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17 de agosto 2012    /   DIGITAL
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La cuarta ola de internet

17 de agosto 2012    /   DIGITAL     por          
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Dice algún iluminado (pero iluminado para bien) que es posible que en unos cinco años ya no quede ni rastro de Google o Facebook. No da muchos detalles sobre la explosión, fragmentación o ignición de los mismos. Lo afirma y ya.

Es verdad que no hay rastro de Altavista, Excite o Netscape y unas pocas brasas de AOL o Terra. Grandes incuestionables, intocables, empresas multimillonarias con fundadores multimillonarios. Ni rastro. También es cierto que reyes inamovibles como Explorer ceden el liderazgo, y esto pasa en cuestión de meses.

Las empresas se han acelerado. Esos grandes almacenes, esas líneas aéreas, esas telefónicas varias, conocidas y usadas por dos o tres generaciones, son parte de la historia. Ha habido dos grandes oleadas de internet. Estamos en la tercera y podemos adivinar la cuarta.

La primera es a la que pertenecen Amazon, Yahoo o Google. A la que pertenecían en España Ozu o Eresmas, por mencionar un par de ellas.

Le llaman el internet de la información. Imprescindible para sentar las bases y fijar los cimientos. Empresas en las que todo el mundo ansiaba trabajar, deseadas para invertir, con bonitas historias de garajes y jóvenes alocados que hablaban de tú a tú con los presidentes de toda la vida. En vaqueros, despeinados, sin afeitar y con la camiseta raída por fuera.

No se explica por qué no supieron ver y entender el segundo internet. El social. Tuvo que venir un joven sin experiencia, sin contactos, sin dinero, sin conocimientos de gestión empresarial para enseñarles que pese a sus salidas a bolsa, sus grandes oficinas y sus miles de empleados cualificados, no se les había ocurrido crear un Facebook. Y lo creó.

En este internet social aparecieron Twitter o Linkedin pero no logró entrar un candidato bien apadrinado como Google +, que lo sigue intentando.

Paradojas del destino, cuando las empresas se hacen mayores, se emborrachan con ‘due dilligences’, que son unos documentos muy aburridos que distraen a los emprendedores y les chupan los reflejos, cual vampiros.

Esa falta de reflejos sale cara. Que se lo pregunten a Facebook, que ha tenido que desembolsar una bonita suma de dólares para adquirir Instagram y así poner un pie en la tercera ola de internet, el móvil. A Instagram no le importa tener o no tener una web y, relativamente poco, unas decenas de miles de fans en Facebook… Es puramente móvil.

La cuarta ola es el internet de las cosas y de tu perro. El mismo que porta injertada en su piel un chip tonto. Un chip que pronto será listo y te dirá a través de tu teléfono móvil si el animalito tiene fiebre, está en forma o se siente triste. Dónde está el veterinario más cercano porque se ha hecho daño en la pata o qué pienso debes comprarle por estar mal nutrido.

Si todo esto puede contarte tu perro, fliparás con lo que tiene que contarte tu nevera, tu coche o tu botella preferida de vino de la Rioja.

Sixto Arias es director general de Mobext

Imagen:  Katsushika Hokusai wikimedia commons

Dice algún iluminado (pero iluminado para bien) que es posible que en unos cinco años ya no quede ni rastro de Google o Facebook. No da muchos detalles sobre la explosión, fragmentación o ignición de los mismos. Lo afirma y ya.

Es verdad que no hay rastro de Altavista, Excite o Netscape y unas pocas brasas de AOL o Terra. Grandes incuestionables, intocables, empresas multimillonarias con fundadores multimillonarios. Ni rastro. También es cierto que reyes inamovibles como Explorer ceden el liderazgo, y esto pasa en cuestión de meses.

Las empresas se han acelerado. Esos grandes almacenes, esas líneas aéreas, esas telefónicas varias, conocidas y usadas por dos o tres generaciones, son parte de la historia. Ha habido dos grandes oleadas de internet. Estamos en la tercera y podemos adivinar la cuarta.

