14 de junio 2016    /   ENTRETENIMIENTO
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La evolución del rock contada en una hora

14 de junio 2016    /   ENTRETENIMIENTO     por          
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Comienza el Génesis diciendo que «en el principio creó Dios los cielos y la tierra». Puede que así fuera aunque lo del Big Bang también es una explicación que suena bastante plausible. En el caso del rock, uno de los géneros musicales más populares de todos los tiempos, también hubo una génesis y se produjo hace algo más de medio siglo.

La banda Top of the Class —un proyecto rockero-divulgativo, rockero-didáctico o como quieran ustedes llamarlo— desgranó en poco más de una hora una narrativa que ilustró de manera práctica la evolución del rock desde sus orígenes hasta los años en los que vivimos.

Ocurrió en el pasado festival para familias Malakids y, como contó y cantó Javier Maresca, voz y guitarra de la banda, todo comenzó con las músicas populares que escuchaban tanto blancos como negros a mediados del siglo XX. «Por un lado», contó Maresca, «los negros contaban las penurias que experimentaban ellos y sus antepasados en los campos de algodón, cuando se les obligaba a ser esclavos. A eso lo llamaron blues. Por su parte, los blancos trabajaban en el campo hasta que llegaba algún momento en el fin de semana en el que se reunían a darle algo de alegría al cuerpo. A esas canciones, que contaban esa vida en el campo, las llamaron country». A partir de ahí, en la evolución y mezcla de esos sonidos que fueron la madre y el padre de todo, surgieron las distintas variantes del rock.

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El espectáculo de Top of the Class, que fue patrocinado por Bugaboo by Diesel Rock, es un ameno repaso por una veintena de temas que se han constituido como himnos en las últimas décadas, canciones eternas que han rugido en clubs de todo el mundo alargando las noches de todos los militantes rockeros. Ese mismo grupo humano es a quien se dirige ahora El Otro Club, un concepto de Bugaboo que habla de otras largas noches en las que el sueño es un anhelo no siempre conseguido. Como nos explican desde Bugaboo, «El Otro Club es el que empieza cuando quieres dormir y en el que tus peques no te dejan pegar ojo. Ellos ahora tienen el control de tus noches, pero eso no significa que tengas que dejar de ser un rockero de corazón».

El concierto de Top of The Class fue una celebración de estas ideas, una juerga compartida entre padres, madres, hijos e hijas. Así que con esa actitud —y con la lección aprendida de casa, donde se selecciona el mejor material para ponerlo en el equipo de música— se presentó un servidor: con dos hijas con camisetas de Nirvana y Ramones respectivamente. Las cosas son así: la de mayor edad es más del punk y del harcore melódico, y la menor es tan menor que alucina con las baterías de Dave Grohl en el Nevermind del grupo de Seattle.

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La historia contada por la banda partía de una base: un blues a pelo como Eyesight to the Blind cantado por Maresca y del clásico del country Jambalaya, en la voz de Montse Urquiza. A partir de ahí, Javier Maresca intercaló pequeñas explicaciones que definían conceptos como ritmo, riff o distorsión. A la vez ejemplificó de manera práctica cómo las variaciones de velocidad, cadencia o sonido daban lugar a la evolución del rock como género.

Del blues y el country se pasó al rock n’ roll de Johnny B. Goode, al imperial Satisfaction de The Rolling Stones, a Come Together de The Beatles, al apabullante My Generation de The Who o al Sweet Home Alabama de Lynyrd Skynyrd. Los hits venían precedidos de una explicación visual y sonora acerca de cómo se saltó de un estilo a otro. Una manera muy gráfica de apreciar años de avances sonoros en unos pocos minutos.

Ese cóctel de influencias negras y blancas fue acelerándose, distorsionándose y cogiendo carretera y manta hacia el rock duro de Deep Purple (Smoke on the Water), el punk de The Ramones (Blitzkrieg Bop) y de ahí a su renacimiento en los noventa con la rabia de Nirvana o la épica línea de bajo dibujada por Nacho Carballo en el Bombtrack de Rage Against the Machine. Como comprenderán, aquí toda la familia se vino arriba y, puño en alto, coreamos estribillos y consignas como si no hubiera un mañana. Lo bueno, de todas formas, es que en esto del rock siempre hay un mañana.

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El fin de fiesta llegó con las canciones que el pueblo, sabio como siempre, escogió a través de las redes sociales con los hashtags #ElOtroClub y #BugabooDiesel. Do You Remember Rock and Roll Radio?, Sweet Jane y Like a Rolling Stone pusieron punto y aparte (porque el rock es infinito) a una gloriosa tarde rockera familiar.

Una ventaja añadida: la chavalada brincó y gritó tanto que la llegada al hogar fue épica. Las pequeñas rockeras agotadas hicieron que, por lo menos esa noche, no la pasásemos en El Otro Club.

