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23 de noviembre 2012    /   BUSINESS
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La miopía comercial

23 de noviembre 2012    /   BUSINESS     por          
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La miopía es el estado refractivo en el que el punto focal se forma delante de la retina cuando el ojo se encuentra en reposo, en lugar de en la misma retina, como sería normal; contrario, por lo tanto, a la hipermetropía, en la que la imagen se forma detrás de la retina.

Al igual que en la miopía óptica, las empresas con miopía comercial tienen dificultades para enfocar bien los objetos lejanos, o su futuro comercial, y les puede conducir también a dolores de cabeza, estrabismo, incomodidad visual e irritación en la estrategia empresarial. No consiguen enfocar correctamente sobre las oportunidades, produciéndose la imagen antes o después de su retina de beneficios.

Esta distorsión lleva a llamar ‘piratas’ a quienes consumen música, libros o películas al margen de sus canales comerciales. Gran error de percepción que se combate, equivocadamente, persiguiendo estas prácticas e intentando volver a los modelos fenicios del intercambio: dinero a cambio de un objeto. En el momento en que ha desaparecido el elemento tangible, se ha digitalizado y ya no navega por el Mediterráneo; ha desaparecido, para ellos también, el dinero. Peor aún, entienden que se ha desvanecido el negocio. Pobres desgraciados, lo que se ha evaporado es esa anticuada tangibilidad o primitivo cambalache.

Me permito señalar que, aunque parezca una obviedad, al ‘pirata’ le gusta escuchar música, ama leer libros y goza con el cine; en consecuencia, no es un ‘pirata’, es un ‘cliente’. El hecho de que legalmente no esté contemplada una forma más moderna de intercambio comercial no es problema del consumidor, sino del proveedor. No se trata de animar nuevas cruzadas contra esta nueva modalidad de infiel, sino de estimular la creatividad para ofrecerle aquello que le gusta y disfruta. Y, desde luego, no atenta en absoluto contra el autor que sigue siendo objeto de deseo, sino contra la forma de distribución romántica y marinera.

Mientras se le siga llamando ‘pirata’ se le perseguirá con leyes impotentes y caducas que poco o nada pueden hacer. Si, por el contrario, se le piensa como ‘cliente’ que ama y desea música, libros y cine, abrimos la puerta a la innovación comercial y no a la persecución legal. ¿De verdad existe algún ingenuo que piensa que mayor firmeza legal reactivará el negocio?

Un ejemplo vivido: Hace algunos años, con la aparición de cámaras y sistemas acústicos para sustituir a los retrovisores en los automóviles, asistí a una crispada reunión en la que un fabricante de estos últimos se desesperaba ante la competencia, que temía le desplazara fatalmente del mercado.

Por fortuna, entre los asistentes había un profesional que no padecía marketingopia, o miopía comercial, tomó la palabra y afirmó con serenidad: “Nuestro trabajo no es fabricar retrovisores”. Ante la estupefacción de los asistentes, experimentados ingenieros y productores del espejito, reiteró: “Nuestro trabajo, y de lo que sabemos, es informar al conductor aquello que necesita saber y está fuera de su campo visual. Hasta ahora lo hemos hecho con retrovisores y nuestro reto es seguir haciéndolo”.

Simple, no fácil, pero, por favor, vale ya de llamarnos ‘piratas’.

Francesc Beltri Gebrat es socio de Mediterráneo Consultores

Foto: bajo licencia CC.

La miopía es el estado refractivo en el que el punto focal se forma delante de la retina cuando el ojo se encuentra en reposo, en lugar de en la misma retina, como sería normal; contrario, por lo tanto, a la hipermetropía, en la que la imagen se forma detrás de la retina.

Al igual que en la miopía óptica, las empresas con miopía comercial tienen dificultades para enfocar bien los objetos lejanos, o su futuro comercial, y les puede conducir también a dolores de cabeza, estrabismo, incomodidad visual e irritación en la estrategia empresarial. No consiguen enfocar correctamente sobre las oportunidades, produciéndose la imagen antes o después de su retina de beneficios.

Esta distorsión lleva a llamar ‘piratas’ a quienes consumen música, libros o películas al margen de sus canales comerciales. Gran error de percepción que se combate, equivocadamente, persiguiendo estas prácticas e intentando volver a los modelos fenicios del intercambio: dinero a cambio de un objeto. En el momento en que ha desaparecido el elemento tangible, se ha digitalizado y ya no navega por el Mediterráneo; ha desaparecido, para ellos también, el dinero. Peor aún, entienden que se ha desvanecido el negocio. Pobres desgraciados, lo que se ha evaporado es esa anticuada tangibilidad o primitivo cambalache.

Me permito señalar que, aunque parezca una obviedad, al ‘pirata’ le gusta escuchar música, ama leer libros y goza con el cine; en consecuencia, no es un ‘pirata’, es un ‘cliente’. El hecho de que legalmente no esté contemplada una forma más moderna de intercambio comercial no es problema del consumidor, sino del proveedor. No se trata de animar nuevas cruzadas contra esta nueva modalidad de infiel, sino de estimular la creatividad para ofrecerle aquello que le gusta y disfruta. Y, desde luego, no atenta en absoluto contra el autor que sigue siendo objeto de deseo, sino contra la forma de distribución romántica y marinera.

Mientras se le siga llamando ‘pirata’ se le perseguirá con leyes impotentes y caducas que poco o nada pueden hacer. Si, por el contrario, se le piensa como ‘cliente’ que ama y desea música, libros y cine, abrimos la puerta a la innovación comercial y no a la persecución legal. ¿De verdad existe algún ingenuo que piensa que mayor firmeza legal reactivará el negocio?

Un ejemplo vivido: Hace algunos años, con la aparición de cámaras y sistemas acústicos para sustituir a los retrovisores en los automóviles, asistí a una crispada reunión en la que un fabricante de estos últimos se desesperaba ante la competencia, que temía le desplazara fatalmente del mercado.

Por fortuna, entre los asistentes había un profesional que no padecía marketingopia, o miopía comercial, tomó la palabra y afirmó con serenidad: “Nuestro trabajo no es fabricar retrovisores”. Ante la estupefacción de los asistentes, experimentados ingenieros y productores del espejito, reiteró: “Nuestro trabajo, y de lo que sabemos, es informar al conductor aquello que necesita saber y está fuera de su campo visual. Hasta ahora lo hemos hecho con retrovisores y nuestro reto es seguir haciéndolo”.

Simple, no fácil, pero, por favor, vale ya de llamarnos ‘piratas’.

Francesc Beltri Gebrat es socio de Mediterráneo Consultores

Foto: bajo licencia CC.

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