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21 de enero 2016    /   CINE/TV
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Eres vieja, gorda y fea: no me enseñes tu cuerpo

21 de enero 2016    /   CINE/TV     por          
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Un argumento de película de directores viejos verdes: un verano, un anciano —puro hueso— conoce a una muchachita con un rostro angelical y las carnes firmes que podría ser su nieta.

El viejo es profesor universitario, escritor o pintor. Nunca es un albañil jubilado o un hombre con una triste pensión no contributiva. Y por supuesto, el viejo nunca es un lector de prensa deportiva en el hogar del pensionista. El viejo lee en francés y ruso y toca el piano. El viejo es el alter ego del guionista y el director que está a tres pasos de chochear y quiere darse un homenaje visual.

La muchachita es una alumna o admiradora o mecanógrafa o modelo de artista; delgada y con los pechos como melocotones, y dispuesta a todo. El viejo tiene una villa lejos del mundanal ruido y la chica está dispuesta a complacer al anciano. ¿Quién podría molestarlos? (La intriga debería ser otra: ¿quién limpia y recoge el caserón? ¿La chica? El viejo no, desde luego).

Estas películas tienen diálogos sobre la apreciación del momento, sobre paladear la belleza y aprovechar las últimas tardes. Y mientras el viejo habla del emperador Adriano y de Monet, clava los ojos en la entrepierna de la muchacha y sus pechos bañados en sudor y la repasa de abajo arriba mientras se ducha. Sea como sea, el guionista-director de turno se las apaña para que la actriz aparezca media película en pelotas o con shorts y calcetines largos de colores. Recordemos que es un argumento de verano. Que sea un verano con mucho bochorno parece fundamental para la trama.

A media película, la muchacha se mete en la cama del pintor o escritor —por pura admiración de la mente maravillosa del anciano, parece ser—, se deja sobetear y se coloca encima del viejo (no sea que él se rompa con ciertos movimientos pélvicos).

Por qué ella es jovencita y él viejo, y no al revés

Estas películas de viejo y muchachita pasan desapercibidas en las redes sociales. De ellas se habla en pequeños círculos de entusiastas que anotan estar extasiados con una «reflexión del arte sobre el arte». Sobre estas películas rara vez encontramos comentarios como «qué asco me da el viejo» o «la escena de sexo me da arcadas». ¿Por qué no encontramos estos comentarios negativos? Quizá una razón es que los críticos de cine y los que han pagado la entrada son hombres. A las espectadoras estas películas las deja indiferentes. Porque la alumna, la modelo, la risueña mecanógrafa «está de pan y moja», como dirían los señores de otros tiempos, y el protagonista es un viejo pellejo.

El hipócrita argumento del viejo y la muchacha

Si lo pensamos bien, estas películas de viejo y alumna o modelo son hipócritas. Si realmente quisieran enseñarnos que la belleza está en todas partes, la señorita debería tener o ser lo que el grueso de la sociedad considera inaceptable: obesidad, una piel seca o con manchas, un rostro con una evidente asimetría… Y quizá treinta o cuarenta o cincuenta años más. Porque no nos engañemos, si el pintor viejo fuera una pintora vieja y la chica un muchachito, es probable que los críticos cambiaran lo de «canto a la belleza» por «la exposición de la frustración de una anciana». Así que mientras ellas están frustradas y calientes, ellos son catadores de belleza.

La vieja de ‘El Resplandor’

Una de las escenas más conocidas de El resplandor es la de Jack Nicholson/Torrance abrazando y besando a una jovencita recién salida del baño que segundos después se convierte en una anciana decrépita. Kubrick sabía que la anciana provocaría asco (más a los hombres que a las mujeres) y hasta miedo (intensificado por la música).

A Nicholson no le importa abrazar a un fantasma de buen ver, pero huye despavorido cuando es una mujer ajada. ¿Quién siente pena por esta mujer de carnes caídas y el cuerpo lleno de manchas? Es una clara degradación del cuerpo femenino cuando se sale de los cánones. En este caso, es un cuerpo viejo.

La oscuridad en Harold y Maude

harold-y-maude

La idea de que una anciana y un jovencito mantengan relaciones sexuales resulta repulsiva para muchos espectadores. De ahí que Harold y Maude siga siendo una rareza aunque se estrenó en 1971.

Si lo pensamos bien, la relación entre Harold y Maude solo es posible porque comparten placer por todo lo relacionado con la muerte. El protagonista puede resultar antipático y no está bien de la cabeza. De manera que su gusto por Maude es más propio de una mente perturbada que de una mente sana. Esto resta valor a la idea de mostrar como «normal» la relación entre ambos personajes.

