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25 de marzo 2015    /   DIGITAL
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La imagen que tu muro da de ti

25 de marzo 2015    /   DIGITAL     por          
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Con la popularización de las redes sociales y el escaparate continuo que estas suponen, han aumentado las oportunidades de venderse, mostrarse y de-mostrarse. De forma consciente o inconsciente, las personas realizan acciones con las que creen que transmiten una imagen positiva. Pero no siempre llegan a los demás las connotaciones que se pretendían comunicar.
(Opinión)
¿Son las personas conscientes de la imagen que proyectan o se tienen en demasiada estima? Algunas acciones, en apariencia inocuas o incluso positivas, pueden volverse en contra de quien las realiza y hacer un flaco favor a su imagen.

  1. Alardear de ser solidario

Ayudar a la difusión de causas sociales justas es algo loable. Pero ¿qué ocurre cuando se alardea de las acciones solidarias que uno realiza? Que se puede ser acusado de hipócrita. La generosidad cobra valor cuando se hace de forma discreta.

  1. Halagar en exceso

Está muy bien ser agradecido y admirar los logros y cualidades de los demás, pero es fina la línea que separa esta actitud de la demagogia, que consiste en «ganarse con halagos el favor popular». Cuando halagues, que sea de verdad y que se note que no buscas nada a cambio. El exceso resulta sospechoso.

  1. Salir bien en todas las fotos

Seleccionar cuidadosamente las fotos que mostramos en el universo digital hace que la gente tenga una idea optimista de nuestro físico real. Pero eso no sale gratis: al mismo tiempo, el hecho de elegir solo aquellas en las que se sale favorecido, eliminar etiquetas inconvenientes, abroncar a amigos por publicar una determinada foto y otras actitudes similares pueden proyectar una imagen de egocentrismo, narcisismo, falta de naturalidad o excesiva preocupación por el físico. Aunque eso no es nada comparado con la imagen que da la utilización de muecas como las conocidas popularmente como duck face o faux surprise face.

  1. Compartir logros de forma ostentosa

No hay cosa que hable mejor de ti que tus logros profesionales, artísticos o deportivos, ya que son méritos objetivos. El coste de darlos a conocer al mundo será echar por tierra otras cualidades como la modestia y la humildad que tal vez, en el imaginario colectivo, tengan más peso la hora de valorar a una persona.

  1. Presumir de ser una persona querida

Cuando una persona vea que otra dice algo bueno de ti, se llevará una impresión muy buena. Pero si eres tú mismo el que difunde los halagos o favores que recibes, conseguirás el efecto opuesto. Decir «mira cuánto me quieren» (por ejemplo, publicando una fotografía de una carta o una notita que te han enviado) demuestra falta de discreción y, a veces, inseguridad.

  1. Jactarte de un nivel de vida elevado

Restaurantes caros, playas paradisíacas y zapatos de marca colapsan las redes sociales. Puestas a mostrar el lado más afortunado de sus vidas, las personas recurren a los elementos más claros de lujo y bienestar. Sitúate en el otro lado y piensa qué imagen arroja alardear de productos o experiencias con un coste económico alto. Menos sentido tiene, aún, cuando ese estilo de vida no es real, sino fingido.

  1. Compartir artículos que no te has leído

Una forma muy común de «postureo» es la de compartir artículos que uno no se ha leído. Dado que mentir implica procesos neuronales más complejos, ¿no prefieres ser sincero y compartir lo que realmente te interesa, aunque algunas veces sean noticias serias y, otras, banales? Si apuestas por lo primero para parecer un erudito, procura que no te pillen en un renuncio. Es muy fácil equivocarse cuando se comparte o comenta contenido que no se ha leído.

  1. Anunciar los hitos en redes sociales

«Ya 500… ¡quinientas gracias a todos!» Hace algunos años, alcanzar cifras de seguidores, retuits o likes en las redes sociales podía ser llamativo, pero ahora ya a nadie le importa demasiado. Es algo que deberían aprender no solo los particulares, sino también las marcas.

