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28 de enero 2015    /   CINE/TV
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La muerte alenta las musas

28 de enero 2015    /   CINE/TV     por          
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«El extraño caso del Dr. Jekyll y Mr. Hyde es una obra escrita en la cama entre hemorragias pulmonares»: así comienza Nabokov su análisis de la obra de Robert Louis Stevenson. El comentario es pertinente y necesario: la concepción de Jekyll y Hyde no se entiende sin la enfermedad del autor.
Stevenson escribió y reescribió este libro con 35 años, en diez semanas, con el temor a morir por sus problemas de salud y lamentando no haber escrito hasta entonces una obra de la que sentirse orgulloso. El extraño caso es la única obra «auténtica» de Stevenson, llena de referencias a su juventud bohemia (una juventud que hubiera avergonzado a su mujer de haberla descubierto). Stevenson murió veinte años después de su publicación, y hasta el último día escribió entre hemorragias, toses y terribles dolores de cabeza.
Durante su vida bohemia, Stevenson conoció a William Ernest Henley, poeta enfermo que el joven escritor tomó como inspiración para su carrera. Ernest Henley padeció tuberculosis y debido a ello perdió una pierna: por esto caminaba con una pata de palo. Stevenson hizo un homenaje al poeta en La Isla del Tesoro y le escribió una carta: «Tengo que hacerte una confesión. Fue la imagen de tu fuerza mutilada y de tu autoridad la que engendró a John Silver El Largo… la idea del hombre mutilado, gobernando y temido por el sonido de su voz». (Ernest Henley también inspiró a un Mandela encarcelado con el poema Invictus —escrito en una estancia hospitalaria, y que sirvió como título a la película de Clint Eastwood sobre el líder sudafricano).
Tanto Stevenson como Ernest Henley son ejemplos de cómo los artistas se han inspirado en la enfermedad y en pensar que la muerte está cercana. Puede que se deba a la intención de dejar un legado y/o querer hacer aquello que realmente se desea a pesar de los dolores.
El guionista español Pablo Olivares, fallecido por ELA (una enfermedad muscular degenerativa e  incurable), también es ejemplo de la creación a pesar de la enfermedad. Puede que su nombre sea desconocido para muchas personas, pero su trabajo llegó a millones de espectadores. Guionista de raza —como lo define Javier, hermano y socio en la escritura—, fue prolífico durante los cuatro años que luchó contra el ELA. Pablo aceptó el diagnóstico con entereza: «He hecho morir a tantos personajes con dignidad, que solo espero poder hacer lo mismo conmigo». A partir de ese momento, Pablo y su hermano Javier comenzaron a crear a contracorriente de la ficción nacional series como Isabel (ganadora de premios nacionales y extranjeros) y también Víctor Ros y El Ministerio del tiempo (ambas por estrenar en la televisión en abierto).
Muchos artistas quieren crear la «gran obra» cuando concluyan la «obra alimenticia» (algún día, el próximo año…) Por otro lado, otras personas que quieren ser artistas esperan a las próximas vacaciones para comenzar la obra que llevan barruntando durante años. El cansancio es la excusa de los artistas profesionales y los aficionados. Querer descansar tras un día de trabajo es un derecho, es justo, pero a veces, el ansiado descanso no es tal: el tiempo libre se dedica a compromisos sociales, actualizaciones de las redes o subir niveles en juegos virtuales: actividades incompatibles con el arte. Y en cualquier caso, el cansancio de una persona sana no es comparable a las hemorragias pulmonares o la distrofia muscular. La creación no es una intención: es una decisión y una práctica. Y la idea de la muerte puede alentar a las musas.
«Si un camión le atropellara y estuviera muriéndose en la cuneta, y tuviera tiempo para cantar una canción, una sola canción para que le recordaran antes de convertirse en polvo […] ¿cantaría la misma canción de Jimmy Davis que oímos todos los días en la radio […]? ¿O cantaría algo diferente? ¿Algo real, algo que de verdad sienta?», dice un productor discográfico a Johnny Cash (Joaquin Phoenix) en la película Walk the line. El pequeño discurso es uno de los momentos brillantes de la película. Cash, que está sano, piensa un momento; y la idea del dolor y la muerte calan: canta lo que guarda su alma (un alma dolida por la muerte de su hermano) y así comienza su mito.

