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27 de marzo 2012    /   CREATIVIDAD
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La tapa dura salvará al periodismo de cocción lenta

27 de marzo 2012    /   CREATIVIDAD     por          
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La prisa mata. Como poco al buen periodismo, al que busca algo más que hacer un rayajo en la superficie de la noticia. Por eso, Guillermo López, Emilio Sánchez Mediavilla y Álvaro Llorca (a los que poco después se unió Alberto Saez) crearon Libros del KO. Querían recuperar el libro como soporte de grandes textos periodísticos y pensaron que, o lo hacían ellos, o no lo hacía nadie.

Ya no queda espacio en los periódicos para soltar la parrafada. Al menos, el suficiente como para plasmar todo lo que se ha de contar. Con el mundo rulando a mil por hora, los medios tomaron como única alternativa la de contar las cosas a la misma velocidad y nos quedamos cojos de análisis y de recreo sintáctico.

Cuando alguien mezcla el placer de la autosatisfacción con el complejo de superhéroes, le da igual que lo que haga sea por uno mismo, por obtener lo que se desea, que por los demás y su derecho a disfrutar de algo merecido. Libros del K.O. nació después del verano pasado porque al trío responsable le pareció que había un hueco para ello y porque, qué carajo, les apetecía consumir un contenido de esas características. «No podíamos creer que fuésemos los únicos lectores en España deseosos de leer periodismo de calidad y en formato largo, algo a lo que en el mundo anglosajón y en Latinoamérica están acostumbrados pero que aquí, salvo contadas excepciones, no existía», explica Guillermo López. «Pensamos que había un nicho no explotado y queremos creer que esto puede ser comercial. Lo queremos muy fuerte, con los puñitos muy apretados».

Los tres se conocieron en Soitu (que en paz descanse). La cercanía del funeral les ha hecho perder el tiempo por los proyectos con amenaza de outsiders. Sin embargo, lo que se impone es la ilusión por no resignarse a que los grandes textos periodísticos se pierdan en un cajón por falta de espacio. «Las ganas que corresponsales, enviados especiales y redactores de primera fila tienen por contar sus historias como realmente quieren ellos se imponen a cualquier prejuicio o miedo a la recepción que puedan tener», señala López.

Así, han terminado alienados en sus filas autores como Pablo Pardo, «que vino a nosotros a través de Alfonso Armada para publicar ‘El Monstruo‘», Francisco Peregil, que ha contado la cara B de los mineros sepultados en Chile en ‘Estamos bien en el refugio los 33’, o Alberto Arce que asomó la cabeza sobre el borde de las trincheras en Libia para construir ‘Misrata Calling’. «Cuando nos sentimos especialmente osados, somos nosotros los que proponemos el tema a los escritores que queremos que nos los escriban, como en la colección que estamos a punto de sacar y en la que hemos engañado a gente como Enric González, Manuel Jabois, Antonio Luque, Marcos Abal, Julio Ruiz o Ramón Lobo para que nos hablen del amor que sienten por sus clubes de fútbol», declara López.

No se consideran salvadores del periodismo pero sí fanáticos acérrimos de lo hecho con cariño y parsimonia. «El problema cuando se habla de ‘crisis del periodismo’ está en identificar este último con lo que hacen las grandes cabeceras, sobre todo en España, donde hace ya tiempo que contar la verdad y hacerlo bien no es una prioridad. Periodistas y ganas de dar por culo no van a faltar nunca», señala el cofundador de Libros del K.O.

«Torturar al autor es uno de los mayores placeres que encontramos siendo editores». López cree que el periodismo es un reto para quien lo consume, que ha de huir de la comodidad que ofrece un planteamiento rumiado y servido de dosis de fácil digestión. «Apostamos por publicar libros porque, al ser el proceso más lento, permite al periodista plantearse las cosas con distancia o cuestionar su trabajo. Obliga al lector a que se enfoque en cosas que a él se le pueden haber pasado por alto».

La editorial cuenta con una sección de agitación y propaganda que se dedica a organizar talleres y cursos. «Mejorar, desde nuestra humilde capacidad, la manera de hacer periodismo se puede hacer publicando buenos reportajes o aprendiendo de editores como Villanueva Chang. No nos ponemos ninguna frontera y somos muy liberales, rollo Esperanza», explica Guillermo López.

Al final, lo que queda es una medida y gestionada ansia de meterse en un berenjenal que consiga que, algo que los tres aman, resucite aunque sea de manera pausada. «Todo va a salir mal, y nos parece estupendo». Pero qué coño, que por intentarlo no quede.

