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3 de abril 2012    /   CIENCIA
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La ciencia detrás de las canciones pegadizas

3 de abril 2012    /   CIENCIA     por          
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Que levante la mano quien no se haya pasado un día entero con una canción que no podía quitarse de la cabeza : Opá, voy a hacer un corral, de Koala; La flaca, de Jarabe de Palo; o We are the champions, de Queen… El repertorio es casi infinito, tanto que resulta inaudito que no exista una palabra en castellano para definir esa sensación, aunque mi troupe chingona y yo llevamos un tiempo intentando popularizar ‘gusano de oreja’, traducción literal del alemán, ‘ohrwurn’, y del inglés, ‘earworm’. Todo indica que teutones y británicos también sufren la tortura de la canción pedagiza.

Los científicos se han puesto manos a la obra para estudiar el fenómeno del gusano de oreja. La psicóloga Victoria Williamson ha decidido coger el ‘gusano’ por los cuernos: lleva varios años involucrada en un estudio sobre el porqué, el cómo y, ¡albricias!, el remedio para librarnos de los gusanos de oreja. Su primer paso fue abrir una página web en la que pidió a los internautas sus experiencias con las tonadillas machaconas. Primera sorpresa: de las mil canciones recibidas bajo la acusación de ser ‘pegadizas’, solo un puñado aparecen repetidas: “Parece que el gusano de oreja es un fenómeno individual. A cada uno se nos pega una sanción distinta”, explica Williamson desde su laboratorio del colegio Goldsmith de Londres.

Una teoría sostiene que los gusanos de oreja se producen cuando el oyente no ha llegado a oír hasta el final una canción. Según esta hipótesis, si yo soy incapaz (y esto es verídico) de escuchar entera la machacona Ai se eu te pego, mi cerebro entra en bucle a modo de castigo. La investigadora no cree que este factor pueda explicar todo el fenómeno: “Las canciones inconclusas pueden ser un factor (probablemente afín al ‘efecto Zeigarnik‘), pero no pueden explicar por qué cientos de personas tienen gusanos de orejas con canciones que han escuchado enteras y se saben la letra”.

La psicología evolutiva cree haber hallado en los gusanos de oreja un residuo de los primeros balbuceos de la especie humana. El neurocientífico Daniel Levitin, de la Universidad McGill, en Montreal, recuerda que el lenguaje lleva 200.000 años con nosotros, mientras que el lenguaje escrito, apenas 5.000 años. Durante los 195.000 años restantes, “los humanos hemos memorizado gran cantidad de información mediante canciones”, afirma en la BBC. Por tanto, “el cerebro recuerda mejor la combinación de ritmo, rima y melodía que integra una canción que las palabras solas”.

Mientras intentamos desvelar los mecanismos que utiliza el gusano para hacerse fuerte en nuestras meninges, una duda asoma: ¿algún cantante o compositor utiliza este conocimiento secreto para ‘insertarnos’ sus tonadillas? La psicóloga Vicky Williamson lo duda: “Yo no conozco a nadie que lo haga a propósito, pero se trata de un método peligroso en tanto que entre el 30 y el 40% de las personas creen que los gusanos de oreja son molestos. Dudo que ningún productor intente incomodar a su público”, responde, seguramente ajena a la existencia de Pau Donés.

Puede que el productor de Lady Gaga no pretenda (aunque lo logre) incordiar al oyente, pero hay un campo que, sin duda, desea que las canciones se nos metan en la cabeza para que vayamos por ahí tarareando la musiquilla de un anuncio: los jingles publicitarios. El escritor Oliver Sacks señala con dedo acusador, desde las páginas de Musicofilia, al compositor Nicolas Slonimsky como instigador del género jingle pegajoso, abuelo putativo de criaturas tan ilustres como la del anuncio coral de La Masía, la tonadilla de Movie Record o el himno del PP.

¿Quieres colaborar en el estudio? Envía tus experiencias a Earwormery. ¿Conoces un buen remedio para los gusanos de oreja? Envía un mail a earwormcures@gmail.com.

