12 de diciembre 2011    /   IDEAS
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La TV, ese poderoso anticonceptivo

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Hace unos años, un viejo amigo me enseñó orgulloso su nueva casa. En el dormitorio había instalado una de esas plataformas para sostener el televisor que cuelgan sobre la cama, tan habituales en las habitaciones de hospital o de hotel de tercera. En aquel preciso instante tuve la certeza, aunque me mordí la lengua, que la vida sexual de mi amigo había tocado a su fin.

Sentarse a ver la tele es la actividad favorita de la mayoría de los habitantes del mundo opulento: volver a casa –del trabajo, de clase o, crecientemente, de la cola del paro- y encender el aparato es todo uno. Evidentemente, cuando uno ve la televisión no puede centrarse en los placeres de la carne. En otras palabras: la TV puede actuar (y lo hace) como un potente anticonceptivo.

El planeta acaba de alcanzar los 7.000 millones de habitantes, una parte sustancial de los cuales vive en la India, que será en breve el país más poblado de la Tierra. En 2001, el Ministro de Salud de aquel país presentó ante el Parlamento un plan de corte orwelliano para reducir la elevada cifra de natalidad del país:repartir gratuitamente televisores entre las masas. Según explicó el señor ministro en un inusual arranque de sinceridad, “queremos que la gente vea la TV para reducir la natalidad”.

¿Está en lo cierto el ministro indio? Todo indica que sí: los países que tienen más televisores per cápita tienen inevitablemente una tasa de nacimientos más baja. Pero, claro, correlación no implica causalidad, así que puede deberse simplemente a que en los países más ricos además de tener más televisores tenemos más y mejores métodos anticonceptivos.

Para despejar cualquier duda al respecto, un equipo de psicólogos del Colegio de Maristas (en serio) de Nueva York llevó a cabo un estudio empírico. Para ello, repartieron entre diversos sujetos de ambos sexos un cuestionario con imágenes de una serie de iconos televisivos y cinematográficos, y les preguntaron sin preferían: a) tener relaciones sexuales con el famoso/a en cuestión o b) verles en TV.
La hipótesis del estudio es la que sigue:

“Investigaciones anteriores sugieren una gran relación entre el acto sexual y el embarazo. Por tanto, si la TV previene a la gente de practicar sexo, también prevendrá el embarazo. El estudio tratará de determinar si ver la televisión es un método efectivo de control de la natalidad”.

¿El resultado del ‘estudio’? Todos los encuestados prefirieron ver a sus ídolos en pantalla antes que hacer la caidita de Roma con ellos (y hablamos de Brad Bitt, Sarah Jessica Parker & co). Conclusión: “la TV es un excelente método de anticoncepción”, asegura el estudio, más en broma que en serio. Porque, si volvemos al terreno de la realidad, resulta que en Estados Unidos la televisión provoca más embarazados no deseados entre los adolescentes, expuestos a un bombardeo de imágenes de contenido erótico sin una información consecuente sobre los riesgos de practicar sexo a pelo.

Entonces, ¿en qué quedamos, es la TV un buen método anticonceptivo o no? Pues sí, no y depende. Si tienes la bilirrubina por las nubes, la tele puede disparar tu deseo, al convertir el coito en la culminación natural y automática de toda relación entre hombre y mujer. Si, por el contrario, ya has pasado el calentón de la adolescencia, la televisión actuará como un eficaz sedante de amplio espectro, incluyendo, cómo no, el deseo sexual.

Por cierto, al documentarme sobre este artículo busqué sobre el famoso repunte de la natalidad que, supuestamente, se produjo nueve meses después del Gran Apagón de 1965. Como tantas otras historias que hemos oído mil veces, se trata de una leyenda urbana, tal y como comprobó el bloguero Jesús Angel González, a.k.a Christopher Boone. Una verdadera pena, pues de haber sido verdad hubiera sustentado la tesis de este artículo.

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Sentarse a ver la tele es la actividad favorita de la mayoría de los habitantes del mundo opulento: volver a casa –del trabajo, de clase o, crecientemente, de la cola del paro- y encender el aparato es todo uno. Evidentemente, cuando uno ve la televisión no puede centrarse en los placeres de la carne. En otras palabras: la TV puede actuar (y lo hace) como un potente anticonceptivo.

El planeta acaba de alcanzar los 7.000 millones de habitantes, una parte sustancial de los cuales vive en la India, que será en breve el país más poblado de la Tierra. En 2001, el Ministro de Salud de aquel país presentó ante el Parlamento un plan de corte orwelliano para reducir la elevada cifra de natalidad del país:repartir gratuitamente televisores entre las masas. Según explicó el señor ministro en un inusual arranque de sinceridad, “queremos que la gente vea la TV para reducir la natalidad”.

¿Está en lo cierto el ministro indio? Todo indica que sí: los países que tienen más televisores per cápita tienen inevitablemente una tasa de nacimientos más baja. Pero, claro, correlación no implica causalidad, así que puede deberse simplemente a que en los países más ricos además de tener más televisores tenemos más y mejores métodos anticonceptivos.

Para despejar cualquier duda al respecto, un equipo de psicólogos del Colegio de Maristas (en serio) de Nueva York llevó a cabo un estudio empírico. Para ello, repartieron entre diversos sujetos de ambos sexos un cuestionario con imágenes de una serie de iconos televisivos y cinematográficos, y les preguntaron sin preferían: a) tener relaciones sexuales con el famoso/a en cuestión o b) verles en TV.
La hipótesis del estudio es la que sigue:

“Investigaciones anteriores sugieren una gran relación entre el acto sexual y el embarazo. Por tanto, si la TV previene a la gente de practicar sexo, también prevendrá el embarazo. El estudio tratará de determinar si ver la televisión es un método efectivo de control de la natalidad”.

¿El resultado del ‘estudio’? Todos los encuestados prefirieron ver a sus ídolos en pantalla antes que hacer la caidita de Roma con ellos (y hablamos de Brad Bitt, Sarah Jessica Parker & co). Conclusión: “la TV es un excelente método de anticoncepción”, asegura el estudio, más en broma que en serio. Porque, si volvemos al terreno de la realidad, resulta que en Estados Unidos la televisión provoca más embarazados no deseados entre los adolescentes, expuestos a un bombardeo de imágenes de contenido erótico sin una información consecuente sobre los riesgos de practicar sexo a pelo.

Entonces, ¿en qué quedamos, es la TV un buen método anticonceptivo o no? Pues sí, no y depende. Si tienes la bilirrubina por las nubes, la tele puede disparar tu deseo, al convertir el coito en la culminación natural y automática de toda relación entre hombre y mujer. Si, por el contrario, ya has pasado el calentón de la adolescencia, la televisión actuará como un eficaz sedante de amplio espectro, incluyendo, cómo no, el deseo sexual.

Por cierto, al documentarme sobre este artículo busqué sobre el famoso repunte de la natalidad que, supuestamente, se produjo nueve meses después del Gran Apagón de 1965. Como tantas otras historias que hemos oído mil veces, se trata de una leyenda urbana, tal y como comprobó el bloguero Jesús Angel González, a.k.a Christopher Boone. Una verdadera pena, pues de haber sido verdad hubiera sustentado la tesis de este artículo.

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