1 de febrero 2012    /   CREATIVIDAD
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La portada de Yorokobu de febrero

1 de febrero 2012    /   CREATIVIDAD     por          
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El niño es japonés. El padre es de otro continente. ¿Cuál? ¿? El adulto es marinero y su pelo es naranja. ¿Por qué? ¿? El autor de la portada, Ricardo Cavolo, no dibujó ninguna justificación. No ilustró la historia que hay detrás de estos personajes y de este mar.

Dice que el relato de esa espalda tatuada, esas olas, ese barco y ese niño impecablemente vestido es responsabilidad del que lo mira. Es trabajo de su fantasía. “En todos mis trabajos intento crear una historia interna. Que haya una intrahistoria”, cuenta el ilustrador. “En este caso personifiqué a Yorokobu como un pequeño niño japonés con un padre marinero de otro continente (tiene barba castaña o pelirroja, así que japonés no puede ser). Y a partir de ahí ya dejo a la imaginación de cada uno que reconstruya la historia de un marinero de barba pelirroja que termina teniendo un hijo en Japón y, además, intento que se note que tienen una relación tan positiva como la expresión que refleja el pequeño Yorokobu en su tímida pero feliz cara”.

Ricardo Cavolo dibujó esa escena y situó el lettering de Yorokobu en el dorso del marinero. El niño se llevó también su parte de tinta. En la frente. Es la imagen que se impuso ganadora en el concurso Hazlo Tú, convocado por Yorokobu + Volkswagen, para el diseño de la portada y la contraportada de este número de febrero.

La técnica utilizada es tinta y acuarela en papel. “He querido crear una gran masa llena de tatuajes para reflejar esa cantidad ingente de información que se trata en un medio como Yorokobu. Ese torso es como el universo de las ideas, repleto de cientos de fuentes de inspiración y diversos mundos de los que aprender”, especifica el diseñador.

Cavolo tiró más de sus manos que de ordenador para dibujar la portada. Lo hace en todos sus trabajos. “Si hay algo que trato que sea una constante en mi trabajo es que todo sea hecho a mano. Primero, porque es como mejor sé contar las cosas, y segundo, porque me parece que algo hecho a mano tiene más calor o más alma. Trabajo mucho el color para que siempre sea impactante y llame la atención. Y en cuanto a estilo, se puede decir que es sencillo o un poco naïf, y lo uso precisamente para contar historias más complejas. Si el estilo es sencillo, es más directo y llega mejor al espectador”.

Este ilustrador, nacido en Salamanca y licenciado en Bellas Artes, asegura que le interesa mucho “toda la faceta outsider del mundo, todo aquello a lo que, por rechazo o desconocimiento (o ambas), no se le presta la debida atención. Y trato de trabajar esa parte fuera de lo normal en mi obra, intentando darle la dignidad que merece a esa parte del mundo”.

 

El niño es japonés. El padre es de otro continente. ¿Cuál? ¿? El adulto es marinero y su pelo es naranja. ¿Por qué? ¿? El autor de la portada, Ricardo Cavolo, no dibujó ninguna justificación. No ilustró la historia que hay detrás de estos personajes y de este mar.

Dice que el relato de esa espalda tatuada, esas olas, ese barco y ese niño impecablemente vestido es responsabilidad del que lo mira. Es trabajo de su fantasía. “En todos mis trabajos intento crear una historia interna. Que haya una intrahistoria”, cuenta el ilustrador. “En este caso personifiqué a Yorokobu como un pequeño niño japonés con un padre marinero de otro continente (tiene barba castaña o pelirroja, así que japonés no puede ser). Y a partir de ahí ya dejo a la imaginación de cada uno que reconstruya la historia de un marinero de barba pelirroja que termina teniendo un hijo en Japón y, además, intento que se note que tienen una relación tan positiva como la expresión que refleja el pequeño Yorokobu en su tímida pero feliz cara”.

Ricardo Cavolo dibujó esa escena y situó el lettering de Yorokobu en el dorso del marinero. El niño se llevó también su parte de tinta. En la frente. Es la imagen que se impuso ganadora en el concurso Hazlo Tú, convocado por Yorokobu + Volkswagen, para el diseño de la portada y la contraportada de este número de febrero.

La técnica utilizada es tinta y acuarela en papel. “He querido crear una gran masa llena de tatuajes para reflejar esa cantidad ingente de información que se trata en un medio como Yorokobu. Ese torso es como el universo de las ideas, repleto de cientos de fuentes de inspiración y diversos mundos de los que aprender”, especifica el diseñador.

Cavolo tiró más de sus manos que de ordenador para dibujar la portada. Lo hace en todos sus trabajos. “Si hay algo que trato que sea una constante en mi trabajo es que todo sea hecho a mano. Primero, porque es como mejor sé contar las cosas, y segundo, porque me parece que algo hecho a mano tiene más calor o más alma. Trabajo mucho el color para que siempre sea impactante y llame la atención. Y en cuanto a estilo, se puede decir que es sencillo o un poco naïf, y lo uso precisamente para contar historias más complejas. Si el estilo es sencillo, es más directo y llega mejor al espectador”.

Este ilustrador, nacido en Salamanca y licenciado en Bellas Artes, asegura que le interesa mucho “toda la faceta outsider del mundo, todo aquello a lo que, por rechazo o desconocimiento (o ambas), no se le presta la debida atención. Y trato de trabajar esa parte fuera de lo normal en mi obra, intentando darle la dignidad que merece a esa parte del mundo”.

 

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