Algo pasa con Mary… y la vieja que toma el sol

Otro ejemplo de degradación del cuerpo desnudo de una mujer anciana lo encontramos en Algo pasa con Mary: un espía de Mary espera verla desnuda a través de los prismáticos, pero en su lugar, y para su disgusto, ve el torso con arrugas y los pechos caídos de una anciana. El chiste funciona para una parte de los espectadores porque el mirón «recibe su castigo». Si la sociedad considerara el cuerpo de la anciana simplemente como un cuerpo, al margen de consideraciones estéticas, el chiste no tendría efecto.

¿Por qué el cuerpo desnudo de un anciano conmueve a la piedad, a la pena y el de una mujer de la misma edad provoca asco a muchos? Parece que una mujer no tiene derecho a descansar de la opinión ajena ni llegada a edad avanzada. Una opinión que muchas mujeres jubiladas fomentan: «Pepita está más estropeada que yo».

Solo se admiten MILF

Solo en la última década el cine y el público ha admitido que una mujer «mayor» se enamore de un jovencito y sea correspondida. Pero hay imposiciones: la mujer mayor debe tener un cuerpo que podría competir con el de veinteañeras. Debe ser una MILF (Mom I’d Like to Fuck o Madre que me follaría). Mamá y no abuela. Los argumentos de MILF y jovencito se han multiplicado en el drama y la comedia: Michelle Pfeiffer (El novio de mi madre), Marisa Tomei (En la habitación), Kim Basinger (Una mujer difícil), Kate Winslet (El lector)… En cualquier caso, en estos argumentos la diferencia de edad es un tema secundario o realmente carece de importancia.

La veda la abrió Anne Bancroft como señora Robinson (El graduado) en 1967 (cuatro años antes que Harold y Maude). Aunque entonces la Bancroft tenía 36 años y Dustin Hoffman 30. ¿Hubiera admitido la crítica y el público de entonces a una señora con sus auténticos 50 años de entonces? El físico de Bancroft ha jugado a favor de la mitología de la película. Sin embargo, el físico de Ruth Gordon/Maude ha condenado a Harold y Maude al ostracismo aunque está en el puesto 49 de las mejores comedias según el Sindicato de Guionistas de Los Estados Unidos.

La MILF no debería ser vista como un reconocimiento de la mujer madura. El origen de la palabra es peyorativo (aparece por primera vez en American Pie, en 1999). Aquel término no hace más que crear un nuevo condicionante para las mujeres. Se ha llegado al punto en el que no ser una MILF pasados los 40 años está mal visto en según qué ambientes.

¿Cómo una gorda va a tener sexo?

Empire y el sexo que escandalizó a los espectadores

Vemos que la vejez, tan natural, provoca rechazo y asco cuando está asociada al cuerpo femenino. Si es joven la crítica viene por los kilos. El último escándalo llegó con Empire: Gabourey Sidibe/Becky abre el episodio sexto de la segunda temporada con una escena de sexo dentro de los límites de la televisión en abierto estadounidense. ¡Y con la ropa puesta!

Sin embargo, para una parte de la audiencia la escena fue «demasiado explícita», para otras, «nauseabunda» y no faltaron comentarios como «una mujer así no puede despertar pasión» o «es irreal que la gorda tenga sexo». No faltaron memes de vómitos y personajes famosos con caras de asco.

Gabourey Sidibe dijo a People que se sintió orgullosa y hermosa al realizar al escena y que no entiende el odio ante una escena de amor. ¿No está una parte de la mayoría de la sociedad idiotizada por la estética de la Barbie?

Hombretones hechos y derechos diciendo tonterías

Por todo ello, preocupa que personajes que debieran convertirse en un referente en cuanto a la aceptación de los distintos cuerpos, se convierten en difusores del odio a la mujer cuando no entra en determinados moldes. Lo hemos visto en los últimos meses: periodistas maestros de periodistas (dicen sus discípulos y aduladores) de medios conservadores parecen haber acordado en una barbacoa un argumento único, simple, contra mujeres que defienden ideas no conservadoras: «Son gordas y feas».

