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4 de junio 2012    /   DIGITAL
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La religión de internet: Cópiame

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“Copiadme, hermanos. Así como yo copio al mismo Jesucristo”. El apóstol Pablo dijo esta frase a los corintios (1 Corintios 11:1) y la Biblia la perpetuó para siempre.

La palabra ‘copiar’ tenía en ese contexto un halo sagrado. Era lo correcto. Era lo esperado.

Pero la historia aguardaba para demonizar esta palabra. En la Edad Media apareció la imprenta y unos siglos después los libros empezaron a llenar bibliotecas. Hacer copias y distribuir una obra era fácil. Era el comienzo de la caída de las barreras culturales tras las que los poderosos siempre se habían blindado. Aunque la cosa no iba a ser fácil.

Algunos intelectuales y religiosos de Europa y EEUU empezaron a reclamar la propiedad intelectual de sus obras. Los parlamentos comenzaron a incluir el copyright en sus legislaciones y el siglo XX llevó el concepto a su máxima expresión en forma de licencias, patentes, derechos de autor… Miles de intermediarios empezaron a vivir y lucrarse de la protección de lo que hacían otros. Y, de paso, echaron el freno a la investigación, la experimentación y la innovación. Si alguien registraba una idea, aunque no hiciera nada con ella, nadie la podía usar.

Pero la historia aguardaba de nuevo. Tenía preparado a finales del XX un invento llamado internet que volvería a situar la palabra ‘copiar’ en el trono de los buenos. Miles de personas en el mundo empezaron a pensar que copiar es una forma de compartir, de extender la cultura y de impulsar el progreso de la Humanidad, y así surgieron las licencias de bienes comunes creativos o Creative Commons.

Esto ocurrió en el ámbito legal. Era una de las manifestaciones de una nueva forma de entender la cultura y la propiedad. Y no fue la única. Un estudiante finlandés de 19 años llamado Isak Gerson pensó que esta creencia debía convertirse en una religión. En los primeros años del siglo XXI se acuñó el nombre, Kopimism, y desde finales de 2011 es una religión oficial más en Suecia. El estado sueco la reconoce como organización religiosa. Pero hasta ahí. La petición de este grupo de legalizar los matrimonios que realizan entre sus miembros ha sido denegada por la Agencia sueca de servicios legales, financieros y administrativos.

El nombre de este credo surgió de la unión de las palabras ‘Copy me’ (Cópiame). “Una invitación a copiar”, dicen los estatutos de la Iglesia Misionaria Copimista. “Es una actitud de vida, animada por el deseo de copiar y ser copiado”.

Los copistas dejaron claro desde sus inicios que su organización no tenía ninguna motivación política ni filosófica. Solo entienden sus principios en forma de religión. “Para nosotros, la cuestión de la libertad de copiar no es un asunto político. Es mucho más que eso”, escriben en sus evangelios. “Los liberales y los comunistas están interesados en la producción de bienes materiales, compartir propiedades físicas y establecer regímenes autoritarios y coercitivos que controlan la vida diaria de las personas. Nosotros estamos interesados en multiplicar datos y, mediante su multiplicación, extender la cultura”.

Esa expansión del conocimiento es su misión. No conciben el derecho de propiedad intelectual y rechazan con decisión la acusación de que llevar la cultura a todo el mundo sea usurpar. “No estamos interesados en privar a un grupo y favorecer a otro del acceso a la cultura mediante la propiedad intelectual. Copiar no es robar. Remezclar no es robar”.

Los copistas han escuchado repetidas veces de sus detractores que “si todo el mundo copiara todo y lo vendiese como suyo, nadie podría hacer nada”. Ellos, en un escrito aclaratorio en una de sus múltiples webs (Kipimistaamfundet.org), indican que “esta lógica es extrema y no existe en el mundo real”.

“La misma lógica extremista se podría aplicar en el caso de la protección intelectual. Si se extendiera a su máxima expresión, ningún libro se podría abrir sin pagar por ello. La educación, el entretenimiento y las expresiones culturales en todas sus formas serían tan caras que solo los más pudientes tendrían acceso a ellas. El mundo se dividiría entre los intelectuales y los que vivirían en la oscuridad creativa porque no tendrían acceso a la cultura. (…) La gente carecería de inspiración para construir sobre la obra de otros porque no podrían descubrir trabajos de otras personas. El plagio y la venta desautorizada del contenido creado por otro individuo es un asunto completamente distinto. Nosotros abogamos por copiar y compartir por motivos religiosos. No por temas financieros”.

