24 de enero 2012    /   ENTRETENIMIENTO
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La muerte no tiene por qué ser una mierda

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Nacemos, crecemos, intentamos reproducirnos y morimos. La mayoría al menos sigue ese esquema. Luego están los que aseguran que después de morirse han vuelto, los que dicen que nunca morirán y los que de verdad logran reproducirse -los más extraños son estos últimos-. La muerte es ese miedo atávico al que todos nos enfrentamos, ese punto final en el que se congela todo para siempre, ese anatema al que algunos intentan combatir con creencias místicas variadas. Pero la muerte no tiene por qué ser una mierda: dentro de lo trágica que casi siempre suele ser, uno puede tomárselo con humor. El humor negro mola, eso es así.

Ya avisamos que el hecho de que enfrentarse a la muerte no tenga por qué ser una mierda no significa directamente que la muerte mole. Como no estamos seguros de que sea un proceso reversible -de hecho, más bien parece lo contrario-, recomendamos encarecidamente que nadie, preso de un súbito júbilo al leer esto, decida probarlo y morirse. No, lectores, no lo hagan. No está la cosa como para ir perdiendo audiencia.

Aunque cierto es, claro está, que muy pocos han vuelto después de la muerte. Tan pocos son que, para uno que asegura que lo hizo, se convirtió en un fenómeno de masas planetario con millones de seguidores durante los últimos dos mil años. También es verdad que podríamos pensar que la muerte no tiene por qué ser tan mala, dado que nadie ha vuelto espantado a decirnos “buf, no te mueras, es un bajón”.

En cualquier caso, la muerte es una de esas cosas que nos da mal rollo a los humanos. Es un tema tabú. Como el sexo, pero por motivos bien diferentes. Un tema que acostumbras a no hablar con otros “por si acaso”, y cuando hablas resulta difícil hacerlo. A algunos bromear con la muerte no les gusta, y es un tema con el que te arriesgas a ofender.

La muerte no es políticamente correcta, y eso nos hace ser estúpidamente correctos con los muertos: cada vez que alguien se muere, aunque haya sido el mayor canalla, siempre se destacan las cosas buenas que hizo. Que si amigo de sus amigos, que si una persona tierna en la intimidad, que si hizo cosas buenas pese a tal y cual. Hay excepciones, claro, pero pocas. Hasta de un tipo tan siniestro como Kim Jong-Il aflora el lado humorístico: aunque existía desde hace mucho tiempo, tras su muerte ha cobrado fama un genial Tumblr que recoge fotografías del ‘querido líder’ norcoreano mirando cosas.

Pero conviene tomarse las cosas a risa: ya que tiene que llegar de forma inexorable, riámonos de ella. Como bien dice este grupo de Facebook dedicado a Mario Bros, lo que no te mata te hace más pequeño. O como hacían los míticos Def Con Dos hace años con su ácida canción ‘Pánico a una muerte ridícula’, con frases como: “Divertidas fiestas de moros y cristianos, lanzas, espadas y lluvia de petardos: la pólvora no siempre explota donde debe, disfrazados de paje hay muchos que mueren”.

Y si hablamos de muerte no podemos obviar el fenómeno que mejor la representa en tiempos de crisis: el éxito de los zombies. No sólo es ‘Waking dead’ en la tele u ‘Orgullo y prejuicio zombie’ en nuestas librerías: el fenómeno de los muertos vivientes resucita -nunca mejor dicho- por un buen motivo. Dicen los sociólogos que el miedo a unas criaturas tan lentas y torpes se debe a que encarnan una representación metafórica de la sociedad actual: seres alienados que son letales para la conciencia cuando se convierten en una masa de muchos individuos. Vale, miedo a la masa, pero… ¿y si un día los muertos se levantan? Entonces más te vale prepararte con algo de información y enfrentándote a este test para saber cuántas posibilidades tendrías de sobrevivir ante un eventual apocalipsis zombie. Sin piedad, ya sabes.

