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12 de febrero 2013    /   BUSINESS
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La experiencia kafkiana de abrir un comercio en España

12 de febrero 2013    /   BUSINESS     por          
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Una gran ciudad no se entiende sin su comercio independiente. Es la garantía de que no acabará siendo un lugar poblado exclusivamente por Starbucks y McDonald’s. Competir y convivir con los grandes es posible si uno emplea creatividad y mucho trabajo. Pero en España no lo están poniendo nada fácil.
Cuando Sheldon Adelson pasea por Madrid, una comitiva lo acompaña en todo momento y atiende sus necesidades. Dejando de lado si el proyecto es idóneo o no, el mensaje que intentan transmitir es: “Madrid is Open for Business”. En otras palabras: “señor emprendedor, te lo vamos a poner fácil”. Contrastemos este mensaje con lo que cada día se encuentran centenares de personas que se juegan sus ahorros para abrir tiendas, restaurantes, cafés y teatros en la ciudad. Hemos hablado con algunos de ellos y las mismas quejas se repiten una y otra vez.
Cláusulas restrictivas, licencias que tardan meses en tramitarse, funcionarios sin formación y desganados, información sin contrastar, indefensión jurídica y, en algunos casos más extremos, incluso algún intento de corrupción a cambio de agilizar las cosas. Este colectivo no pide la alfombra roja. Solo quiere sacar adelante proyectos sin tener que enfrentarse a una lucha titánica con la burocracia.
“Cuando empiezas a informarte en el Ayuntamiento o en asociaciones de emprendedores, todo son buenas palabras. Pero eso dura muy poco. Abrimos el 1 de junio y todavía estamos esperando a que nos den la licencia de obra a pesar de haber pagado 9.000 euros. Antes de que estornudes ya te están pidiendo pasta. Luego viene el típico control policial y todo son malas caras y malas formas. Tienes que explicar que la pelota está en el tejado del Ayuntamiento pero pasas un mal trago”, explica Íñigo Reyna, un treintañero que decidió dejar su trabajo en una agencia de publicidad para montar Yoy, una tienda de yogur helado en la plaza de Chueca.
“A veces te da la sensación de que te están perdonando la vida. Nuestro establecimiento está al final de la calle Barbieri. Como nuestro local da 10 centímetros a la plaza de Chueca nos han impedido tener terraza y nos han restringido el tipo de productos que podemos vender. Son más papistas que el Papa. Ahora bien, a la hora de cobrarte, te dan entre 15 y 20 días. Si no lo pagas a tiempo, te ponen un recargo de 35%. Mientras, yo estoy esperando la devolución de 14.000 euros que con suerte llegarán en septiembre”, se queja Reyna.
Aboga por seguir luchando pero dice sentirse absolutamente defraudado por las Administraciones. “La gente que monta negocio se convierte en mero objeto de promoción para los políticos. En los primeros años, en los que más necesitas facilidades, es cuando más te cargan de costes”.
Mucha gente no aguanta y tira la toalla. “Ahora, en la plaza Chueca acaban de cerrar cinco locales. Se están traspasando principalmente por las multas. Yo entiendo que hay temas de ruidos pero hay un punto medio (al que no se llega) y acaba en un sistema totalmente recaudatorio”.
En el caso de Támara Marqués, cofundadora de La bicicleta café (abierto el pasado diciembre en el barrio de Malasaña de Madrid), uno de los principales problemas que se ha encontrado es la falta de coordinación a la hora de hacer la documentación. “Vas a una dependencia y te dicen una cosa. Vas a otra y te dicen lo contrario. Te acaban mareando. Ni siquiera ellos son capaces de informarte de la dependencia que necesitas. Para el parking de bicis que solicité tuve que ir a tres sitios distintos”.
