12 de noviembre 2015    /   CREATIVIDAD
por
fotografia  Javier Montero

En Matadero Madrid hay una máquina del tiempo

12 de noviembre 2015    /   CREATIVIDAD     por        fotografia  Javier Montero
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En Matadero (Madrid) hay una máquina del tiempo, y funciona. Puede detenerlo, puede alargarlo o puede aumentar la calidad de los minutos. Puede conectar a personas de distintas generaciones y volver jóvenes a los ancianos.

Desde el pasado mes de septiembre, doce personas mayores de 60 años que hasta ese momento no habían estado en contacto con la creación contemporánea asisten cada lunes a Matadero Madrid para participar en un proyecto de creación colectiva dirigido porJavier Montero, producido por Hablarenarte y realizado con el apoyo de Intermediae y Obra Social «la Caixa». En él se desarrolla un trabajo escénico de carácter experimental que tiene como objetivo «la colectivización de los procesos de producción artística». Las experiencias vitales de estas personas son espoleadas a través de distintas modalidades de arte en los ocho talleres temáticos que componen La máquina del tiempo.

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«Vemos en esto una muy interesante salida para que el arte contemporáneo ocupe un lugar decidido en la sociedad: colectivos hasta ahora ajenos a la creación contemporánea pueden aprovechar mucho del arte, aprendiendo de sus metodologías y de sus procesos de creación. Y a los artistas, a su vez, les es muy interesante tratar con colectivos que se ubican lejos del mundillo de la cultura para así poder enraizar su lenguaje y sus propuestas más en la realidad», reflexiona Sören Meschede, de la asociación Hablarenarte, cuya actividad con proyectos de artes escénicas ha virado en los últimos años hacia trabajos colaborativos.

«La edad no guarda a priori relación con la capacidad de ser creativo e ingenioso. Nuestros participantes están desarrollando unas piezas que realmente nos han sorprendido por su calidad», asegura. Pero hay otros factores que sí son determinantes: «Buenos artistas pueden ser todos los que conservan apertura de miras, la capacidad de asimilar su entorno y las ganas de hacer ver lo percibido a través de un lenguaje y punto de vista personal. Cierto es que con los años muchos nos volvemos cómodos y caemos en rutinas que nos impiden ver. La máquina de tiempo y los otros proyectos de arte social que desarrollamos sirven para ayudar a despertar esta curiosidad y aprovecharse de ella».

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Los asistentes al taller están realizando, según su director Javier Montero, «un trabajo fascinante». El eje central del proyecto es el gran taller de creación colectiva que él imparte. «A lo largo de todo el proceso recorremos diferentes fases, desde la escritura a la interpretación y puesta en escena. Esta labor se complementa con talleres temáticos dedicados a la escritura colectiva, la deriva urbana con el Paseo de Jane, la performance con Los Torreznos o la coreografía con Elena Córdoba».

Al igual que a Sören Meschede, a Montero no le resulta fácil generalizar cuando se habla de la creatividad en los mayores, ya que opina que las principales diferencias no las marca la edad sino el origen o la clase. «La gente mayor es muy diversa, pero tiene una rica experiencia de la vida y una potencia creativa que en numerosas ocasiones está esperando a ser activada. Además, nos permite alejarnos con la obsesión con “lo joven” que recorre toda nuestra cultura e ideas de creatividad como un cliché paralizante. A mi me encanta trabajar con ellos».

La potencia y calidad de los trabajos que se producen suele ser tan sorprendente y sofisticada que desafían el paradigma del artista individual

Su trabajo con gente mayor parte «de una necesidad personal», como él mismo explica: «Mis padres murieron hace bastante tiempo y durante años he tenido la sensación de que me faltaba la voz, el conocimiento, la visión y las experiencias de toda una generación. Empecé a diseñar proyectos colectivos de creación con ellos para abrirle espacio a esas voces y que pudieran experimentar sin trabas con las herramientas de la creación contemporánea».

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A pesar de la diversidad de la que habla Montero, y de que algunos asistentes tienen experiencia en artes escénicas y otras no, los asistentes al taller tienen puntos en común: «enormes ganas de trabajar y experimentar, grandes dosis de tolerancia y empatía y un gran potencial creativo».

No es ni mucho menos la primera vez que Montero se enfrenta a un proyecto de creación colectiva de estas características. Este director de artes escénicas, escritor y artista plástico lleva años experimentando con la colectivización de herramientas y dinámicas de producción artística y comunicación. «He trabajado con presos en la cárcel, con los alumnos de quinto de Primaria, con adolescentes, con personas mayores, con migrantes sin papeles, con estudiantes de comunicación y arte, con grupos abiertos integrados por personas muy diversas… Y en general los resultados son espectaculares, tanto desde el punto de vista pedagógico, de integración y empoderamiento social, como desde el artístico. La potencia y calidad de los trabajos que se producen suele ser tan sorprendente y sofisticada que desafían el paradigma del artista individual».

La máquina del tiempo nació de la experiencia que significaron proyectos escénicos colaborativos como La gaseosa de ácido eléctrico de Javier Montero en Intermediae o A Ciegas, realizado por Hablarenarte e Ismeni Espejel en Matadero.

El proceso de creación colectiva puede seguirse en Twitter o en el blog alojado en Intermediae. Al final, habrá una muestra del resultado, «que es muy posible que tome la forma de una pieza escénica colectiva», aunque para Montero ese broche de oro no es lo importante: «el proceso es en sí mismo fascinante y le da sentido a todo el trabajo que estamos realizando».

