11 de septiembre 2012    /   CREATIVIDAD
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La última cerveza en La Luna

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Se dice que hasta ahora San Salvador tenía el privilegio de contar con dos lunas y a veces la que más brillaba era un hermoso bar en la colonia Buenos Aires, que ahora amenaza con apagarse. La Luna Casa y Arte, el centro artístico más reconocido para los salvadoreños, es sinónimo de libertad, así como de la vida después de la guerra.

Aquellos que sufrieron la persecución de los Escuadrones de la Muerte y la tragedia de la guerra civil encontraron un refugio cultural y artístico que durante más de 20 años les permitió soñar y ver una alternativa independiente para forjar el país que querían.

“Creo que para los salvadoreños, estos 20 años de Luna han sido un claro ejemplo de que también podemos construir espacios de alegría, respeto, tolerancia, sensibilidad, apertura. Una nueva manera de combinar arte y entretenimiento”, asegura su creadora Beatriz Alcaine.

La Luna, fundada en 1991, se convirtió en el escenario musical centroamericano. En una amplia casa decorada con el estilo más original de Beatriz, este sitio siempre cuenta con exposiciones temporales, eventos culturales e incluso una tienda de ropa de segunda mano. Joaquín Sabina, Los Aterciopelados, Café Tacuba, entre otros, estuvieron entre los invitados, mientras que cientos de bandas independientes desfilaban en el escenario buscando una oportunidad en el mundo de la música. Cualquier proyecto artístico de danza, teatro, documental e incluso literatura ha tenido que pasar por aquí para darse a conocer.

Para algunos, este sitio ha sido como el Café Gijón de El Salvador, aunque la intención de Beatriz fue siempre “salir de toda ideologización”. Durante los 90, artistas internacionales venían a manifestar su apoyo al Frente Martí de Liberación Nacional y algunos sandinistas, huyendo de su propia guerra en Nicaragua, encontraron un refugio en este lugar. El pasado 24 de agosto, Alcaine junto con sus socios Herenia Castellón y Kike Huezo, anunciaron el cierre de este sitio que es calificado para algunos como un “oasis” tras la guerra.

“Cuando estamos leyendo una buena novela, nos encantamos con la historia y no queremos que se acabe. Pero todo lo que sube baja y todo lo que tiene un inicio debe tener un final”, escribieron en su carta de despedida.

¿Las razones? El fin de un ciclo. Lo cual no significa que el cierre sea definitivo que la Luna no pueda volver a resurgir de otra manera. “Toda la experiencia que hemos acumulado es energía que se transforma y que seguramente se expresará pronto en nuevas formas. Se termina la Casa y Arte  como empresa, pero el concepto y el nombre de La Luna perduran”.

Desde que se hizo público el próximo cierre, las cartas de solidaridad no han dejado de llegar. “Cada vez que veo alguna mención por aquí del cierre de Luna, Beatriz, se me estruja el corazón y vienen mis recuerdos de aquel los miércoles divinos de jazz, caipirinhas, hace tanto tiempo ya, mis favoritos y de este lugar increíble, donde aunque una fuera sola, jamás se sentía como tal en tan buen ambiente (…) La huella no se borra y allí queda” afirma Roxxana Ellerbrock, una de las asiduas a este lugar, en la página de Facebook de La Luna Casa y Arte.

La creatividad y el arte salvadoreño están reflejados en este lugar de techos tapizados de dibujos y colores. De sofás estridentes, gente riendo y siempre una buena música de fondo. Cada salvadoreño tiene algún recuerdo de este lugar y de lo que significó para el crecimiento del país y de si mismos.

La iniciativa busca sacar lo mejor del país, siempre estando conscientes de su triste pasado.  Beatriz resume estos 21 años como “la más larga, amplia y luminosa experiencia de cultura independiente que ha existido en El Salvador”.

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Aquellos que sufrieron la persecución de los Escuadrones de la Muerte y la tragedia de la guerra civil encontraron un refugio cultural y artístico que durante más de 20 años les permitió soñar y ver una alternativa independiente para forjar el país que querían.

“Creo que para los salvadoreños, estos 20 años de Luna han sido un claro ejemplo de que también podemos construir espacios de alegría, respeto, tolerancia, sensibilidad, apertura. Una nueva manera de combinar arte y entretenimiento”, asegura su creadora Beatriz Alcaine.

La Luna, fundada en 1991, se convirtió en el escenario musical centroamericano. En una amplia casa decorada con el estilo más original de Beatriz, este sitio siempre cuenta con exposiciones temporales, eventos culturales e incluso una tienda de ropa de segunda mano. Joaquín Sabina, Los Aterciopelados, Café Tacuba, entre otros, estuvieron entre los invitados, mientras que cientos de bandas independientes desfilaban en el escenario buscando una oportunidad en el mundo de la música. Cualquier proyecto artístico de danza, teatro, documental e incluso literatura ha tenido que pasar por aquí para darse a conocer.

Para algunos, este sitio ha sido como el Café Gijón de El Salvador, aunque la intención de Beatriz fue siempre “salir de toda ideologización”. Durante los 90, artistas internacionales venían a manifestar su apoyo al Frente Martí de Liberación Nacional y algunos sandinistas, huyendo de su propia guerra en Nicaragua, encontraron un refugio en este lugar. El pasado 24 de agosto, Alcaine junto con sus socios Herenia Castellón y Kike Huezo, anunciaron el cierre de este sitio que es calificado para algunos como un “oasis” tras la guerra.

“Cuando estamos leyendo una buena novela, nos encantamos con la historia y no queremos que se acabe. Pero todo lo que sube baja y todo lo que tiene un inicio debe tener un final”, escribieron en su carta de despedida.

¿Las razones? El fin de un ciclo. Lo cual no significa que el cierre sea definitivo que la Luna no pueda volver a resurgir de otra manera. “Toda la experiencia que hemos acumulado es energía que se transforma y que seguramente se expresará pronto en nuevas formas. Se termina la Casa y Arte  como empresa, pero el concepto y el nombre de La Luna perduran”.

Desde que se hizo público el próximo cierre, las cartas de solidaridad no han dejado de llegar. “Cada vez que veo alguna mención por aquí del cierre de Luna, Beatriz, se me estruja el corazón y vienen mis recuerdos de aquel los miércoles divinos de jazz, caipirinhas, hace tanto tiempo ya, mis favoritos y de este lugar increíble, donde aunque una fuera sola, jamás se sentía como tal en tan buen ambiente (…) La huella no se borra y allí queda” afirma Roxxana Ellerbrock, una de las asiduas a este lugar, en la página de Facebook de La Luna Casa y Arte.

La creatividad y el arte salvadoreño están reflejados en este lugar de techos tapizados de dibujos y colores. De sofás estridentes, gente riendo y siempre una buena música de fondo. Cada salvadoreño tiene algún recuerdo de este lugar y de lo que significó para el crecimiento del país y de si mismos.

La iniciativa busca sacar lo mejor del país, siempre estando conscientes de su triste pasado.  Beatriz resume estos 21 años como “la más larga, amplia y luminosa experiencia de cultura independiente que ha existido en El Salvador”.

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