Ilustración: Juan Díaz Faes 

Que levante la mano quien no se haya pasado un día entero con una canción que no podía quitarse de la cabeza : Opá, voy a hacer un corral, de Koala; La flaca, de Jarabe de Palo; o We are the champions, de Queen… El repertorio es casi infinito, tanto que resulta inaudito que no exista una palabra en castellano para definir esa sensación, aunque mi troupe chingona y yo llevamos un tiempo intentando popularizar ‘gusano de oreja’, traducción literal del alemán, ‘ohrwurn’, y del inglés, ‘earworm’. Todo indica que teutones y británicos también sufren la tortura de la canción pedagiza.

Los científicos se han puesto manos a la obra para estudiar el fenómeno del gusano de oreja. La psicóloga Victoria Williamson ha decidido coger el ‘gusano’ por los cuernos: lleva varios años involucrada en un estudio sobre el porqué, el cómo y, ¡albricias!, el remedio para librarnos de los gusanos de oreja. Su primer paso fue abrir una página web en la que pidió a los internautas sus experiencias con las tonadillas machaconas. Primera sorpresa: de las mil canciones recibidas bajo la acusación de ser ‘pegadizas’, solo un puñado aparecen repetidas: “Parece que el gusano de oreja es un fenómeno individual. A cada uno se nos pega una sanción distinta”, explica Williamson desde su laboratorio del colegio Goldsmith de Londres.

Una teoría sostiene que los gusanos de oreja se producen cuando el oyente no ha llegado a oír hasta el final una canción. Según esta hipótesis, si yo soy incapaz (y esto es verídico) de escuchar entera la machacona Ai se eu te pego, mi cerebro entra en bucle a modo de castigo. La investigadora no cree que este factor pueda explicar todo el fenómeno: “Las canciones inconclusas pueden ser un factor (probablemente afín al ‘efecto Zeigarnik‘), pero no pueden explicar por qué cientos de personas tienen gusanos de orejas con canciones que han escuchado enteras y se saben la letra”.

La psicología evolutiva cree haber hallado en los gusanos de oreja un residuo de los primeros balbuceos de la especie humana. El neurocientífico Daniel Levitin, de la Universidad McGill, en Montreal, recuerda que el lenguaje lleva 200.000 años con nosotros, mientras que el lenguaje escrito, apenas 5.000 años. Durante los 195.000 años restantes, “los humanos hemos memorizado gran cantidad de información mediante canciones”, afirma en la BBC. Por tanto, “el cerebro recuerda mejor la combinación de ritmo, rima y melodía que integra una canción que las palabras solas”.

Mientras intentamos desvelar los mecanismos que utiliza el gusano para hacerse fuerte en nuestras meninges, una duda asoma: ¿algún cantante o compositor utiliza este conocimiento secreto para ‘insertarnos’ sus tonadillas? La psicóloga Vicky Williamson lo duda: “Yo no conozco a nadie que lo haga a propósito, pero se trata de un método peligroso en tanto que entre el 30 y el 40% de las personas creen que los gusanos de oreja son molestos. Dudo que ningún productor intente incomodar a su público”, responde, seguramente ajena a la existencia de Pau Donés.

Puede que el productor de Lady Gaga no pretenda (aunque lo logre) incordiar al oyente, pero hay un campo que, sin duda, desea que las canciones se nos metan en la cabeza para que vayamos por ahí tarareando la musiquilla de un anuncio: los jingles publicitarios. El escritor Oliver Sacks señala con dedo acusador, desde las páginas de Musicofilia, al compositor Nicolas Slonimsky como instigador del género jingle pegajoso, abuelo putativo de criaturas tan ilustres como la del anuncio coral de La Masía, la tonadilla de Movie Record o el himno del PP.

¿Quieres colaborar en el estudio? Envía tus experiencias a Earwormery. ¿Conoces un buen remedio para los gusanos de oreja? Envía un mail a earwormcures@gmail.com.

Ilustración: Juan Díaz Faes 

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