13 de diciembre 2013    /   BUSINESS
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La Economía de las Galaxias

13 de diciembre 2013    /   BUSINESS     por          
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“La República Galáctica está sumida en el caos. Los impuestos de las rutas comerciales a los sistemas estelares exteriores están en disputa. Esperando resolver el asunto con un bloqueo de poderosas naves de guerra, la codiciosa Federación de Comercio ha detenido todos los envíos al pequeño planeta de Naboo”. Así arranca el primer episodio de la Guerra de las Galaxias. Es la economía (estúpido), no los problemas identitarios de un aprendiz de Jedi, el detonante de que todo el universo acabe bajo el dominio del Lado Oscuro. Y ahora que programas y científicos auguran, otra vez, un horizonte de colonización del espacio exterior relativamente cercano, quizá sea el momento de considerar los aspectos económicos de semejante proceso.

Esto al menos es lo que motivó a John Hickman, profesor asociado del departamento de Gobernación y Estudios Internacionales del Berry College en Georgia, EE UU, para escribir su ensayo ‘Problems of Interplanetary and Interstellar Trade’.

“La mayoría del material sobre la exploración espacial y colonización del espacio se niega a lidiar con las dificultades políticas y económicas implícitas”, explica en una entrevista con Yorokobu, “hay como una expectación milenarista por algo que no creo que sea tan fácil como mucha gente cree y es importante determinar la naturaleza única que, supongo, tendrá la exploración espacial”.

Espacio2El “tiempo y el lenguaje” serán “los enormes costes de transacción” en un hipotético “comercio a través de distancias interestelares ya que la información deberá cruzar esas vastas distancias durante los procesos de negociación”, razona, “y el lenguaje ya que, si ya es difícil la comunicación entre humanos de diferentes culturas, es muy probable que sea extremadamente complicado entre dos especies producto de diferentes procesos evolutivos”.

Otros autores, algunos tan reputados como Paul Krugman o más desconocidos como Tyler Cowen o Espen Gaarder Haug han reflexionado sobre este tema. En 1978, el futuro Nobel de Economía escribía “un análisis serio sobre un tema ridículo”, a lo que el mismo apostillaba: “que suele ser lo contrario a lo habitual en economía”.

Krugman analizaba como serían las tasas de interés de los bienes en tránsito a velocidades luz, teniendo en cuenta la distinta percepción del tiempo entre el viajante y el estacionario. Cowen le apostillaba la posibilidad de que el capitán dejará un penique en la Tierra antes de su viaje y, al volver cientos de años después, fuera millonario. Esto se compensaría con el coste del combustible espacial por lo que en futuro sería este materia la que determinaría las tasas de interés.

Para Hickman, la larga exposición a los “extraterrestres increíblemente humanos de los universos de Star Trek y Star Wars” ha malacostumbrado a la mayoría de la población para la pregunta de cómo será un ‘alien’ resultado de un proceso biológico diferente. “No hay garantía de que una especie extraterrestre vaya a parecerse a la humana en ser una población interesada en un intercambio económico que priorice la utilidad”, cuenta, “e incluso si poseen el concepto de dinero, acordar una unidad de valor común sería muy complicado por la ausencia de intercambio de objetos físicos”. Hickamn arguye que una cámara de compensación, pero también se pregunta quién estaría dispuesto a dejar dinero a alguien en otro mundo. “Solo traslada el problema actual asociado a las deudas soberanas”.

“Hay que recordar que la exploración espacial de nuestro sistema solar no será como la historia de exploración de la Tierra”, avisa, “no van a aparecer nativos con los que comerciar en la Luna, Marte o donde sea ya que los otros planetas de nuestro sistema solar son desiertos con minerales, pero sin bienes ni conocimientos culturales que expropiar”. Los arquetipos de la era de la exploración de Occidente, base de muchas fantasías de ciencia ficción, no podrán repetirse; y el espacio “absorberá enormes costes que no se recuperarán”.

Incluso en un eventual mundo en el que los humanos hayan establecido colonias en otros planetas y pueda comenzar a darse un comercio, es muy probable que haya que acabar recurriendo al trueque “y eso es ineficiente”. “¿Cuántas ovejas son una vaca”, se pregunta. ¿Y cuántos ‘wookies’ un ‘klingon’?