  1. Hacerte fotos con personas populares

Es antiguo el impulso de alardear de que has visto en persona a una persona popular. Antes se dejaba constancia del encuentro a través de autógrafos; ahora, de fotografías o autorretratos. El requisito que lo justifica es la admiración hacia ese personaje. Si esta existe, seguramente prefieras charlar un rato con él y preguntarle acerca de su profesión que limitarte a estirar el brazo, lanzar una foto y salir corriendo. La actriz Kirsten Dunst nos invita a reflexionar sobre ello en este vídeo:

10. Hacer partícipes a tus seguidores de tu día a día
Si en la «vida real» a la mayoría de las personas que conoces no les interesaría saber lo que has desayunado, en la digital tampoco. Es una distorsión provocada por las redes sociales que no debería moldear el ego de los usuarios.
Por supuesto, cada cual puede publicar lo que le plazca, pero debe atenerse a las consecuencias que sus elecciones tendrán en la aceptación de sus publicaciones por sus seguidores. ¿No te causa mejor impresión aquel que en su muro desarrolla comportamientos auténticos y ligados a sus principios y convicciones? ¿No te resulta más simpático el que sabe reírse de sí mismo y tiene una percepción realista de sus defectos y virtudes, el que no fuerza las tuercas para ser admirado?

Con la popularización de las redes sociales y el escaparate continuo que estas suponen, han aumentado las oportunidades de venderse, mostrarse y de-mostrarse. De forma consciente o inconsciente, las personas realizan acciones con las que creen que transmiten una imagen positiva. Pero no siempre llegan a los demás las connotaciones que se pretendían comunicar.
(Opinión)
¿Son las personas conscientes de la imagen que proyectan o se tienen en demasiada estima? Algunas acciones, en apariencia inocuas o incluso positivas, pueden volverse en contra de quien las realiza y hacer un flaco favor a su imagen.

  1. Alardear de ser solidario

Ayudar a la difusión de causas sociales justas es algo loable. Pero ¿qué ocurre cuando se alardea de las acciones solidarias que uno realiza? Que se puede ser acusado de hipócrita. La generosidad cobra valor cuando se hace de forma discreta.

  1. Halagar en exceso

Está muy bien ser agradecido y admirar los logros y cualidades de los demás, pero es fina la línea que separa esta actitud de la demagogia, que consiste en «ganarse con halagos el favor popular». Cuando halagues, que sea de verdad y que se note que no buscas nada a cambio. El exceso resulta sospechoso.

  1. Salir bien en todas las fotos

Seleccionar cuidadosamente las fotos que mostramos en el universo digital hace que la gente tenga una idea optimista de nuestro físico real. Pero eso no sale gratis: al mismo tiempo, el hecho de elegir solo aquellas en las que se sale favorecido, eliminar etiquetas inconvenientes, abroncar a amigos por publicar una determinada foto y otras actitudes similares pueden proyectar una imagen de egocentrismo, narcisismo, falta de naturalidad o excesiva preocupación por el físico. Aunque eso no es nada comparado con la imagen que da la utilización de muecas como las conocidas popularmente como duck face o faux surprise face.

  1. Compartir logros de forma ostentosa

No hay cosa que hable mejor de ti que tus logros profesionales, artísticos o deportivos, ya que son méritos objetivos. El coste de darlos a conocer al mundo será echar por tierra otras cualidades como la modestia y la humildad que tal vez, en el imaginario colectivo, tengan más peso la hora de valorar a una persona.

  1. Presumir de ser una persona querida

Cuando una persona vea que otra dice algo bueno de ti, se llevará una impresión muy buena. Pero si eres tú mismo el que difunde los halagos o favores que recibes, conseguirás el efecto opuesto. Decir «mira cuánto me quieren» (por ejemplo, publicando una fotografía de una carta o una notita que te han enviado) demuestra falta de discreción y, a veces, inseguridad.

  1. Jactarte de un nivel de vida elevado

Restaurantes caros, playas paradisíacas y zapatos de marca colapsan las redes sociales. Puestas a mostrar el lado más afortunado de sus vidas, las personas recurren a los elementos más claros de lujo y bienestar. Sitúate en el otro lado y piensa qué imagen arroja alardear de productos o experiencias con un coste económico alto. Menos sentido tiene, aún, cuando ese estilo de vida no es real, sino fingido.

