21 de septiembre 2012    /   IDEAS
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La cara menos sonriente de Tokio

21 de septiembre 2012    /   IDEAS     por          
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Adrian Storey había visitado Japón una par de veces. Estaba tirándole los trastos a su actual mujer, que es japonesa. «Disfrutaba, pero me iba con la sensación de que había algo bajo la superficie que era complicado de apreciar como turista». Se mudó al país oriental en 2006 y comenzó a dejarse las suelas de los zapatos en las calles. Así fue como Storey comenzó a descubrir un estrato de la ciudad de Tokio que queda algo distanciado de las apreciaciones convencionales del visitante común.

El fotógrafo inglés fue adquiriendo soltura con el idioma y conociendo a una activa comunidad de fotógrafos con los que había ido entrando en contacto a través de internet. Eso le sirvió para «poder experimentar más profundamente la vida diaria de Tokio y apreciar que había una especie de cara oscura de Japón que iba más allá de los tópicos relacionados con las películas de Yakuzas», explica Storey.

Ese es el germen de No Ghost In The Machine, una serie de fotografías que reniegan de la hiperfeliz imagen proyectada por la sociedad japonesa. Las fotos del proyecto se han tomado a lo largo de dos años con una Canon 40D y una 5DmkII. Han sido ligeramente editadas para desaturar el color y ajustar el contraste. «Quería huir de las paletas ultracoloridas con las que Japón es retratado en la mayoría de ocasiones», describe.

El inglés cree que el país oriental tiene dos caras. Tatemae es la cara vista de la sociedad, las actitudes que los demás aprecian de cada uno. Honne son los verdaderos sentimientos que subyacen bajo la eterna sonrisa nipona. No siempre, claro, coinciden ambas caras. «Estaba cansado de ver únicamente preciosas y coloridas imágenes de las chicas de Shibuya, kimonos, personajes manga y templos. Pensaba que esta visión de Japón era totalmente deshonesta», señala Storey.

Para el fotógrafo británico, Japón no tiene ni más ni menos problemas que cualquier otro país. Sin embargo, sí piensa que hay una extrema negación de los problemas. A su juicio, hay muchas cosas que no se entienden en Japón. «El gobernador de Tokio, Shintaro Ishihara ha declarado tres veces que todos los extranjeros son sospechosos. Aún así, se me ha dicho en repetidas ocasiones que no hay racismo en Japón», señala. «Incluso jóvenes japonesas me han dicho que no quieren novios extranjeros porque creen que los extranjeros son peligrosos. Por supuesto, no creo que todos los japoneses lo piensen, pero mi experiencia personal dicta que la actitud es dominante».

Storey lamenta que en los medios japoneses nunca se hable de las técnicas interrogatorias de la policía de Japón, denunciadas alguna vez por Amnistía Internacional, las ‘karoshi’ -muertes por exceso de trabajo-, la tasa de suicidios de la nación o las masivas manifestaciones contra la energía nuclear.

I wear black on the outside
Is that all that you believe in?
Beauty and the beast
No local suffrage for foreigners in Japan
This is not who I’ve become, but what you made me into
For years and years he’s done nothing but bow down and put up with all their demands
Do you ever fell you have gone too far?
You can’t swim in a town this shallow
Dolphin meat for sale in Numazu, Shizuoka

Acerca de Adrian Storey

Storey parafrasea a Susan Sontag para explicar su visión de la fotografía. «El peligro como fotógrafos es que empezamos como voyeurs de las vidas de otros y terminamos como voyeurs de nuestras propias vidas».

Un amigo le dijo en una ocasión que cada fotografía era un autorretrato. «Creo que es la mejor manera de expresar nuestra subjetividad», señala.

Adrian Storey lleva 15 años viviendo en Asia. Comenzó a hacer fotos con una vieja 110 que le regaló su padre. Cuando comenzó a viajar, la fotografía se convirtió en la principal herramienta para comentar y documentar el mundo que se mostraba ante sus ojos. Fue hace 13 años cuando un fotógrafo francés le dijo en Nueva Delhi que sus fotos eran buenas. «A partir de ahí comencé a tomármelo en serio», declara.

Storey se encuentra ahora mismo en Jordania. Estaba de vacaciones cuando estalló la ola de protestas en el mundo islámico a causa de la película que caricaturizaba a Mahoma. Sin quererlo, se vio retratando los disturbios de Amman. Aquí puedes ver ese trabajo.