«El extraño caso del Dr. Jekyll y Mr. Hyde es una obra escrita en la cama entre hemorragias pulmonares»: así comienza Nabokov su análisis de la obra de Robert Louis Stevenson. El comentario es pertinente y necesario: la concepción de Jekyll y Hyde no se entiende sin la enfermedad del autor.
Stevenson escribió y reescribió este libro con 35 años, en diez semanas, con el temor a morir por sus problemas de salud y lamentando no haber escrito hasta entonces una obra de la que sentirse orgulloso. El extraño caso es la única obra «auténtica» de Stevenson, llena de referencias a su juventud bohemia (una juventud que hubiera avergonzado a su mujer de haberla descubierto). Stevenson murió veinte años después de su publicación, y hasta el último día escribió entre hemorragias, toses y terribles dolores de cabeza.
Durante su vida bohemia, Stevenson conoció a William Ernest Henley, poeta enfermo que el joven escritor tomó como inspiración para su carrera. Ernest Henley padeció tuberculosis y debido a ello perdió una pierna: por esto caminaba con una pata de palo. Stevenson hizo un homenaje al poeta en La Isla del Tesoro y le escribió una carta: «Tengo que hacerte una confesión. Fue la imagen de tu fuerza mutilada y de tu autoridad la que engendró a John Silver El Largo… la idea del hombre mutilado, gobernando y temido por el sonido de su voz». (Ernest Henley también inspiró a un Mandela encarcelado con el poema Invictus —escrito en una estancia hospitalaria, y que sirvió como título a la película de Clint Eastwood sobre el líder sudafricano).
Tanto Stevenson como Ernest Henley son ejemplos de cómo los artistas se han inspirado en la enfermedad y en pensar que la muerte está cercana. Puede que se deba a la intención de dejar un legado y/o querer hacer aquello que realmente se desea a pesar de los dolores.
El guionista español Pablo Olivares, fallecido por ELA (una enfermedad muscular degenerativa e  incurable), también es ejemplo de la creación a pesar de la enfermedad. Puede que su nombre sea desconocido para muchas personas, pero su trabajo llegó a millones de espectadores. Guionista de raza —como lo define Javier, hermano y socio en la escritura—, fue prolífico durante los cuatro años que luchó contra el ELA. Pablo aceptó el diagnóstico con entereza: «He hecho morir a tantos personajes con dignidad, que solo espero poder hacer lo mismo conmigo». A partir de ese momento, Pablo y su hermano Javier comenzaron a crear a contracorriente de la ficción nacional series como Isabel (ganadora de premios nacionales y extranjeros) y también Víctor Ros y El Ministerio del tiempo (ambas por estrenar en la televisión en abierto).
Muchos artistas quieren crear la «gran obra» cuando concluyan la «obra alimenticia» (algún día, el próximo año…) Por otro lado, otras personas que quieren ser artistas esperan a las próximas vacaciones para comenzar la obra que llevan barruntando durante años. El cansancio es la excusa de los artistas profesionales y los aficionados. Querer descansar tras un día de trabajo es un derecho, es justo, pero a veces, el ansiado descanso no es tal: el tiempo libre se dedica a compromisos sociales, actualizaciones de las redes o subir niveles en juegos virtuales: actividades incompatibles con el arte. Y en cualquier caso, el cansancio de una persona sana no es comparable a las hemorragias pulmonares o la distrofia muscular. La creación no es una intención: es una decisión y una práctica. Y la idea de la muerte puede alentar a las musas.
«Si un camión le atropellara y estuviera muriéndose en la cuneta, y tuviera tiempo para cantar una canción, una sola canción para que le recordaran antes de convertirse en polvo […] ¿cantaría la misma canción de Jimmy Davis que oímos todos los días en la radio […]? ¿O cantaría algo diferente? ¿Algo real, algo que de verdad sienta?», dice un productor discográfico a Johnny Cash (Joaquin Phoenix) en la película Walk the line. El pequeño discurso es uno de los momentos brillantes de la película. Cash, que está sano, piensa un momento; y la idea del dolor y la muerte calan: canta lo que guarda su alma (un alma dolida por la muerte de su hermano) y así comienza su mito.

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