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En Matadero (Madrid) hay una máquina del tiempo, y funciona. Puede detenerlo, puede alargarlo o puede aumentar la calidad de los minutos. Puede conectar a personas de distintas generaciones y volver jóvenes a los ancianos.

Desde el pasado mes de septiembre, doce personas mayores de 60 años que hasta ese momento no habían estado en contacto con la creación contemporánea asisten cada lunes a Matadero Madrid para participar en un proyecto de creación colectiva dirigido porJavier Montero, producido por Hablarenarte y realizado con el apoyo de Intermediae y Obra Social «la Caixa». En él se desarrolla un trabajo escénico de carácter experimental que tiene como objetivo «la colectivización de los procesos de producción artística». Las experiencias vitales de estas personas son espoleadas a través de distintas modalidades de arte en los ocho talleres temáticos que componen La máquina del tiempo.

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«Vemos en esto una muy interesante salida para que el arte contemporáneo ocupe un lugar decidido en la sociedad: colectivos hasta ahora ajenos a la creación contemporánea pueden aprovechar mucho del arte, aprendiendo de sus metodologías y de sus procesos de creación. Y a los artistas, a su vez, les es muy interesante tratar con colectivos que se ubican lejos del mundillo de la cultura para así poder enraizar su lenguaje y sus propuestas más en la realidad», reflexiona Sören Meschede, de la asociación Hablarenarte, cuya actividad con proyectos de artes escénicas ha virado en los últimos años hacia trabajos colaborativos.

«La edad no guarda a priori relación con la capacidad de ser creativo e ingenioso. Nuestros participantes están desarrollando unas piezas que realmente nos han sorprendido por su calidad», asegura. Pero hay otros factores que sí son determinantes: «Buenos artistas pueden ser todos los que conservan apertura de miras, la capacidad de asimilar su entorno y las ganas de hacer ver lo percibido a través de un lenguaje y punto de vista personal. Cierto es que con los años muchos nos volvemos cómodos y caemos en rutinas que nos impiden ver. La máquina de tiempo y los otros proyectos de arte social que desarrollamos sirven para ayudar a despertar esta curiosidad y aprovecharse de ella».

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Los asistentes al taller están realizando, según su director Javier Montero, «un trabajo fascinante». El eje central del proyecto es el gran taller de creación colectiva que él imparte. «A lo largo de todo el proceso recorremos diferentes fases, desde la escritura a la interpretación y puesta en escena. Esta labor se complementa con talleres temáticos dedicados a la escritura colectiva, la deriva urbana con el Paseo de Jane, la performance con Los Torreznos o la coreografía con Elena Córdoba».

Al igual que a Sören Meschede, a Montero no le resulta fácil generalizar cuando se habla de la creatividad en los mayores, ya que opina que las principales diferencias no las marca la edad sino el origen o la clase. «La gente mayor es muy diversa, pero tiene una rica experiencia de la vida y una potencia creativa que en numerosas ocasiones está esperando a ser activada. Además, nos permite alejarnos con la obsesión con “lo joven” que recorre toda nuestra cultura e ideas de creatividad como un cliché paralizante. A mi me encanta trabajar con ellos».

La potencia y calidad de los trabajos que se producen suele ser tan sorprendente y sofisticada que desafían el paradigma del artista individual

Su trabajo con gente mayor parte «de una necesidad personal», como él mismo explica: «Mis padres murieron hace bastante tiempo y durante años he tenido la sensación de que me faltaba la voz, el conocimiento, la visión y las experiencias de toda una generación. Empecé a diseñar proyectos colectivos de creación con ellos para abrirle espacio a esas voces y que pudieran experimentar sin trabas con las herramientas de la creación contemporánea».

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A pesar de la diversidad de la que habla Montero, y de que algunos asistentes tienen experiencia en artes escénicas y otras no, los asistentes al taller tienen puntos en común: «enormes ganas de trabajar y experimentar, grandes dosis de tolerancia y empatía y un gran potencial creativo».

No es ni mucho menos la primera vez que Montero se enfrenta a un proyecto de creación colectiva de estas características. Este director de artes escénicas, escritor y artista plástico lleva años experimentando con la colectivización de herramientas y dinámicas de producción artística y comunicación. «He trabajado con presos en la cárcel, con los alumnos de quinto de Primaria, con adolescentes, con personas mayores, con migrantes sin papeles, con estudiantes de comunicación y arte, con grupos abiertos integrados por personas muy diversas… Y en general los resultados son espectaculares, tanto desde el punto de vista pedagógico, de integración y empoderamiento social, como desde el artístico. La potencia y calidad de los trabajos que se producen suele ser tan sorprendente y sofisticada que desafían el paradigma del artista individual».

La máquina del tiempo nació de la experiencia que significaron proyectos escénicos colaborativos como La gaseosa de ácido eléctrico de Javier Montero en Intermediae o A Ciegas, realizado por Hablarenarte e Ismeni Espejel en Matadero.

El proceso de creación colectiva puede seguirse en Twitter o en el blog alojado en Intermediae. Al final, habrá una muestra del resultado, «que es muy posible que tome la forma de una pieza escénica colectiva», aunque para Montero ese broche de oro no es lo importante: «el proceso es en sí mismo fascinante y le da sentido a todo el trabajo que estamos realizando».

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