Publicado: 15 de julio 2019 05:30  | Actualizado: 18 de julio 2023 04:32    /   Logo School
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Conversaciones ortográficas: ‘La calor’ solo existe en Andalucía (e Hispanoamérica)

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La calor

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—Contemplando este infinito horizonte de luz, rememoro con nostalgia aquellos años de mi niñez en la patria de mi infancia.

—Cariño, ¿te encuentras bien?

—Divinamente. Mi alma reposa al compás del suave vaivén de las olas y mi cuerpo retoma vida al libar la savia del asueto.

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—Manolo, en serio, me estás preocupando. Haz el favor y ponte a la sombra, que te estás insolando.

—Deja que la mar llene tu mirada, ¡oh, amada!, y que la calor temple tus nervios cansados, tan llenos de invierno.

—Mira, Manolo, es la última vez que pides un cocido completo para comer en pleno mes de agosto, que mira cómo te pones.

La poesía es hermosa y la vida debería estar más llena de ella, pero lamentablemente no es así. Por mucho que nos guste y nos llene el espíritu, no está de más recordar que el lenguaje que empleamos cuando nos sentimos Bécquer no es el mismo que usamos en nuestro registro coloquial. Y ahora, vamos al lío.

Algún lector con ojo avizor habrá pestañeado de estupor al leer ese uso femenino del sustantivo calor. Hace ya tiempo que la Academia consideraba «vulgar en la mayor parte del ámbito hispanohablante» decir *la calor. El sustantivo calor, por tanto, es masculino en la lengua culta. Su uso en femenino era muy típico en el español medieval y clásico, pero para la RAE (y para cierto número de hablantes) es viejuno («El femenino puede aparecer también en textos literarios, con finalidad arcaizante») y, sobre todo, erróneo. Insisto: EN LA LENGUA CULTA.

Así pues, y siguiendo con la poesía (que parece ser contagiosa), podemos decir que las palabras son viajeras, que van y vienen cambiando sus usos en el tiempo, y que lo que ayer era normal y correcto hoy se considera trasnochado. Calor era uno de esos sustantivos que tenía doble género, como el/la mar, el/la azúcar o el/la maratón. Hasta que perdió su don.

Sin embargo, aún se dice en Andalucía y algunas zonas de América incluso entre hablantes cultos, por lo que la Academia cierra los ojos y se tapa la nariz para dejarles hacer. ¿Ha rectificado? No del todo. A juzgar por la respuesta dada en su portal de Dudas rápidas a la consulta de un hablante sobre si es válido el uso de la calor, puede decirse más bien que ha suavizado el tono. No usa el calificativo de vulgar ni plantea que deba evitarse, como sigue manteniendo aún hoy en el DPD, pero tampoco lo aplaude de manera explícita. Y todo ello, una vez más, refiriéndose a la lengua culta, que es desde donde dicta la norma.

Más bien, admite un nuevo sentido a la calor diferente al de el calor, como puede leerse en la respuesta: «En la lengua general culta, calor se usa en masculino (el calor). No obstante, hay zonas de España y de América donde está extendido su uso en femenino (la calor). De hecho, hay hablantes para los que el femenino posee un significado propio de ‘calor extremo’».

Por tanto, permitiremos al bardo Manolo decir «la calor» hasta que los gases que el cocido ha provocado en su organismo se diluyan. Los demás soportaremos el calor como buenos cristianos (y como podamos).

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—Contemplando este infinito horizonte de luz, rememoro con nostalgia aquellos años de mi niñez en la patria de mi infancia.

—Cariño, ¿te encuentras bien?

—Divinamente. Mi alma reposa al compás del suave vaivén de las olas y mi cuerpo retoma vida al libar la savia del asueto.

—Manolo, en serio, me estás preocupando. Haz el favor y ponte a la sombra, que te estás insolando.

—Deja que la mar llene tu mirada, ¡oh, amada!, y que la calor temple tus nervios cansados, tan llenos de invierno.

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—Mira, Manolo, es la última vez que pides un cocido completo para comer en pleno mes de agosto, que mira cómo te pones.

La poesía es hermosa y la vida debería estar más llena de ella, pero lamentablemente no es así. Por mucho que nos guste y nos llene el espíritu, no está de más recordar que el lenguaje que empleamos cuando nos sentimos Bécquer no es el mismo que usamos en nuestro registro coloquial. Y ahora, vamos al lío.

Algún lector con ojo avizor habrá pestañeado de estupor al leer ese uso femenino del sustantivo calor. Hace ya tiempo que la Academia consideraba «vulgar en la mayor parte del ámbito hispanohablante» decir *la calor. El sustantivo calor, por tanto, es masculino en la lengua culta. Su uso en femenino era muy típico en el español medieval y clásico, pero para la RAE (y para cierto número de hablantes) es viejuno («El femenino puede aparecer también en textos literarios, con finalidad arcaizante») y, sobre todo, erróneo. Insisto: EN LA LENGUA CULTA.

Así pues, y siguiendo con la poesía (que parece ser contagiosa), podemos decir que las palabras son viajeras, que van y vienen cambiando sus usos en el tiempo, y que lo que ayer era normal y correcto hoy se considera trasnochado. Calor era uno de esos sustantivos que tenía doble género, como el/la mar, el/la azúcar o el/la maratón. Hasta que perdió su don.

Sin embargo, aún se dice en Andalucía y algunas zonas de América incluso entre hablantes cultos, por lo que la Academia cierra los ojos y se tapa la nariz para dejarles hacer. ¿Ha rectificado? No del todo. A juzgar por la respuesta dada en su portal de Dudas rápidas a la consulta de un hablante sobre si es válido el uso de la calor, puede decirse más bien que ha suavizado el tono. No usa el calificativo de vulgar ni plantea que deba evitarse, como sigue manteniendo aún hoy en el DPD, pero tampoco lo aplaude de manera explícita. Y todo ello, una vez más, refiriéndose a la lengua culta, que es desde donde dicta la norma.

Más bien, admite un nuevo sentido a la calor diferente al de el calor, como puede leerse en la respuesta: «En la lengua general culta, calor se usa en masculino (el calor). No obstante, hay zonas de España y de América donde está extendido su uso en femenino (la calor). De hecho, hay hablantes para los que el femenino posee un significado propio de ‘calor extremo’».

Por tanto, permitiremos al bardo Manolo decir «la calor» hasta que los gases que el cocido ha provocado en su organismo se diluyan. Los demás soportaremos el calor como buenos cristianos (y como podamos).

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Opiniones 2
  • En Galicia también se dice “la calor” por influencia del gallego ya que en este idioma “calor” es femenino 🙂

  • Comentarios cerrados.