Uno se pregunta cómo es posible que estos hombres —son hombres— talluditos y algunos con dos o tres carreras usen como recurso argumentativo «son gordas y feas» y no sientan vergüenza. (Uno la siente, y mucho, de compartir el mismo país). «Gordas y feas» son palabras de matones de patio de recreo contra niñas vulnerables. «Son gordas y feas» es una réplica propia de profesionales de una ideocracia; aquella película donde cualquier imbécil incapaz de sumar con los dedos puede ser médico o periodista gracias a los cupones de un supermercado.

Que estos periodistas maestros de periodistas tengan fanáticos prueba las carencias de la educación y tolerancia españolas, también patente en las redes sociales durante las emisiones de  espacios como Casados a primera vista. Este programa de telerrealidad depende y mucho de la parte más crítica de la sociedad respecto a cómo deben ser las personas por dentro y por fuera. Hay diferencias: de ellos se dice que son calvos o que tienen una barba fea; a ellas se las considera viejas o gordas y hasta orcos. Los comentarios que reciben ellos son benévolos en comparación con los comentarios que reciben ellas.

Con semejantes comentarios en las redes sociales, no extraña que haya un caldo de cultivo para que los periodistas maestros de periodistas no informen ni escriban artículos que den pie a la reflexión. A estos profesionales poco esforzados les cuesta poco conseguir el aplauso fácil del tonto, los corazoncitos en Twitter y los pulgares arriba en Facebook de lectores sin criterio. En cualquier caso poco cabe esperarse de estos profesionales que en más de una ocasión han descrito a la mujer ideal como «la mujer muy femenina y discreta» (entiéndase aquí discreta como boba o sin criterio propio) y por supuesto con un cuerpo de maniquí.

En el fondo, la misoginia se alía con el estereotipo: los periodistas conservadores y misóginos parecen pensar: «Si no podemos rebatir las ideas de las mujeres, hagamos que lloren». Una mente funciona bajo el influjo del estereotipo cuando considera que la mujer está obsesionada con los potingues y su cuerpo, y que las palabras «gorda y fea» la afectarán.

¿Para cuándo una mujer estará considera como una persona y no un trozo de carne que debe tener un tamaño y una presentación estándar —como si fuera una pieza de supermercado— y una fecha de caducidad? ¿Para cuándo una comedia romántica de una señora de 70 con un tipo de 30 años y que acabe con ambos en el Caribe? ¿Será posible mostrar a una mujer de 70 años o más desnuda sin que se busque provocar asco en el público? ¿Para cuándo periodistas hechos y derechos se comportarán como tal y no como matones de mala película de instituto?

 

Un argumento de película de directores viejos verdes: un verano, un anciano —puro hueso— conoce a una muchachita con un rostro angelical y las carnes firmes que podría ser su nieta.

El viejo es profesor universitario, escritor o pintor. Nunca es un albañil jubilado o un hombre con una triste pensión no contributiva. Y por supuesto, el viejo nunca es un lector de prensa deportiva en el hogar del pensionista. El viejo lee en francés y ruso y toca el piano. El viejo es el alter ego del guionista y el director que está a tres pasos de chochear y quiere darse un homenaje visual.

La muchachita es una alumna o admiradora o mecanógrafa o modelo de artista; delgada y con los pechos como melocotones, y dispuesta a todo. El viejo tiene una villa lejos del mundanal ruido y la chica está dispuesta a complacer al anciano. ¿Quién podría molestarlos? (La intriga debería ser otra: ¿quién limpia y recoge el caserón? ¿La chica? El viejo no, desde luego).

Estas películas tienen diálogos sobre la apreciación del momento, sobre paladear la belleza y aprovechar las últimas tardes. Y mientras el viejo habla del emperador Adriano y de Monet, clava los ojos en la entrepierna de la muchacha y sus pechos bañados en sudor y la repasa de abajo arriba mientras se ducha. Sea como sea, el guionista-director de turno se las apaña para que la actriz aparezca media película en pelotas o con shorts y calcetines largos de colores. Recordemos que es un argumento de verano. Que sea un verano con mucho bochorno parece fundamental para la trama.

A media película, la muchacha se mete en la cama del pintor o escritor —por pura admiración de la mente maravillosa del anciano, parece ser—, se deja sobetear y se coloca encima del viejo (no sea que él se rompa con ciertos movimientos pélvicos).

