13 de febrero 2012    /   CREATIVIDAD
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¿La diferencia?

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“La única diferencia entre un loco y yo es que yo no estoy loco” (Salvador Dalí)

Arte y publicidad. Lo sagrado y lo profano. El cielo y la tierra. En tiempos híbridos, mutantes y transto(rna)do(s) como éstos, todavía presuponemos algunas diferencias, ciertas distancias casi éticas entre uno y otro. En un extraño acto de fe, el primero es puro (incluso cuando desciende al más oscuro de los infiernos), mientras el segundo resulta siempre sucio (no obstante a veces consiga acariciar con la punta de los dedos las nubes más altas de la belleza).

Pese a no saber a ciencia cierta qué es exactamente eso del arte, sí sabemos perfectamente qué no es. Y, sin lugar a dudas, no es vender seguros de coche, armarios desmontables o latas de cerveza. Precisamente todo aquello que, sí sabemos, es la publicidad. El arte está muy por encima de todo eso y, aunque se presenta como un concepto ambiguo, interpretable y confuso, también resulta algo evocador, que remite de forma directa a lo mejor y más noble de la naturaleza humana.

Por el contrario, muchos entienden la publicidad como una suerte de ente vampírico, insaciable devorador de la sangre ajena. Siempre a punto para la copia flagrante y para el sablazo despiadado, con el infalible olfato del depredador avezado, en lo que a la caza de talentos (muertos de hambre) se refiere. Ilustradores, escritores, fotógrafos, diseñadores, realizadores y un sinfín de artistas más, se han dejado seducir por el mal del capital.

Entendemos la publicidad como un acto de salvaje apropiacionismo sin la debida reinterpretación o contextualización que esta disciplina requiere. Como a un hijo no deseado, deforme, malvado, copión y envidioso de su hermano mayor, el perfecto y puro Arte. El ladrón que roba la fruta del jardín ajeno, le pone un logo y la vende al mejor postor. Sin sembrar, sin regar, sin cuidar las flores, arrancándolas de raíz.

En definitiva, la publicidad es para muchos eso que echan en la tele y que interrumpe sin piedad la película, que hace ruido y a lo que se intenta no prestar demasiada atención. Y el arte es…el arte es…Bueno, tal vez no sabemos definirlo con precisión, pero lo identificamos perfectamente por contraposición.

Hay cosas que no son arte.

Que simplemente no pueden ser arte.

Hasta que, de repente, lo son.

Adrià Rosell es creativo en Altraforma y fotógrafo freelance

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Arte y publicidad. Lo sagrado y lo profano. El cielo y la tierra. En tiempos híbridos, mutantes y transto(rna)do(s) como éstos, todavía presuponemos algunas diferencias, ciertas distancias casi éticas entre uno y otro. En un extraño acto de fe, el primero es puro (incluso cuando desciende al más oscuro de los infiernos), mientras el segundo resulta siempre sucio (no obstante a veces consiga acariciar con la punta de los dedos las nubes más altas de la belleza).

Pese a no saber a ciencia cierta qué es exactamente eso del arte, sí sabemos perfectamente qué no es. Y, sin lugar a dudas, no es vender seguros de coche, armarios desmontables o latas de cerveza. Precisamente todo aquello que, sí sabemos, es la publicidad. El arte está muy por encima de todo eso y, aunque se presenta como un concepto ambiguo, interpretable y confuso, también resulta algo evocador, que remite de forma directa a lo mejor y más noble de la naturaleza humana.

Por el contrario, muchos entienden la publicidad como una suerte de ente vampírico, insaciable devorador de la sangre ajena. Siempre a punto para la copia flagrante y para el sablazo despiadado, con el infalible olfato del depredador avezado, en lo que a la caza de talentos (muertos de hambre) se refiere. Ilustradores, escritores, fotógrafos, diseñadores, realizadores y un sinfín de artistas más, se han dejado seducir por el mal del capital.

Entendemos la publicidad como un acto de salvaje apropiacionismo sin la debida reinterpretación o contextualización que esta disciplina requiere. Como a un hijo no deseado, deforme, malvado, copión y envidioso de su hermano mayor, el perfecto y puro Arte. El ladrón que roba la fruta del jardín ajeno, le pone un logo y la vende al mejor postor. Sin sembrar, sin regar, sin cuidar las flores, arrancándolas de raíz.

En definitiva, la publicidad es para muchos eso que echan en la tele y que interrumpe sin piedad la película, que hace ruido y a lo que se intenta no prestar demasiada atención. Y el arte es…el arte es…Bueno, tal vez no sabemos definirlo con precisión, pero lo identificamos perfectamente por contraposición.