Sus símbolos sagrados son los atajos de teclado CTRL+C (copiar) y CTRL+V (pegar), y con ellos defienden sin concesiones una cultura absolutamente libre y universal. No tienen dios ni creen en fuerzas sobrenaturales. “La vida, tal y como la conocemos, se originó con la habilidad de duplicarse del ADN. Este proceso es el elemento más básico de la vida y de la naturaleza. El ADN es un portador de información, el resultado de segmentos moleculares que determinan realmente en lo que nos hemos convertido. (…) Copiar es fundamental para la vida y está presente constantemente entre nosotros. La información compartida proporciona nuevas perspectivas y genera vida nueva. Nosotros sentimos una conexión espiritual con cada archivo creado”.

Su doctrina defiende que “ninguna persona puede ser excluida de la comunidad global de compartir conocimiento e información”. “La cultura deja de tener sentido y se muere si no se expande. Copiar es crear. Crear es copiar. Pensar que las cosas y las obras surgen de la nada es una idea absurda”.

El Copimismo, como toda religión, tiene sus polos opuestos que alejan al bien del mal. El bien: el que crea, el que copia, el que distribuye. El mal: el censor, el controlador, el que pone límites a internet.

Y un amén: “Copia y siembra”.

Principios del Copimismo

  • Todo el conocimiento para todos
  • La búsqueda de información es sagrada
  • La circulación del conocimiento es sagrada
  • El acto de copiar es sagrado
  • Copiar información es éticamente correcto
  • La diseminación de información es éticamente correcta
  • Copiar y mezclar es una forma sagrada de copiar porque expande y enriquece la información existente
  • Internet es sagrado
  • El código es ley

Una boda

“Copiadme, hermanos. Así como yo copio al mismo Jesucristo”. El apóstol Pablo dijo esta frase a los corintios (1 Corintios 11:1) y la Biblia la perpetuó para siempre.

La palabra ‘copiar’ tenía en ese contexto un halo sagrado. Era lo correcto. Era lo esperado.

Pero la historia aguardaba para demonizar esta palabra. En la Edad Media apareció la imprenta y unos siglos después los libros empezaron a llenar bibliotecas. Hacer copias y distribuir una obra era fácil. Era el comienzo de la caída de las barreras culturales tras las que los poderosos siempre se habían blindado. Aunque la cosa no iba a ser fácil.

Algunos intelectuales y religiosos de Europa y EEUU empezaron a reclamar la propiedad intelectual de sus obras. Los parlamentos comenzaron a incluir el copyright en sus legislaciones y el siglo XX llevó el concepto a su máxima expresión en forma de licencias, patentes, derechos de autor… Miles de intermediarios empezaron a vivir y lucrarse de la protección de lo que hacían otros. Y, de paso, echaron el freno a la investigación, la experimentación y la innovación. Si alguien registraba una idea, aunque no hiciera nada con ella, nadie la podía usar.

Pero la historia aguardaba de nuevo. Tenía preparado a finales del XX un invento llamado internet que volvería a situar la palabra ‘copiar’ en el trono de los buenos. Miles de personas en el mundo empezaron a pensar que copiar es una forma de compartir, de extender la cultura y de impulsar el progreso de la Humanidad, y así surgieron las licencias de bienes comunes creativos o Creative Commons.

Esto ocurrió en el ámbito legal. Era una de las manifestaciones de una nueva forma de entender la cultura y la propiedad. Y no fue la única. Un estudiante finlandés de 19 años llamado Isak Gerson pensó que esta creencia debía convertirse en una religión. En los primeros años del siglo XXI se acuñó el nombre, Kopimism, y desde finales de 2011 es una religión oficial más en Suecia. El estado sueco la reconoce como organización religiosa. Pero hasta ahí. La petición de este grupo de legalizar los matrimonios que realizan entre sus miembros ha sido denegada por la Agencia sueca de servicios legales, financieros y administrativos.

