ourit no le preocupa. Es algo que puede pasar cuando se practica la fotografía callejera, y sobre todo, cuando las fotos no se toman con la discreta cámara de un móvil sino con una Canon 5D Mark II.

No utiliza lentes ni flash y reconoce que le interesa que las fotos tengan la mejor calidad posible pese a que no es fotógrafa de formación. “Estudié Literatura Comparada, Filosofía e Historia y tengo conocimientos fotográficos”. Aunque, a veces, y aunque resulte contradictorio no le queda más remedio que renunciar a la calidad en pro de una buena foto. “El movimiento del tren, los vagones atestados de gente, la escasa luz… Al fin y al cabo mi prioridad es captar un momento único lo que a veces significa que la imagen tenga algo de ruido”.

A la fotógrafa le interesan los lectores pero también los libros. Por eso, y ya que desconoce el nombre de los primeros, etiqueta las fotos con el título de los segundos. El problema es que no siempre resulta legible. “A veces en la foto no es posible saber cuál es el título del libro. Cuando ocurre eso, trato de averiguarlo después de tomar la foto. A veces pregunto directamente al lector”. Y si esto tampoco es posible, pide ayuda a sus seguidores de Flickr.

Visto en swissmiss

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“En ocasiones es el escenario, en general, lo que me inspira y en otras la expresión del sujeto”. Son esos gestos los que, según la fotógrafa, delatan la capacidad de “viajar a una gran profundidad dentro de nosotros mismos” que nos proporciona la lectura. De hecho Ourit llamó a su proyecto visual The Underground New York Public Library porque “lo que presta esta biblioteca es la muestra evidente de que tenemos esa capacidad”.

Como cualquier otra biblioteca, la de Ourit tiene horario. Abre de domingo a viernes. Son los días en los que suele viajar en metro y subir al menos una foto a su blog. Los sábados descansa. El domingo vuelve a ‘abrir’ aunque de forma especial. Es el día que dedica a fotografiar a gente leyendo la Biblia.

A veces los lectores (o the Reading-Readers como prefiere llamarlos la fotógrafa) se encuentran tan absortos en la lectura que no se dan cuenta que son fotografiados. En otras ocasiones sí. Aunque a Ourit no le preocupa. Es algo que puede pasar cuando se practica la fotografía callejera, y sobre todo, cuando las fotos no se toman con la discreta cámara de un móvil sino con una Canon 5D Mark II.

No utiliza lentes ni flash y reconoce que le interesa que las fotos tengan la mejor calidad posible pese a que no es fotógrafa de formación. “Estudié Literatura Comparada, Filosofía e Historia y tengo conocimientos fotográficos”. Aunque, a veces, y aunque resulte contradictorio no le queda más remedio que renunciar a la calidad en pro de una buena foto. “El movimiento del tren, los vagones atestados de gente, la escasa luz… Al fin y al cabo mi prioridad es captar un momento único lo que a veces significa que la imagen tenga algo de ruido”.

A la fotógrafa le interesan los lectores pero también los libros. Por eso, y ya que desconoce el nombre de los primeros, etiqueta las fotos con el título de los segundos. El problema es que no siempre resulta legible. “A veces en la foto no es posible saber cuál es el título del libro. Cuando ocurre eso, trato de averiguarlo después de tomar la foto. A veces pregunto directamente al lector”. Y si esto tampoco es posible, pide ayuda a sus seguidores de Flickr.

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