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16 de octubre 2016    /   CREATIVIDAD
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Por qué la estrategia de Piqué debería estudiarse en las escuelas de negocio

16 de octubre 2016    /   CREATIVIDAD     por          
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De Gerard Piqué sabemos que es futbolista, jugador del Barça y central de la selección española. De hecho, es uno de los mejores centrales que han vestido ‘la roja’ (y eso es bastante decir). Además, sabemos que es padre de una empresa de videojuegos llamada Kerad Games e inversor, entre otras, de una empresa cárnica catalana. Y sabemos también que es una persona controvertida, al menos fuera de Cataluña.

¿La razón? Ninguna de las anteriores: sencillamente que suele hacer comentarios públicos (normalmente a través de sus redes sociales) que se interpretan como ataques contra el Real Madrid y que, a pesar de jugar en la selección durante años y haber contribuido activamente en su mejor época histórica, se le presupone una ideología catalana nacionalista.

Quizá todo empezó con este tuit, cuando llevaba a su hijo por la calle durante la Diada catalana justo el año que mayor fue la manifestación pidiendo una consulta soberanista para una posible independencia.

A partir de ahí vino la tormenta. Que si hizo la peineta al himno, que si mira al suelo siempre que suena, que si habría cortado la bandera de la manga de su camiseta. Durante meses tuvo que escuchar pitos cuando jugaba por distintos campos del país, y todo a pesar de haber lanzado diversos mensajes desmintiendo las polémicas y dando su versión de los hechos. No dudó tampoco en mostrar su cercanía a Iker Casillas o Sergio Ramos, o en alabar al ya exseleccionador, un madridista empedernido, cuando decidió dejar el combinado nacional

Finalmente, y tras la última polémica, Piqué ha anunciado que dejará la selección tras el próximo Mundial, que se celebra de aquí a dos años y cuya fase clasificatoria ya ha comenzado. Y entonces han llegado las reacciones, entre otras cosas, porque la última polémica era falsa ya que la camiseta no tenía bandera alguna. Hay quien lamenta su marcha y hay quien acusa a los medios de fuera de Cataluña de una caza de brujas. A fin de cuentas, en todo el cúmulo de supuestas polémicas subyace una campaña que hace flaco favor a la causa que en teoría se defiende: si (lo que representa a) España crítica a un catalán porque (supuestamente) defiende el soberanismo, ¿no se está dando razón precisamente a quien se quiere marchar?

La cuestión es que debajo de todo esto hay pocas verdades. Porque la verdad es que, más allá de salir a la calle el día de la Diada, Piqué nunca se ha mojado con el soberanismo. Se ha mojado por el derecho a decidir, que políticamente no es lo mismo: pide que se pueda votar, y luego que salga lo que salga. El matiz es importante y da pie a la genial estrategia urdida por Piqué y su entorno durante años, y es que el futbolista ha sido capaz de mantener un delicado equilibrio entre defender al equipo nacional y no oponerse a la masa social más visible del Barça, que han edificado sobre él a un líder ‘de casa’: a diferencia de Messi, él es catalán, y tiene peso político y social aunque no tenga la calidad y relumbrón del crack argentino.

El equilibrio se rompió cuando llegaron las polémicas. Muchos empezaron a criticarle porque, por encima de todo, consideraban hipócrita defender unos colores si (comprando su argumento) no cree en lo que representan. La cosa chirría cuando se comprueba que si se rompe el equilibrio es precisamente porque él ha ayudado a ello: no es, ni mucho menos, una persona discreta (como pudieran ser otros ejemplos como los también catalanes y de la selección Xavi o Puyol). Han sido sus declaraciones y gestos los que rompieron esa equidistancia milimétrica, ese equilibrio imposible. Y lo hicieron por el lado más inesperado: la gran mayoría de sus polémicas no han sido vistiendo ‘la roja’, sino por atacar al Real Madrid. El problema es que para muchos ambas cosas significan lo mismo.

El marketing tras las polémicas

De Piqué ya sabíamos todo esto. Lo que quizá no sepamos es que todo lo anterior supone una brillante estrategia de comunicación y su decisión final es otra gran campaña de marketing. Porque, ¿acaso le quedaba mucha más carrera en la selección después del Mundial, que es en 2018, y del actual final de ciclo tras la salida de Del Bosque?

Y no, no es que las controversias sean algo premeditado, sino que él y su equipo han sabido sacarle tajada. Donde no ha llegado el fútbol han llegado sus declaraciones. Piqué, que cuenta a favor con su enorme calidad futbolística y con todo lo que supone ser la pareja de una artista mundialmente conocida, ha conseguido copar titulares durante años. Por lo que hacía, por lo que no hacía y por lo que suponían que pensaba.

