14 de diciembre 2017    /   DIGITAL
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La Guerra Civil en tuits: cómo volver a engancharnos a la historia

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Diciembre de 1937. Hemingway entra, cansado y polvoriento, en la habitación 109 del Hotel Florida. Tras servirse un vaso de whisky, se asoma a la ventana con vistas a la plaza de Callao. A lo lejos se escucha el murmullo de las balas. El periodista saca la mano derecha del gabán y tuitea: «Día intenso en el frente. Aún se escucha el tiroteo a unas cuantas manzanas del hotel. #AsediodeMadrid».

Algo así tuvo que imaginar Daniel Rodríguez cuando en noviembre puso en marcha la GuerraCivil en tweet. Un proyecto con el que este historiador pretende volver a contarnos la guerra civil española en formato de 280 caracteres. Día a día tuitea los principales acontecimientos que tuvieron lugar de 1936 al 39 como lo haría un cronista de guerra.

En su timeline nadie desea #FelizLunes. Aquí la batalla acaba de comenzar. Estamos a finales de 1936 y las tropas franquistas ya han empezado a rodear Madrid.

Son algunos de sus últimos tuits, acompañados de fotografías en blanco y negro.

«Tenemos muchísimas películas, series y libros sobre la Guerra Civil, pero en general hay mucho desconocimiento. Creo que Twitter es una herramienta muy eficaz para contar la Historia», explica Rodríguez.

Una idea similar tuvo Alwyn Collinson, un estudiante de Historia de la Universidad de Oxford, que lleva seis años tuiteando la Segunda Guerra Mundial. Su cuenta @RealTimeWWII supera los 500 mil seguidores. Son más que los que siguen a la primera ministra británica, Theresa May.

Según ha explicado el propio Collison en varias entrevistas, se inspiró en los ciberactivistas que en 2010 contaron las primaveras árabes a través de las redes sociales. En su caso, él lo hizo «para  recordar a la gente la gravedad e importancia de la Segunda Guerra Mundial».

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De momento, GuerraCivil en tweet no llega a los 700 seguidores, pero no es un mal comienzo teniendo en cuenta que solo lleva un mes. «Me gustaría volver a despertar el interés de los más jóvenes sobre esa parte de nuestra historia», defiende su creador.

Lo cierto es que no nos viene nada mal. Basta recordar el lamentable episodio que protagonizaron dos jóvenes concursantes en el programa de televisión Ahora caigo a principios de este año. Necesitaron hasta diez pistas para adivinar la respuesta «Guerra Civil». Y no es que se lo pusieran difícil. «Hubo un alzamiento», «dio paso a una dictadura» o «nacionales y republicanos» fueron algunas de esas pistas. Ni con esas acertaron.

Cero en Historia

«Los adolescentes de nuestro tiempo poseen una memoria rota», concluyeron en 2011 los autores del estudio La memoria de los alumnos. De la guerra civil a la transición. A raíz de una encuesta entre estudiantes de secundaria del Instituto Fray Luis de León de Salamanca, descubrieron que solo el 10% reconocía tener conocimientos básicos sobre la contienda y la dictadura.

Otra investigación, en este caso en la Universidad Autónoma de Madrid, nos pone todavía más en evidencia. Ocho de cada diez aspirantes a maestros aseguran no tener ni idea de personajes clave de nuestra historia como Juan Negrín, el general Mola o Dolores Ibárruri.

Según este estudio dirigido por el profesor Fernando Hernández, un escaso 21,5% de los encuestados reconoce haber estudiado estos temas en profundidad. El 28,4% lo hizo deprisa y por encima. Como un pinchazo, rápido y sin dolor.

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Llevamos arrastrando el mismo tabú desde hace 80 años. No olvidemos  que el término guerra civil no apareció como tal en los libros de texto hasta 1967 o que en los años 80 todavía había editoriales que hablaban de «héroes» y de «guerra de liberación». No hace tanto, en 2014, Anaya tuvo que retirar varios libros de texto en Andalucía tras recibir un aluvión de críticas por frases como esta: «Lorca murió cerca de su pueblo durante la guerra de España». Como si hubiera fallecido por una gripe mal curada en lugar de haber sido fusilado.