La primera es a la que pertenecen Amazon, Yahoo o Google. A la que pertenecían en España Ozu o Eresmas, por mencionar un par de ellas.

Le llaman el internet de la información. Imprescindible para sentar las bases y fijar los cimientos. Empresas en las que todo el mundo ansiaba trabajar, deseadas para invertir, con bonitas historias de garajes y jóvenes alocados que hablaban de tú a tú con los presidentes de toda la vida. En vaqueros, despeinados, sin afeitar y con la camiseta raída por fuera.

No se explica por qué no supieron ver y entender el segundo internet. El social. Tuvo que venir un joven sin experiencia, sin contactos, sin dinero, sin conocimientos de gestión empresarial para enseñarles que pese a sus salidas a bolsa, sus grandes oficinas y sus miles de empleados cualificados, no se les había ocurrido crear un Facebook. Y lo creó.

En este internet social aparecieron Twitter o Linkedin pero no logró entrar un candidato bien apadrinado como Google +, que lo sigue intentando.

Paradojas del destino, cuando las empresas se hacen mayores, se emborrachan con ‘due dilligences’, que son unos documentos muy aburridos que distraen a los emprendedores y les chupan los reflejos, cual vampiros.

Esa falta de reflejos sale cara. Que se lo pregunten a Facebook, que ha tenido que desembolsar una bonita suma de dólares para adquirir Instagram y así poner un pie en la tercera ola de internet, el móvil. A Instagram no le importa tener o no tener una web y, relativamente poco, unas decenas de miles de fans en Facebook… Es puramente móvil.

La cuarta ola es el internet de las cosas y de tu perro. El mismo que porta injertada en su piel un chip tonto. Un chip que pronto será listo y te dirá a través de tu teléfono móvil si el animalito tiene fiebre, está en forma o se siente triste. Dónde está el veterinario más cercano porque se ha hecho daño en la pata o qué pienso debes comprarle por estar mal nutrido.

Si todo esto puede contarte tu perro, fliparás con lo que tiene que contarte tu nevera, tu coche o tu botella preferida de vino de la Rioja.

Sixto Arias es director general de Mobext

Imagen:  Katsushika Hokusai wikimedia commons

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Opiniones 7
  • A pesar de soltar pasta por Instagram, Facebook continúa teniendo un problema bastante importante con los móviles. Sus apps son malísimas, funcionan fatal y no han sabido generar ningún tipo de beneficio económico de ellas. Y, en vez de seguir investigando, descubriendo nuevas vías, dejan que las apps mueran por falta de atención, con la soberbia del que se ve en la cima y piensa que nunca bajará…

  • Pues también coincido en la profecía de la caída de los grandes de las redes.
    Pero no porque éstas dejen de ser usadas, sino más bien, porque ellos se desfasarán de las nuevas y frescas ideas que surgirán en alguna universidad del mundo.
    Por ejemplo, creo que en cuanto tengamos mas poder computacional, haremos nuestra presencia virtual más realista, recibiendo a nuestros amigos en nuestras casas u oficinas, desarrollando conferencias en un entorno compartido y totalmente digital, en fin, simulando los entornos que nos son familiares.
    Y si facebook no da con la tecla, pues pierde la partida

  • apostaría más por el internet de las personas, más que nunca, las cosas ocurren por que a mayor cobertura, mayor relevancia una vez es aceptado socialmente, aquí está la clave del éxito, efímero, pero éxito… lo importante lo es por que la gente (social) lo decide, no por que la idea se pre (hasta que la audiencia no decide no lo está de verdad) juzgue y alguien decida que es buena, lo decide la sociedad, más digital que nunca… y nosotros sin saberlo.
    una cosa más, el dispositivo es cada vez mas móvil, pero no necesariamente el móvil es el dispositivo… será uno más, junto al tablet, el ordenador portátil, la TV que te ve, la nevera que habla… incluso el perro que ladra 🙂
    me voy a seguir escuchando!

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