31 de octubre 2011    /   BUSINESS
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Butt Magazine: La libido como herramienta periodística

31 de octubre 2011    /   BUSINESS     por          
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Hace una década el mundo de las publicaciones homosexuales entró en el nuevo milenio en una oficina de Ámsterdam. La revista rosa -literalmente rosa- BUTT Magazine ha abierto barreras y ha roto armarios con la innovación editorial como principal recurso normalizador.

Entre sus temas a tratar: entrevistas -también literalmente- a calzón quitado en las que se defiende la monogamia e incluso la abstinencia, o el retrato de una estrella del pop a través de la sincera y poco morbosa opinión de algunos de sus amantes esporádicos. Para BUTT la libido en todas sus formas también puede ser herramienta periodística.

Sin filtros heterosexuales ni riesgo de estandarización gay, ha pasado de fanzine de culto a publicación de referencia con el paulatino apoyo de la facción más creativa de la sociedad «queer». Gente como John Waters, Wolfgang Tilmans o Kele Okereke se han dejado ver entre sus páginas. En ellas se intercala el músculo y el michelín con rotunda soltura. No hay edad, estética, tribu urbana o práctica sexual excluida en su línea de publicación.

«Nuestra intención era hacer un magazine gay que fuera real, sin pretender representar ningún estilo de vida. Solo seleccionamos personalidades interesantes y presentamos al lector lo que piensan y hacen, sin querer construir con ello una imagen concreta de la revista», explica Gert Jonkers, su fundador junto a Jop van Bennekom. «Intentar decir a la gente que es lo que debe hacer y como llevar su vida es una de los peores inventos del siglo XX y no era una buena forma de entrar en el siglo XXI…»

El cotizado papel rosa en el que se imprime es, además de un símbolo social, una metáfora de su ambición profesional. «Los magazines no han cambiado casi nada en este tiempo, lucen diferente, algunos mejor que otros, pero las intenciones son igual de oscuras que antes. Nosotros no vamos de eso». Entre sus momentos de mayor orgullo para Jonkers, 29 números y casi 2.500 páginas después de su nacimiento: Entrevistar a Gore Vidal en Los Angeles, que Taschen recopilara sus primeros números en un libro o lo que gente como Michael Stipe hizo con ellos, apareciendo en una de sus portadas.

A pesar de que en este tiempo las bodas gays han comenzado a encontrar aceptación legal, BUTT no establece alianzas que le hagan perder frescura. Aunque al final la naturalidad con la que ha analizado temas apenas vistos en ningún otro medio de comunicación convencional les han hecho en realidad tremendamente populares. Pero más allá de abrazar o patear el «mainstream», lo que interesa al equipo de BUTT es «poder discutir asuntos gays sin centrarnos en clichés y buscar la diferencia».

Ante tal nivel de aceptación, su inteligente conversión digital ha sido uno de sus grandes aciertos, evitando los altos costes de impresión sin perder su particular estética.

Desde Brasil, México y China les reclamaban y no siempre era posible hacerse con uno de sus ejemplares. La Red ha sido la solución. En ella se ha creado una comunidad donde cada lector puede convertirse en sujeto activo -o pasivo- de BUTT. Es el complemento ideal, quizá la futura alternativa de la publicación, que durante estos días regresa con un nuevo número en papel y rompe con un año de ausencia física, solventada con su encarnación online. «El salto a Internet es una de las mejores cosas que nos han pasado en estos años. Ha sido el único modo de colocarnos al alcance de la mano», reconoce su creador.

Hace una década el mundo de las publicaciones homosexuales entró en el nuevo milenio en una oficina de Ámsterdam. La revista rosa -literalmente rosa- BUTT Magazine ha abierto barreras y ha roto armarios con la innovación editorial como principal recurso normalizador.

Entre sus temas a tratar: entrevistas -también literalmente- a calzón quitado en las que se defiende la monogamia e incluso la abstinencia, o el retrato de una estrella del pop a través de la sincera y poco morbosa opinión de algunos de sus amantes esporádicos. Para BUTT la libido en todas sus formas también puede ser herramienta periodística.

Sin filtros heterosexuales ni riesgo de estandarización gay, ha pasado de fanzine de culto a publicación de referencia con el paulatino apoyo de la facción más creativa de la sociedad «queer». Gente como John Waters, Wolfgang Tilmans o Kele Okereke se han dejado ver entre sus páginas. En ellas se intercala el músculo y el michelín con rotunda soltura. No hay edad, estética, tribu urbana o práctica sexual excluida en su línea de publicación.

«Nuestra intención era hacer un magazine gay que fuera real, sin pretender representar ningún estilo de vida. Solo seleccionamos personalidades interesantes y presentamos al lector lo que piensan y hacen, sin querer construir con ello una imagen concreta de la revista», explica Gert Jonkers, su fundador junto a Jop van Bennekom. «Intentar decir a la gente que es lo que debe hacer y como llevar su vida es una de los peores inventos del siglo XX y no era una buena forma de entrar en el siglo XXI…»

El cotizado papel rosa en el que se imprime es, además de un símbolo social, una metáfora de su ambición profesional. «Los magazines no han cambiado casi nada en este tiempo, lucen diferente, algunos mejor que otros, pero las intenciones son igual de oscuras que antes. Nosotros no vamos de eso». Entre sus momentos de mayor orgullo para Jonkers, 29 números y casi 2.500 páginas después de su nacimiento: Entrevistar a Gore Vidal en Los Angeles, que Taschen recopilara sus primeros números en un libro o lo que gente como Michael Stipe hizo con ellos, apareciendo en una de sus portadas.

A pesar de que en este tiempo las bodas gays han comenzado a encontrar aceptación legal, BUTT no establece alianzas que le hagan perder frescura. Aunque al final la naturalidad con la que ha analizado temas apenas vistos en ningún otro medio de comunicación convencional les han hecho en realidad tremendamente populares. Pero más allá de abrazar o patear el «mainstream», lo que interesa al equipo de BUTT es «poder discutir asuntos gays sin centrarnos en clichés y buscar la diferencia».

Ante tal nivel de aceptación, su inteligente conversión digital ha sido uno de sus grandes aciertos, evitando los altos costes de impresión sin perder su particular estética.

Desde Brasil, México y China les reclamaban y no siempre era posible hacerse con uno de sus ejemplares. La Red ha sido la solución. En ella se ha creado una comunidad donde cada lector puede convertirse en sujeto activo -o pasivo- de BUTT. Es el complemento ideal, quizá la futura alternativa de la publicación, que durante estos días regresa con un nuevo número en papel y rompe con un año de ausencia física, solventada con su encarnación online. «El salto a Internet es una de las mejores cosas que nos han pasado en estos años. Ha sido el único modo de colocarnos al alcance de la mano», reconoce su creador.

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