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29 de diciembre 2014    /   DIGITAL
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La crueldad del algoritmo de Facebook

29 de diciembre 2014    /   DIGITAL     por          
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Eric Meyer, diseñador web y consultor, recibió un duro golpe cuando abrió su Facebook el otro día.
Cualquier usuario ha podido acceder en estas fechas a la aplicación de Facebook que resume alegremente cómo ha sido tu año. Podía hacerlo, o no, si no le daba la gana. Eso ha sido hasta que la red social ha empezado a mostrar en los timelines una vista preliminar de cómo ha ido el 2014 de cada uno, destacando una fotografía. Eric Meyer no ha tenido precisamente un buen año y lo que menos le apetecía era recordarlo.
Pudo hacerlo hasta que una vez, al abrir Facebook, se topó con una foto de su niña de seis años, que falleció de cáncer el pasado junio. En un mensaje truculento, dada la situación, se invitaba a Meyer a hacer un resumen de su año. Mientras que la fotografía estaba rodeada por un fondo festivo, de serpentinas, globos y gente bailando.
El diseñador ha publicado un post en su web explicándolo. En un texto sorprendentemente sereno, Meyer cuenta cómo le golpeó la foto de su hija, pero también propone una serie de recomendaciones a Facebook para que nadie se vuelva a encontrar con una vista previa fuera de lugar que le indique cómo fue su año.
«Sí, esa es la imagen de mi año. Muy cierto. Mi año se pareció al ahora ausente rostro de mi pequeña. Ha sido desagradable recordármelo de forma tan brusca»
Aun así Meyer entiende que lo ocurrido son casualidades derivadas de la puesta en funcionamiento de un algoritmo. No se puede juzgar a unas cuantas líneas de código por elegir la foto inadecuada, claro. A día de hoy es casi imposible que un sistema como el de la aplicación ‘Your Year in Review’ distinga si una foto o una publicación tiene muchos ‘me gusta’ porque ha sido muy divertida, maravillosa o simplemente son muestras de apoyo ante un mal trago.
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A veces un ‘me gusta’ no quiere decir literalmente eso

La historia ha llegado a los medios y Facebook ha pedido disculpas a Meyer personalmente. También ha agradecido las recomendaciones del diseñador, pero no se ha mojado sobre si las hará caso o caerán al cajón de las críticas inoportunas.  El consejo más obvio de todos es que la red social no muestre automáticamente una vista previa del resumen del año. Antes podría tener el detalle de preguntar si el usuario quiere verla o no.

 ‘Your Year in Review’, un ejemplo de growth hacking

Facebook ha dicho que la aplicación ‘Your Year in Review’ ha sido fabulosa para mucha gente y la intención era traer alegría, así en general. Ni que decir tiene, el fin estratégico de esta acción es generar actividad en la red social. Los usuarios hacen su resumen del año, lo comparten, aparecen los ‘me gusta’ y los comentarios, a otros les da envidia y hacen su propio resumen.
Es un empujoncito a la interactividad en Facebook. Tal vez la red social no lo necesite para crecer pero no está mal hacer algo de vez en cuando. En el fondo no es otra cosa que el llamado growth hacking, técnicas de marketing que tienden a recoger el valor de un producto existente y a viralizar este valor. Esta filosofía llegó a ser uno de los pilares de crecimiento de Twitter, cuando el site de microblogging empezó a mostrar usuarios recomendados en cada perfil, como forma de aumentar las interconexiones entre la gente.
Facebook ha sido una de las compañías pioneras en usar el growth hacking y sabe muy bien para qué sirve. Pero en la red social trabajan miles de personas en todo el mundo. En la sede de Silicon Valley, donde se habrá cocinado ‘Your Year in Review’, los ingenieros se cuentan (al menos) por cientos. Sin saber cuántos han trabajado concretamente en el desarrollo y lanzamiento de esta funcionalidad cuesta creer que ninguno de ellos se diera cuenta de que podrían darse casos como el de Meyer. Máxime cuando Facebook escoge a sus empleados entre la crème de la crème que sale de las facultades de Stanford, Berkeley y otras universidades por el estilo.
Tampoco hacía falta un momento ¡eureka! para saber que algo así podía pasar. Una funcionalidad así lleva un tiempo de desarrollo, implementación y demás, pero sobre todo, requiere un equipo de cabezas pensantes que analice los pros y contras antes de lanzar algo así. Ninguno de ellos –que seguramente usan Facebook y saben que no todo lo que aparecen en su timeline con un porrón de ‘me gusta’ es una experiencia de feliz recuerdo– cayó en la cuenta.

