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28 de febrero 2012    /   BUSINESS
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La invasión de los emojis japoneses

28 de febrero 2012    /   BUSINESS     por          
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Expresar los sentimientos en la calle es algo traumático para la mayoría de personas. La cultura japonesa, tan dada a penalizar esas muestras en público, es capaz a su vez de generar más de 200 millones de euros en expresarlos en el mundo online. ¿Cómo? El contenido patrocinado también puede venir en forma de emoticono.

En Japón hay una manera muy personal para hacer o entender casi cualquier cosa. Lo de los sentimientos mostrados al público es un fenómeno que también define la identidad nipona. Resulta curiosa, al menos para el que suscribe, la paradoja de que la misma persona que se refugia en una proverbial introspección, sea luego capaz de generar millones de euros en expresarlos en otros medios.

Mientras que en España, los usuarios de smartphones andan enfrascados en mandar los mismos emoticonos de siempre, en el país que vio nacer al Sr. Miyagi, su uso constituye un mercado valorado en más de 230 millones de euros. Dos de cada tres usuarios de tecnología móvil en Japón llena sus mensajes de caritas, objetos y muñequitos. La tendencia no es nueva en un país entregado al uso del micromensaje en forma de gráfico desde que se comenzasen a usar pegatinas de todo tipo de símbolos culturales.

Con el mercado japonés en plena generación masiva de dividendos, los creadores de emoticonos han salido de pesca al resto del mundo. ;Dcloud es una plataforma de emojis alojados en la nube que puede ser implementado en cualquier app para móvil. «Cuando el servicio esté disponible, en esta primavera, habrá varios miles de emojis a disposición de los usuarios», explica Kei Shimada, director de desarrollo de negocio de Dentsu en Tokyo.

El modelo de negocio de ;Dcloud hace recaer el peso de la aportación de ingresos en las compañías, utilizando contenido patrocinado. Los usuarios pueden disfrutar de la plataforma sin gastar un euro. «Tenemos una función que permite que los emojis sean clicables. Si el emoji ha sido creado por una empresa, cambia según el contenido del mensaje», cuenta Shimada. Cuando el emoji se activa, puede originar una animación a pantalla completa u ofrecer un mapa que muestre la localización de la tienda más cercana de la marca.

;DCloud se encuentra en plena fase de captación de desarrolladores interesados en integrar sus emoticonos en aplicaciones de mensajería, chat o email. Los desarrolladores también se llevarían una parte del pastel que aporta el contenido de marca.

«Los iconos que cada app sugerirá de entre la vasta colección dependerán del contexto del mensaje. Cada uno de esos emojis está categorizado y contiene una serie de metadatos que hacen esto posible», señala Shimada. A partir de ahí, todo depende de la capacidad de cada usuario de expresarse a través de un océano de loquísimos iconos japoneses.

Expresar los sentimientos en la calle es algo traumático para la mayoría de personas. La cultura japonesa, tan dada a penalizar esas muestras en público, es capaz a su vez de generar más de 200 millones de euros en expresarlos en el mundo online. ¿Cómo? El contenido patrocinado también puede venir en forma de emoticono.

En Japón hay una manera muy personal para hacer o entender casi cualquier cosa. Lo de los sentimientos mostrados al público es un fenómeno que también define la identidad nipona. Resulta curiosa, al menos para el que suscribe, la paradoja de que la misma persona que se refugia en una proverbial introspección, sea luego capaz de generar millones de euros en expresarlos en otros medios.

Mientras que en España, los usuarios de smartphones andan enfrascados en mandar los mismos emoticonos de siempre, en el país que vio nacer al Sr. Miyagi, su uso constituye un mercado valorado en más de 230 millones de euros. Dos de cada tres usuarios de tecnología móvil en Japón llena sus mensajes de caritas, objetos y muñequitos. La tendencia no es nueva en un país entregado al uso del micromensaje en forma de gráfico desde que se comenzasen a usar pegatinas de todo tipo de símbolos culturales.

Con el mercado japonés en plena generación masiva de dividendos, los creadores de emoticonos han salido de pesca al resto del mundo. ;Dcloud es una plataforma de emojis alojados en la nube que puede ser implementado en cualquier app para móvil. «Cuando el servicio esté disponible, en esta primavera, habrá varios miles de emojis a disposición de los usuarios», explica Kei Shimada, director de desarrollo de negocio de Dentsu en Tokyo.

El modelo de negocio de ;Dcloud hace recaer el peso de la aportación de ingresos en las compañías, utilizando contenido patrocinado. Los usuarios pueden disfrutar de la plataforma sin gastar un euro. «Tenemos una función que permite que los emojis sean clicables. Si el emoji ha sido creado por una empresa, cambia según el contenido del mensaje», cuenta Shimada. Cuando el emoji se activa, puede originar una animación a pantalla completa u ofrecer un mapa que muestre la localización de la tienda más cercana de la marca.

;DCloud se encuentra en plena fase de captación de desarrolladores interesados en integrar sus emoticonos en aplicaciones de mensajería, chat o email. Los desarrolladores también se llevarían una parte del pastel que aporta el contenido de marca.

«Los iconos que cada app sugerirá de entre la vasta colección dependerán del contexto del mensaje. Cada uno de esos emojis está categorizado y contiene una serie de metadatos que hacen esto posible», señala Shimada. A partir de ahí, todo depende de la capacidad de cada usuario de expresarse a través de un océano de loquísimos iconos japoneses.

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