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12 de septiembre 2011    /   CIENCIA
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La escena más lacrimógena de la película más triste de la historia

12 de septiembre 2011    /   CIENCIA     por          
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De cómo una película de ‘serie zeta’ se convirtió en un instrumento de los psicólogos para medir la depresión de sus pacientes.
En la cartelera de 1979 compitieron dos de las películas más lacrimógenas de la historia: Kramer contra Kramer, apodada “el lloródromo” por la crítica de la época, y Campeón, la tristísima (y malísima) historia de un boxeador que vuelve a subir al ring y se topa con la parca…en las narices de su hijito de ocho años.
La última escena de Campeón en la que el pequeño asiste en el vestuario a la muerte del campeón (“¡Despierta, campeón!”) fue elegida por los psicólogos como la ‘escena más triste de la historia’, tanto que la utilizan para medir si la gente deprimida llora más que la no deprimida (no lo hace) o si es más proclive a gastar el dinero a lo loco (sí lo hace).

La historia de cómo una película mediocre en la estela de Rocky se convirtió en una vara para medir la depresión y la empatía de los pacientes empieza a finales de los ochenta en Berkeley, cuando el profesor de psicología de la Universidad de California, Robert Levenson, pide a sus colegas recomendaciones de películas y escenas con las que medir la respuesta emocional de las personas.
¿Por qué mostrar trozos de películas a los pacientes en lugar de enfrentarles a sus miserias reales? Por ética, claro. Al fin y al cabo, muchísima gente está dispuesta a pagar un puñado de euros por pasar un mal rato en el cine, pero la mayoría de ellos no tienen ninguna gana de pasarlo mal en la vida real. ‘Ergo’ mejor ponerles una escena de Tiburón que contarles que a su hermano lo ha devorado un tiburón.

Pero no solo de drama vive el psicólogo. Los encuestados elaboraron un prolijo listado de las escenas que mejor despertaban la risa, la ira, la felicidad, el miedo y la sorpresa entre el público. El listado es un compendio, un tanto ‘naif’ y ‘demodé’, de los instintos más básicos del espectador medio de la época:
-Diversión: la escena del falso orgasmo de Cuando Harry encontró a Sally.
-Enfado: la escena del abusón de Mi guardaespaldas.
-Asco: la escena coprófaga de Pink Flamingos.
-Miedo: la escena del niño en el triciclo de El resplandor.
-Sorpresa: los agentes irrumpen tras una puerta, persiguiendo al astronauta en Capricornio Uno.
-Tristeza: escena final de Campeón y muerte de la mamá de Bambi en Bambi.
-Satisfacción: vídeo de un mar con suave oleaje.
Levenson y sus colegas publicaron sus conclusiones en 1992 y, desde entonces, su trabajo ha sido citado en más de 300 publicaciones científicas. De rebote, Campeón ha entrado en el Olimpo del cine por la puerta de atrás: su ya célebre escena final ha sido utilizada para comprobar la capacidad de los ordenadores para reconocer las emociones en función del ritmo cardíaco y la temperatura del espectador. También ha servido para concluir que los fumadores deprimidos fuman más cuando están de bajón.

Animamos a los psicólogos del siglo XXI a proseguir la tarea de sus colegas de Berkeley de modo que el listado se amplíe a pelis más recientes y de otras latitudes. ¿Dónde está Volver a empezar, de Garci, o la escena de la autodestrucción del T-500 en Terminator 2? Como cuenta en un relato el escritor Carlos Salem, “Yo lloré con Terminator 2”. Y yo.
Este artículo fue publicado en el número de septiembre de Ling Magazine.
Ilustración de Juan Diaz Faes.


De cómo una película de ‘serie zeta’ se convirtió en un instrumento de los psicólogos para medir la depresión de sus pacientes.
En la cartelera de 1979 compitieron dos de las películas más lacrimógenas de la historia: Kramer contra Kramer, apodada “el lloródromo” por la crítica de la época, y Campeón, la tristísima (y malísima) historia de un boxeador que vuelve a subir al ring y se topa con la parca…en las narices de su hijito de ocho años.
La última escena de Campeón en la que el pequeño asiste en el vestuario a la muerte del campeón (“¡Despierta, campeón!”) fue elegida por los psicólogos como la ‘escena más triste de la historia’, tanto que la utilizan para medir si la gente deprimida llora más que la no deprimida (no lo hace) o si es más proclive a gastar el dinero a lo loco (sí lo hace).

La historia de cómo una película mediocre en la estela de Rocky se convirtió en una vara para medir la depresión y la empatía de los pacientes empieza a finales de los ochenta en Berkeley, cuando el profesor de psicología de la Universidad de California, Robert Levenson, pide a sus colegas recomendaciones de películas y escenas con las que medir la respuesta emocional de las personas.
¿Por qué mostrar trozos de películas a los pacientes en lugar de enfrentarles a sus miserias reales? Por ética, claro. Al fin y al cabo, muchísima gente está dispuesta a pagar un puñado de euros por pasar un mal rato en el cine, pero la mayoría de ellos no tienen ninguna gana de pasarlo mal en la vida real. ‘Ergo’ mejor ponerles una escena de Tiburón que contarles que a su hermano lo ha devorado un tiburón.

Pero no solo de drama vive el psicólogo. Los encuestados elaboraron un prolijo listado de las escenas que mejor despertaban la risa, la ira, la felicidad, el miedo y la sorpresa entre el público. El listado es un compendio, un tanto ‘naif’ y ‘demodé’, de los instintos más básicos del espectador medio de la época:
-Diversión: la escena del falso orgasmo de Cuando Harry encontró a Sally.
-Enfado: la escena del abusón de Mi guardaespaldas.
-Asco: la escena coprófaga de Pink Flamingos.
-Miedo: la escena del niño en el triciclo de El resplandor.
-Sorpresa: los agentes irrumpen tras una puerta, persiguiendo al astronauta en Capricornio Uno.
-Tristeza: escena final de Campeón y muerte de la mamá de Bambi en Bambi.
-Satisfacción: vídeo de un mar con suave oleaje.
Levenson y sus colegas publicaron sus conclusiones en 1992 y, desde entonces, su trabajo ha sido citado en más de 300 publicaciones científicas. De rebote, Campeón ha entrado en el Olimpo del cine por la puerta de atrás: su ya célebre escena final ha sido utilizada para comprobar la capacidad de los ordenadores para reconocer las emociones en función del ritmo cardíaco y la temperatura del espectador. También ha servido para concluir que los fumadores deprimidos fuman más cuando están de bajón.

Animamos a los psicólogos del siglo XXI a proseguir la tarea de sus colegas de Berkeley de modo que el listado se amplíe a pelis más recientes y de otras latitudes. ¿Dónde está Volver a empezar, de Garci, o la escena de la autodestrucción del T-500 en Terminator 2? Como cuenta en un relato el escritor Carlos Salem, “Yo lloré con Terminator 2”. Y yo.
Este artículo fue publicado en el número de septiembre de Ling Magazine.
Ilustración de Juan Diaz Faes.

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Opiniones 3
  • Daba más pena la versión de The Champ de 1931 con Wallace Beery y Jackie Cooper; no hay color entre King Vidor y Franco Zeffirelli, lo que pasa es que la gente no se acuerda….

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