4 de julio 2012    /   ENTRETENIMIENTO
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La historia de una portada con alas

4 de julio 2012    /   ENTRETENIMIENTO     por          
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¡Yorokobu gratis en formato digital!

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Icaro, Lucifer, los gigantes de Blythe… el hombre de esta portada… La historia y la mitología están llenas de casos de hombres alados. Unas alas implican libertad de movimiento y esa libertad, para muchos, es lo más parecido a la felicidad. Así se hizo la portada de Yorokobu Julio/Agosto.

El artista Santiago Morilla es uno de los que relaciona felicidad y libertad, y eso explica por qué ha dado esa forma a la portada de este mes. “Lo que hacemos con nuestra libertad y cómo la gestionamos responsablemente es lo que modela nuestra felicidad”, dice Morilla.

De ahí el nombre de Yorokobu que el hombre de la portada lleva a la espalda, a modo de mochila, paracaídas, alas o como quiera llamarse con tal de que posibilite el vuelo. El resto de las plumas, lo superfluo, se desprenden y se las lleva el viento. “Poder tener la objetividad de volar sobre nosotros mismos nos puede hacer eternos escapistas”, señala, “pero también nos hace dueños de nuestro ‘dibujo del viaje’”.

Y como la pieza habla de felicidad y de libertad, el autor ha querido compartirla con el mundo. “Quería que la obra fuese única y original, y que no se limitase a una producción digital seriada”. Y para ello, se echó a la calle en compañía del fotógrafo Brian Walker, para buscar el emplazamiento ideal para instalar su hombre alado o su hombre Yorokobu.

Y lo encontró en un barrio obrero de Madrid, frente a una parada de autobús que toma la gente todos los días para ir a trabajar. “Y así conseguí que la pieza viviera en la portada, en la calle, en el tiempo de su degradación o desaparición, en internet…”, concluye Santiago Morilla.

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El artista Santiago Morilla es uno de los que relaciona felicidad y libertad, y eso explica por qué ha dado esa forma a la portada de este mes. “Lo que hacemos con nuestra libertad y cómo la gestionamos responsablemente es lo que modela nuestra felicidad”, dice Morilla.

De ahí el nombre de Yorokobu que el hombre de la portada lleva a la espalda, a modo de mochila, paracaídas, alas o como quiera llamarse con tal de que posibilite el vuelo. El resto de las plumas, lo superfluo, se desprenden y se las lleva el viento. “Poder tener la objetividad de volar sobre nosotros mismos nos puede hacer eternos escapistas”, señala, “pero también nos hace dueños de nuestro ‘dibujo del viaje’”.

Y como la pieza habla de felicidad y de libertad, el autor ha querido compartirla con el mundo. “Quería que la obra fuese única y original, y que no se limitase a una producción digital seriada”. Y para ello, se echó a la calle en compañía del fotógrafo Brian Walker, para buscar el emplazamiento ideal para instalar su hombre alado o su hombre Yorokobu.

Y lo encontró en un barrio obrero de Madrid, frente a una parada de autobús que toma la gente todos los días para ir a trabajar. “Y así conseguí que la pieza viviera en la portada, en la calle, en el tiempo de su degradación o desaparición, en internet…”, concluye Santiago Morilla.

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