11 de mayo 2013    /   BUSINESS
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La confianza ni se crea ni se destruye, se transforma

11 de mayo 2013    /   BUSINESS     por          
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Muchas de las principales instituciones de la sociedad industrial están en crisis. No responden a las posibilidades y demandas de la sociedad red, no son ya ni funcionales, ni eficientes, ni representativas. Nadie confía en ellas a ciegas, y sometidas al escrutinio público, ponen al descubierto sus vergüenzas. Sin embargo, la confianza es fundamental para que las relaciones humanas prosperen. La nueva confianza bebe de otras fuentes.
Ante el “no nos representan”, el Partido del Futuro recoge en su programa de autoría ciudadana la propuesta de Democracia 4.0 para que los ciudadanos podamos participar en cada una de las votaciones del Congreso. Por cada 100.000 ciudadanos que votasen online (equivalentes a un diputado: 35 millones ciudadanos / 350 diputados) un escaño volvería al pueblo y se restaría proporcionalmente del voto de todos los representantes. Participación permanente y directa.
El estudio ‘Trustman’ realizado por la empresa de viajes compartidos BlaBlaCar nos descubre que el nivel de confianza que se percibe de un miembro bien valorado de su comunidad (perfil completo, foto y algunas valoraciones positivas) es solamente inferior al que se tiene con familiares y amigos, por encima del que se tiene a los vecinos: mejor bueno por conocer. Es la reputación social.
Las marcas que empiezan desde cero (con la hoja en blanco) están creciendo a una velocidad insospechada según reporta Trendwatching. Aborrecemos muchas cosas del pasado reciente y preferimos la innovación. Pero parece que lo nuevo-nuevo solo lo puede (¿quiere?) hacer alguien también nuevo. Las propuestas útiles, simples y transparentes son entendidas y valoradas. Superada la prueba, las redes generan confianza universal e instantánea. ¿La herencia como pasivo?
Github ofrece a los programadores una plataforma para crear software conjuntamente de forma que todas las aportaciones y cambios quedan firmadas y son visibles para todos. Aquí la confianza se la ganan las ideas y las contribuciones que cada uno hace. Está claro que la reputación acumulada determina la autoridad de la que después se goza en las discusiones. Cuando una comunidad no se pone de acuerdo simplemente se bifurca y cada grupo sigue andando —en público— el camino que ha escogido. Transparencia.
Mientras la herencia, la representatividad cerrada y no revocable y la creencia de que la divergencia genera siempre más riesgos que la unidad se diluyen como fuentes de legitimidad y confianza, los ciudadanos exploran y construyen una realidad complementaria, basada en el criterio personal y en el de otros como ellos. Con la información a la vista de todos.
Participación + transparencia = reputación.

Javier Creus es fundador de Ideas for Change.
Foto: Wikimedia Commons bajo lic. CC

Muchas de las principales instituciones de la sociedad industrial están en crisis. No responden a las posibilidades y demandas de la sociedad red, no son ya ni funcionales, ni eficientes, ni representativas. Nadie confía en ellas a ciegas, y sometidas al escrutinio público, ponen al descubierto sus vergüenzas. Sin embargo, la confianza es fundamental para que las relaciones humanas prosperen. La nueva confianza bebe de otras fuentes.
Ante el “no nos representan”, el Partido del Futuro recoge en su programa de autoría ciudadana la propuesta de Democracia 4.0 para que los ciudadanos podamos participar en cada una de las votaciones del Congreso. Por cada 100.000 ciudadanos que votasen online (equivalentes a un diputado: 35 millones ciudadanos / 350 diputados) un escaño volvería al pueblo y se restaría proporcionalmente del voto de todos los representantes. Participación permanente y directa.
El estudio ‘Trustman’ realizado por la empresa de viajes compartidos BlaBlaCar nos descubre que el nivel de confianza que se percibe de un miembro bien valorado de su comunidad (perfil completo, foto y algunas valoraciones positivas) es solamente inferior al que se tiene con familiares y amigos, por encima del que se tiene a los vecinos: mejor bueno por conocer. Es la reputación social.
Las marcas que empiezan desde cero (con la hoja en blanco) están creciendo a una velocidad insospechada según reporta Trendwatching. Aborrecemos muchas cosas del pasado reciente y preferimos la innovación. Pero parece que lo nuevo-nuevo solo lo puede (¿quiere?) hacer alguien también nuevo. Las propuestas útiles, simples y transparentes son entendidas y valoradas. Superada la prueba, las redes generan confianza universal e instantánea. ¿La herencia como pasivo?
Github ofrece a los programadores una plataforma para crear software conjuntamente de forma que todas las aportaciones y cambios quedan firmadas y son visibles para todos. Aquí la confianza se la ganan las ideas y las contribuciones que cada uno hace. Está claro que la reputación acumulada determina la autoridad de la que después se goza en las discusiones. Cuando una comunidad no se pone de acuerdo simplemente se bifurca y cada grupo sigue andando —en público— el camino que ha escogido. Transparencia.
Mientras la herencia, la representatividad cerrada y no revocable y la creencia de que la divergencia genera siempre más riesgos que la unidad se diluyen como fuentes de legitimidad y confianza, los ciudadanos exploran y construyen una realidad complementaria, basada en el criterio personal y en el de otros como ellos. Con la información a la vista de todos.
Participación + transparencia = reputación.

Javier Creus es fundador de Ideas for Change.
Foto: Wikimedia Commons bajo lic. CC

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