Mooncolony

“La República Galáctica está sumida en el caos. Los impuestos de las rutas comerciales a los sistemas estelares exteriores están en disputa. Esperando resolver el asunto con un bloqueo de poderosas naves de guerra, la codiciosa Federación de Comercio ha detenido todos los envíos al pequeño planeta de Naboo”. Así arranca el primer episodio de la Guerra de las Galaxias. Es la economía (estúpido), no los problemas identitarios de un aprendiz de Jedi, el detonante de que todo el universo acabe bajo el dominio del Lado Oscuro. Y ahora que programas y científicos auguran, otra vez, un horizonte de colonización del espacio exterior relativamente cercano, quizá sea el momento de considerar los aspectos económicos de semejante proceso.

Esto al menos es lo que motivó a John Hickman, profesor asociado del departamento de Gobernación y Estudios Internacionales del Berry College en Georgia, EE UU, para escribir su ensayo ‘Problems of Interplanetary and Interstellar Trade’.

“La mayoría del material sobre la exploración espacial y colonización del espacio se niega a lidiar con las dificultades políticas y económicas implícitas”, explica en una entrevista con Yorokobu, “hay como una expectación milenarista por algo que no creo que sea tan fácil como mucha gente cree y es importante determinar la naturaleza única que, supongo, tendrá la exploración espacial”.

Espacio2El “tiempo y el lenguaje” serán “los enormes costes de transacción” en un hipotético “comercio a través de distancias interestelares ya que la información deberá cruzar esas vastas distancias durante los procesos de negociación”, razona, “y el lenguaje ya que, si ya es difícil la comunicación entre humanos de diferentes culturas, es muy probable que sea extremadamente complicado entre dos especies producto de diferentes procesos evolutivos”.

Otros autores, algunos tan reputados como Paul Krugman o más desconocidos como Tyler Cowen o Espen Gaarder Haug han reflexionado sobre este tema. En 1978, el futuro Nobel de Economía escribía “un análisis serio sobre un tema ridículo”, a lo que el mismo apostillaba: “que suele ser lo contrario a lo habitual en economía”.

Krugman analizaba como serían las tasas de interés de los bienes en tránsito a velocidades luz, teniendo en cuenta la distinta percepción del tiempo entre el viajante y el estacionario. Cowen le apostillaba la posibilidad de que el capitán dejará un penique en la Tierra antes de su viaje y, al volver cientos de años después, fuera millonario. Esto se compensaría con el coste del combustible espacial por lo que en futuro sería este materia la que determinaría las tasas de interés.

Para Hickman, la larga exposición a los “extraterrestres increíblemente humanos de los universos de Star Trek y Star Wars” ha malacostumbrado a la mayoría de la población para la pregunta de cómo será un ‘alien’ resultado de un proceso biológico diferente. “No hay garantía de que una especie extraterrestre vaya a parecerse a la humana en ser una población interesada en un intercambio económico que priorice la utilidad”, cuenta, “e incluso si poseen el concepto de dinero, acordar una unidad de valor común sería muy complicado por la ausencia de intercambio de objetos físicos”. Hickamn arguye que una cámara de compensación, pero también se pregunta quién estaría dispuesto a dejar dinero a alguien en otro mundo. “Solo traslada el problema actual asociado a las deudas soberanas”.

“Hay que recordar que la exploración espacial de nuestro sistema solar no será como la historia de exploración de la Tierra”, avisa, “no van a aparecer nativos con los que comerciar en la Luna, Marte o donde sea ya que los otros planetas de nuestro sistema solar son desiertos con minerales, pero sin bienes ni conocimientos culturales que expropiar”. Los arquetipos de la era de la exploración de Occidente, base de muchas fantasías de ciencia ficción, no podrán repetirse; y el espacio “absorberá enormes costes que no se recuperarán”.

Incluso en un eventual mundo en el que los humanos hayan establecido colonias en otros planetas y pueda comenzar a darse un comercio, es muy probable que haya que acabar recurriendo al trueque “y eso es ineficiente”. “¿Cuántas ovejas son una vaca”, se pregunta. ¿Y cuántos ‘wookies’ un ‘klingon’?

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