22 de enero 2018    /   ENTRETENIMIENTO
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La felicidad os hará infelices

22 de enero 2018    /   ENTRETENIMIENTO     por          
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Ocurrió hace pocas semanas. Mi madre me dijo, muy solemne ella, que estaba siempre enfadado. Y es cierto, pero joder, es que leéis a Eduardo Inda, escucháis a Melendi y compráis los libros de Dalas Review. ¿No es para estarlo? Vais provocando.

Uno, sin embargo, tiene siempre que escuchar lo que dice una madre, salvo cuando lo que dice es que te matricules en Económicas para asegurarte un futuro decente. Así fue como Mr. Wonderful se convirtió en mi plan de emergencia para dibujar una sonrisa en mi cara, para ser menos áspero con los que me rodean.

Me compré de manera apresurada el estuche que pone «aquí guardo muchas ideas brillantes», la colchoneta hinchable con forma de sandía, la libreta de «hoy estoy de muy buen rollito» y la carcasa de móvil de unicornios.

He intentado seguir los consejos del cartel que puse en la oficina: «Haz una lista en Spotify con la canción favorita de cada compañero de trabajo»; «Pide un aplauso por cada gran y pequeña hazaña conseguida (ya sea individual o de grupo)»; «Haz de los cumpleaños un día especial».

Lo he intentado, juro que lo he intentado. Pero la presión por ser positivo solo ha conseguido que me convierta en una especie de impostor de los que causan expresiones faciales incómodas, como la sonrisa de cera de la Baronesa Thyssen. Nadie me cree cuando sonrío. No les culpo. Me lo leen en la mirada.

Ahora, en el estuche guardo Fortasec para la diarrea e ibuprofeno para la resaca; la colchoneta se la llevó el viento de levante y debe andar ya por Túnez; con la libreta hice un fuego muy majo que hizo saltar la alarma de incendios y se me ha roto la pantalla del móvil sin que ningún unicornio haya hecho nada por evitarlo.

En el trabajo, todas las canciones de la lista de Spotify son de Bad Religion, nadie me ha aplaudido por terminar esta página a tiempo y se ha generado un silencio muy incómodo cuando, en el cumpleaños de un compañero del departamento de estrategia, ha llegado el camello con una bolsa de pastillas de éxtasis.

Mr. Wonderful causará otro holocausto. Es imposible mantener un nivel de exigencia propia como el que exigen los apóstoles del talibanismo positivista. Es solo cuestión de tiempo.

Ocurrió hace pocas semanas. Mi madre me dijo, muy solemne ella, que estaba siempre enfadado. Y es cierto, pero joder, es que leéis a Eduardo Inda, escucháis a Melendi y compráis los libros de Dalas Review. ¿No es para estarlo? Vais provocando.

Uno, sin embargo, tiene siempre que escuchar lo que dice una madre, salvo cuando lo que dice es que te matricules en Económicas para asegurarte un futuro decente. Así fue como Mr. Wonderful se convirtió en mi plan de emergencia para dibujar una sonrisa en mi cara, para ser menos áspero con los que me rodean.

Me compré de manera apresurada el estuche que pone «aquí guardo muchas ideas brillantes», la colchoneta hinchable con forma de sandía, la libreta de «hoy estoy de muy buen rollito» y la carcasa de móvil de unicornios.

He intentado seguir los consejos del cartel que puse en la oficina: «Haz una lista en Spotify con la canción favorita de cada compañero de trabajo»; «Pide un aplauso por cada gran y pequeña hazaña conseguida (ya sea individual o de grupo)»; «Haz de los cumpleaños un día especial».

Lo he intentado, juro que lo he intentado. Pero la presión por ser positivo solo ha conseguido que me convierta en una especie de impostor de los que causan expresiones faciales incómodas, como la sonrisa de cera de la Baronesa Thyssen. Nadie me cree cuando sonrío. No les culpo. Me lo leen en la mirada.

Ahora, en el estuche guardo Fortasec para la diarrea e ibuprofeno para la resaca; la colchoneta se la llevó el viento de levante y debe andar ya por Túnez; con la libreta hice un fuego muy majo que hizo saltar la alarma de incendios y se me ha roto la pantalla del móvil sin que ningún unicornio haya hecho nada por evitarlo.

En el trabajo, todas las canciones de la lista de Spotify son de Bad Religion, nadie me ha aplaudido por terminar esta página a tiempo y se ha generado un silencio muy incómodo cuando, en el cumpleaños de un compañero del departamento de estrategia, ha llegado el camello con una bolsa de pastillas de éxtasis.

Mr. Wonderful causará otro holocausto. Es imposible mantener un nivel de exigencia propia como el que exigen los apóstoles del talibanismo positivista. Es solo cuestión de tiempo.

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Opiniones 1
  • No se pero esto de la felicidad y ser positivo siempre que te pasa algo que te deja peor que el dia anterior, no acabo de verlo y acabo de cumplir 60 años y soy joven en casi todo y cada vez entiendo menos todo lo que se supone me tendría que hacer feliz, bueno sera la juventud que no soy capaz de asumir !!!!

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