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3 de diciembre 2013    /   CINE/TV
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El truco del brazo peludo para distraer a clientes pesados

3 de diciembre 2013    /   CINE/TV     por          
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Si trabajas en algo relacionado con las industrias creativas, probablemente habrás vivido la siguiente situación más de una vez. Clientes que tienen una necesidad compulsiva de poner pegas a todo lo que entregas. No hablamos de planteamientos serios, meditados y razonables que un buen cliente debe defender. Hablamos de esas personas que siempre encuentran alguna excusa para meter las zarpas en un trabajo por muy absurda que sea la razón.

Para esos clientes, que aparecen de vez en cuando, Lawrence San cuenta una anécdota en su blog que ofrece ideas para hacer frente a ellos. Lo llama la teoría del brazo peludo, un truco que aprendió de un excolega llamado Joe que trabajó en producción de diseño gráfico hace muchos años.

“Trabajábamos con un cliente que siempre tenía que cambiar algún detalle de las piezas que le presentábamos. Normalmente lo estropeaba. Así que los otros freelancers y yo inventamos una técnica que llamamos el brazo peludo”, le contó Joe a San cuando trabajaban juntos.

El engaño consistía en meter su brazo velludo de forma accidental en los rincones de la ejecución cuando componía la pieza ya terminada. “Cuando se lo presenté al cliente a un lado estaba mi brazo peludo en la imagen. El cliente lo encontró enseguida y dijo ‘¿Qué demonios hace ese brazo ahí?’”.

Joe le respondió fingiendo su error con un escueto: “Oh, eso. No me di cuenta”.

A lo que el cliente contestó enfadado: “¡Saca ese brazo de ahí! No puedes dejar ese brazo peludo ahí!”.

“Se levantó y a medida que se alejaba con aire de superioridad, le llamé por su nombre y le pregunté ‘¿Cuando quite el brazo lo puedo mandar a imprimir? Él se dio la vuelta y dijo ‘Sí, ¡pero saca ese brazo de allí primero!’. En los pasillos le escuché decir: ‘¡Esta gente! Tienes que vigilarles como un halcón”.

Sea cierta o no la historia, un pequeño señuelo puede ser una manera efectiva de distraer a los clientes con afición a estropear los buenos trabajos. “Decirme que quitara el brazo le produjo satisfacción”, dijo Joe a su amigo. Gracias a eso, “no cambió nada importante”.

Así que si el color corporativo es rojo, mete un poco de azul. Si tiene una especial aversión a las máscaras de luchadores mexicanos, por ejemplo, mételo discretamente. Puede que acabe centrándose solo en eso dejando intacta el resto de la pieza (aunque también existe el riesgo de que le guste este nuevo detalle).

Esta historia, extraída de un artículo de Oliver Burkeman, tiene un equivalente interesante en el cine. Según cuenta el periodista británico, la versión original de Team America, una película de marionetas de los creadores de South Park, tenía una escena de sexo obsceno de 4 minutos. El objetivo era distraer a los encargados de calificar la película para que no presentaran demasiada atención a otras partes que sí eran importantes para la trama del largometraje. La estrategia funcionó y con eso los calificadores se quedaron satisfechos. No subieron la edad de admisión para mayores de 18, una medida que hubiera afectado la taquilla de la película.

Burkemann advierte que mucha gente con posiciones de autoridad necesita sentirse útil en estos procesos. Hay quien aporta y ayuda a que el trabajo crezca. Para los que no aportan, un cebo bien plantado puede ser la solución para tenerlos contentos.

Y tú ¿tienes otra versión del brazo peludo?

Si trabajas en algo relacionado con las industrias creativas, probablemente habrás vivido la siguiente situación más de una vez. Clientes que tienen una necesidad compulsiva de poner pegas a todo lo que entregas. No hablamos de planteamientos serios, meditados y razonables que un buen cliente debe defender. Hablamos de esas personas que siempre encuentran alguna excusa para meter las zarpas en un trabajo por muy absurda que sea la razón.

Para esos clientes, que aparecen de vez en cuando, Lawrence San cuenta una anécdota en su blog que ofrece ideas para hacer frente a ellos. Lo llama la teoría del brazo peludo, un truco que aprendió de un excolega llamado Joe que trabajó en producción de diseño gráfico hace muchos años.

“Trabajábamos con un cliente que siempre tenía que cambiar algún detalle de las piezas que le presentábamos. Normalmente lo estropeaba. Así que los otros freelancers y yo inventamos una técnica que llamamos el brazo peludo”, le contó Joe a San cuando trabajaban juntos.

El engaño consistía en meter su brazo velludo de forma accidental en los rincones de la ejecución cuando componía la pieza ya terminada. “Cuando se lo presenté al cliente a un lado estaba mi brazo peludo en la imagen. El cliente lo encontró enseguida y dijo ‘¿Qué demonios hace ese brazo ahí?’”.

Joe le respondió fingiendo su error con un escueto: “Oh, eso. No me di cuenta”.

A lo que el cliente contestó enfadado: “¡Saca ese brazo de ahí! No puedes dejar ese brazo peludo ahí!”.

“Se levantó y a medida que se alejaba con aire de superioridad, le llamé por su nombre y le pregunté ‘¿Cuando quite el brazo lo puedo mandar a imprimir? Él se dio la vuelta y dijo ‘Sí, ¡pero saca ese brazo de allí primero!’. En los pasillos le escuché decir: ‘¡Esta gente! Tienes que vigilarles como un halcón”.