“Hace un año, el Ayuntamiento creó las Eclus, entidades que hacen de intermediarias entre el cliente y el consistorio. Se supone que agilizan las cosas pero luego vas y tardan tres meses en darte una respuesta”, añade. “No buscamos ayudas económicas. El problema es que cuando quieres hacer cosas de forma legal, tú cumples tu parte del trato pero las administraciones no lo están haciendo”.
“Es frustrante. El dinero se va. Somos gente joven que tiramos de nuestros pequeños ahorros, familia y amigos. Pedimos dinero prestado. El tiempo de retraso se paga y sale caro. Alquilas el local y, si tienes suerte, el dueño te concede un periodo de carencia que te permite amortizar el primer mes que empleas en hacer el papeleo. Pero en dos meses aún sigues sin las licencias necesarias y ya empiezas a pagar alquiler. Todo el tiempo que no puedes empezar con tu actividad es dinero que estás perdiendo”.
Para Marqués, uno de los principales problemas es cultural. “Seguimos siendo muy individualistas en vez de tener mentalidad de grupo. Cada dependencia se preocupa de lo suyo. La persona con quien hablas no tiene visión global”.
“Cuando vienen a inspeccionar tu local muchos no vienen a ayudar sino a pillarte”, comenta. “Tuvimos suerte en ese sentido pero los mismos inspectores admitieron que hay muchos técnicos que van a recaudar en vez de facilitar el futuro funcionamiento del negocio”.
1rotulacion
Este problema no es exclusivo de Madrid. En Barcelona, Gabriele Merolli, cofundador del espacio Anaglifos Art Factory, también se encontró con una situación similar.
“Yo he tramitado dos licencias de obra muy sencillas para una galería de arte y escuela. Cuando fui al Ayuntamiento, una chica miró un software y unos parámetros y me dio el ok. Me estampó un papel que era un simulación de licencia. Con ese papel contraté las empresas e hice los trabajos de reestructuración. A punto de terminar los trabajos volví al Ayuntamiento y me informaron de que esos parámetros estaban equivocados. La respuesta que me dieron fue: No puedo hacer nada. El software me dice que no”.
“Después de enseñar los dientes y tener que amenazar con pedir su nombre, alguien inteligente logró enviarme a otro departamento. Allí ni siquiera los técnicos del departamento me podían decir si era válida. Tuve que seguir con todo bajo el riesgo de que llegue un señor un día y cierre el local por motivos burocráticos”.
“Luego llegan las tasas. Tienes que pagar un 3% de la obra. Un 4% de la instalación. Tasas de los muebles. Cuando metes extintores y luces de seguridad, en vez de revisar tu plan, te dicen que lo hagas a ojo. Parece que acudes a una máquina de facturar en vez de intentar garantizar que las cosas están bien hechas”.
Merolli ve muchas deficiencias comparado con su experiencia en Holanda, donde vivió durante cinco años antes de recaer en Barcelona. “No digo que sea perfecta, pero creo que su base jurídica, basada en el derecho común, está más orientada a solucionar problemas aplicando el sentido común. A diferencia de Italia y España, están más orientados a ser prácticos. Una vez encontré una tarjeta de crédito en el suelo. Fui a la policía y me dijeron que en ese momento no me podían atender. Me preguntaron mi dirección y esa tarde se pasaron por mi casa para solucionar el problema. En la oficina de Hacienda hay un mediador que toma decisiones en primera persona. Se ahorran mucha burocracia de esta forma”.