Eso, para alguien que en parte vive de su presencia mediática y cuyos ingresos vienen en buena parte por ser él mismo un soporte publicitario, no es poca cosa. El equilibrio era casi imposible, pero existió. Él, formado en el Barça y que, como muchos de su generación, tuvo que emigrar, volvió a casa reclamado por los suyos y acabó participando en el mejor equipo del mundo de la mano de otro entrenador como él -de la casa, del Barça y controvertido fuera de Cataluña-. A la vez, ganaba títulos con España y ‘picaba’ al eterno rival sin soliviantar a quienes le habían convertido en icono en su casa.

Y nada de todo esto es casual: han sabido aprovechar la exposición con una impecable gestión comunicativa. A cada polémica, un tuit de respuesta. A cada ataque, una respuesta socarrona. A cada crítica, un motivo para despertar simpatía entre los suyos. Piqué ha sobrevivido durante años a Piqué a base de buenas estrategias de presencia pública. Y todo esto no empezó con ese tuit de la Diada, sino cuatro años antes, cuando abrió su cuenta.

Mientras, en la cresta de la ola tuitera, aprovechaba para hacer publicidad de algunos negocios allegados: desde la cooperativa cárnica catalana en la que invirtió, hasta una empresa de gafas de sol en la que anda metido su padre

Piqué ha sabido usar sus armas comunicativas, y todas sus propias ventajas competitivas, como nadie. Y ha sido en ese entorno tecnológico donde se ha hecho fuerte: ya sea tuiteando desde la sede de Twitter, su plataforma fetiche, ya sea cenando con Mark Zuckerberg cada vez que visita Barcelona.

Esos son dos ejemplos -los más reseñables- de la implicación de Piqué con el ‘establishment’ tecnológico, pero hay muchos más: desde pasearse por las oficinas de Rakuten en Japón a dejarse caer por en el DICE 2016, pasando por sus fotos con peces gordos y medianos del sector del videojuego, como Tom Kitten o Peter Moore sin olvidarse de emprendedores como los fundadores de Social Point.

Lo que Piqué ha hecho menos ha sido enseñar directamente su faceta de empresario: ni él menciona la cuenta de Kerad Games en su perfil de Twitter ni la empresa menciona a su fundador en el suyo. Eso sí, tampoco hace falta: muchos de los tuits de la empresa hablan de lo que hace el futbolista, y él usa otras plataformas para publicitar a su compañía.

Lo ha hecho recientemente en TV3, en un programa sobre su papel como empresario tecnológico en el que muestra las entretelas de su negocio

Antes de eso sorprendió su elección como columnista tecnológico en Papel, el suplemento de El Mundo, a muchos que no le conocían ese perfil. Pero aprovechó el púlpito, nuevamente, para sus labores de marketing: que si por qué se metió a empresario de videojuegos, que si sus encuentros y citas con ‘capos’ tecnológicos, que si el modelo de negocio de su sector, que si habla del equipo que creó su juego para móviles, que si cuánto ha cambiado el mercado de los videojuegos

Por el momento su empresa, de unos 50 profesionales, sólo ha parido un producto. Se trata ‘Golden Manager‘, que presume de tener más de siete millones de jugadores en todo el mundo y que es la antesala de otros lanzamientos.

Mientras llegan, y mientras Piqué apura su carrera con la selección y a medio plazo con el fútbol en activo, la carne y los videojuegos online no son sus únicos negocios: el pádel, el póker y las bebidas para deportistas también aparecen en su horizonte. Le quedan al menos dos años de atención mediática para ir regando las plantas que ha sembrado. Hay vida después del fútbol, cuando los focos se apagan, los flashes de los medios dejan de apuntarte y los chaparrones de polémicas dejan de llover. Mientras eso llega, aprovecha el agua y la luz para su plantación empresarial personal. A ver si germina la cosa.

De Gerard Piqué sabemos que es futbolista, jugador del Barça y central de la selección española. De hecho, es uno de los mejores centrales que han vestido ‘la roja’ (y eso es bastante decir). Además, sabemos que es padre de una empresa de videojuegos llamada Kerad Games e inversor, entre otras, de una empresa cárnica catalana. Y sabemos también que es una persona controvertida, al menos fuera de Cataluña.

¿La razón? Ninguna de las anteriores: sencillamente que suele hacer comentarios públicos (normalmente a través de sus redes sociales) que se interpretan como ataques contra el Real Madrid y que, a pesar de jugar en la selección durante años y haber contribuido activamente en su mejor época histórica, se le presupone una ideología catalana nacionalista.

