3 de julio 2017    /   CREATIVIDAD
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La portada de Yorokobu empapada de mar

3 de julio 2017    /   CREATIVIDAD     por          
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Lo llaman el estigma azul. El que nace en la costa queda empapado de la identidad del mar para el resto de su vida. Eso le ocurre a Víctor Bregante y por eso, cuando empezó a dibujar esta portada para la revista Yorokobu de verano, la playa se apoderó del papel. Comenzaron a entrar estrellas de mar, cangrejos, conchas y caracolas en el boceto sin que él pudiera impedirlo.

Por el balcón de su casa, en Sitges, se colaron unas gotas de agua que procedían de las olas que rompían en la orilla. Pero no mojaron la lámina. Se quedaron, como burbujas, sobre la hoja. Y entonces, para que no se perdieran en su color invisible, el ilustrador las pintó de azul.

portada yorokobu julio

«Quería reflejar las gotas de agua que saltan cuando picas en el mar y las coloreé para que mantuvieran el turquesa», cuenta el diseñador gráfico. «Mi intención es transmitir la frescura del agua y una sensación veraniega».

Porque si de algo no hay duda este estío es que después del invierno llega el infierno. Bregante descubrió que el sol estaba decidido a cocinar el verano a fuego fuerte. Por eso, mientras veía cómo cocía el asfalto y derretía los termómetros, dibujó una cuerda de vela para escapar.

Bosquejó entre 20 y 30 composiciones de amarres y elementos marinos hasta que apareció la que por fin le gustaba. «Encontré algo equilibrado y después lo pasé a digital para limpiar las formas», explica. «Entonces le di un tratamiento de luz y texturas con la intención de darle volumen y que dejen de ser planas».

La cuerda y las gotas fueron tomando corpulencia, como si quisieran salir del papel y huir de la canícula; como si quisieran volver a la orilla de una playa que se abre cuando Bregante levanta la persiana y mira al frente atendiendo la llamada del estigma azul.

Lo llaman el estigma azul. El que nace en la costa queda empapado de la identidad del mar para el resto de su vida. Eso le ocurre a Víctor Bregante y por eso, cuando empezó a dibujar esta portada para la revista Yorokobu de verano, la playa se apoderó del papel. Comenzaron a entrar estrellas de mar, cangrejos, conchas y caracolas en el boceto sin que él pudiera impedirlo.

Por el balcón de su casa, en Sitges, se colaron unas gotas de agua que procedían de las olas que rompían en la orilla. Pero no mojaron la lámina. Se quedaron, como burbujas, sobre la hoja. Y entonces, para que no se perdieran en su color invisible, el ilustrador las pintó de azul.

portada yorokobu julio

«Quería reflejar las gotas de agua que saltan cuando picas en el mar y las coloreé para que mantuvieran el turquesa», cuenta el diseñador gráfico. «Mi intención es transmitir la frescura del agua y una sensación veraniega».

Porque si de algo no hay duda este estío es que después del invierno llega el infierno. Bregante descubrió que el sol estaba decidido a cocinar el verano a fuego fuerte. Por eso, mientras veía cómo cocía el asfalto y derretía los termómetros, dibujó una cuerda de vela para escapar.

Bosquejó entre 20 y 30 composiciones de amarres y elementos marinos hasta que apareció la que por fin le gustaba. «Encontré algo equilibrado y después lo pasé a digital para limpiar las formas», explica. «Entonces le di un tratamiento de luz y texturas con la intención de darle volumen y que dejen de ser planas».

La cuerda y las gotas fueron tomando corpulencia, como si quisieran salir del papel y huir de la canícula; como si quisieran volver a la orilla de una playa que se abre cuando Bregante levanta la persiana y mira al frente atendiendo la llamada del estigma azul.

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