Óscar Alcon, un arquitecto reconvertido en dueño de una tienda de bicicletas en Bétera (Valencia), contaba con ventaja. “Tuve un estudio más de 15 años y me conozco muy bien la legislación, pero me encontré con problemas inesperados. Me obligaron a hacer un baño para mis empleados equipado para minusválidos. Hay que aclarar una cosa. No tenemos baño para los clientes. Esto es solo en el caso de que contratase a alguien con discapacidad. Pero por la naturaleza de la tienda esto es imposible porque tenemos que estar cargando bicis en todo momento. Los técnicos son muy cuadrados en este sentido”.
Alcon es consciente de que al tratarse de una tienda de cara al público tienen que existir unos mínimos pero se encontró con muchas duplicidades. “Estás constantemente haciendo cosas por duplicado. Desde la iluminación al aislamiento térmico. Distintas funciones pasan por disintos técnicos. Antes de hacer nada tienes que gastarte una fortuna. Por suerte tengo ganas pero hay veces que te apetece mandarlo al garete”.
BUROCRACIA KAFKIANA
“Nunca olvidaré la odisea que tuve que pasar para conseguir unas simples hojas de reclamaciones”, explica Jaime Bartolomé, cofundador de la escuela de teatro Bululu 2120 en Madrid.
“Todo empezó en la junta de distrito. La mía es la del Matadero. Me informaron que allí no me podían ayudar y que tenía que desplazarme a una concejalía en el plantío que está en la carretera de La Coruña. Cuando llegué allí me encuentro un edificio semidesierto y un guardia de seguridad que sonríe. ‘¿Vienes a por las hojas de reclamación?’. Le dije que sí y me informó que allí no era. Que era en otro lugar. Por suerte tengo coche pero imagínate si hubiera venido en transporte público. Cuando conseguí llegar al lugar no estaba el funcionario ni tampoco el bedel. Me sentí como en las doce pruebas de Asterix. Y esto simplemente para conseguir unos sencillos papeles que podría imprimir fácilmente en mi casa”.
En temas de licencias, la lentitud ha sido similar al resto de entrevistados. “Todavía estamos enfrentados al proceso de solicitud de licencia de obra. Una vez que está tramitada te dicen que prosigas con tu actividad, pero estás en un vacío legal que te deja completamente indefenso en el caso de que te toque un policía municipal cabreado”.
La corrupción también ha asomado la cabeza en gestiones pasadas. “En mi oficina anterior, reasfaltaron la calle y no nos concedían la licencia porque faltaban dos centímetros de altura en las puertas. Cuando llegó un técnico municipal nos lo dejó bien clarito: ‘Podéis enfrentaos a meses de trámites o podemos solucionarlo en el bar de enfrente’. Preferimos esperar”.
Bartolomé aboga por digitalizar la Administración como posible solución a estos problemas. “Tenemos una Administración 1.0. No tenemos ningún recurso para dejar claro que el sistema funciona como el culo. No tiene sentido que sigamos paseando con papelitos en la era de internet”.
Por ahora estos negocios han logrado salir adelante. Muchos que no están aquí se han quedado por el camino. Pero cunde la sensación de que lo han conseguido a pesar de las Administraciones cuando debería ser todo lo contrario. Las ciudades y sus habitantes son los más perjudicados. Se hace difícil generar nuevo empleo y prosperan los grandes negocios que cuentan con medios y contactos para agilizar sus problemas administrativos en detrimento de los pequeños.
“Cuando ves estas historias piensas en Eurovegas, sin entrar en el tema ideológico y moral. Es muy escandaloso ver cómo la Administración nos ignora cuando su verdadero cometido es ayudar al pez pequeño. Llega el pez grande y el Ayuntamiento dice que no se preocupe porque se lo da todo. La licencia para vender, para fumar donde quieran. Llego yo con mi pequeño teatro y están buscando en qué sancionarme. Pero no nos rendimos. Seguiremos luchando”, concluye Bartolomé.

