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23 de febrero 2014    /   BUSINESS
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La economía directa deja obsoletos los manuales de planes de negocio

23 de febrero 2014    /   BUSINESS     por          
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En octubre de 2010 Thomas Gerhardt y Dan Provost, un par de veinteañeros neoyorquinos, sacaban de una impresora 3D una pequeña pieza de plástico: la llamaron the glif. Puro trabajo de artesano. El prototipo permitía algo muy sencillo en lo que, aparentemente, nadie había pensado antes: sostener un iPhone con un trípode convencional para cámara de fotos.

Hacer un molde industrial costaba diez mil dólares. A partir de ahí cientos de fábricas chinas podrían ser su impresora 3D de bajo coste, así que en noviembre presentaban Glif en Kickstarter para conseguir fondos. En un tiempo récord obtuvieron 137.417 dólares, bastante más de lo que pedían.

Glif salió al mercado por 25 dólares y a día de hoy sigue vendiéndose muy bien. Le siguieron Cosmonaut, un lápiz plástico para iPads, un libro electrónico con su mirada sobre los negocios, dos apps y ahora el Neat Ice Kit, una serie de herramientas para hacer cubitos de hielo de diseño que también financiaron mediante crowdsourcing. Thomas y Dan ahora son empresa; se llama Neat Studio, pero sus padres siguen sin entender muy bien lo que hacen. ¿Qué tienen que ver los cubitos de hielo con los iPhones y los iPads?

La respuesta se condensa en dos palabras: economía directa. La receta es aparentemente sencilla y deja obsoletos los manuales de planes de negocio y los esfuerzos de las incubadoras. El punto de partida es una idea que se hace prototipo y puede convertirse en miles de unidades por cien mil euros o menos. No hace falta que resuelva un problema universal, no es necesario que haya millones de potenciales clientes.

Ni siquiera es importante que los consumidores vivan en el mismo continente. La idea es vender en internet para un público bien definido por friki o minoritario que sea, por disperso que esté. Lo importante es asegurar el éxito de la primera producción antes de mandar el encargo en firme a fábrica. Si no quieres recurrir a un sitio de crowdsourcing siempre puedes abrir un formulario de reserva en tu página.

Eso es lo que hizo Geeksphone. En junio de 2009, su prototipo, el Geeksphone One, era la sensación en los blogs de cacharreo. Financiado entre seis amigos de Madrid y fabricado en China, su página web agotó en la preventa las unidades encargadas a producción antes de que llegaran desde Asia. En 2013, fueron los primeros en lanzar dos modelos con FirefoxOS. Las reservas superaron una vez más las proyecciones de producción.

Pero no todos buscan crecer o convertirse en empresas de producto, muchas personas lanzan nuevas propuestas sin aparente relación con las anteriores, como Thomas y Dan. Otras dejan el incipiente negocio en manos de familiares o amigos para que arranquen a imaginar la ‘siguiente cosa’. Y es que no es el espíritu de Steve Jobs el que susurra a los pioneros de economía directa. Parece más bien el del inventor que busca vivir y divertirse a base de crear ingenios siempre nuevos. Y en cualquier caso, como me comentaba uno de ellos, en estos días «más difícil es encontrar trabajo».

Imagen de portada: The Glif

En octubre de 2010 Thomas Gerhardt y Dan Provost, un par de veinteañeros neoyorquinos, sacaban de una impresora 3D una pequeña pieza de plástico: la llamaron the glif. Puro trabajo de artesano. El prototipo permitía algo muy sencillo en lo que, aparentemente, nadie había pensado antes: sostener un iPhone con un trípode convencional para cámara de fotos.

Hacer un molde industrial costaba diez mil dólares. A partir de ahí cientos de fábricas chinas podrían ser su impresora 3D de bajo coste, así que en noviembre presentaban Glif en Kickstarter para conseguir fondos. En un tiempo récord obtuvieron 137.417 dólares, bastante más de lo que pedían.

Glif salió al mercado por 25 dólares y a día de hoy sigue vendiéndose muy bien. Le siguieron Cosmonaut, un lápiz plástico para iPads, un libro electrónico con su mirada sobre los negocios, dos apps y ahora el Neat Ice Kit, una serie de herramientas para hacer cubitos de hielo de diseño que también financiaron mediante crowdsourcing. Thomas y Dan ahora son empresa; se llama Neat Studio, pero sus padres siguen sin entender muy bien lo que hacen. ¿Qué tienen que ver los cubitos de hielo con los iPhones y los iPads?

La respuesta se condensa en dos palabras: economía directa. La receta es aparentemente sencilla y deja obsoletos los manuales de planes de negocio y los esfuerzos de las incubadoras. El punto de partida es una idea que se hace prototipo y puede convertirse en miles de unidades por cien mil euros o menos. No hace falta que resuelva un problema universal, no es necesario que haya millones de potenciales clientes.

Ni siquiera es importante que los consumidores vivan en el mismo continente. La idea es vender en internet para un público bien definido por friki o minoritario que sea, por disperso que esté. Lo importante es asegurar el éxito de la primera producción antes de mandar el encargo en firme a fábrica. Si no quieres recurrir a un sitio de crowdsourcing siempre puedes abrir un formulario de reserva en tu página.

Eso es lo que hizo Geeksphone. En junio de 2009, su prototipo, el Geeksphone One, era la sensación en los blogs de cacharreo. Financiado entre seis amigos de Madrid y fabricado en China, su página web agotó en la preventa las unidades encargadas a producción antes de que llegaran desde Asia. En 2013, fueron los primeros en lanzar dos modelos con FirefoxOS. Las reservas superaron una vez más las proyecciones de producción.

Pero no todos buscan crecer o convertirse en empresas de producto, muchas personas lanzan nuevas propuestas sin aparente relación con las anteriores, como Thomas y Dan. Otras dejan el incipiente negocio en manos de familiares o amigos para que arranquen a imaginar la ‘siguiente cosa’. Y es que no es el espíritu de Steve Jobs el que susurra a los pioneros de economía directa. Parece más bien el del inventor que busca vivir y divertirse a base de crear ingenios siempre nuevos. Y en cualquier caso, como me comentaba uno de ellos, en estos días «más difícil es encontrar trabajo».

Imagen de portada: The Glif

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Opiniones 3
  • Gran reflexión. El medio del siglo XXI, Internet, está cambiando las reglas; yo lo definiría como una «democratización» de los procesos. La música, los negocios, el comercio… todo atiende a nuevas reglas, ya no es necesario que un público mayoritario diga Sí. Es una cuestión de encontrar al segmento que nos busca, que puede, o no, ser mayoritario, y eso hoy por hoy es posible. @SaraLopnas

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