Blanqueamos la historia con tal de no molestar. Y así nos va, con unas lagunas mentales del tamaño de Soria.

«Eso del olvido es muy español. No pasa en otros países como Alemania. Hemos estado bailando ballet de puntillas con nuestra propia historia», asegura Reme Izquierdo, profesora ya jubilada de Alicante.

Atrapados en los Reyes Católicos

Los niños de hoy saben mucho más de la dieta del hombre cromañón que de nuestro pasado más reciente. Y no es culpa suya. Actualmente, la Guerra Civil se trabaja en 4º de ESO y 2º de Bachillerato dentro de un temario pantagruélico que abarca desde Atapuerca hasta nuestros días. Todo esto en cuatro horas a la semana. Algo así como querer pintar la Capilla Sixtina en un grano de arroz.

«Profundizar así es imposible, no da tiempo a llegar a todo. Al final, siempre vamos corriendo y nos quedamos como mucho en los Reyes Católicos», insiste Izquierdo.

Hoy la Guerra Civil se toca, sí, porque no hay más remedio, pero apenas se queda en una retahíla de fechas. Memorizamos hitos históricos como el que aprende a recitar la tabla del seis.

Uno de los argumentos más usados para justificar esta memoria tan débil siempre ha sido el peligro de reabrir viejas heridas, de dividir a los españoles. Sin embargo, la experiencia demuestra todo lo contrario. Es el caso, por ejemplo, de Colombia. Allí el Centro Nacional de Memoria Histórica colabora con los colegios para organizar talleres donde ayudan a los alumnos a comprender la complejidad de su guerra más reciente: el conflicto armado entre el ejército, la guerrilla y los grupos paramilitares que ha dejado más de ocho millones de víctimas en los últimos 50 años.

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«Una historia oficial idealizada y sin complejidad es tan peligrosa como el olvido», defiende Javier Alejandro Corredor, uno de los psicólogos que trabajan para el Centro de Memoria colombiano. En sus talleres utilizan documentos históricos y judiciales, testimonios reales de las víctimas. «Es un derecho de los jóvenes saber su pasado. La verdad no genera división, sino todo lo contrario».

En España, Reme Izquierdo intenta también construir ese debate con la exposición itinerante Lápiz, papel y bombas. Un proyecto que inició poco después de jubilarse y que, desde 2013, pasea por colegios y salas de exposición para mostrar viejos dibujos de los niños exiliados durante la guerra. Un patrimonio español prácticamente desconocido y custodiado, en su mayoría, por prestigiosas universidades como la de San Diego en California o Columbia en Nueva York.

Lo hizo para que los jóvenes de hoy reflexionaran sobre las historias que se cuentan en estos dibujos llenos de tanques de colores, bombarderos y trenes con camino al exilio. «Estoy segura de que se pueden hacer más cosas para despertar el interés de los alumnos sobre la Guerra Civil: usar las nuevas tecnologías, la realidad virtual, sumergirles en la Historia como si se tratara de La guerra de las galaxias», aventura esta maestra jubilada.

Quizá imaginar la batalla de Brunete como un episodio de Star Wars o narrar los partes de guerra a través de Twitter no sea tan descabellado. «En 200 caracteres se puede entender la guerra civil. Está claro que si quieres profundizar, deberías coger un libro, pero es una manera de llegar a los más jóvenes», asegura Daniel Rodríguez.

Ya lo predijo el mismísimo Franco en 1939: «Cautivo y desarmado el ejército rojo, han alcanzado las tropas nacionales sus últimos objetivos militares. La guerra ha terminado». Con un total de 129 caracteres bien podría haber sido el primer tuit del siglo XX.

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Diciembre de 1937. Hemingway entra, cansado y polvoriento, en la habitación 109 del Hotel Florida. Tras servirse un vaso de whisky, se asoma a la ventana con vistas a la plaza de Callao. A lo lejos se escucha el murmullo de las balas. El periodista saca la mano derecha del gabán y tuitea: «Día intenso en el frente. Aún se escucha el tiroteo a unas cuantas manzanas del hotel. #AsediodeMadrid».