Foto de Tamorlan bajo lic. CC., Foto interior: La bicicleta café.

Una gran ciudad no se entiende sin su comercio independiente. Es la garantía de que no acabará siendo un lugar poblado exclusivamente por Starbucks y McDonald’s. Competir y convivir con los grandes es posible si uno emplea creatividad y mucho trabajo. Pero en España no lo están poniendo nada fácil.
Cuando Sheldon Adelson pasea por Madrid, una comitiva lo acompaña en todo momento y atiende sus necesidades. Dejando de lado si el proyecto es idóneo o no, el mensaje que intentan transmitir es: “Madrid is Open for Business”. En otras palabras: “señor emprendedor, te lo vamos a poner fácil”. Contrastemos este mensaje con lo que cada día se encuentran centenares de personas que se juegan sus ahorros para abrir tiendas, restaurantes, cafés y teatros en la ciudad. Hemos hablado con algunos de ellos y las mismas quejas se repiten una y otra vez.
Cláusulas restrictivas, licencias que tardan meses en tramitarse, funcionarios sin formación y desganados, información sin contrastar, indefensión jurídica y, en algunos casos más extremos, incluso algún intento de corrupción a cambio de agilizar las cosas. Este colectivo no pide la alfombra roja. Solo quiere sacar adelante proyectos sin tener que enfrentarse a una lucha titánica con la burocracia.
“Cuando empiezas a informarte en el Ayuntamiento o en asociaciones de emprendedores, todo son buenas palabras. Pero eso dura muy poco. Abrimos el 1 de junio y todavía estamos esperando a que nos den la licencia de obra a pesar de haber pagado 9.000 euros. Antes de que estornudes ya te están pidiendo pasta. Luego viene el típico control policial y todo son malas caras y malas formas. Tienes que explicar que la pelota está en el tejado del Ayuntamiento pero pasas un mal trago”, explica Íñigo Reyna, un treintañero que decidió dejar su trabajo en una agencia de publicidad para montar Yoy, una tienda de yogur helado en la plaza de Chueca.
“A veces te da la sensación de que te están perdonando la vida. Nuestro establecimiento está al final de la calle Barbieri. Como nuestro local da 10 centímetros a la plaza de Chueca nos han impedido tener terraza y nos han restringido el tipo de productos que podemos vender. Son más papistas que el Papa. Ahora bien, a la hora de cobrarte, te dan entre 15 y 20 días. Si no lo pagas a tiempo, te ponen un recargo de 35%. Mientras, yo estoy esperando la devolución de 14.000 euros que con suerte llegarán en septiembre”, se queja Reyna.
Aboga por seguir luchando pero dice sentirse absolutamente defraudado por las Administraciones. “La gente que monta negocio se convierte en mero objeto de promoción para los políticos. En los primeros años, en los que más necesitas facilidades, es cuando más te cargan de costes”.
Mucha gente no aguanta y tira la toalla. “Ahora, en la plaza Chueca acaban de cerrar cinco locales. Se están traspasando principalmente por las multas. Yo entiendo que hay temas de ruidos pero hay un punto medio (al que no se llega) y acaba en un sistema totalmente recaudatorio”.
En el caso de Támara Marqués, cofundadora de La bicicleta café (abierto el pasado diciembre en el barrio de Malasaña de Madrid), uno de los principales problemas que se ha encontrado es la falta de coordinación a la hora de hacer la documentación. “Vas a una dependencia y te dicen una cosa. Vas a otra y te dicen lo contrario. Te acaban mareando. Ni siquiera ellos son capaces de informarte de la dependencia que necesitas. Para el parking de bicis que solicité tuve que ir a tres sitios distintos”.