Por qué ella es jovencita y él viejo, y no al revés

Estas películas de viejo y muchachita pasan desapercibidas en las redes sociales. De ellas se habla en pequeños círculos de entusiastas que anotan estar extasiados con una «reflexión del arte sobre el arte». Sobre estas películas rara vez encontramos comentarios como «qué asco me da el viejo» o «la escena de sexo me da arcadas». ¿Por qué no encontramos estos comentarios negativos? Quizá una razón es que los críticos de cine y los que han pagado la entrada son hombres. A las espectadoras estas películas las deja indiferentes. Porque la alumna, la modelo, la risueña mecanógrafa «está de pan y moja», como dirían los señores de otros tiempos, y el protagonista es un viejo pellejo.

El hipócrita argumento del viejo y la muchacha

Si lo pensamos bien, estas películas de viejo y alumna o modelo son hipócritas. Si realmente quisieran enseñarnos que la belleza está en todas partes, la señorita debería tener o ser lo que el grueso de la sociedad considera inaceptable: obesidad, una piel seca o con manchas, un rostro con una evidente asimetría… Y quizá treinta o cuarenta o cincuenta años más. Porque no nos engañemos, si el pintor viejo fuera una pintora vieja y la chica un muchachito, es probable que los críticos cambiaran lo de «canto a la belleza» por «la exposición de la frustración de una anciana». Así que mientras ellas están frustradas y calientes, ellos son catadores de belleza.

La vieja de ‘El Resplandor’

Una de las escenas más conocidas de El resplandor es la de Jack Nicholson/Torrance abrazando y besando a una jovencita recién salida del baño que segundos después se convierte en una anciana decrépita. Kubrick sabía que la anciana provocaría asco (más a los hombres que a las mujeres) y hasta miedo (intensificado por la música).

A Nicholson no le importa abrazar a un fantasma de buen ver, pero huye despavorido cuando es una mujer ajada. ¿Quién siente pena por esta mujer de carnes caídas y el cuerpo lleno de manchas? Es una clara degradación del cuerpo femenino cuando se sale de los cánones. En este caso, es un cuerpo viejo.

La oscuridad en Harold y Maude

harold-y-maude

La idea de que una anciana y un jovencito mantengan relaciones sexuales resulta repulsiva para muchos espectadores. De ahí que Harold y Maude siga siendo una rareza aunque se estrenó en 1971.

Si lo pensamos bien, la relación entre Harold y Maude solo es posible porque comparten placer por todo lo relacionado con la muerte. El protagonista puede resultar antipático y no está bien de la cabeza. De manera que su gusto por Maude es más propio de una mente perturbada que de una mente sana. Esto resta valor a la idea de mostrar como «normal» la relación entre ambos personajes.

Algo pasa con Mary… y la vieja que toma el sol

Otro ejemplo de degradación del cuerpo desnudo de una mujer anciana lo encontramos en Algo pasa con Mary: un espía de Mary espera verla desnuda a través de los prismáticos, pero en su lugar, y para su disgusto, ve el torso con arrugas y los pechos caídos de una anciana. El chiste funciona para una parte de los espectadores porque el mirón «recibe su castigo». Si la sociedad considerara el cuerpo de la anciana simplemente como un cuerpo, al margen de consideraciones estéticas, el chiste no tendría efecto.

¿Por qué el cuerpo desnudo de un anciano conmueve a la piedad, a la pena y el de una mujer de la misma edad provoca asco a muchos? Parece que una mujer no tiene derecho a descansar de la opinión ajena ni llegada a edad avanzada. Una opinión que muchas mujeres jubiladas fomentan: «Pepita está más estropeada que yo».

Solo se admiten MILF

Solo en la última década el cine y el público ha admitido que una mujer «mayor» se enamore de un jovencito y sea correspondida. Pero hay imposiciones: la mujer mayor debe tener un cuerpo que podría competir con el de veinteañeras. Debe ser una MILF (Mom I’d Like to Fuck o Madre que me follaría). Mamá y no abuela. Los argumentos de MILF y jovencito se han multiplicado en el drama y la comedia: Michelle Pfeiffer (El novio de mi madre), Marisa Tomei (En la habitación), Kim Basinger (Una mujer difícil), Kate Winslet (El lector)… En cualquier caso, en estos argumentos la diferencia de edad es un tema secundario o realmente carece de importancia.

La veda la abrió Anne Bancroft como señora Robinson (El graduado) en 1967 (cuatro años antes que Harold y Maude). Aunque entonces la Bancroft tenía 36 años y Dustin Hoffman 30. ¿Hubiera admitido la crítica y el público de entonces a una señora con sus auténticos 50 años de entonces? El físico de Bancroft ha jugado a favor de la mitología de la película. Sin embargo, el físico de Ruth Gordon/Maude ha condenado a Harold y Maude al ostracismo aunque está en el puesto 49 de las mejores comedias según el Sindicato de Guionistas de Los Estados Unidos.

