fbpx
15 de julio 2019    /   IDEAS
por
 

‘La calor’ solo existe en Andalucía (e Hispanoamérica)

15 de julio 2019    /   IDEAS     por          
Compártelo twitter facebook whatsapp
thumb image

—Contemplando este infinito horizonte de luz, rememoro con nostalgia aquellos años de mi niñez en la patria de mi infancia.

—Cariño, ¿te encuentras bien?

—Divinamente. Mi alma reposa al compás del suave vaivén de las olas y mi cuerpo retoma vida al libar la savia del asueto.

—Manolo, en serio, me estás preocupando. Haz el favor y ponte a la sombra, que te estás insolando.

—Deja que la mar llene tu mirada, ¡oh, amada!, y que la calor temple tus nervios cansados, tan llenos de invierno.

—Mira, Manolo, es la última vez que pides un cocido completo para comer en pleno mes de agosto, que mira cómo te pones.

La poesía es hermosa y la vida debería estar más llena de ella, pero lamentablemente no es así. Por mucho que nos guste y nos llene el espíritu, no está de más recordar que el lenguaje que empleamos cuando nos sentimos Bécquer no es el mismo que usamos en nuestro registro coloquial. Y ahora, vamos al lío.

Es comprensible, por tanto, que algún lector con ojo avizor haya pestañeado de estupor al leer ese uso femenino del sustantivo calor. Hace ya tiempo que la Academia considera «vulgar en la mayor parte del ámbito hispanohablante» decir *la calor. El sustantivo calor, por tanto, es masculino en la lengua culta. Su uso en femenino era muy típico en el español medieval y clásico, pero hoy está visto como viejuno, feo y, sobre todo, erróneo.

Así pues, y siguiendo con la poesía (que parece ser contagiosa), podemos decir que las palabras son viajeras, que van y vienen cambiando sus usos en el tiempo, y que lo que ayer era normal y correcto hoy se considera trasnochado. Calor era uno de esos sustantivos que tenía doble género, como el/la mar, el/la azúcar o el/la maratón. Hasta que perdió su don.

Sin embargo, aún se dice en Andalucía y algunas zonas de América incluso entre hablantes cultos, por lo que la Academia cierra los ojos y se tapa la nariz para dejarles hacer. «Algunos de esos hablantes refieren, incluso, un uso distinto según el género, asociando el femenino a ‘calor extremo’», remarca la RAE en la respuesta a una consulta realizada por un hablante. Y señala un uso más de ese femenino de calor: en textos literarios con finalidad arcaizante.

Por tanto, permitiremos al bardo Manolo decir «la calor» hasta que los gases que el cocido ha provocado en su organismo se diluyan. Los demás soportaremos el calor como buenos cristianos (y como podamos).

—Contemplando este infinito horizonte de luz, rememoro con nostalgia aquellos años de mi niñez en la patria de mi infancia.

—Cariño, ¿te encuentras bien?

—Divinamente. Mi alma reposa al compás del suave vaivén de las olas y mi cuerpo retoma vida al libar la savia del asueto.

—Manolo, en serio, me estás preocupando. Haz el favor y ponte a la sombra, que te estás insolando.

—Deja que la mar llene tu mirada, ¡oh, amada!, y que la calor temple tus nervios cansados, tan llenos de invierno.

—Mira, Manolo, es la última vez que pides un cocido completo para comer en pleno mes de agosto, que mira cómo te pones.

La poesía es hermosa y la vida debería estar más llena de ella, pero lamentablemente no es así. Por mucho que nos guste y nos llene el espíritu, no está de más recordar que el lenguaje que empleamos cuando nos sentimos Bécquer no es el mismo que usamos en nuestro registro coloquial. Y ahora, vamos al lío.

Es comprensible, por tanto, que algún lector con ojo avizor haya pestañeado de estupor al leer ese uso femenino del sustantivo calor. Hace ya tiempo que la Academia considera «vulgar en la mayor parte del ámbito hispanohablante» decir *la calor. El sustantivo calor, por tanto, es masculino en la lengua culta. Su uso en femenino era muy típico en el español medieval y clásico, pero hoy está visto como viejuno, feo y, sobre todo, erróneo.

Así pues, y siguiendo con la poesía (que parece ser contagiosa), podemos decir que las palabras son viajeras, que van y vienen cambiando sus usos en el tiempo, y que lo que ayer era normal y correcto hoy se considera trasnochado. Calor era uno de esos sustantivos que tenía doble género, como el/la mar, el/la azúcar o el/la maratón. Hasta que perdió su don.

Sin embargo, aún se dice en Andalucía y algunas zonas de América incluso entre hablantes cultos, por lo que la Academia cierra los ojos y se tapa la nariz para dejarles hacer. «Algunos de esos hablantes refieren, incluso, un uso distinto según el género, asociando el femenino a ‘calor extremo’», remarca la RAE en la respuesta a una consulta realizada por un hablante. Y señala un uso más de ese femenino de calor: en textos literarios con finalidad arcaizante.

Por tanto, permitiremos al bardo Manolo decir «la calor» hasta que los gases que el cocido ha provocado en su organismo se diluyan. Los demás soportaremos el calor como buenos cristianos (y como podamos).

Compártelo twitter facebook whatsapp
Si tienes alguna queja para tu jefe, puedes planteársela aquí (y de forma anónima)
Un recogedor ecológico que evita que ‘notes’ la caca de tu perro
Filosofers: aquí se viene a pensar
¿Puede una canción llegar a ser la más escuchada sin ser oída ni una sola vez?
 
Especiales
 
facebook twitter whatsapp
Opiniones 2
  • Deja un comentario

    Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *