Publicado: 12 de junio 2023 09:19  /   Logo School
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«¡Cómo me gusta maquillarme!»: La cultura como motor de cambio social

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Un martes por la tarde de 2020, en plena pandemia, empieza la entrevista online con dos internas de la prisión de Brians II, en la provincia de Barcelona. Ambas participan en Traspasando el Objetivo, un proyecto de la Fundación SETBA y Marta Fàbregas, fotógrafa y artista, que trabaja con ellas el empoderamiento mediante la fotografía de retrato.

Durante 10 sesiones, Marta introduce a las participantes en las técnicas fotográficas, desde el abordaje de una cámara réflex hasta el tratamiento de la imagen. Entre ellas, ya sea por parejas, ya sea solas, aprenden y se desenvuelven; ninguna falta al taller. Las hay que se llevan bien y otras que no tanto. Antes de participar en esta actividad, algunas ni se hablaban. El taller las ha unido. Tienen que hacer una exposición, están emocionadas y nerviosas. Les pregunto:

—¿Qué es lo que te llevas del taller, en qué te ha cambiado?

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Una me responde:

—Mira, yo desde que estoy aquí dentro, ya no me cuidaba, ¿para qué? Todos los días son iguales. Pero desde que voy al taller, me hago retratos, y me los hacen las compañeras. Me gusta verme guapa. ¡Me gusta maquillarme para las fotos! ¡Y mira que yo no me pintaba nada! Siento que estoy más guapa, que valgo más. Tengo ganas de que se vean las fotos en la exposición. ¡Cuando salga de aquí, no quiero perderme ni una exposición de fotos!

Y una de las trabajadoras sociales me comenta:

—Este taller tiene el índice de asistencia más alto de todos los que proponemos. Normalmente, a las sesiones de informática o de yoga vienen a unas sesiones, se cansan, lo dejan… Este no, ¡aquí no faltan ni enfermas!

cultura motor del cambio social

Este es un ejemplo de uso de la cultura para el cambio social. A través de una expresión artística, la fotografía, se consigue el objetivo planteado: fomentar el empoderamiento, cambiar la mentalidad de unas personas que, por sus circunstancias vitales, han dejado de luchar o creen que las oportunidades no son para ellas, y que la sociedad las ha dejado atrás. Se trabaja, entonces, sobre un aspecto que pueden cambiar: ellas mismas, su actitud ante la vida.

Si en este caso el qué es importante (su cambio mental ante la vida, su inclusión, su sentimiento de pertenencia a la sociedad), el cómo todavía lo es más (el trabajo a través del arte, la cultura, la innovación cultural). Puede ser la danza, el teatro, la lectura, el cine, los cortometrajes, la música… Dos ejes apasionantes para cualquiera que se sienta comprometido con nuestra sociedad. El cambio social y la cultura. ¿Por qué quedarse únicamente con uno de ellos si juntándolos redoblamos la belleza y el impacto de los resultados?

[pullquote]El impacto es la huella que queda en la arena cuando levanto el pie descalzo, al caminar por la orilla. Mientras mi pie ocupa la pisada, la huella no se ve[/pullquote]

Todavía recuerdo lo que aprendí hace años al leer sobre la teoría del cambio y el enfoque del marco lógico, precursores de la metodología de medición de impacto: los indicadores de cambio no estaban necesariamente ligados a la actividad llevada a cabo, es decir, no se ven durante la actividad, sino después de ella, un buen tiempo después de ella. El impacto es la huella que queda en la arena cuando levanto el pie descalzo, al caminar por la orilla. Mientras mi pie ocupa la pisada, la huella no se ve.

El impacto de un buen proyecto educativo no son sus resultados académicos ni su índice de asistencia, sino las vocaciones que despierta, las profesiones que emanan, su tasa de emprendimiento y generación de negocio en el territorio a lo largo de los años. El impacto de un proyecto de sensibilización y difusión de colectivos LGTBI a través de la performance artística no es su alcance en redes o el número de seguidores que genera (que actúa como precursor del impacto), lo es el florecimiento de asociaciones y colectivos en diversos territorios y su grado de aceptación e integración entre la ciudadanía. Su impacto final, al cabo de algunos años, sería la presencia de estos colectivos en iniciativas ciudadanas significativas, su capacidad de influencia a nivel local o regional y, por qué no, a nivel legislativo nacional.

El impacto de un festival de verano en un área rural no es su asistencia o su repetición a lo largo de los años, sino su capacidad para dinamizar económicamente el territorio de manera estable, no espúrea. A través de los negocios secundarios que genera organizar año tras año un festival de música asociado a un determinado territorio, esta actividad está llamada a generar riqueza entre los habitantes de la zona. Por tanto, sería esperable constatar que, al cabo de poco tiempo, hayan florecido en la zona negocios de hostelería, de restauración, de actividades de ocio y naturaleza complementarias al propio festival. Eso es el impacto.

¿Es el impacto de un proyecto cultural siempre positivo? Tenemos muchos ejemplos a nuestro alrededor de que eso no es así: gentrificación, especulación urbanística, apropiación de signos de identidad cultural con fines comerciales y alejados de las expectativas y necesidades del propio colectivo… Por ello, un elemento indispensable para plantear un proyecto cultural con mirada social es la cocreación.

cultura motor del cambio social

Todo proyecto cultural que tenga como objetivo la mejora de las condiciones de vida de un determinado colectivo debe incorporar, sí o sí, la participación y la aportación del propio colectivo. No importa cuál sea este: población rural, población anciana, personas con trastorno de salud mental, adolescentes, personas migradas… Todo proyecto cultural debe incorporarlos a ellos y a ellas en el debate del impacto. Sus expectativas, sus deseos, sus límites. Y debemos adaptar nuestro proyecto a ello. Si un proyecto cultural tiene una vocación social, los resultados tienen que verse en el colectivo, no a través del colectivo. Ese matiz a menudo se olvida, y se considera al colectivo como instrumento para que el proyecto llegue a buen puerto.

¿Cómo nos puede ayudar, desde el punto de vista práctico, acercarnos al enfoque del impacto social en nuestro proyecto cultural? Aparte de todo lo explicado hasta ahora, nos permite abordar una mirada en 360° alrededor de todos los agentes que participan en nuestro proyecto: las personas y colectivos a los que queremos beneficiar, pero también —y mucho— a entidades, instituciones, financiadores, empresas privadas y corporaciones con las que quizás, sin saberlo, compartimos misión. Sin quererlo, o queriendo, estamos tejiendo una red de alianzas que nos va a acompañar durante toda nuestra aventura.

El resultado no es solo el producto final, sino esa red que vamos tejiendo poco a poco, y que, si es sólida, permanecerá cuando nos vayamos. Ayudamos a conectar realidades, y esas realidades forman y generan impacto por su cuenta. El cambio es sistémico. Cada una de las entidades, asociaciones o instituciones implicadas en nuestro proyecto elaborarán o dispondrán de su propio mapa de impacto, haciéndolo crecer de manera exponencial y desde diferentes prismas: lo público, lo privado, el activismo, el propio colectivo organizado en forma de gobernanza…

[pullquote]Un enfoque sólido orientado al impacto atraerá a marcas y empresas que se muevan con el mismo hype. Abordarlo desde el punto de vista estratégico, y no solo como evaluación de la eficacia de nuestro proyecto, nos puede hacer parecer deseables para estas marcas[/pullquote]

¿Nos hemos parado a mirar si en nuestro territorio hay entidades o empresas preocupadas por causas sociales, medioambientales o culturales parecidas a las nuestras? ¿Hemos comprobado si iniciativas parecidas a las nuestras están teniendo lugar con mayor o menor éxito? ¿Hemos explorado la posibilidad de unir energías e iniciativas aportando aquello que el otro quizás no sabe o no tiene, e incorporando de ellos aquello de lo que nuestro proyecto carece?

Por eso, y complementando el propio deseo de cambio social que buscamos con el proyecto, está claro que un enfoque sólido orientado al impacto atraerá a marcas y empresas que se muevan con el mismo hype. Abordarlo desde el punto de vista estratégico, y no solo como evaluación de la eficacia de nuestro proyecto, nos puede hacer parecer deseables para estas marcas. Nos cambia la mirada, respecto a cómo nos dirigimos a ella: pasamos del «qué hay de lo mío, ¿me ayudas?, ¿me financias?», a «Soy sólido, hago cosas, cambio el mundo; mira los resultados. ¿Quieres participar de esta aventura?».

Pero eso lo dejamos para otro artículo.

Isa Custodio. Psicóloga. Consultora. Acompaño a entidades, fundaciones y empresas en su abordaje de la medición del impacto social icustodio@indeedconsulting.net | IG @workwithisacustodio | TW @workwithisacustodio | Linkedin: isacustodio 

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Un martes por la tarde de 2020, en plena pandemia, empieza la entrevista online con dos internas de la prisión de Brians II, en la provincia de Barcelona. Ambas participan en Traspasando el Objetivo, un proyecto de la Fundación SETBA y Marta Fàbregas, fotógrafa y artista, que trabaja con ellas el empoderamiento mediante la fotografía de retrato.

Durante 10 sesiones, Marta introduce a las participantes en las técnicas fotográficas, desde el abordaje de una cámara réflex hasta el tratamiento de la imagen. Entre ellas, ya sea por parejas, ya sea solas, aprenden y se desenvuelven; ninguna falta al taller. Las hay que se llevan bien y otras que no tanto. Antes de participar en esta actividad, algunas ni se hablaban. El taller las ha unido. Tienen que hacer una exposición, están emocionadas y nerviosas. Les pregunto:

—¿Qué es lo que te llevas del taller, en qué te ha cambiado?

Una me responde:

—Mira, yo desde que estoy aquí dentro, ya no me cuidaba, ¿para qué? Todos los días son iguales. Pero desde que voy al taller, me hago retratos, y me los hacen las compañeras. Me gusta verme guapa. ¡Me gusta maquillarme para las fotos! ¡Y mira que yo no me pintaba nada! Siento que estoy más guapa, que valgo más. Tengo ganas de que se vean las fotos en la exposición. ¡Cuando salga de aquí, no quiero perderme ni una exposición de fotos!

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Y una de las trabajadoras sociales me comenta:

—Este taller tiene el índice de asistencia más alto de todos los que proponemos. Normalmente, a las sesiones de informática o de yoga vienen a unas sesiones, se cansan, lo dejan… Este no, ¡aquí no faltan ni enfermas!

cultura motor del cambio social

Este es un ejemplo de uso de la cultura para el cambio social. A través de una expresión artística, la fotografía, se consigue el objetivo planteado: fomentar el empoderamiento, cambiar la mentalidad de unas personas que, por sus circunstancias vitales, han dejado de luchar o creen que las oportunidades no son para ellas, y que la sociedad las ha dejado atrás. Se trabaja, entonces, sobre un aspecto que pueden cambiar: ellas mismas, su actitud ante la vida.

Si en este caso el qué es importante (su cambio mental ante la vida, su inclusión, su sentimiento de pertenencia a la sociedad), el cómo todavía lo es más (el trabajo a través del arte, la cultura, la innovación cultural). Puede ser la danza, el teatro, la lectura, el cine, los cortometrajes, la música… Dos ejes apasionantes para cualquiera que se sienta comprometido con nuestra sociedad. El cambio social y la cultura. ¿Por qué quedarse únicamente con uno de ellos si juntándolos redoblamos la belleza y el impacto de los resultados?

[pullquote]El impacto es la huella que queda en la arena cuando levanto el pie descalzo, al caminar por la orilla. Mientras mi pie ocupa la pisada, la huella no se ve[/pullquote]

Todavía recuerdo lo que aprendí hace años al leer sobre la teoría del cambio y el enfoque del marco lógico, precursores de la metodología de medición de impacto: los indicadores de cambio no estaban necesariamente ligados a la actividad llevada a cabo, es decir, no se ven durante la actividad, sino después de ella, un buen tiempo después de ella. El impacto es la huella que queda en la arena cuando levanto el pie descalzo, al caminar por la orilla. Mientras mi pie ocupa la pisada, la huella no se ve.

El impacto de un buen proyecto educativo no son sus resultados académicos ni su índice de asistencia, sino las vocaciones que despierta, las profesiones que emanan, su tasa de emprendimiento y generación de negocio en el territorio a lo largo de los años. El impacto de un proyecto de sensibilización y difusión de colectivos LGTBI a través de la performance artística no es su alcance en redes o el número de seguidores que genera (que actúa como precursor del impacto), lo es el florecimiento de asociaciones y colectivos en diversos territorios y su grado de aceptación e integración entre la ciudadanía. Su impacto final, al cabo de algunos años, sería la presencia de estos colectivos en iniciativas ciudadanas significativas, su capacidad de influencia a nivel local o regional y, por qué no, a nivel legislativo nacional.