“Hace un año, el Ayuntamiento creó las Eclus, entidades que hacen de intermediarias entre el cliente y el consistorio. Se supone que agilizan las cosas pero luego vas y tardan tres meses en darte una respuesta”, añade. “No buscamos ayudas económicas. El problema es que cuando quieres hacer cosas de forma legal, tú cumples tu parte del trato pero las administraciones no lo están haciendo”.
“Es frustrante. El dinero se va. Somos gente joven que tiramos de nuestros pequeños ahorros, familia y amigos. Pedimos dinero prestado. El tiempo de retraso se paga y sale caro. Alquilas el local y, si tienes suerte, el dueño te concede un periodo de carencia que te permite amortizar el primer mes que empleas en hacer el papeleo. Pero en dos meses aún sigues sin las licencias necesarias y ya empiezas a pagar alquiler. Todo el tiempo que no puedes empezar con tu actividad es dinero que estás perdiendo”.
Para Marqués, uno de los principales problemas es cultural. “Seguimos siendo muy individualistas en vez de tener mentalidad de grupo. Cada dependencia se preocupa de lo suyo. La persona con quien hablas no tiene visión global”.
“Cuando vienen a inspeccionar tu local muchos no vienen a ayudar sino a pillarte”, comenta. “Tuvimos suerte en ese sentido pero los mismos inspectores admitieron que hay muchos técnicos que van a recaudar en vez de facilitar el futuro funcionamiento del negocio”.
1rotulacion
Este problema no es exclusivo de Madrid. En Barcelona, Gabriele Merolli, cofundador del espacio Anaglifos Art Factory, también se encontró con una situación similar.
“Yo he tramitado dos licencias de obra muy sencillas para una galería de arte y escuela. Cuando fui al Ayuntamiento, una chica miró un software y unos parámetros y me dio el ok. Me estampó un papel que era un simulación de licencia. Con ese papel contraté las empresas e hice los trabajos de reestructuración. A punto de terminar los trabajos volví al Ayuntamiento y me informaron de que esos parámetros estaban equivocados. La respuesta que me dieron fue: No puedo hacer nada. El software me dice que no”.
“Después de enseñar los dientes y tener que amenazar con pedir su nombre, alguien inteligente logró enviarme a otro departamento. Allí ni siquiera los técnicos del departamento me podían decir si era válida. Tuve que seguir con todo bajo el riesgo de que llegue un señor un día y cierre el local por motivos burocráticos”.
“Luego llegan las tasas. Tienes que pagar un 3% de la obra. Un 4% de la instalación. Tasas de los muebles. Cuando metes extintores y luces de seguridad, en vez de revisar tu plan, te dicen que lo hagas a ojo. Parece que acudes a una máquina de facturar en vez de intentar garantizar que las cosas están bien hechas”.
Merolli ve muchas deficiencias comparado con su experiencia en Holanda, donde vivió durante cinco años antes de recaer en Barcelona. “No digo que sea perfecta, pero creo que su base jurídica, basada en el derecho común, está más orientada a solucionar problemas aplicando el sentido común. A diferencia de Italia y España, están más orientados a ser prácticos. Una vez encontré una tarjeta de crédito en el suelo. Fui a la policía y me dijeron que en ese momento no me podían atender. Me preguntaron mi dirección y esa tarde se pasaron por mi casa para solucionar el problema. En la oficina de Hacienda hay un mediador que toma decisiones en primera persona. Se ahorran mucha burocracia de esta forma”.