Por si no lo crees, la muerte está presente en nuestras vidas. Más de lo que crees. Nos rodea. Te la nombran. La cantas, incluso. Sí, es algo subliminal, pero hay canciones que se han hecho realmente famosas, que piensas que tienen letras ñoñas, como la de Ai Se Eu Te Pego, y en verdad sólo quieren decirte una cosa: hasta Miguel Bosé puede tener serios instintos homicidas.

Imagen: Mavis, CC vía Flickr

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Ya avisamos que el hecho de que enfrentarse a la muerte no tenga por qué ser una mierda no significa directamente que la muerte mole. Como no estamos seguros de que sea un proceso reversible -de hecho, más bien parece lo contrario-, recomendamos encarecidamente que nadie, preso de un súbito júbilo al leer esto, decida probarlo y morirse. No, lectores, no lo hagan. No está la cosa como para ir perdiendo audiencia.

Aunque cierto es, claro está, que muy pocos han vuelto después de la muerte. Tan pocos son que, para uno que asegura que lo hizo, se convirtió en un fenómeno de masas planetario con millones de seguidores durante los últimos dos mil años. También es verdad que podríamos pensar que la muerte no tiene por qué ser tan mala, dado que nadie ha vuelto espantado a decirnos “buf, no te mueras, es un bajón”.

En cualquier caso, la muerte es una de esas cosas que nos da mal rollo a los humanos. Es un tema tabú. Como el sexo, pero por motivos bien diferentes. Un tema que acostumbras a no hablar con otros “por si acaso”, y cuando hablas resulta difícil hacerlo. A algunos bromear con la muerte no les gusta, y es un tema con el que te arriesgas a ofender.

La muerte no es políticamente correcta, y eso nos hace ser estúpidamente correctos con los muertos: cada vez que alguien se muere, aunque haya sido el mayor canalla, siempre se destacan las cosas buenas que hizo. Que si amigo de sus amigos, que si una persona tierna en la intimidad, que si hizo cosas buenas pese a tal y cual. Hay excepciones, claro, pero pocas. Hasta de un tipo tan siniestro como Kim Jong-Il aflora el lado humorístico: aunque existía desde hace mucho tiempo, tras su muerte ha cobrado fama un genial Tumblr que recoge fotografías del ‘querido líder’ norcoreano mirando cosas.

Pero conviene tomarse las cosas a risa: ya que tiene que llegar de forma inexorable, riámonos de ella. Como bien dice este grupo de Facebook dedicado a Mario Bros, lo que no te mata te hace más pequeño. O como hacían los míticos Def Con Dos hace años con su ácida canción ‘Pánico a una muerte ridícula’, con frases como: “Divertidas fiestas de moros y cristianos, lanzas, espadas y lluvia de petardos: la pólvora no siempre explota donde debe, disfrazados de paje hay muchos que mueren”.

Y si hablamos de muerte no podemos obviar el fenómeno que mejor la representa en tiempos de crisis: el éxito de los zombies. No sólo es ‘Waking dead’ en la tele u ‘Orgullo y prejuicio zombie’ en nuestas librerías: el fenómeno de los muertos vivientes resucita -nunca mejor dicho- por un buen motivo. Dicen los sociólogos que el miedo a unas criaturas tan lentas y torpes se debe a que encarnan una representación metafórica de la sociedad actual: seres alienados que son letales para la conciencia cuando se convierten en una masa de muchos individuos. Vale, miedo a la masa, pero… ¿y si un día los muertos se levantan? Entonces más te vale prepararte con algo de información y enfrentándote a este test para saber cuántas posibilidades tendrías de sobrevivir ante un eventual apocalipsis zombie. Sin piedad, ya sabes.

Por si no lo crees, la muerte está presente en nuestras vidas. Más de lo que crees. Nos rodea. Te la nombran. La cantas, incluso. Sí, es algo subliminal, pero hay canciones que se han hecho realmente famosas, que piensas que tienen letras ñoñas, como la de Ai Se Eu Te Pego, y en verdad sólo quieren decirte una cosa: hasta Miguel Bosé puede tener serios instintos homicidas.

Imagen: Mavis, CC vía Flickr

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