La MILF no debería ser vista como un reconocimiento de la mujer madura. El origen de la palabra es peyorativo (aparece por primera vez en American Pie, en 1999). Aquel término no hace más que crear un nuevo condicionante para las mujeres. Se ha llegado al punto en el que no ser una MILF pasados los 40 años está mal visto en según qué ambientes.

¿Cómo una gorda va a tener sexo?

Empire y el sexo que escandalizó a los espectadores

Vemos que la vejez, tan natural, provoca rechazo y asco cuando está asociada al cuerpo femenino. Si es joven la crítica viene por los kilos. El último escándalo llegó con Empire: Gabourey Sidibe/Becky abre el episodio sexto de la segunda temporada con una escena de sexo dentro de los límites de la televisión en abierto estadounidense. ¡Y con la ropa puesta!

Sin embargo, para una parte de la audiencia la escena fue «demasiado explícita», para otras, «nauseabunda» y no faltaron comentarios como «una mujer así no puede despertar pasión» o «es irreal que la gorda tenga sexo». No faltaron memes de vómitos y personajes famosos con caras de asco.

Gabourey Sidibe dijo a People que se sintió orgullosa y hermosa al realizar al escena y que no entiende el odio ante una escena de amor. ¿No está una parte de la mayoría de la sociedad idiotizada por la estética de la Barbie?

Hombretones hechos y derechos diciendo tonterías

Por todo ello, preocupa que personajes que debieran convertirse en un referente en cuanto a la aceptación de los distintos cuerpos, se convierten en difusores del odio a la mujer cuando no entra en determinados moldes. Lo hemos visto en los últimos meses: periodistas maestros de periodistas (dicen sus discípulos y aduladores) de medios conservadores parecen haber acordado en una barbacoa un argumento único, simple, contra mujeres que defienden ideas no conservadoras: «Son gordas y feas».

Uno se pregunta cómo es posible que estos hombres —son hombres— talluditos y algunos con dos o tres carreras usen como recurso argumentativo «son gordas y feas» y no sientan vergüenza. (Uno la siente, y mucho, de compartir el mismo país). «Gordas y feas» son palabras de matones de patio de recreo contra niñas vulnerables. «Son gordas y feas» es una réplica propia de profesionales de una ideocracia; aquella película donde cualquier imbécil incapaz de sumar con los dedos puede ser médico o periodista gracias a los cupones de un supermercado.

Que estos periodistas maestros de periodistas tengan fanáticos prueba las carencias de la educación y tolerancia españolas, también patente en las redes sociales durante las emisiones de  espacios como Casados a primera vista. Este programa de telerrealidad depende y mucho de la parte más crítica de la sociedad respecto a cómo deben ser las personas por dentro y por fuera. Hay diferencias: de ellos se dice que son calvos o que tienen una barba fea; a ellas se las considera viejas o gordas y hasta orcos. Los comentarios que reciben ellos son benévolos en comparación con los comentarios que reciben ellas.

Con semejantes comentarios en las redes sociales, no extraña que haya un caldo de cultivo para que los periodistas maestros de periodistas no informen ni escriban artículos que den pie a la reflexión. A estos profesionales poco esforzados les cuesta poco conseguir el aplauso fácil del tonto, los corazoncitos en Twitter y los pulgares arriba en Facebook de lectores sin criterio. En cualquier caso poco cabe esperarse de estos profesionales que en más de una ocasión han descrito a la mujer ideal como «la mujer muy femenina y discreta» (entiéndase aquí discreta como boba o sin criterio propio) y por supuesto con un cuerpo de maniquí.

En el fondo, la misoginia se alía con el estereotipo: los periodistas conservadores y misóginos parecen pensar: «Si no podemos rebatir las ideas de las mujeres, hagamos que lloren». Una mente funciona bajo el influjo del estereotipo cuando considera que la mujer está obsesionada con los potingues y su cuerpo, y que las palabras «gorda y fea» la afectarán.

¿Para cuándo una mujer estará considera como una persona y no un trozo de carne que debe tener un tamaño y una presentación estándar —como si fuera una pieza de supermercado— y una fecha de caducidad? ¿Para cuándo una comedia romántica de una señora de 70 con un tipo de 30 años y que acabe con ambos en el Caribe? ¿Será posible mostrar a una mujer de 70 años o más desnuda sin que se busque provocar asco en el público? ¿Para cuándo periodistas hechos y derechos se comportarán como tal y no como matones de mala película de instituto?