Óscar Alcon, un arquitecto reconvertido en dueño de una tienda de bicicletas en Bétera (Valencia), contaba con ventaja. “Tuve un estudio más de 15 años y me conozco muy bien la legislación, pero me encontré con problemas inesperados. Me obligaron a hacer un baño para mis empleados equipado para minusválidos. Hay que aclarar una cosa. No tenemos baño para los clientes. Esto es solo en el caso de que contratase a alguien con discapacidad. Pero por la naturaleza de la tienda esto es imposible porque tenemos que estar cargando bicis en todo momento. Los técnicos son muy cuadrados en este sentido”.
Alcon es consciente de que al tratarse de una tienda de cara al público tienen que existir unos mínimos pero se encontró con muchas duplicidades. “Estás constantemente haciendo cosas por duplicado. Desde la iluminación al aislamiento térmico. Distintas funciones pasan por disintos técnicos. Antes de hacer nada tienes que gastarte una fortuna. Por suerte tengo ganas pero hay veces que te apetece mandarlo al garete”.
BUROCRACIA KAFKIANA
“Nunca olvidaré la odisea que tuve que pasar para conseguir unas simples hojas de reclamaciones”, explica Jaime Bartolomé, cofundador de la escuela de teatro Bululu 2120 en Madrid.
“Todo empezó en la junta de distrito. La mía es la del Matadero. Me informaron que allí no me podían ayudar y que tenía que desplazarme a una concejalía en el plantío que está en la carretera de La Coruña. Cuando llegué allí me encuentro un edificio semidesierto y un guardia de seguridad que sonríe. ‘¿Vienes a por las hojas de reclamación?’. Le dije que sí y me informó que allí no era. Que era en otro lugar. Por suerte tengo coche pero imagínate si hubiera venido en transporte público. Cuando conseguí llegar al lugar no estaba el funcionario ni tampoco el bedel. Me sentí como en las doce pruebas de Asterix. Y esto simplemente para conseguir unos sencillos papeles que podría imprimir fácilmente en mi casa”.
En temas de licencias, la lentitud ha sido similar al resto de entrevistados. “Todavía estamos enfrentados al proceso de solicitud de licencia de obra. Una vez que está tramitada te dicen que prosigas con tu actividad, pero estás en un vacío legal que te deja completamente indefenso en el caso de que te toque un policía municipal cabreado”.
La corrupción también ha asomado la cabeza en gestiones pasadas. “En mi oficina anterior, reasfaltaron la calle y no nos concedían la licencia porque faltaban dos centímetros de altura en las puertas. Cuando llegó un técnico municipal nos lo dejó bien clarito: ‘Podéis enfrentaos a meses de trámites o podemos solucionarlo en el bar de enfrente’. Preferimos esperar”.
Bartolomé aboga por digitalizar la Administración como posible solución a estos problemas. “Tenemos una Administración 1.0. No tenemos ningún recurso para dejar claro que el sistema funciona como el culo. No tiene sentido que sigamos paseando con papelitos en la era de internet”.
Por ahora estos negocios han logrado salir adelante. Muchos que no están aquí se han quedado por el camino. Pero cunde la sensación de que lo han conseguido a pesar de las Administraciones cuando debería ser todo lo contrario. Las ciudades y sus habitantes son los más perjudicados. Se hace difícil generar nuevo empleo y prosperan los grandes negocios que cuentan con medios y contactos para agilizar sus problemas administrativos en detrimento de los pequeños.
“Cuando ves estas historias piensas en Eurovegas, sin entrar en el tema ideológico y moral. Es muy escandaloso ver cómo la Administración nos ignora cuando su verdadero cometido es ayudar al pez pequeño. Llega el pez grande y el Ayuntamiento dice que no se preocupe porque se lo da todo. La licencia para vender, para fumar donde quieran. Llego yo con mi pequeño teatro y están buscando en qué sancionarme. Pero no nos rendimos. Seguiremos luchando”, concluye Bartolomé.