La prisa mata. Como poco al buen periodismo, al que busca algo más que hacer un rayajo en la superficie de la noticia. Por eso, Guillermo López, Emilio Sánchez Mediavilla y Álvaro Llorca (a los que poco después se unió Alberto Saez) crearon Libros del KO. Querían recuperar el libro como soporte de grandes textos periodísticos y pensaron que, o lo hacían ellos, o no lo hacía nadie.

Ya no queda espacio en los periódicos para soltar la parrafada. Al menos, el suficiente como para plasmar todo lo que se ha de contar. Con el mundo rulando a mil por hora, los medios tomaron como única alternativa la de contar las cosas a la misma velocidad y nos quedamos cojos de análisis y de recreo sintáctico.

Cuando alguien mezcla el placer de la autosatisfacción con el complejo de superhéroes, le da igual que lo que haga sea por uno mismo, por obtener lo que se desea, que por los demás y su derecho a disfrutar de algo merecido. Libros del K.O. nació después del verano pasado porque al trío responsable le pareció que había un hueco para ello y porque, qué carajo, les apetecía consumir un contenido de esas características. «No podíamos creer que fuésemos los únicos lectores en España deseosos de leer periodismo de calidad y en formato largo, algo a lo que en el mundo anglosajón y en Latinoamérica están acostumbrados pero que aquí, salvo contadas excepciones, no existía», explica Guillermo López. «Pensamos que había un nicho no explotado y queremos creer que esto puede ser comercial. Lo queremos muy fuerte, con los puñitos muy apretados».

Los tres se conocieron en Soitu (que en paz descanse). La cercanía del funeral les ha hecho perder el tiempo por los proyectos con amenaza de outsiders. Sin embargo, lo que se impone es la ilusión por no resignarse a que los grandes textos periodísticos se pierdan en un cajón por falta de espacio. «Las ganas que corresponsales, enviados especiales y redactores de primera fila tienen por contar sus historias como realmente quieren ellos se imponen a cualquier prejuicio o miedo a la recepción que puedan tener», señala López.

Así, han terminado alienados en sus filas autores como Pablo Pardo, «que vino a nosotros a través de Alfonso Armada para publicar ‘El Monstruo‘», Francisco Peregil, que ha contado la cara B de los mineros sepultados en Chile en ‘Estamos bien en el refugio los 33’, o Alberto Arce que asomó la cabeza sobre el borde de las trincheras en Libia para construir ‘Misrata Calling’. «Cuando nos sentimos especialmente osados, somos nosotros los que proponemos el tema a los escritores que queremos que nos los escriban, como en la colección que estamos a punto de sacar y en la que hemos engañado a gente como Enric González, Manuel Jabois, Antonio Luque, Marcos Abal, Julio Ruiz o Ramón Lobo para que nos hablen del amor que sienten por sus clubes de fútbol», declara López.

No se consideran salvadores del periodismo pero sí fanáticos acérrimos de lo hecho con cariño y parsimonia. «El problema cuando se habla de ‘crisis del periodismo’ está en identificar este último con lo que hacen las grandes cabeceras, sobre todo en España, donde hace ya tiempo que contar la verdad y hacerlo bien no es una prioridad. Periodistas y ganas de dar por culo no van a faltar nunca», señala el cofundador de Libros del K.O.

«Torturar al autor es uno de los mayores placeres que encontramos siendo editores». López cree que el periodismo es un reto para quien lo consume, que ha de huir de la comodidad que ofrece un planteamiento rumiado y servido de dosis de fácil digestión. «Apostamos por publicar libros porque, al ser el proceso más lento, permite al periodista plantearse las cosas con distancia o cuestionar su trabajo. Obliga al lector a que se enfoque en cosas que a él se le pueden haber pasado por alto».

La editorial cuenta con una sección de agitación y propaganda que se dedica a organizar talleres y cursos. «Mejorar, desde nuestra humilde capacidad, la manera de hacer periodismo se puede hacer publicando buenos reportajes o aprendiendo de editores como Villanueva Chang. No nos ponemos ninguna frontera y somos muy liberales, rollo Esperanza», explica Guillermo López.

Al final, lo que queda es una medida y gestionada ansia de meterse en un berenjenal que consiga que, algo que los tres aman, resucite aunque sea de manera pausada. «Todo va a salir mal, y nos parece estupendo». Pero qué coño, que por intentarlo no quede.

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