Hay cosas que no son arte.

Que simplemente no pueden ser arte.

Hasta que, de repente, lo son.

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Opiniones 27
  • muchos teóricos atribuyen la diferencia a la intencionalidad comercial de la publicidad, al objetivo de porqué el ser humano crea una pieza publicitaria, un diseño o una obra de arte. Un cuadro para la corte tenía una intencionalidad clara, las pirámides y las catedrales tenían un objeto principal nada artístico, y sin embargo son arte. Un cartel o un spot pueden no ser arte, pero mientras las obras humanas no sean puras, puedan ser mezcla de muchas intencionalidades, motivaciones, estímulos… podrán contener un componente artístico. Aunque la última palabra la tendrá el espectador, si un spot, un cartel, una instalación además de transmitirte el mensaje de la marca te eleva los pies del asfalto, te hace sentirte en complicidad con la marca y sus creativos, entonces, no hay duda.

    • Hola Joaquín. Estoy de acuerdo con lo que comentas. El objetivo de este post es el de ejercer como una primera introducción a este tema, el cual abordaré en artículos posteriores, con el fin de reflexionar acerca de si existe una creatividad «pura» subyacente en ambos mundos. O, por el contrario, la creatividad utilizada en el mundo de la publicidad es de carácter más adulterado (debido a las diferentes circunstancias e intenciones). Un conflicto de intereses que, por otro lado, también puede darse en el mundo del arte, claro está.

      ¡Gracias a todos por los comentarios!

  • La publi son los nuevos Medici. Pues no hay poco artista, empezando por directores de cine, que paga las facturas haciendo anuncios…

  • Arte es, según la RAE:
    Manifestación de la actividad humana mediante la cual se expresa una visión personal y desinteresada que interpreta lo real o imaginado con recursos plásticos, lingüísticos o sonoros.
    En mi opinión, no solo la Publicidad, sino una parte importante del mundo del Arte en términos generales, quedarían fuera de esta definición. Pero puede que tanto una como el otro cumplan también un papel importante en la materialización del Arte: El Mecenazgo.

  • sabias palabras adrià. aunque estoy seguro que de aquí muchos años, el perro de rastreator será elevado a la categoría de arte por su belleza ( todavía hoy incomprensible para nuestras mentes).

    • Jejeje, pues espero que tengas una bolsa grande a mano Tomás. Porque (si me dejan, claro está) este es el primero de una serie de artículos dedicado al tema!
      Gracias por el youtube!

  • porque el arte es puro, no se vende, no hay galerías ni marchantes ni inversores ni artistas que se ríen de los críticos y aficionados como Picasso o Hirst. anda que…

  • ojo con la foto de las latas de Manzoni! Hace poco descubrí que entre las 10 cosas que llevan a la gente a mi blog era una combinación tan curiosa como «mierda+de+artista» y al principio me lo tomé mal hasta recordar que había puesto una foto que hice a una de esas latas!

  • Me gusta esta reflexión. Me permito por otro lado actuar de abogada del diablo comentando que a priori muchos actos publicitarios son los que permiten desarrollar creativamente ciertos proyectos inviables sin un capital. Por ejemplo encontramos el mundo del videoclip, que no deja de ser un video promocional de artistas.

    Por otro lado, por lo menos cuando uno hace publicidad sabe lo que hay, no pasa lo mismo cuando uno recibe una beca de una Institución que le apoya a desarrollar un trabajo o invierte en los artistas. Esto también les sirve a las Instituciones como promoción [de hecho es la fuerza motor de muchas becas y proyectos]

    Recordemos que muchas de las grandes obras de todos los tiempos se realizaron bajo encargos de reyes, palacios, burgueses y demás.

    • «Entendemos la publicidad como un acto de salvaje apropiacionismo sin la debida reinterpretación o contextualización que esta disciplina requiere.»

    • Efectivamente. Contextualizar un urinario y convertirlo en algo que revoluciona el mundo del arte (te guste o no te guste la obra en sí) no se compara a contextualizar un anuncio estéticamente bello. Belleza=/= arte. Arte=/=publicidad.

      • Comparar creo que se puede comparar todo. Es una de esas cosas que todavía nos dejan hacer. O al menos eso pensaba. Por otra parte, cada uno puede (¡y debe!) extraer de ello las conclusiones que considere más oportunas. De todos modos, este artículo es sólo una introducción al tema. Estoy preparando unos cuantos más en los que intentaré, en la medida de lo posible, tratar en más profundidad las luces y sombras de esta relación arte-publicidad. Gracias por tu aportación Pablo!

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