 

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Opiniones 68
  • tengo 55 años, 3 hijos y soy madre soltera con sobrepeso buena parte conseguido con etapas de ansiedad y algo de «depre».y no soy fea, de un modo formal.,pero sí he encontrado todos los rechazos de los que hablas y los mayores de mi propia familia femenina que «tanto se preocupan por mí» pero no me dejan un fin de semana de respiro quedando con mis hijos.me hago mayor y hay quien se empeña en que me sienta «gorda y fea»- ni te imaginas si me ven, que me vieron, mirando el escaparate de una pastelería de diseño.no sabes lo que es ,hasta que lo vives…es una injusticia tan grande que es una gran putada.debería ser el título de una buena película. imprimiré el artículo y se lo paso a la profe de valores de mi hija mayor y a mis niños en la cena.espero que no haya problema.GRACIAS

  • olvidé que debía contar algo bonito………SÍ SOY GUAPA y por herencia materna……NO TENGO UNA PUÑETERA ARRUGA…jajajajajajajajaja….con gran fastidio de mis conocid@s de talla 36-40 (sí, estoy en la 52, pero ya llegaré, sí llegaré…a verme muy mona en el espejo, YOAMIMISMA. ) y en cuanto al sexo, en fin de año un tío muy mono me dijo que ya iba siendo hora de ver culos como dios manda…¿…?

    • Todo lo que has contado, incluso en el primer comentario, todo es bonito: demuestra que eres una luchadora, Allo, que no te dejas tumbar por las críticas y comentarios de esos que «tanto te quieren». Ser una luchadora es atractivo.

  • ¿Cuando los hombres empezaréis a luchar contra el machismo por que os perjudica a vosotros, y no solo para socorrer a las mujeres?

    A ella se la valora por su físico, es cierto. Pero a el se le valora por lo que ha logrado en la vida.

    ¿A caso un «albañil jubilado o un hombre con una triste pensión no contributiva» no podrían ser igualmente bellísimas personas que mereciesen todo nuestro respeto?

    Sin embargo este artículo se centra tan solo en el perjuicio hacia las mujeres, y no hacia los hombres. Que no está mal que se trate este tema, pero el feminismo seguirá sin avanzar hasta que los hombres seáis capaces de veros también como víctimas del patriarcado.

    Alguna vez me gustaría ver a un escritor de artículos «feminista» en una posición de vulnerabilidad.

    • Arya, si es justo lo que digo: el albañil y el hombre con la triste pensión son bellísimas personas, pero para los creadores de esas películas no son dignos de ser protagonistas. Como escribo en el texto: los pintores y escritores afamados son el alter ego de los creadores.

      En este artículo no se valora a nadie por lo obtenido. Quienes hacen valoraciones así son los creadores de esas películas. Por eso tampoco verás la historia de amor de un jubilado con 500 euros al mes y una chica bonita de 22.

      • Javier, creo que fui muy visceral con el artículo, y fue un error por mi parte.

        Voy a intentar explicárlo mejor. Creo que vi la película a la que te refieres (al menos hay una relativamente reciente que me encaja mucho en la historia). La vi, y la verdad es que me resultó cuando menos «incómoda», justo por lo que planteas en el artículo. No es que una relación así sea imposible, pero se convertían los personajes en clichés con los que no me podía identificar.

        Ahora la pregunta que tengo es ¿Eso a los hombres no os pasa? ¿De verdad que no existen películas que os afecten a vosotros en base a los estereotipos masculinos que se usan?

        No critico tu artículo. Este también es válido y necesario. Pero ya he visto otras veces tratar este tema. Es cierto que criticas ambas cosas, pero en el artículo te centras solo en una: El fantasma de el resplandor, la vieja de algo pasa con Mary, «Solo se admiten MILF» o «¿Como una gorda va a tener sexo?» son puntos que hacen referencia al problema para la mujer, y no la otra parte que yo criticaba.

        La cuestión es ¿por que no se ven más artículos escritos por hombres criticando los estereotipos masculinos que les molestan? Aquí lo tocas, pero como algo secundario.

        Quizás me equivoque y los hombres estéis todos contentos con los estereotipos masculinos. O quizás simplemente no esté tan aceptada la crítica a estos estereotipos. Simplemente creo que al feminismo le falta avanzar por este camino.