Sea cierta o no la historia, un pequeño señuelo puede ser una manera efectiva de distraer a los clientes con afición a estropear los buenos trabajos. “Decirme que quitara el brazo le produjo satisfacción”, dijo Joe a su amigo. Gracias a eso, “no cambió nada importante”.

Así que si el color corporativo es rojo, mete un poco de azul. Si tiene una especial aversión a las máscaras de luchadores mexicanos, por ejemplo, mételo discretamente. Puede que acabe centrándose solo en eso dejando intacta el resto de la pieza (aunque también existe el riesgo de que le guste este nuevo detalle).

Esta historia, extraída de un artículo de Oliver Burkeman, tiene un equivalente interesante en el cine. Según cuenta el periodista británico, la versión original de Team America, una película de marionetas de los creadores de South Park, tenía una escena de sexo obsceno de 4 minutos. El objetivo era distraer a los encargados de calificar la película para que no presentaran demasiada atención a otras partes que sí eran importantes para la trama del largometraje. La estrategia funcionó y con eso los calificadores se quedaron satisfechos. No subieron la edad de admisión para mayores de 18, una medida que hubiera afectado la taquilla de la película.

Burkemann advierte que mucha gente con posiciones de autoridad necesita sentirse útil en estos procesos. Hay quien aporta y ayuda a que el trabajo crezca. Para los que no aportan, un cebo bien plantado puede ser la solución para tenerlos contentos.

Y tú ¿tienes otra versión del brazo peludo?

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Opiniones 28
    • Esto mismo me lo enseño a mi, el maestro Paco (albañil que nos hace trabajos en casa), según su versión se denomina «callamujeres». Por ejemplo, colocando baldosas en la cocina colocaba una cenefa al revés, el ayudante ( yo mismo ) le dije maestro Paco esto está mal, a lo que el me dijo no eso es para que cuando acabemos y nos revise tu mujer, veras que se fija en baldosa y se queda tranquila. Dicho y hecho, ni que decir tiene que desde ese momento yo lo aplico tanto en el campo personal como profesional.

  • Mi profesora de Publicidad de 1ero de carrera siempre decía que a un cliente siempre había que presentarle dos propuestas muy malas junto a la que realmente queremos que nos apruebe. Así la buena parecerá mejor. Yo alguna vez lo he intentado llevar a la práctica en mi trabajo diario y no siempre ha funcionado bien :S

    • ¿Crédito? ¿Por qué? Lo publicamos el mismo día y la misma hora que Lifehacker. El nuestro sobre la 1 el 3 de diciembre (hora española) y ellos a las 6:30 de la mañana hora de Nueva York que vendría a ser el mismo tiempo. Ambos medios lo hemos encontrado en el mismo sitio: El blog de Olver Burkeman. De hecho empecé a escribirlo la noche anterior. El crédito es muy claro: Oliver Burkeman. No leo ni tengo a Lifehacker en mi rss.

      ¡Saludos!

  • Alguien me contó que hace lo mismo en su declaración de Hacienda, mete un error de bulto y así cuando le piden solucionar ese, el resto de la declaración pasa casi sin revisión.

  • Yo conozco y practico la teoría del botón rosa: coloca un botón rosa chillón en el sitio más importante de una web. El cliente no pedirá cambios absurdos, sino que quites ese botón rosa. Genial también para cuando el cliente te pide un diseño responsive para plataformas móviles y que le hagas un mouseover para tablets (WTF??).

  • Lo hice frecuentemente cuando estudié arquitectura. En las correcciones de diseño, colocaba cosas imposibles, incómodas y ridículas. Baños mal ubicados, pasillos largos y laberínticos, escaleras de cinco escalones donde había que subir tres metros, puertas en cualquier lado. Y la corrección se centraba en esos puntos. El resto del diseño, la idea base, siempre se mantenía. Saludos desde Córdoba, Arg.

  • No tengo nada que ver con el mundo de diseño/cine/cómic etc.. pero esta historia me recordó a algo que me pasa constantemente en mi trabajo. Cuando presento un documento legal a un cliente, éste lo lleva a su abodago, que simplemente para justificar su trabajo acostumbra a hacer un par de cambios comprometedores para la operación y siempre altamente inútiles… con lo cual ya sé que tengo que hacer, poner un par de cláusulas idiotas para que las pueda quitar tranquilo!!!!

    Gran truco 😉 saludos.

  • Buenas a todos.
    Deciros que aquí nadie ha descubierto la pólvora.

    Esto que hacéis se comenzó a hacer en los años 90 en la informática (imagino que en otras profesiones, por los comentarios, también se hace).

    Se le llama más concretamente «meter un pato», viene de los desarrolladores de las animaciones del chess battle, que cansados de que el ejecutivo de turno les fastidiase con sus tonterías, pusieron un pato volando alrededor de la reina en sus animaciones.

    El resultado. ¿Habéis visto algún pato en las animaciones del juego? ^^

    Uno de los resultados de «duck chess battle»
    http://www.whiteinternet.com/web-development-duck.html

  • ¡Claro! Yo también he hecho lo típico de presentar dos propuestas, una muy muy fea y la otra la chula. Lo malo es cuando escogen la fea. Entonces pierdes toda la fe en la humanidad. u_u

  • Lo hice cientos de veces con mi madre: le dejaba un par de prendas mal colocadas, unos calcetines tirados por ahí… y ya no me mareaba con el resto de la habitación.

  • Berlanga hacía algo parecido poniendo algún que otro escote para torear al censor. Según dijo en una entrevista, se dió cuenta con Plácido.

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