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16 de diciembre 2011    /   CREATIVIDAD
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La distorsión cáustica de Juan Carlos Eguillor

16 de diciembre 2011    /   CREATIVIDAD     por          
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¿Recuerdas “Viaje con nosotros”, el disparatado programa televisivo de los 80 que dirigía Javier Gurruchaga? ¿Te suenan Mari-Aguirre, Sandalia Upon-Avon o Masiela? Si la respuesta ha sido sí en ambas ocasiones, te gustará leer el resto del texto.

Cuando la creatividad desborda los límites físicos y nos traslada a un mundo imaginario, satírico, crítico, capaz de embelesar a propios y ajenos, aparece el genio despistado y caótico, pero genio al fin y al cabo.

Capaz de recorrer Estados Unidos en autobús disfrazado de cura a la búsqueda y captura de experiencias directas, era la suma perfecta entre lo bizarro, el humor, la inteligencia y la sensibilidad. Un personaje en sí mismo al que su gran amigo Gurruchaga perfilaba como un torrente de sabiduría, un gran collage de estéticas, un disparate surrealista en el homenaje a su vida celebrado en la AlhóndigaBilbao.

Hablamos de Juan Carlos Eguillor Uribarri (Donostia-San Sebastián, 1947- Madrid, 2011), bilbaíno de adopción, pero también donostiarra y malasañero. Todo un referente cultural de la ilustración (Premio Nacional de Ilustración Infantil) y el cómic de este país.

“Su trabajo abarcaba muchas culturas, artes plásticas y toneladas de humor negro y no tan negro… La cultura vasca era un referente inmediato en su trabajo como ilustrador, el Pop Art una influencia evidente, el Expresionismo y el arte de las Vanguardias Rusas también formaban parte de su día a día, sin dejar de lado las nuevas tecnologías. De hecho, en los últimos años de su vida estaba sumergido en la pecera de Second Life y obsesionado con crearse un mundo propio”, nos comenta el diseñador e ilustrador Íñigo Cobeaga, sobrino de Juan Carlos y hermano de Borja, el cineasta.

Las posibilidades de las nuevas tecnologías y su aplicación a la expresión gráfica y audiovisual fue algo que interesó mucho a Eguillor. Ya en los 80 realizó vídeos experimentales como “Bilbao la Muerte” (1982), “De Imaginarium” (1985), “Menina” (1986) o “Poeta en Nueva York” (1987). Tal vez, una forma de expandir su desbordante creatividad más allá del papel.

Su mirada tierna, escéptica y cruel, tal y como define Borja la actitud de su tío frente a la realidad, nos dejó maravillosos recortables de Massiel o Miguel Bosé en el semanario infantil “Pequeño País”, pero también ilustraciones, tiras cómicas, cuentos (“La ciudad de la lluvia”, publicado en 1984, fue seleccionada como una de las 100 mejores obras de la literatura infantil española del siglo XX), portadas de libros y discos, escenografías, guiones, vídeos, animaciones con ordenador, cabeceras y entradillas de programas televisivos (Gurruchaga fue uno de los afortunados), considerados hoy fetiches de coleccionistas.

Son pequeñas joyas de “humor como venganza a la realidad” (tal y como las describía el propio Eguillor) que no son difíciles de conseguir o encontrar, dado su prolífico carácter. Un sinfín de trabajos que incluye nombres como Bernardo Atxaga, Lolo Rico Iván Zulueta y Carmen Martín Gaite, y referencias como Cocteau, Resnais, De Pellaert, Fellini o los hermanos Marx.

Pero el líquido primigenio fue el cómic. “El interés por el cómic, como medio de expresión y comunicación, se despertó en Eguillor tras la lectura del libro de Luis Gasca, ‘Tebeo y cultura de masas’ (1966). Pionero en la difusión del valor cultural del cómic en España, Gasca posibilitó el acceso de Eguillor al diario El Correo Español-El Pueblo Vasco para la publicación, en tiras semanales, de las aventuras de Mari-Aguirre, entre 1968 y 1969”.

Y con la disparatada y erótica Mari-Aguirre también vinieron Tartarela y sus bizarros encuentros con Gracita Morales o Drácula, la sádica Tundra de Tatundra; el poeta de la era atómica, Guy de Atocha y Txangurro Marx (marxismo, facción Groucho), entre muchos otros personajes cuyas historietas dejaban entrever un atisbo de crítica y compromiso social.

Eguillor, sin duda, marcó su impronta en medios como “Triunfo”, “Egin”, “Diario 16”, “El País” y “Euskadi Sioux”, pero sobre todo en la historia del cómic en España. Su incalculable legado puede verse estos días en la Sala Koldo Mitxelena de San Sebastián (hasta el 28 de enero de 2012).