  1. Compartir artículos que no te has leído

Una forma muy común de «postureo» es la de compartir artículos que uno no se ha leído. Dado que mentir implica procesos neuronales más complejos, ¿no prefieres ser sincero y compartir lo que realmente te interesa, aunque algunas veces sean noticias serias y, otras, banales? Si apuestas por lo primero para parecer un erudito, procura que no te pillen en un renuncio. Es muy fácil equivocarse cuando se comparte o comenta contenido que no se ha leído.

  1. Anunciar los hitos en redes sociales

«Ya 500… ¡quinientas gracias a todos!» Hace algunos años, alcanzar cifras de seguidores, retuits o likes en las redes sociales podía ser llamativo, pero ahora ya a nadie le importa demasiado. Es algo que deberían aprender no solo los particulares, sino también las marcas.

  1. Hacerte fotos con personas populares

Es antiguo el impulso de alardear de que has visto en persona a una persona popular. Antes se dejaba constancia del encuentro a través de autógrafos; ahora, de fotografías o autorretratos. El requisito que lo justifica es la admiración hacia ese personaje. Si esta existe, seguramente prefieras charlar un rato con él y preguntarle acerca de su profesión que limitarte a estirar el brazo, lanzar una foto y salir corriendo. La actriz Kirsten Dunst nos invita a reflexionar sobre ello en este vídeo:

10. Hacer partícipes a tus seguidores de tu día a día
Si en la «vida real» a la mayoría de las personas que conoces no les interesaría saber lo que has desayunado, en la digital tampoco. Es una distorsión provocada por las redes sociales que no debería moldear el ego de los usuarios.
Por supuesto, cada cual puede publicar lo que le plazca, pero debe atenerse a las consecuencias que sus elecciones tendrán en la aceptación de sus publicaciones por sus seguidores. ¿No te causa mejor impresión aquel que en su muro desarrolla comportamientos auténticos y ligados a sus principios y convicciones? ¿No te resulta más simpático el que sabe reírse de sí mismo y tiene una percepción realista de sus defectos y virtudes, el que no fuerza las tuercas para ser admirado?

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Opiniones 38
    • ¡Nada “está mal”! Es una reflexión. Pero sin duda es posible utilizar Facebook de una forma más natural y sin alardear, ¿no crees? 🙂

      • Observo las cualidades y calidades personales desde el Facebook .
        Es la vida misma que corre virtual, con sus fobias y filias, con las proyecciones que las personas queremos dar.
        Algo falla, la realidad es mucho más tangible, me gustan las distancias cortas y del Facebook, me quedo con artículos interesantes, que de otra manera no tendría conocimiento.

    • Smash: ¡en tu derecho estás de dejar de leer cuando te plazca! Solo una anotación: me temo que no has interpretando bien la norma que prohibe poner una coma entre el sujeto y el verbo. Si vuelves a leer la frase, verás que “con la popularización de las redes sociales” no es un sujeto sino un complemento circunstancial, y esa coma se justifica por el cambio en el orden natural de los elementos de la frase. Si te interesa, te puedo enviar algunos enlaces para que se te quiten las dudas sobre cuándo una coma es obligatoria, cuándo es incorrecta y cuándo es optativa. ¡Saludos!

      • ¡Muy bien dicho! La gente habla y no sabe por dónde le viene el aire.
        Me gusta lo que dices y cómo lo dices. No creo que todo esté mal, sólo que hay que saberlo hacer en su medida. En mi caso, que vivo a miles de kilómetros, es normal publicar una carta, para empezar porque el mundo epistolar es casi ya inexistente, y además, porque estando tan lejos de todos, es una manera de dar las gracias y de sentirte querido. Sin embargo, creo que cada uno ha de ser consciente de sus propios límites, pero no suele ser así.
        Me ha gustado tu post, y tu manera de contestar a los haters también.

