8 de agosto 2013    /   CREATIVIDAD
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La Craftería, un sitio de recreo para mentes creativas y manos inquietas

8 de agosto 2013    /   CREATIVIDAD     por          
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Se conocían como ‘labores’ y era algo en lo que cualquier señorita de bien debía saber desenvolverse. Por eso lo aprendían en la escuela como algo obligatorio y por eso, también, como explica Davinia, de La Craftería, “las generaciones posteriores se apartaron de ellas como respuesta a su imposición. Lo hecho a mano quedó como algo propio de abuelas y de retrógradas”. Años después se produce una nueva rebelión que acaba con esa percepción. El hecho a mano resurgía.

Un renacimiento que no hubiera cuajado de no ser por internet. “Muchas veces se utiliza el argumento de la necesidad de destecnologización para hablar del resurgimiento de lo hecho a mano, pero considero que precisamente ha sido la tecnología la que más nos ha acercado a lo craft. Gracias a la red se ha compartido información sobre técnicas y materiales. Se han creado foros donde la gente se reúne para compartir, y blogs de crafters. Se ha podido acceder a webs de venta online con material tradicionalmente inaccesible. Las redes sociales han “normalizado”, por ejemplo, el uso de la lana y la costura. Posiblemente sin internet muchas seguiríamos ‘dentro de la cueva’ tejiendo gorritos para el papel higiénico con el San Benito de tener una afición de IMSERSO”.

Luego está, también, la incuestionable ‘contribución’ del paro. “Mucha gente ocupa ese tiempo con este tipo de actividad, a veces por ocio, pero otras también como una vía para generar ingresos”.

El caso es que el interés por lo hecho a mano ha vuelto y la apertura de sitios como el que regenta Lavinia lo corroboran. En el cartel de la entrada, La Craftería se presenta como una tienda taller de arte y manualidades aunque la Escuela es el concepto que mejor define al espacio. “Dispone de una metodología determinada y una programación concreta para desarrollar las actividades. A diferencia de los cursos del Taller, que son de corta duración, en la Escuela, el curso es continuo y está basado en una programación adaptada y en el que hay un mayor seguimiento del trabajo evolutivo del alumno”.

Para Davinia, la educación es un factor clave a la hora de despertar el interés de este tipo de actividad entre los niños. “Puede que exista algún factor genético que determine el interés innato para unas u otras actividades. Pero sería un gran paso que los niños pudieran crecer en un entorno en el que no se jerarquizaran las actividades. Donde sea tan importante el desarrollo psicomotriz conseguido en danza, como las capacidades de lógica desarrolladas en las matemáticas… Partiendo de esa igualdad, encaminarían su carrera profesional sin la presión del fracaso al decantarse por una carrera de “ocio y tiempo libre” como suelen considerarse a las de Bellas artes, arte dramático, danza… Además fortalecerían su sentido crítico: si conoces algo puedes valorarlo con criterio”.

Y eso lo dice a pesar de que ella se considera una autodidacta.”Aprendí gracias a libros, revista y a base de prueba y error”. Luego llegaría su paso por el Bachillerato Artístico y por la facultad de Bellas Artes. “De forma paralela, solía trabajar como monitora de manualidades en escuelas de verano, ludotecas … Cuando terminé la carrera completé mis estudios con el Certificado de Aptitud Pedagógica y trabajé de profe. Aunque he hecho mis pinitos como diseñadora gráfica e ilustradora es en la enseñanza donde me he sentido más desenvuelta”.

Y por eso cuando, después de pasar “un tiempo en el limbo”, le llegó el momento de aplicar toda su experiencia en un proyecto propio, surgió La Craftería. “Tal vez sea precipitado hacer una valoración porque abrimos hace poco tiempo pero, por el momento, la respuesta del público está siendo muy positiva. Por lo general la gente con inquietudes creativas es curiosa”.

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Se conocían como ‘labores’ y era algo en lo que cualquier señorita de bien debía saber desenvolverse. Por eso lo aprendían en la escuela como algo obligatorio y por eso, también, como explica Davinia, de La Craftería, “las generaciones posteriores se apartaron de ellas como respuesta a su imposición. Lo hecho a mano quedó como algo propio de abuelas y de retrógradas”. Años después se produce una nueva rebelión que acaba con esa percepción. El hecho a mano resurgía.

Un renacimiento que no hubiera cuajado de no ser por internet. “Muchas veces se utiliza el argumento de la necesidad de destecnologización para hablar del resurgimiento de lo hecho a mano, pero considero que precisamente ha sido la tecnología la que más nos ha acercado a lo craft. Gracias a la red se ha compartido información sobre técnicas y materiales. Se han creado foros donde la gente se reúne para compartir, y blogs de crafters. Se ha podido acceder a webs de venta online con material tradicionalmente inaccesible. Las redes sociales han “normalizado”, por ejemplo, el uso de la lana y la costura. Posiblemente sin internet muchas seguiríamos ‘dentro de la cueva’ tejiendo gorritos para el papel higiénico con el San Benito de tener una afición de IMSERSO”.

Luego está, también, la incuestionable ‘contribución’ del paro. “Mucha gente ocupa ese tiempo con este tipo de actividad, a veces por ocio, pero otras también como una vía para generar ingresos”.

El caso es que el interés por lo hecho a mano ha vuelto y la apertura de sitios como el que regenta Lavinia lo corroboran. En el cartel de la entrada, La Craftería se presenta como una tienda taller de arte y manualidades aunque la Escuela es el concepto que mejor define al espacio. “Dispone de una metodología determinada y una programación concreta para desarrollar las actividades. A diferencia de los cursos del Taller, que son de corta duración, en la Escuela, el curso es continuo y está basado en una programación adaptada y en el que hay un mayor seguimiento del trabajo evolutivo del alumno”.

Para Davinia, la educación es un factor clave a la hora de despertar el interés de este tipo de actividad entre los niños. “Puede que exista algún factor genético que determine el interés innato para unas u otras actividades. Pero sería un gran paso que los niños pudieran crecer en un entorno en el que no se jerarquizaran las actividades. Donde sea tan importante el desarrollo psicomotriz conseguido en danza, como las capacidades de lógica desarrolladas en las matemáticas… Partiendo de esa igualdad, encaminarían su carrera profesional sin la presión del fracaso al decantarse por una carrera de “ocio y tiempo libre” como suelen considerarse a las de Bellas artes, arte dramático, danza… Además fortalecerían su sentido crítico: si conoces algo puedes valorarlo con criterio”.

Y eso lo dice a pesar de que ella se considera una autodidacta.”Aprendí gracias a libros, revista y a base de prueba y error”. Luego llegaría su paso por el Bachillerato Artístico y por la facultad de Bellas Artes. “De forma paralela, solía trabajar como monitora de manualidades en escuelas de verano, ludotecas … Cuando terminé la carrera completé mis estudios con el Certificado de Aptitud Pedagógica y trabajé de profe. Aunque he hecho mis pinitos como diseñadora gráfica e ilustradora es en la enseñanza donde me he sentido más desenvuelta”.

Y por eso cuando, después de pasar “un tiempo en el limbo”, le llegó el momento de aplicar toda su experiencia en un proyecto propio, surgió La Craftería. “Tal vez sea precipitado hacer una valoración porque abrimos hace poco tiempo pero, por el momento, la respuesta del público está siendo muy positiva. Por lo general la gente con inquietudes creativas es curiosa”.

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