Inma Flor Responsable del Departamento de Redacción y Comunicación Online del IED Madrid

¿Recuerdas “Viaje con nosotros”, el disparatado programa televisivo de los 80 que dirigía Javier Gurruchaga? ¿Te suenan Mari-Aguirre, Sandalia Upon-Avon o Masiela? Si la respuesta ha sido sí en ambas ocasiones, te gustará leer el resto del texto.

Cuando la creatividad desborda los límites físicos y nos traslada a un mundo imaginario, satírico, crítico, capaz de embelesar a propios y ajenos, aparece el genio despistado y caótico, pero genio al fin y al cabo.

Capaz de recorrer Estados Unidos en autobús disfrazado de cura a la búsqueda y captura de experiencias directas, era la suma perfecta entre lo bizarro, el humor, la inteligencia y la sensibilidad. Un personaje en sí mismo al que su gran amigo Gurruchaga perfilaba como un torrente de sabiduría, un gran collage de estéticas, un disparate surrealista en el homenaje a su vida celebrado en la AlhóndigaBilbao.

Hablamos de Juan Carlos Eguillor Uribarri (Donostia-San Sebastián, 1947- Madrid, 2011), bilbaíno de adopción, pero también donostiarra y malasañero. Todo un referente cultural de la ilustración (Premio Nacional de Ilustración Infantil) y el cómic de este país.

“Su trabajo abarcaba muchas culturas, artes plásticas y toneladas de humor negro y no tan negro… La cultura vasca era un referente inmediato en su trabajo como ilustrador, el Pop Art una influencia evidente, el Expresionismo y el arte de las Vanguardias Rusas también formaban parte de su día a día, sin dejar de lado las nuevas tecnologías. De hecho, en los últimos años de su vida estaba sumergido en la pecera de Second Life y obsesionado con crearse un mundo propio”, nos comenta el diseñador e ilustrador Íñigo Cobeaga, sobrino de Juan Carlos y hermano de Borja, el cineasta.

Las posibilidades de las nuevas tecnologías y su aplicación a la expresión gráfica y audiovisual fue algo que interesó mucho a Eguillor. Ya en los 80 realizó vídeos experimentales como “Bilbao la Muerte” (1982), “De Imaginarium” (1985), “Menina” (1986) o “Poeta en Nueva York” (1987). Tal vez, una forma de expandir su desbordante creatividad más allá del papel.

Su mirada tierna, escéptica y cruel, tal y como define Borja la actitud de su tío frente a la realidad, nos dejó maravillosos recortables de Massiel o Miguel Bosé en el semanario infantil “Pequeño País”, pero también ilustraciones, tiras cómicas, cuentos (“La ciudad de la lluvia”, publicado en 1984, fue seleccionada como una de las 100 mejores obras de la literatura infantil española del siglo XX), portadas de libros y discos, escenografías, guiones, vídeos, animaciones con ordenador, cabeceras y entradillas de programas televisivos (Gurruchaga fue uno de los afortunados), considerados hoy fetiches de coleccionistas.

Son pequeñas joyas de “humor como venganza a la realidad” (tal y como las describía el propio Eguillor) que no son difíciles de conseguir o encontrar, dado su prolífico carácter. Un sinfín de trabajos que incluye nombres como Bernardo Atxaga, Lolo Rico Iván Zulueta y Carmen Martín Gaite, y referencias como Cocteau, Resnais, De Pellaert, Fellini o los hermanos Marx.

Pero el líquido primigenio fue el cómic. “El interés por el cómic, como medio de expresión y comunicación, se despertó en Eguillor tras la lectura del libro de Luis Gasca, ‘Tebeo y cultura de masas’ (1966). Pionero en la difusión del valor cultural del cómic en España, Gasca posibilitó el acceso de Eguillor al diario El Correo Español-El Pueblo Vasco para la publicación, en tiras semanales, de las aventuras de Mari-Aguirre, entre 1968 y 1969”.

Y con la disparatada y erótica Mari-Aguirre también vinieron Tartarela y sus bizarros encuentros con Gracita Morales o Drácula, la sádica Tundra de Tatundra; el poeta de la era atómica, Guy de Atocha y Txangurro Marx (marxismo, facción Groucho), entre muchos otros personajes cuyas historietas dejaban entrever un atisbo de crítica y compromiso social.

Eguillor, sin duda, marcó su impronta en medios como “Triunfo”, “Egin”, “Diario 16”, “El País” y “Euskadi Sioux”, pero sobre todo en la historia del cómic en España. Su incalculable legado puede verse estos días en la Sala Koldo Mitxelena de San Sebastián (hasta el 28 de enero de 2012).


Inma Flor Responsable del Departamento de Redacción y Comunicación Online del IED Madrid

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