El nombre de este credo surgió de la unión de las palabras ‘Copy me’ (Cópiame). “Una invitación a copiar”, dicen los estatutos de la Iglesia Misionaria Copimista. “Es una actitud de vida, animada por el deseo de copiar y ser copiado”.

Los copistas dejaron claro desde sus inicios que su organización no tenía ninguna motivación política ni filosófica. Solo entienden sus principios en forma de religión. “Para nosotros, la cuestión de la libertad de copiar no es un asunto político. Es mucho más que eso”, escriben en sus evangelios. “Los liberales y los comunistas están interesados en la producción de bienes materiales, compartir propiedades físicas y establecer regímenes autoritarios y coercitivos que controlan la vida diaria de las personas. Nosotros estamos interesados en multiplicar datos y, mediante su multiplicación, extender la cultura”.

Esa expansión del conocimiento es su misión. No conciben el derecho de propiedad intelectual y rechazan con decisión la acusación de que llevar la cultura a todo el mundo sea usurpar. “No estamos interesados en privar a un grupo y favorecer a otro del acceso a la cultura mediante la propiedad intelectual. Copiar no es robar. Remezclar no es robar”.

Los copistas han escuchado repetidas veces de sus detractores que “si todo el mundo copiara todo y lo vendiese como suyo, nadie podría hacer nada”. Ellos, en un escrito aclaratorio en una de sus múltiples webs (Kipimistaamfundet.org), indican que “esta lógica es extrema y no existe en el mundo real”.

“La misma lógica extremista se podría aplicar en el caso de la protección intelectual. Si se extendiera a su máxima expresión, ningún libro se podría abrir sin pagar por ello. La educación, el entretenimiento y las expresiones culturales en todas sus formas serían tan caras que solo los más pudientes tendrían acceso a ellas. El mundo se dividiría entre los intelectuales y los que vivirían en la oscuridad creativa porque no tendrían acceso a la cultura. (…) La gente carecería de inspiración para construir sobre la obra de otros porque no podrían descubrir trabajos de otras personas. El plagio y la venta desautorizada del contenido creado por otro individuo es un asunto completamente distinto. Nosotros abogamos por copiar y compartir por motivos religiosos. No por temas financieros”.

Sus símbolos sagrados son los atajos de teclado CTRL+C (copiar) y CTRL+V (pegar), y con ellos defienden sin concesiones una cultura absolutamente libre y universal. No tienen dios ni creen en fuerzas sobrenaturales. “La vida, tal y como la conocemos, se originó con la habilidad de duplicarse del ADN. Este proceso es el elemento más básico de la vida y de la naturaleza. El ADN es un portador de información, el resultado de segmentos moleculares que determinan realmente en lo que nos hemos convertido. (…) Copiar es fundamental para la vida y está presente constantemente entre nosotros. La información compartida proporciona nuevas perspectivas y genera vida nueva. Nosotros sentimos una conexión espiritual con cada archivo creado”.

Su doctrina defiende que “ninguna persona puede ser excluida de la comunidad global de compartir conocimiento e información”. “La cultura deja de tener sentido y se muere si no se expande. Copiar es crear. Crear es copiar. Pensar que las cosas y las obras surgen de la nada es una idea absurda”.

El Copimismo, como toda religión, tiene sus polos opuestos que alejan al bien del mal. El bien: el que crea, el que copia, el que distribuye. El mal: el censor, el controlador, el que pone límites a internet.

Y un amén: “Copia y siembra”.

Principios del Copimismo

  • Todo el conocimiento para todos
  • La búsqueda de información es sagrada
  • La circulación del conocimiento es sagrada
  • El acto de copiar es sagrado
  • Copiar información es éticamente correcto
  • La diseminación de información es éticamente correcta
  • Copiar y mezclar es una forma sagrada de copiar porque expande y enriquece la información existente
  • Internet es sagrado
  • El código es ley

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Opiniones 8
  • En una época en que el desarrollo tecnológico posibilita el viejo sueño humano de poder compartir el conocimiento, la creación intelectual, la cultura y el arte, con rapidez y a bajo costo, hay que compaginar los derechos de los autores sin criminalizar la cooperación mutua y penalizar la libre circulación de saberes y experiencias. El sistema de la propiedad intelectual se está convirtiendo en algo tan rígido que cada vez sirve menos para apoyar la creación y más para proteger a industrias y organizaciones contra la competencia. A la postre, los verdaderos beneficiarios de los derechos de autor no son sus legítimos poseedores, los creadores e inventores, sino las empresas y las sociedades de gestión que explotan esos derechos en beneficio propio y de unos pocos.

