21 de noviembre 2012    /   CREATIVIDAD
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La taxidermista de la bici

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La taxidermia ya no cuenta con el prestigio de épocas pasadas. Exhibir animales disecados como trofeos en la pared de casa es algo que tiene poco atractivo para las nuevas generaciones a no ser que cambies los seres vivos por algo más representativo de los tiempos. Regan Appleton ha encontrado en la taxidermia un aplicación más acorde con la época en la que vivimos. La artista escocesa monta manillares de bici sobre placas para tener un recordatorio vivo de ellas, «una solución cariñosa y duradera para sobrellevar tu luto mecánico», explica en su página web Bicycle Taxidermy.

Todo empezó como «un recuerdo a los preciados pero olvidadas bicis de montaña y de carretera de mi padre», añade Appleton. «Se podría argumentar que el proceso nació de un desprecio posmoderno por el consumo desaforado de objetos. La realidad es que es un poco de diversión llevado demasiado lejos, convertido ya en una pequeña obsesión».

La creadora ofrece un servicio de taxidermia a cualquiera que lo solicite para sus manillares antiguos y la posibilidad de grabar una frase sobre la placa que fija el objeto. También vende piezas ya elaboradas de antemano.

Appleton ha reinventado una disciplina de dudoso gusto y lo ha reconvertido en algo bastante apetecible pero no es la primera en hacerlo. En 1942 Picasso convirtió un sillín viejo y un manillar oxidado en una obra de arte que llamó Cabeza de toro. La historia se repite.

Visto en: Swiss Miss

Cabeza de toro de Picasso:

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Todo empezó como «un recuerdo a los preciados pero olvidadas bicis de montaña y de carretera de mi padre», añade Appleton. «Se podría argumentar que el proceso nació de un desprecio posmoderno por el consumo desaforado de objetos. La realidad es que es un poco de diversión llevado demasiado lejos, convertido ya en una pequeña obsesión».

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Appleton ha reinventado una disciplina de dudoso gusto y lo ha reconvertido en algo bastante apetecible pero no es la primera en hacerlo. En 1942 Picasso convirtió un sillín viejo y un manillar oxidado en una obra de arte que llamó Cabeza de toro. La historia se repite.

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