Algo así tuvo que imaginar Daniel Rodríguez cuando en noviembre puso en marcha la GuerraCivil en tweet. Un proyecto con el que este historiador pretende volver a contarnos la guerra civil española en formato de 280 caracteres. Día a día tuitea los principales acontecimientos que tuvieron lugar de 1936 al 39 como lo haría un cronista de guerra.

En su timeline nadie desea #FelizLunes. Aquí la batalla acaba de comenzar. Estamos a finales de 1936 y las tropas franquistas ya han empezado a rodear Madrid.

Son algunos de sus últimos tuits, acompañados de fotografías en blanco y negro.

«Tenemos muchísimas películas, series y libros sobre la Guerra Civil, pero en general hay mucho desconocimiento. Creo que Twitter es una herramienta muy eficaz para contar la Historia», explica Rodríguez.

Una idea similar tuvo Alwyn Collinson, un estudiante de Historia de la Universidad de Oxford, que lleva seis años tuiteando la Segunda Guerra Mundial. Su cuenta @RealTimeWWII supera los 500 mil seguidores. Son más que los que siguen a la primera ministra británica, Theresa May.

Según ha explicado el propio Collison en varias entrevistas, se inspiró en los ciberactivistas que en 2010 contaron las primaveras árabes a través de las redes sociales. En su caso, él lo hizo «para  recordar a la gente la gravedad e importancia de la Segunda Guerra Mundial».

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De momento, GuerraCivil en tweet no llega a los 700 seguidores, pero no es un mal comienzo teniendo en cuenta que solo lleva un mes. «Me gustaría volver a despertar el interés de los más jóvenes sobre esa parte de nuestra historia», defiende su creador.

Lo cierto es que no nos viene nada mal. Basta recordar el lamentable episodio que protagonizaron dos jóvenes concursantes en el programa de televisión Ahora caigo a principios de este año. Necesitaron hasta diez pistas para adivinar la respuesta «Guerra Civil». Y no es que se lo pusieran difícil. «Hubo un alzamiento», «dio paso a una dictadura» o «nacionales y republicanos» fueron algunas de esas pistas. Ni con esas acertaron.

Cero en Historia

«Los adolescentes de nuestro tiempo poseen una memoria rota», concluyeron en 2011 los autores del estudio La memoria de los alumnos. De la guerra civil a la transición. A raíz de una encuesta entre estudiantes de secundaria del Instituto Fray Luis de León de Salamanca, descubrieron que solo el 10% reconocía tener conocimientos básicos sobre la contienda y la dictadura.

Otra investigación, en este caso en la Universidad Autónoma de Madrid, nos pone todavía más en evidencia. Ocho de cada diez aspirantes a maestros aseguran no tener ni idea de personajes clave de nuestra historia como Juan Negrín, el general Mola o Dolores Ibárruri.

Según este estudio dirigido por el profesor Fernando Hernández, un escaso 21,5% de los encuestados reconoce haber estudiado estos temas en profundidad. El 28,4% lo hizo deprisa y por encima. Como un pinchazo, rápido y sin dolor.

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Llevamos arrastrando el mismo tabú desde hace 80 años. No olvidemos  que el término guerra civil no apareció como tal en los libros de texto hasta 1967 o que en los años 80 todavía había editoriales que hablaban de «héroes» y de «guerra de liberación». No hace tanto, en 2014, Anaya tuvo que retirar varios libros de texto en Andalucía tras recibir un aluvión de críticas por frases como esta: «Lorca murió cerca de su pueblo durante la guerra de España». Como si hubiera fallecido por una gripe mal curada en lugar de haber sido fusilado.

Blanqueamos la historia con tal de no molestar. Y así nos va, con unas lagunas mentales del tamaño de Soria.

«Eso del olvido es muy español. No pasa en otros países como Alemania. Hemos estado bailando ballet de puntillas con nuestra propia historia», asegura Reme Izquierdo, profesora ya jubilada de Alicante.