Nuestro Facebook se parece cada vez más a nuestra vida

Cada vez hay en Facebook más elementos de nuestro día a día, de las cosas importantes y de las más nimias. Todo eso lo volcamos, a veces sin darnos cuenta, a la red social. Para que nuestros amigos sepan que hemos estado en tal sitio, que hemos comido esto o lo otro, para mostrar lo que nos han regalado o lo fabulosamente que hemos decorado nuestra mesa de trabajo con una taza del Real Madrid llena de bolígrafos de promoción.
También contamos si hemos encontrado trabajo, si hemos cambiado de trabajo o si nos han despedido. Porque al fin y al cabo Facebook va de comunicar (fardar también es comunicar, por supuesto) y contamos lo que podíamos contar a nuestros amigos tomando unas cervezas: lo que nos gusta, nos interesa, nos apasiona, nos flipa y también lo que nos molesta, nos preocupa, nos entristece o nos da rabia.
Y como lo vamos metiendo en Facebook poco a poco, un día unas fotos, a la semana siguiente un pequeño post, es difícil darse cuenta de que todo va a parar al mismo lugar: a Facebook. Dejando fuera el espionaje de la NSA e incluso el que utilicen todos estos datos para servirnos anuncios, son casos como los de Meyer los que lanzan un toque de atención, no solo a las prácticas de la red social, sino a la cantidad de información personal que la mayoría estamos depositando en ella. (Véase el hombre que pidió a la compañía que le enviara toda la información que tenía sobre él y recibió 1.200 páginas divididas en 57 categorías). Y Facebook puede remezclar como le venga en gana todos estos datos.

Eric Meyer, diseñador web y consultor, recibió un duro golpe cuando abrió su Facebook el otro día.
Cualquier usuario ha podido acceder en estas fechas a la aplicación de Facebook que resume alegremente cómo ha sido tu año. Podía hacerlo, o no, si no le daba la gana. Eso ha sido hasta que la red social ha empezado a mostrar en los timelines una vista preliminar de cómo ha ido el 2014 de cada uno, destacando una fotografía. Eric Meyer no ha tenido precisamente un buen año y lo que menos le apetecía era recordarlo.
Pudo hacerlo hasta que una vez, al abrir Facebook, se topó con una foto de su niña de seis años, que falleció de cáncer el pasado junio. En un mensaje truculento, dada la situación, se invitaba a Meyer a hacer un resumen de su año. Mientras que la fotografía estaba rodeada por un fondo festivo, de serpentinas, globos y gente bailando.
El diseñador ha publicado un post en su web explicándolo. En un texto sorprendentemente sereno, Meyer cuenta cómo le golpeó la foto de su hija, pero también propone una serie de recomendaciones a Facebook para que nadie se vuelva a encontrar con una vista previa fuera de lugar que le indique cómo fue su año.
«Sí, esa es la imagen de mi año. Muy cierto. Mi año se pareció al ahora ausente rostro de mi pequeña. Ha sido desagradable recordármelo de forma tan brusca»
Aun así Meyer entiende que lo ocurrido son casualidades derivadas de la puesta en funcionamiento de un algoritmo. No se puede juzgar a unas cuantas líneas de código por elegir la foto inadecuada, claro. A día de hoy es casi imposible que un sistema como el de la aplicación ‘Your Year in Review’ distinga si una foto o una publicación tiene muchos ‘me gusta’ porque ha sido muy divertida, maravillosa o simplemente son muestras de apoyo ante un mal trago.
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A veces un ‘me gusta’ no quiere decir literalmente eso

La historia ha llegado a los medios y Facebook ha pedido disculpas a Meyer personalmente. También ha agradecido las recomendaciones del diseñador, pero no se ha mojado sobre si las hará caso o caerán al cajón de las críticas inoportunas.  El consejo más obvio de todos es que la red social no muestre automáticamente una vista previa del resumen del año. Antes podría tener el detalle de preguntar si el usuario quiere verla o no.