Top of the Class lo apuntó con sus primeros acordes y el imponente ritmo marcado por la batería de Jesús Alonso. «We Will Rock You». Ni una sola reclamación. Mostraron el camino de la única fe verdadera que existe, la del rock, y no hubo ni un solo rostro descontento. Long live rock n’ roll!

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La banda Top of the Class —un proyecto rockero-divulgativo, rockero-didáctico o como quieran ustedes llamarlo— desgranó en poco más de una hora una narrativa que ilustró de manera práctica la evolución del rock desde sus orígenes hasta los años en los que vivimos.

Ocurrió en el pasado festival para familias Malakids y, como contó y cantó Javier Maresca, voz y guitarra de la banda, todo comenzó con las músicas populares que escuchaban tanto blancos como negros a mediados del siglo XX. «Por un lado», contó Maresca, «los negros contaban las penurias que experimentaban ellos y sus antepasados en los campos de algodón, cuando se les obligaba a ser esclavos. A eso lo llamaron blues. Por su parte, los blancos trabajaban en el campo hasta que llegaba algún momento en el fin de semana en el que se reunían a darle algo de alegría al cuerpo. A esas canciones, que contaban esa vida en el campo, las llamaron country». A partir de ahí, en la evolución y mezcla de esos sonidos que fueron la madre y el padre de todo, surgieron las distintas variantes del rock.

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El espectáculo de Top of the Class, que fue patrocinado por Bugaboo by Diesel Rock, es un ameno repaso por una veintena de temas que se han constituido como himnos en las últimas décadas, canciones eternas que han rugido en clubs de todo el mundo alargando las noches de todos los militantes rockeros. Ese mismo grupo humano es a quien se dirige ahora El Otro Club, un concepto de Bugaboo que habla de otras largas noches en las que el sueño es un anhelo no siempre conseguido. Como nos explican desde Bugaboo, «El Otro Club es el que empieza cuando quieres dormir y en el que tus peques no te dejan pegar ojo. Ellos ahora tienen el control de tus noches, pero eso no significa que tengas que dejar de ser un rockero de corazón».

El concierto de Top of The Class fue una celebración de estas ideas, una juerga compartida entre padres, madres, hijos e hijas. Así que con esa actitud —y con la lección aprendida de casa, donde se selecciona el mejor material para ponerlo en el equipo de música— se presentó un servidor: con dos hijas con camisetas de Nirvana y Ramones respectivamente. Las cosas son así: la de mayor edad es más del punk y del harcore melódico, y la menor es tan menor que alucina con las baterías de Dave Grohl en el Nevermind del grupo de Seattle.

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La historia contada por la banda partía de una base: un blues a pelo como Eyesight to the Blind cantado por Maresca y del clásico del country Jambalaya, en la voz de Montse Urquiza. A partir de ahí, Javier Maresca intercaló pequeñas explicaciones que definían conceptos como ritmo, riff o distorsión. A la vez ejemplificó de manera práctica cómo las variaciones de velocidad, cadencia o sonido daban lugar a la evolución del rock como género.

Del blues y el country se pasó al rock n’ roll de Johnny B. Goode, al imperial Satisfaction de The Rolling Stones, a Come Together de The Beatles, al apabullante My Generation de The Who o al Sweet Home Alabama de Lynyrd Skynyrd. Los hits venían precedidos de una explicación visual y sonora acerca de cómo se saltó de un estilo a otro. Una manera muy gráfica de apreciar años de avances sonoros en unos pocos minutos.

Ese cóctel de influencias negras y blancas fue acelerándose, distorsionándose y cogiendo carretera y manta hacia el rock duro de Deep Purple (Smoke on the Water), el punk de The Ramones (Blitzkrieg Bop) y de ahí a su renacimiento en los noventa con la rabia de Nirvana o la épica línea de bajo dibujada por Nacho Carballo en el Bombtrack de Rage Against the Machine. Como comprenderán, aquí toda la familia se vino arriba y, puño en alto, coreamos estribillos y consignas como si no hubiera un mañana. Lo bueno, de todas formas, es que en esto del rock siempre hay un mañana.

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El fin de fiesta llegó con las canciones que el pueblo, sabio como siempre, escogió a través de las redes sociales con los hashtags #ElOtroClub y #BugabooDiesel. Do You Remember Rock and Roll Radio?, Sweet Jane y Like a Rolling Stone pusieron punto y aparte (porque el rock es infinito) a una gloriosa tarde rockera familiar.

Una ventaja añadida: la chavalada brincó y gritó tanto que la llegada al hogar fue épica. Las pequeñas rockeras agotadas hicieron que, por lo menos esa noche, no la pasásemos en El Otro Club.

Top of the Class lo apuntó con sus primeros acordes y el imponente ritmo marcado por la batería de Jesús Alonso. «We Will Rock You». Ni una sola reclamación. Mostraron el camino de la única fe verdadera que existe, la del rock, y no hubo ni un solo rostro descontento. Long live rock n’ roll!

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