Atrapados en los Reyes Católicos

Los niños de hoy saben mucho más de la dieta del hombre cromañón que de nuestro pasado más reciente. Y no es culpa suya. Actualmente, la Guerra Civil se trabaja en 4º de ESO y 2º de Bachillerato dentro de un temario pantagruélico que abarca desde Atapuerca hasta nuestros días. Todo esto en cuatro horas a la semana. Algo así como querer pintar la Capilla Sixtina en un grano de arroz.

«Profundizar así es imposible, no da tiempo a llegar a todo. Al final, siempre vamos corriendo y nos quedamos como mucho en los Reyes Católicos», insiste Izquierdo.

Hoy la Guerra Civil se toca, sí, porque no hay más remedio, pero apenas se queda en una retahíla de fechas. Memorizamos hitos históricos como el que aprende a recitar la tabla del seis.

Uno de los argumentos más usados para justificar esta memoria tan débil siempre ha sido el peligro de reabrir viejas heridas, de dividir a los españoles. Sin embargo, la experiencia demuestra todo lo contrario. Es el caso, por ejemplo, de Colombia. Allí el Centro Nacional de Memoria Histórica colabora con los colegios para organizar talleres donde ayudan a los alumnos a comprender la complejidad de su guerra más reciente: el conflicto armado entre el ejército, la guerrilla y los grupos paramilitares que ha dejado más de ocho millones de víctimas en los últimos 50 años.

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«Una historia oficial idealizada y sin complejidad es tan peligrosa como el olvido», defiende Javier Alejandro Corredor, uno de los psicólogos que trabajan para el Centro de Memoria colombiano. En sus talleres utilizan documentos históricos y judiciales, testimonios reales de las víctimas. «Es un derecho de los jóvenes saber su pasado. La verdad no genera división, sino todo lo contrario».

En España, Reme Izquierdo intenta también construir ese debate con la exposición itinerante Lápiz, papel y bombas. Un proyecto que inició poco después de jubilarse y que, desde 2013, pasea por colegios y salas de exposición para mostrar viejos dibujos de los niños exiliados durante la guerra. Un patrimonio español prácticamente desconocido y custodiado, en su mayoría, por prestigiosas universidades como la de San Diego en California o Columbia en Nueva York.

Lo hizo para que los jóvenes de hoy reflexionaran sobre las historias que se cuentan en estos dibujos llenos de tanques de colores, bombarderos y trenes con camino al exilio. «Estoy segura de que se pueden hacer más cosas para despertar el interés de los alumnos sobre la Guerra Civil: usar las nuevas tecnologías, la realidad virtual, sumergirles en la Historia como si se tratara de La guerra de las galaxias», aventura esta maestra jubilada.

Quizá imaginar la batalla de Brunete como un episodio de Star Wars o narrar los partes de guerra a través de Twitter no sea tan descabellado. «En 200 caracteres se puede entender la guerra civil. Está claro que si quieres profundizar, deberías coger un libro, pero es una manera de llegar a los más jóvenes», asegura Daniel Rodríguez.

Ya lo predijo el mismísimo Franco en 1939: «Cautivo y desarmado el ejército rojo, han alcanzado las tropas nacionales sus últimos objetivos militares. La guerra ha terminado». Con un total de 129 caracteres bien podría haber sido el primer tuit del siglo XX.

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Opiniones 3
  • Hay un error en el reportaje: tanto en 4º ESO como en 2º Bachillerato hay tres periodos lectivos de Historia, no cuatro. Y los periodos lectivos no son de una hora, sino de 55 minutos, es decir, 165 minutos a la semana,que es menos de 3 horas. Sólo en 1º ESO hay 4 periodos lectivos de Geografía e Historia.

  • El tío es un verdadero genio estoy sacándome bachiller mientras trabajo de cerrajero y a mi siempre se me ha dado mal la historia no por no ponerle interés sino que habían partes en que no podía con tanto con lo que estudiar gracias a el saqué un diez porque lo leía día a día lo notaba como mas cercano como si estuviera pasando en el momento como si lo viviera.

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