  • La belleza femenina siempre ha sido más estándar que la masculina. Haz una encuesta. Pregunta a tus amigos qué clase de mujer les parece atractiva y pregunta a tus amigas qué clase de hombre les resulta atractivo. Que sean sinceros. La respuesta que obtendrás de la mayoría de ellos hará referencia al físico y será bastante homogénea. La respuesta de las mujeres será, probablemente, un manojo de conceptos mucho más vaporosos. Respuestas del tipo «me gustan los hombres interesantes», «me gustan los feos atractivos», etc. Y, es un hecho empírico, a no pocas mujeres les resultan atractivos los hombres mayores que ellas. A veces muy mayores. Tengo unas cuantas amigas con novios que les sacan más de 15 años. Ningún amigo en la situación inversa. Es algo cultural, se da así en la sociedad, qué le vamos a hacer.

    Lo anterior es cierto y es inmutable y es una putada o no, depende. Pero no creo que tenga nada que ver con la misoginia. ¿Es misógino que las mujeres de más edad no atraigan, no vendan y por tanto tengan un papel en el cine mainstream reducido? ¿Cómo? Es decir, ¿hay que adaptar los gustos de la sociedad, que no derivan de otra cosa que de apetitos sexuales básicos, para que la sociedad sea justa? Esa idea me hace reir. Mucho.

    Es como enfadarse porque los calvos no hacen papeles de galán en el cine. Que los guapos de hollywood tienen un pelazo. Que eso atenta contra la dignidad de los hombres, al medir su valía según su densidad capilar. Pamplinas.

    ¿Los calvos tienen menores oportunidades laborales que los que tienen pelo? No ¿menos derechos? Tampoco. Entonces, ¿hay algún problema? En absoluto. Y creo que esta clase de cosas son las que importan a las mujeres inteligentes, no si las actrices de Hollywood están gordas, son viejas o tienen el culo caído.

    El cine comercial es un producto destinado a agradar y atraer a la mayor parte de la audiencia posible. Punto. A la mayoría no nos gustan las mujeres gordas y feas. Pues vaya, es así. Tampoco Ryan Gosling tiene barriga.

    • Chema, el artículo no trata sobre qué te tiene que gustar o no. Que con frecuencia el cine muestre como asqueroso u horrible que una mujer sea gorda o vieja no dice mucho sobre la sensibilidad de sus creadores ni del público al que se dirige. Pero mira, la serie Empire muestra como algo bonito que una mujer gorda tenga sexo con un hombre joven y atractivo.

      • No, no lo dice. La sociedad muestra los rasgos que comparten quienes la componen. Y nos parecemos mucho más en nuestros defectos que en nuestras virtudes, que nos individualizan.

        Una de sus virtudes, por ejemplo, es escribir buenos artículos. Gracias.

  • En Brokeback Mountain vimos a dos señores fornicando pero sólo cuando estaban de buen ver, de viejos ya no claro. Todo el mundo sabe que por algún designio divino los viejos no follan aunque dispongan de viagra.

    • Plas-plas. Al cine le parece bien un viejo y una jovencita, o dos muchachos (hasta cierto punto), pero como bien dices, dos viejos, no.

  • Muy buen artículo, muy buen análisis. Vi Harold y Maude hace unos años y me abrió la cabeza en dos, mis propios prejuicios no dejaron de sorprenderme a pesar de estar muy concienciada con el tema, me encantó.

  • Una buena que se te esta olvidando
    fassbinder El miedo devora el alma, que aparentemente tradujeron al español como todos nos llamamos ali
    Historia de amor: ella, vieja gorda y fea, y él joven y hermoso pero imigrante turco. el odio de la sociedad no se hace esperar

  • Estamos precisamente en una época de adoración del cuerpo y para que eso cambiara habría que cambiar el mundo. Sin embargo tengo que confesar que las personas gordas me desagradan profundamente, lo asocio a la poca higiene y el abandono, porque en un 99% de las veces se puede afirmar que es gordo el que quiere, una persona que se respete a sí misma no llegará a la obesidad notable, estoy harto de oír esa memez de «padezco obesidad mórbida», que en realidad significa: no pienso dejar de comer lo que me apetezca.