Quizá todo empezó con este tuit, cuando llevaba a su hijo por la calle durante la Diada catalana justo el año que mayor fue la manifestación pidiendo una consulta soberanista para una posible independencia.

A partir de ahí vino la tormenta. Que si hizo la peineta al himno, que si mira al suelo siempre que suena, que si habría cortado la bandera de la manga de su camiseta. Durante meses tuvo que escuchar pitos cuando jugaba por distintos campos del país, y todo a pesar de haber lanzado diversos mensajes desmintiendo las polémicas y dando su versión de los hechos. No dudó tampoco en mostrar su cercanía a Iker Casillas o Sergio Ramos, o en alabar al ya exseleccionador, un madridista empedernido, cuando decidió dejar el combinado nacional

Finalmente, y tras la última polémica, Piqué ha anunciado que dejará la selección tras el próximo Mundial, que se celebra de aquí a dos años y cuya fase clasificatoria ya ha comenzado. Y entonces han llegado las reacciones, entre otras cosas, porque la última polémica era falsa ya que la camiseta no tenía bandera alguna. Hay quien lamenta su marcha y hay quien acusa a los medios de fuera de Cataluña de una caza de brujas. A fin de cuentas, en todo el cúmulo de supuestas polémicas subyace una campaña que hace flaco favor a la causa que en teoría se defiende: si (lo que representa a) España crítica a un catalán porque (supuestamente) defiende el soberanismo, ¿no se está dando razón precisamente a quien se quiere marchar?

La cuestión es que debajo de todo esto hay pocas verdades. Porque la verdad es que, más allá de salir a la calle el día de la Diada, Piqué nunca se ha mojado con el soberanismo. Se ha mojado por el derecho a decidir, que políticamente no es lo mismo: pide que se pueda votar, y luego que salga lo que salga. El matiz es importante y da pie a la genial estrategia urdida por Piqué y su entorno durante años, y es que el futbolista ha sido capaz de mantener un delicado equilibrio entre defender al equipo nacional y no oponerse a la masa social más visible del Barça, que han edificado sobre él a un líder ‘de casa’: a diferencia de Messi, él es catalán, y tiene peso político y social aunque no tenga la calidad y relumbrón del crack argentino.

El equilibrio se rompió cuando llegaron las polémicas. Muchos empezaron a criticarle porque, por encima de todo, consideraban hipócrita defender unos colores si (comprando su argumento) no cree en lo que representan. La cosa chirría cuando se comprueba que si se rompe el equilibrio es precisamente porque él ha ayudado a ello: no es, ni mucho menos, una persona discreta (como pudieran ser otros ejemplos como los también catalanes y de la selección Xavi o Puyol). Han sido sus declaraciones y gestos los que rompieron esa equidistancia milimétrica, ese equilibrio imposible. Y lo hicieron por el lado más inesperado: la gran mayoría de sus polémicas no han sido vistiendo ‘la roja’, sino por atacar al Real Madrid. El problema es que para muchos ambas cosas significan lo mismo.

El marketing tras las polémicas

De Piqué ya sabíamos todo esto. Lo que quizá no sepamos es que todo lo anterior supone una brillante estrategia de comunicación y su decisión final es otra gran campaña de marketing. Porque, ¿acaso le quedaba mucha más carrera en la selección después del Mundial, que es en 2018, y del actual final de ciclo tras la salida de Del Bosque?

Y no, no es que las controversias sean algo premeditado, sino que él y su equipo han sabido sacarle tajada. Donde no ha llegado el fútbol han llegado sus declaraciones. Piqué, que cuenta a favor con su enorme calidad futbolística y con todo lo que supone ser la pareja de una artista mundialmente conocida, ha conseguido copar titulares durante años. Por lo que hacía, por lo que no hacía y por lo que suponían que pensaba.

Eso, para alguien que en parte vive de su presencia mediática y cuyos ingresos vienen en buena parte por ser él mismo un soporte publicitario, no es poca cosa. El equilibrio era casi imposible, pero existió. Él, formado en el Barça y que, como muchos de su generación, tuvo que emigrar, volvió a casa reclamado por los suyos y acabó participando en el mejor equipo del mundo de la mano de otro entrenador como él -de la casa, del Barça y controvertido fuera de Cataluña-. A la vez, ganaba títulos con España y ‘picaba’ al eterno rival sin soliviantar a quienes le habían convertido en icono en su casa.