  • Copiar está penalizado en la escuela desde S XIX, vigente hasta la educación de hoy. No ha cambiado nada. La educación se asemeja a la Constitución del 78, inmutable, como bajada del Monte Sinaí no vaya el pueblo a votar algo que no guste a las castas dominantes. Te catean por copiar en exámenes, que son iguales para todos los niños, clasificados por edades cómo pudieran estar clasificados por el color del pelo o por la talla de sus zapatos.

    Pero yo no concibo mejor manera de aprender y comprender que copiando y entendiendo una buena solución a un reto o proyecto. Sería bueno que los niños o estudiantes de distintas edades, cada uno con sus aptitudes naturales y aprendidas únicas, contaran y compartieran en clase o en internet con sus compañeros sus soluciones y reflexiones, fruto de la imaginación y experimentación jugando, en público y para todos. Para que todos conozcan múltiples soluciones a problemas, las aprendan y comprendan, las valoren, las copien y las mejoren en un proceso iterativo creciente de trabajo individual o en equipo.

    Además, contar para todoss lo que haces y como resuelves los retos inspirados por los monitores/facilitadores consolida el conocimiento y la comprensión de quien tiene que ordenarse las ideas para después contarlo en público, y le hace sentirse importante ganado en autoestima y reduciendo el fracaso escolar.

    Así intuyo será la educación del futuro. Con robots educativos o con robots profesores, o sin ellos.

    Ferran Adrià ya lo está haciendo porque comprende que hay que probaar comer poco pero de todo para autorealizarse. No sólo lo que te digan los burócratas para iDiotizarnos a todos por igual, cómo un rebaño obediente incapaz de pensar y aprender por nosotros mismos, para transmitirlo e influir en el auto-co-aprendizaje del prójimo/s.

    Se aprende mejor en red. Se resuelve mejor en red. Se especializa mejor en red. Se comprende mejor la globalidad en red. La red humana o tecnológica retro-alimentándose entre todos los nodos optimiza en espiral creciente.

  • Pasar del monopolio del conocimiento, la cultura y la tecnología al alcance de las élites o Señores/señoritios para subyugar a la plebe, a su popularización desde Gutenberg a la Impresora 3D sin inventor se lo debemos precisamente a la tecnología en evolución creciente y nuevos paradigmas, Ley o Religión imparablemente Universal.

    Su potencial futuro es inconmensurable, para deseperación de los poderosos si actuamos desde ya en la educación con valores humanos y humanizadores inmortales de nuestra Civilización humana.

    Jugar y adaptarse son la misma cosa: copiar la realidad para aprenderla y entenderla divirtiéndose en el proceso. Ahora es más fácil que nunca encontrar la información requerida compartida. Aprendamos de los primates e imitamonas sociables, tecnológicos e incorruptos. Acabo de constatarlo y confirmar mi credo observando en la World Robot Olympiad (WRO), hace unos minutos, cómo los niños y chavales crecían en su autoetestima, comprensión y habilidaes sociales con sus proyectos tecnológicos resolvedores de retos y problemas olímpicamente imprevistos con una motivación que no se ve en una aula o Academia desde Aristóteles. Soluciones al fracaso escolar y evolución está ante las narices que los burócratas no ven y pretenden poner palos a las ruedas de la red.

    Chicos en la WRO observando cómo soluciones tecnológicas surgidas de otros equipos o mentes para los mismos retos y problemas mejoraban o empeoraban su propia experiencia y errores, soluciones que a buen seguro copiarán y perfeccionarán nada mas llegar a casa o a la escuela, para probarlas y experimentarlas en una retroalimentación cibernética positiva, construyendo su propio conocimiento a partir de la propia experiencia copiada del compañero mejorada con las propias aptitudes genéticas y aprendidas. Compañeros rivales «deportivos» hoy, que a saber de quien copiaron o se inspiraron en las soluciones o artes ganadoras.

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