El impacto de un festival de verano en un área rural no es su asistencia o su repetición a lo largo de los años, sino su capacidad para dinamizar económicamente el territorio de manera estable, no espúrea. A través de los negocios secundarios que genera organizar año tras año un festival de música asociado a un determinado territorio, esta actividad está llamada a generar riqueza entre los habitantes de la zona. Por tanto, sería esperable constatar que, al cabo de poco tiempo, hayan florecido en la zona negocios de hostelería, de restauración, de actividades de ocio y naturaleza complementarias al propio festival. Eso es el impacto.

¿Es el impacto de un proyecto cultural siempre positivo? Tenemos muchos ejemplos a nuestro alrededor de que eso no es así: gentrificación, especulación urbanística, apropiación de signos de identidad cultural con fines comerciales y alejados de las expectativas y necesidades del propio colectivo… Por ello, un elemento indispensable para plantear un proyecto cultural con mirada social es la cocreación.

cultura motor del cambio social

Todo proyecto cultural que tenga como objetivo la mejora de las condiciones de vida de un determinado colectivo debe incorporar, sí o sí, la participación y la aportación del propio colectivo. No importa cuál sea este: población rural, población anciana, personas con trastorno de salud mental, adolescentes, personas migradas… Todo proyecto cultural debe incorporarlos a ellos y a ellas en el debate del impacto. Sus expectativas, sus deseos, sus límites. Y debemos adaptar nuestro proyecto a ello. Si un proyecto cultural tiene una vocación social, los resultados tienen que verse en el colectivo, no a través del colectivo. Ese matiz a menudo se olvida, y se considera al colectivo como instrumento para que el proyecto llegue a buen puerto.

¿Cómo nos puede ayudar, desde el punto de vista práctico, acercarnos al enfoque del impacto social en nuestro proyecto cultural? Aparte de todo lo explicado hasta ahora, nos permite abordar una mirada en 360° alrededor de todos los agentes que participan en nuestro proyecto: las personas y colectivos a los que queremos beneficiar, pero también —y mucho— a entidades, instituciones, financiadores, empresas privadas y corporaciones con las que quizás, sin saberlo, compartimos misión. Sin quererlo, o queriendo, estamos tejiendo una red de alianzas que nos va a acompañar durante toda nuestra aventura.

El resultado no es solo el producto final, sino esa red que vamos tejiendo poco a poco, y que, si es sólida, permanecerá cuando nos vayamos. Ayudamos a conectar realidades, y esas realidades forman y generan impacto por su cuenta. El cambio es sistémico. Cada una de las entidades, asociaciones o instituciones implicadas en nuestro proyecto elaborarán o dispondrán de su propio mapa de impacto, haciéndolo crecer de manera exponencial y desde diferentes prismas: lo público, lo privado, el activismo, el propio colectivo organizado en forma de gobernanza…

[pullquote]Un enfoque sólido orientado al impacto atraerá a marcas y empresas que se muevan con el mismo hype. Abordarlo desde el punto de vista estratégico, y no solo como evaluación de la eficacia de nuestro proyecto, nos puede hacer parecer deseables para estas marcas[/pullquote]

¿Nos hemos parado a mirar si en nuestro territorio hay entidades o empresas preocupadas por causas sociales, medioambientales o culturales parecidas a las nuestras? ¿Hemos comprobado si iniciativas parecidas a las nuestras están teniendo lugar con mayor o menor éxito? ¿Hemos explorado la posibilidad de unir energías e iniciativas aportando aquello que el otro quizás no sabe o no tiene, e incorporando de ellos aquello de lo que nuestro proyecto carece?

Por eso, y complementando el propio deseo de cambio social que buscamos con el proyecto, está claro que un enfoque sólido orientado al impacto atraerá a marcas y empresas que se muevan con el mismo hype. Abordarlo desde el punto de vista estratégico, y no solo como evaluación de la eficacia de nuestro proyecto, nos puede hacer parecer deseables para estas marcas. Nos cambia la mirada, respecto a cómo nos dirigimos a ella: pasamos del «qué hay de lo mío, ¿me ayudas?, ¿me financias?», a «Soy sólido, hago cosas, cambio el mundo; mira los resultados. ¿Quieres participar de esta aventura?».

Pero eso lo dejamos para otro artículo.

Isa Custodio. Psicóloga. Consultora. Acompaño a entidades, fundaciones y empresas en su abordaje de la medición del impacto social icustodio@indeedconsulting.net | IG @workwithisacustodio | TW @workwithisacustodio | Linkedin: isacustodio 

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