Y nada de todo esto es casual: han sabido aprovechar la exposición con una impecable gestión comunicativa. A cada polémica, un tuit de respuesta. A cada ataque, una respuesta socarrona. A cada crítica, un motivo para despertar simpatía entre los suyos. Piqué ha sobrevivido durante años a Piqué a base de buenas estrategias de presencia pública. Y todo esto no empezó con ese tuit de la Diada, sino cuatro años antes, cuando abrió su cuenta.

Mientras, en la cresta de la ola tuitera, aprovechaba para hacer publicidad de algunos negocios allegados: desde la cooperativa cárnica catalana en la que invirtió, hasta una empresa de gafas de sol en la que anda metido su padre

Piqué ha sabido usar sus armas comunicativas, y todas sus propias ventajas competitivas, como nadie. Y ha sido en ese entorno tecnológico donde se ha hecho fuerte: ya sea tuiteando desde la sede de Twitter, su plataforma fetiche, ya sea cenando con Mark Zuckerberg cada vez que visita Barcelona.

Esos son dos ejemplos -los más reseñables- de la implicación de Piqué con el ‘establishment’ tecnológico, pero hay muchos más: desde pasearse por las oficinas de Rakuten en Japón a dejarse caer por en el DICE 2016, pasando por sus fotos con peces gordos y medianos del sector del videojuego, como Tom Kitten o Peter Moore sin olvidarse de emprendedores como los fundadores de Social Point.

Lo que Piqué ha hecho menos ha sido enseñar directamente su faceta de empresario: ni él menciona la cuenta de Kerad Games en su perfil de Twitter ni la empresa menciona a su fundador en el suyo. Eso sí, tampoco hace falta: muchos de los tuits de la empresa hablan de lo que hace el futbolista, y él usa otras plataformas para publicitar a su compañía.

Lo ha hecho recientemente en TV3, en un programa sobre su papel como empresario tecnológico en el que muestra las entretelas de su negocio

Antes de eso sorprendió su elección como columnista tecnológico en Papel, el suplemento de El Mundo, a muchos que no le conocían ese perfil. Pero aprovechó el púlpito, nuevamente, para sus labores de marketing: que si por qué se metió a empresario de videojuegos, que si sus encuentros y citas con ‘capos’ tecnológicos, que si el modelo de negocio de su sector, que si habla del equipo que creó su juego para móviles, que si cuánto ha cambiado el mercado de los videojuegos

Por el momento su empresa, de unos 50 profesionales, sólo ha parido un producto. Se trata ‘Golden Manager‘, que presume de tener más de siete millones de jugadores en todo el mundo y que es la antesala de otros lanzamientos.

Mientras llegan, y mientras Piqué apura su carrera con la selección y a medio plazo con el fútbol en activo, la carne y los videojuegos online no son sus únicos negocios: el pádel, el póker y las bebidas para deportistas también aparecen en su horizonte. Le quedan al menos dos años de atención mediática para ir regando las plantas que ha sembrado. Hay vida después del fútbol, cuando los focos se apagan, los flashes de los medios dejan de apuntarte y los chaparrones de polémicas dejan de llover. Mientras eso llega, aprovecha el agua y la luz para su plantación empresarial personal. A ver si germina la cosa.

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Opiniones 7
  • Probablemente la empresa no lo mencione a él en su cuenta de Twitter, pero si que lo usan como estrategia para captar talento.

    Kerad Games me contactó hace un tiempo para «ficharme» y su introducción fue: «Hola, somos Kerad Games, la empresa de Gerard Piqué»

  • Un multimillonario famoso, metido en falsas polémicas por la prensa sensacionalista deportiva, que hace una propaganda bastante limitada (sus cuentas de twiter o facebook no tienen audiencias millonarias) de sus negocios. No creo que llegue el tema para ser estudiado en las universidades.

  • Ha sido y será un futbolista espectacular, se le echara de menos por supuesto.
    Pero con su edad y su trayectoria no me parece tan descabellado que deje la selección después del mundial. Madridista soy de nacimiento pero ante todo amante del deporte y en especial del futbol, toda la vida siempre le he tenido un especial cariño y respeto a Pique, no creo que se merezca nada de lo que le ha pasado aunque algunos piensen que se lo ha buscado (idea que por supuesto no comparto).
    Lástima que muchos se empeñen en politizar un deporte o equipos y no valorar lo que tenemos en este país, una gran liga de futbol desde el último equipo de segunda división hasta el primero de primera y de la que disfrutamos cada día seamos del lugar que seamos ciudad, etc.
    Un abrazo Pique y mucha suerte.

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