 ‘Your Year in Review’, un ejemplo de growth hacking

Facebook ha dicho que la aplicación ‘Your Year in Review’ ha sido fabulosa para mucha gente y la intención era traer alegría, así en general. Ni que decir tiene, el fin estratégico de esta acción es generar actividad en la red social. Los usuarios hacen su resumen del año, lo comparten, aparecen los ‘me gusta’ y los comentarios, a otros les da envidia y hacen su propio resumen.
Es un empujoncito a la interactividad en Facebook. Tal vez la red social no lo necesite para crecer pero no está mal hacer algo de vez en cuando. En el fondo no es otra cosa que el llamado growth hacking, técnicas de marketing que tienden a recoger el valor de un producto existente y a viralizar este valor. Esta filosofía llegó a ser uno de los pilares de crecimiento de Twitter, cuando el site de microblogging empezó a mostrar usuarios recomendados en cada perfil, como forma de aumentar las interconexiones entre la gente.
Facebook ha sido una de las compañías pioneras en usar el growth hacking y sabe muy bien para qué sirve. Pero en la red social trabajan miles de personas en todo el mundo. En la sede de Silicon Valley, donde se habrá cocinado ‘Your Year in Review’, los ingenieros se cuentan (al menos) por cientos. Sin saber cuántos han trabajado concretamente en el desarrollo y lanzamiento de esta funcionalidad cuesta creer que ninguno de ellos se diera cuenta de que podrían darse casos como el de Meyer. Máxime cuando Facebook escoge a sus empleados entre la crème de la crème que sale de las facultades de Stanford, Berkeley y otras universidades por el estilo.
Tampoco hacía falta un momento ¡eureka! para saber que algo así podía pasar. Una funcionalidad así lleva un tiempo de desarrollo, implementación y demás, pero sobre todo, requiere un equipo de cabezas pensantes que analice los pros y contras antes de lanzar algo así. Ninguno de ellos –que seguramente usan Facebook y saben que no todo lo que aparecen en su timeline con un porrón de ‘me gusta’ es una experiencia de feliz recuerdo– cayó en la cuenta.

Nuestro Facebook se parece cada vez más a nuestra vida

Cada vez hay en Facebook más elementos de nuestro día a día, de las cosas importantes y de las más nimias. Todo eso lo volcamos, a veces sin darnos cuenta, a la red social. Para que nuestros amigos sepan que hemos estado en tal sitio, que hemos comido esto o lo otro, para mostrar lo que nos han regalado o lo fabulosamente que hemos decorado nuestra mesa de trabajo con una taza del Real Madrid llena de bolígrafos de promoción.
También contamos si hemos encontrado trabajo, si hemos cambiado de trabajo o si nos han despedido. Porque al fin y al cabo Facebook va de comunicar (fardar también es comunicar, por supuesto) y contamos lo que podíamos contar a nuestros amigos tomando unas cervezas: lo que nos gusta, nos interesa, nos apasiona, nos flipa y también lo que nos molesta, nos preocupa, nos entristece o nos da rabia.
Y como lo vamos metiendo en Facebook poco a poco, un día unas fotos, a la semana siguiente un pequeño post, es difícil darse cuenta de que todo va a parar al mismo lugar: a Facebook. Dejando fuera el espionaje de la NSA e incluso el que utilicen todos estos datos para servirnos anuncios, son casos como los de Meyer los que lanzan un toque de atención, no solo a las prácticas de la red social, sino a la cantidad de información personal que la mayoría estamos depositando en ella. (Véase el hombre que pidió a la compañía que le enviara toda la información que tenía sobre él y recibió 1.200 páginas divididas en 57 categorías). Y Facebook puede remezclar como le venga en gana todos estos datos.

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