Adrian Storey había visitado Japón una par de veces. Estaba tirándole los trastos a su actual mujer, que es japonesa. «Disfrutaba, pero me iba con la sensación de que había algo bajo la superficie que era complicado de apreciar como turista». Se mudó al país oriental en 2006 y comenzó a dejarse las suelas de los zapatos en las calles. Así fue como Storey comenzó a descubrir un estrato de la ciudad de Tokio que queda algo distanciado de las apreciaciones convencionales del visitante común.

El fotógrafo inglés fue adquiriendo soltura con el idioma y conociendo a una activa comunidad de fotógrafos con los que había ido entrando en contacto a través de internet. Eso le sirvió para «poder experimentar más profundamente la vida diaria de Tokio y apreciar que había una especie de cara oscura de Japón que iba más allá de los tópicos relacionados con las películas de Yakuzas», explica Storey.

Ese es el germen de No Ghost In The Machine, una serie de fotografías que reniegan de la hiperfeliz imagen proyectada por la sociedad japonesa. Las fotos del proyecto se han tomado a lo largo de dos años con una Canon 40D y una 5DmkII. Han sido ligeramente editadas para desaturar el color y ajustar el contraste. «Quería huir de las paletas ultracoloridas con las que Japón es retratado en la mayoría de ocasiones», describe.

El inglés cree que el país oriental tiene dos caras. Tatemae es la cara vista de la sociedad, las actitudes que los demás aprecian de cada uno. Honne son los verdaderos sentimientos que subyacen bajo la eterna sonrisa nipona. No siempre, claro, coinciden ambas caras. «Estaba cansado de ver únicamente preciosas y coloridas imágenes de las chicas de Shibuya, kimonos, personajes manga y templos. Pensaba que esta visión de Japón era totalmente deshonesta», señala Storey.

Para el fotógrafo británico, Japón no tiene ni más ni menos problemas que cualquier otro país. Sin embargo, sí piensa que hay una extrema negación de los problemas. A su juicio, hay muchas cosas que no se entienden en Japón. «El gobernador de Tokio, Shintaro Ishihara ha declarado tres veces que todos los extranjeros son sospechosos. Aún así, se me ha dicho en repetidas ocasiones que no hay racismo en Japón», señala. «Incluso jóvenes japonesas me han dicho que no quieren novios extranjeros porque creen que los extranjeros son peligrosos. Por supuesto, no creo que todos los japoneses lo piensen, pero mi experiencia personal dicta que la actitud es dominante».

Storey lamenta que en los medios japoneses nunca se hable de las técnicas interrogatorias de la policía de Japón, denunciadas alguna vez por Amnistía Internacional, las ‘karoshi’ -muertes por exceso de trabajo-, la tasa de suicidios de la nación o las masivas manifestaciones contra la energía nuclear.

I wear black on the outside
Is that all that you believe in?
Beauty and the beast
No local suffrage for foreigners in Japan
This is not who I’ve become, but what you made me into
For years and years he’s done nothing but bow down and put up with all their demands
Do you ever fell you have gone too far?
You can’t swim in a town this shallow
Dolphin meat for sale in Numazu, Shizuoka

Acerca de Adrian Storey

Storey parafrasea a Susan Sontag para explicar su visión de la fotografía. «El peligro como fotógrafos es que empezamos como voyeurs de las vidas de otros y terminamos como voyeurs de nuestras propias vidas».

Un amigo le dijo en una ocasión que cada fotografía era un autorretrato. «Creo que es la mejor manera de expresar nuestra subjetividad», señala.

Adrian Storey lleva 15 años viviendo en Asia. Comenzó a hacer fotos con una vieja 110 que le regaló su padre. Cuando comenzó a viajar, la fotografía se convirtió en la principal herramienta para comentar y documentar el mundo que se mostraba ante sus ojos. Fue hace 13 años cuando un fotógrafo francés le dijo en Nueva Delhi que sus fotos eran buenas. «A partir de ahí comencé a tomármelo en serio», declara.

Storey se encuentra ahora mismo en Jordania. Estaba de vacaciones cuando estalló la ola de protestas en el mundo islámico a causa de la película que caricaturizaba a Mahoma. Sin quererlo, se vio retratando los disturbios de Amman. Aquí puedes ver ese trabajo.

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