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23 de enero 2014    /   IDEAS
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La venganza de los tableros

23 de enero 2014    /   IDEAS     por          
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No hay un coche en las calles de la capital. Dos tercios del país están viendo en directo una final que se desarrolla en horarios absurdos a miles de kilómetros de distancia. La presidenta del Gobierno ha calentado el ambiente haciendo declaraciones a la prensa y su propia campaña de apoyo en las redes sociales. No, no es Argentina y no es el Mundial de fútbol. Estamos en Noruega en los días de la final del Mundial de ajedrez.

Desde finales de los 90 ninguna partida había sido seguida con tanto interés en todo el mundo. La mayoría de los clubes habían ido languideciendo —y muchos desapareciendo— desde que en 1997 la mítica Deep Blue —un experimento de inteligencia artificial de IBM— venciera por segunda vez al carismático campeón del momento, Gary Kasparov. Muchos dieron entonces por ‘resuelto’ el juego, y sin el morbo de los enfrentamientos EE UU-URSS de la guerra fría, la cobertura mediática fue declinando irremisiblemente.

Y sin embargo, en otoño de 2013, las apps de ajedrez se convierten en un sorprendente hit y los telediarios vuelven a dar resultados de partidas. El protagonista es un joven de 23 años: Sven Magnus Øen Carlsen. Nadie diría que está en los cánones de la belleza nórdica; sin embargo, Cosmopolitan le ha listado entre los hombres más sexis del mundo y Time, entre los más influyentes.

¿Qué tiene este chico de especial? Es un nativo digital. Representa a la primera generación de jugadores que, desde pequeño, no juega contra la máquina, sino con máquinas, mejorando su juego a base de resultados estadísticos provistos por programas de cálculo. Le llaman el ‘Mozart del ajedrez’, pero él presenta su biografía como un hacker que usaba el ordenador desde los 11 años y que por 150 € pudo comprar un DVD, con lo que durante décadas había sido el ‘arma secreta’ del ajedrez soviético: una base de datos con un millón y medio de partidas.

Pero hay un juego que no teme a los ordenadores: el Go. Con solo seis sencillas reglas y 10 elevado a 110 posiciones posibles más que el ajedrez, es, por el momento, sólido territorio humano. Los mejores programas pierden frente a un aficionado medio y no tienen nada que hacer frente a un profesional.

Nacido hace cuatro mil años en algún lugar de China y desarrollado como un arte zen durante siglos en Japón, se está convirtiendo en un fenómeno de masas en todo el continente de la mano de una intensa pedagogía distribuida de cursos en la web, servidores online de partidas y canales temáticos de webTV.

En Europa y EE UU, una floreciente cultura Go se abre paso también. Sus apóstoles se pueden encontrar enseñando las reglas en pequeños stands en las ferias de manga. Invisible al principio, como tantos movimientos que se gestan en internet, el Go europeo albergará este mes de febrero la primera partida de la final de uno de los torneos profesionales más importantes del mundo, el Kisei, que se jugará en el Parador de Alcalá de Henares.


David de Ugarte es economista, tecnólogo y emprendedor

No hay un coche en las calles de la capital. Dos tercios del país están viendo en directo una final que se desarrolla en horarios absurdos a miles de kilómetros de distancia. La presidenta del Gobierno ha calentado el ambiente haciendo declaraciones a la prensa y su propia campaña de apoyo en las redes sociales. No, no es Argentina y no es el Mundial de fútbol. Estamos en Noruega en los días de la final del Mundial de ajedrez.

Desde finales de los 90 ninguna partida había sido seguida con tanto interés en todo el mundo. La mayoría de los clubes habían ido languideciendo —y muchos desapareciendo— desde que en 1997 la mítica Deep Blue —un experimento de inteligencia artificial de IBM— venciera por segunda vez al carismático campeón del momento, Gary Kasparov. Muchos dieron entonces por ‘resuelto’ el juego, y sin el morbo de los enfrentamientos EE UU-URSS de la guerra fría, la cobertura mediática fue declinando irremisiblemente.

Y sin embargo, en otoño de 2013, las apps de ajedrez se convierten en un sorprendente hit y los telediarios vuelven a dar resultados de partidas. El protagonista es un joven de 23 años: Sven Magnus Øen Carlsen. Nadie diría que está en los cánones de la belleza nórdica; sin embargo, Cosmopolitan le ha listado entre los hombres más sexis del mundo y Time, entre los más influyentes.

¿Qué tiene este chico de especial? Es un nativo digital. Representa a la primera generación de jugadores que, desde pequeño, no juega contra la máquina, sino con máquinas, mejorando su juego a base de resultados estadísticos provistos por programas de cálculo. Le llaman el ‘Mozart del ajedrez’, pero él presenta su biografía como un hacker que usaba el ordenador desde los 11 años y que por 150 € pudo comprar un DVD, con lo que durante décadas había sido el ‘arma secreta’ del ajedrez soviético: una base de datos con un millón y medio de partidas.

Pero hay un juego que no teme a los ordenadores: el Go. Con solo seis sencillas reglas y 10 elevado a 110 posiciones posibles más que el ajedrez, es, por el momento, sólido territorio humano. Los mejores programas pierden frente a un aficionado medio y no tienen nada que hacer frente a un profesional.

Nacido hace cuatro mil años en algún lugar de China y desarrollado como un arte zen durante siglos en Japón, se está convirtiendo en un fenómeno de masas en todo el continente de la mano de una intensa pedagogía distribuida de cursos en la web, servidores online de partidas y canales temáticos de webTV.

En Europa y EE UU, una floreciente cultura Go se abre paso también. Sus apóstoles se pueden encontrar enseñando las reglas en pequeños stands en las ferias de manga. Invisible al principio, como tantos movimientos que se gestan en internet, el Go europeo albergará este mes de febrero la primera partida de la final de uno de los torneos profesionales más importantes del mundo, el Kisei, que se jugará en el Parador de Alcalá de Henares.


David de Ugarte es economista, tecnólogo y emprendedor

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