Foto de Tamorlan bajo lic. CC., Foto interior: La bicicleta café.

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Opiniones 20
  • Efectivamente y por desgracia esto funciona así. Este pais esta corrupto por todos y en todos los sentidos.
    No hay espíritu de comunidad, de ayudar, como comentáis la administración no cumple el papel de solucionar nada ni ayudar a nadie. Sólo se dedican a pedir su sobre en A o en B y andando mañana no me acuerdo

  • Estoy de cuerdo en lo que se expone, pero debo decir que por fortuna todas las comunidades no son iguales. Soy Ingeniero Industrial y realizo proyectos para licencias de actividad y de apertura en otras comunidades y debo decir que el Pais Vasco es bastante diferente al resto que conozco. Tambien realizo trabajos en Castilla y León y resulta lamentable el tema de las tramitaciones, llevo con un asunto 6 años pero no van a conseguir que me eche atrás.

  • La Administración es un desastre.
    Soy proveedor del sector de la hostelería y me quedo maravillado de como juegan con las ilusiones y los ahorros de personas que tan solo quieren buscarse la vida.
    A pesar de todo luchan y sacan su proyecto adelante, pero desde luego no es gracias a una clase política que vive e espaldas al desarrollo y sin hacer nada por facilitar la vida de los ciudadanos. En la era de internet te siguen pidiendo un documento sellado cuando en sus registros lo tienen más que documentado.
    Muy mal 🙁

  • Yo trabajo en una tiendecita de café de Madrid, lleva vendiendo paquetes de café 30 años. Queríamos poner una maquinita de café para vender cafés para tomar, ahí en la barrita, porque lo piden todos los clientes pero nos lo han impedido porque no tenemos licencia de cafetería, sino de tienda de alimentación. Cuándo queremos obtener la licencia de cafetería: aseo para caballeros, señoras y minusválidos.. en una tienda de 25m2!!
    Pero la pastelería de enfrente si puede dar cafés sin tener aseos, porque sí se permite que una pastelería tenga barra de degustaciíon de cafés, pero una tienda de café no. IMPRESIONANTE,

  • Mmmh… A mí me sabe mal decirlo, pero cuando abrimos nuestra tienda hace más de dos años todo fueron facilidades por parte de los burócratas. Íbamos con muchísimo miedo al tema papeleo, pero en el ayuntamiento, en Hacienda, etc. todo el mundo se esforzó por ponernos las cosas fáciles. Bueno, en la tesorería de la Seguridad Social sí son un poco chungos. Eso, que quería que esto quedase dicho también.

  • Yo soy de Jerez de l Frontera, y actualmente vivo en San Francisco.
    Solo voy a contar un detalle, para que veais la diferencia. Aquí se voto y se prohibieron las grandes cadenas en todo el area metropolitana…. Toma.
    Las iniciativas para abrir un comercio pequeño son enormes, aparte de locales, subvenciones y facilidades si eres joven.
    En el barrio que trabajo se llama SOMA, tiene la congregación mas grande del mundo de Startups, son todos empresas de gente joven con proyección internacional. Es increible.
    Después uno vuelve a casa habla con uno con otro, se planea abrir algo, y es que antes de empezar se le quitan a uno las ganas. Lo que a mi me sorprende es que actualemnte la mentalidad en estados unidos es: “Hemos vivido unos años muy bien, ahora toca volver a enchaquetarse y empezar a hacer negocios otra vez”. Y eso, por mucha pena que me de no hay en España. Esa capacidad de reacción, me temo que la vieja Hispania no…
    Desde luego. Lamentable.

  • Quizá la culpa sea del funcionario que no hace su trabajo y pone trabas innecesarias.
    O quizá también…
    … la culpa es del político que recorta el número de funcionarios, y exige que se multipliquen por esporas.
    … la culpa es del político que elabora reglamentos farragosos que el funcionario ha de cumplir (si no los cumple, no sólo se le cae el pelo, sino que todo lo hecho hasta entonces es ilegal y hay que volver a empezar, multas aparte)
    … la culpa es del político que no facilita la digitalización de documentos y el DNI electrónico, para evitar el registro y sellado de los mismo una y otra vez
    … la culpa es del contribuyente que se resiste a emplear los certificados digitales, y sigue aferrándose al papel registrado y sellado “por si acaso”
    … la culpa es del contribuyente, que piensa que él es el único que ha iniciado un trámite en la Administración, y que deben resolvérselo YA, obviando a todos los que tiene por delante.
    … la culpa es del contribuyente, que sigue votando a los mismos políticos que elaboran reglamentos farragosos, reducen el número de funcionarios y se resisten a la plena Administración digital.

  • Luego vienen las quejas de porque primera abandonamos nuestras comunidades y nos vamos a otra, y después el porque muchos pensamos en montar proyectos fuera de España, quizás Reino Unido, HOlanda o incluso Estados Unidos. Nos lo ponen más fácil fuera que dentro. Una de mis últimas aventuras ha empezado en Holanda – http://www.stackscale.com y ahora vendrá a España.

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