        • Pues tienes mucha razón, en el caso que dices (y en muchos otros) está más que justificada esa acción. Supongo que se trata de mirarlo en perspectiva, de no caer en el exceso y el alarde, etc. Es un tema muy amplio, esto es solo un resorte para que cada uno de nosotros pueda hacer balance.
          Muchas gracias por tu comentario, un abrazo.

  • Muy de acuerdo con todo, pero me surge una duda. Si tenemos que tratar de ser auténticos, que pasa con esa persona que llena su muro de “selfies”? Sí, es una persona con baja autoestima que mide el afecto de los demás con “me gustas”. Pero es así y no se la puede cambiar, y eso es ser auténtico también…
    Perdona el retorcimiento de la pregunta haha

    • ¡Perdonado el retorcimiento, Andreu! 🙂
      Supongo que si lo que quiere esa persona es mostrar esa baja autoestima, no habría problema. Pero lo más probable es que use esos recursos como intentos (ineficaces) de ocultar su inseguridad. Ahí es donde algo no cuadra. ¿No crees?
      Bueno, da para una reflexión mucho más profunda… Gracias por tu comentario.

    • Cada día se publican muchos artículos denunciando cosas, que son diferentes de los artículos que aprueban/promueven otras cosas.
      Sí, lo de Dunst es para preocuparse… Gracias por la visita, Dlo. 🙂

  • Otro clasico (y el mas repulsivo, pienso) son las parejitas que se comunican por el muro, etiquetándose, quedando para ir al cine, comentando lo que han comprado para cenar hoy, asuntos del día a día que no interesan a nadie…. Como si no existiese un chat.
    HUYO de este tipo de personas

  • Me gustó mucho tu artículo, facebook depronto se ha convertido en una competencia de popularidad, me siento de nuevo en el colegio, es extenuante. Es increible como se ha crecido el ego de las personasy su confianza se reduce a un número de likes.

  • Interesante reflexión, la verdad que hemos pasado de utilizarlo como herramienta de comunicación a escaparate; me interesan mucho éste tipo de post por mi trabajo. Nos hemos metido en una rueda en la que a veces es muy difícil distinguir entre lo que es una relación real y lo que no lo es; porque, ¿cuánta gente nos “añade” como “amigos” sin conocernos? De verdad que no entiendo éste tipo de comportamientos.
    Te invito a escribir más sobre éste tema, absorbente y a la vez alarmante para nuestra sociedad cuando se lleva al extremo del mal uso de la tecnología.
    El ejemplo de Dunst es simplemente REAL, sin tag no existes…
    Bravo, me ha encantado. ; )

  • qué talento tienen para desarrollar deliciosamente en texto el pensamiento que todos tenemos.
    Vivo en Argentina y conseguir la revista es una utopía, pero los amo y los sigo con más vehemencia que a Napoleón ♥ (?).

  • Bueno post. Pienso que si hay algo cierto es que las redes sociales (y los selfies) han sacado a relucir de una forma muuuy evidente nuestro lado más narcisista, pero creo que es totalmente humano mientras no lo lleves a extremos. Poco o mucho, mientras seas usuario de ellas tienes aunque sea un puntito exhibicionista (lo dices una usuaria, no acuso a nadie :D)

  • Me ha parecido una buena reflexión, Isabel. Creo que has sabido sintetizar lo que todos pensamos y no sabemos expresar con claridad. Por añadir algo al respecto: estoy convencida de que la honestidad en las redes tiene mucho que ver con lo sincera que se muestra la persona en la vida real.

  • Pienso que si las redes sociales hablan tanto acerca de uno mismo, francamente, queda en pretensión todo aquello que cualquier ser humano postmoderno haga. Ojalá comprendamos que se trata de un simple juego, y ofrezcamos mayor importancia al dejarse ser, se vea, como se vea.

  • Hola Isabel. Es muy claro y muy bonito todo lo que dices y tiene fácil solución. Dejar de seguir a esa persona que te molesta todo lo que publica. Creo qe cada uno es libre de dar la imagen que quiera consciente o inconscientemente. Al final si a esa persona la conoces en la vida real, en redes sociales actúa tal y como lo haría en persona.

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