    • Jeeves, ojalá las cosas fueran igual de fáciles para todos como parece que lo es para tí. Es cierto que mucha gente está gorda porque les gusta comer y prefieren estar entraditos en carnes y disfrutar de la comida que estar delgados y amargados, cosa que me parece bien siempre y cuando tu salud no peligre, pero también hay mucha gente que tienen verdaderos problemas de ansiedad y obsesión e incluso enfermedades que les hacen engordar sin necesidad de hincharse a comer y sufren y tratan de luchar contra ello pero muchas veces no es tan fácil como tú planteas y no creo que por ello merezcan ser repudiados. Hay que tratar de ser un poco más comprensivo con los demás y no juzgar tan a la ligera. Me alegro de que seas tan fuerte y tu vida sea tan perfecta.

    • Jeeves, yo asocio mensajes como el tuyo a las telarañas mentales. ¿Puedes demostrar matemáticamente, empíricamente, de alguna manera que gordura=falta de higiene?

  • Menudo aburrimiento de artículos que, por tal de defender a un colectivo históricamente tratado de forma injusta y marginal, se va completamente al otro extremo con argumentos, como mínimo, poco razonables y ejemplos completamente parciales, barriendo pa casa. Está claro que los gordos y viejos en pelotas son mucho más agradables de ver y comerciales. La mención a ‘El Resplandor’, de aplauso.

    En cualquier caso, me resulta bastante gracioso cómo normalmente la mujer (de cualquier edad o ámbito social) siempre está más preocupada con la estética, el paso de los años y la vejez, el sobrepeso, que los tíos; y se suelen fijar (a veces, criticar) más entre ellas por esos motivos. Pero bueno, cada uno con sus neuras.

  • Digo yo que para qué invita a comentar si después censura lo que no le gusta. Vale, me encantan las gordas y de ellas es el futuro ¿le gustó?

    • Jeeves, deberías mirar mejor el hilo porque tu grotesco mensaje está ahí desde las 10:39, así como la respuesta que te dio Marta. Censura, ninguna.

  • ¿Para cuándo? Para cuando sean esas mujeres «viejas y feas» las que dirijan, las maestras de periodistas, las que escriban, las que como Gabourey den pasos en esa dirección.

    Los hombres hechos y derechos (iba a poner HOMBRES pero no veo por qué debería resaltar lo que yo entiendo por normal) los hombres hechos y derechos, decía, ya están en ello. Y algunos, escriben artículos como este.

  • Qué bien has expresado algo tan jodido y real. Estás pelis y las reacciones de determinado público ante la transgresión del estereotipo, son el reflejo del fascismo mental en el que vivimos. Sigue así, te leeré de mil amores.

  • Ya hubo aquella película ‘Cuando menos te lo esperas» del 2003 en la que de la joven Amanda Peet (31) cumple con los criterios de tu artículo teniendo una aventura con Nickolson (66), y la mamá, Keaton (57) resulta ser MILF para Reeves (39)
    Eso si, dirigida por una mujer, Nancy Meyers, y con estilo de comedia, porque quién podría tomarse la historia en serio?

    Recuerdas cómo termina?

  • Maravillosa nota, argumentos impecables…y es un orgullo saber que cada vez son más los hombres que defienden a las mujeres, las respetan y luchan por la igualdad. Gracias, por poder separarte del montón, ser crítico a pesar de todo y decirlo que pocos se animan!

  • Javier, me ha emocionado, he empezado a leer sin saber quien había escrito este pedazo de artículo reflexión, y cuando he llegado al final y he visto que era escrito por un hombre he pensado: «todavía hay esperanza» gracias por ponerle palabras a los sentimientos de muchas mujeres

  • Sólo he visto fragmentos pero las escenas de sexo o desnudez de LenaDunham en Girls son también un buen ejemplo situaciones que exasperan están sensibilidades extrañas sobre el cuerpo femenino q aparecen sólo cuando es una mujer que escapa al estereotipo. Es como si el pudor apareciera de pronto, y es tan incriminatorio para aquellos que buscan solapadamente en la tv o pelis estímulos visuales para su ejercicio sexual. Porq no voy a criticar gustos, pero no pueden juzgar las escenas y a los actores como si estuvieran haciendo casting para su selección personal de porno.

  • Me parece un artículo estupendo. Una buena dosis de crítica en un mundo encajonado en un escaparate de maniquíes. Un 10. (Probablemente si usted hubiera sido una mujer este artículo habría recibido un montón de comentarios despectivos, todo hay que decirlo)

  • Por cierto, hay una película reciente, El rey de La Habana (Agustí Villaronga), en la que hay una escena entre una mujer mayor y gorda con el protagonista. Pero de esa, tristemente, no se ha hablado ni para criticarla. Ese sería también un tema para hablar largo y tendido (por qué películas buenas pasan inadvertidas), aunque en otro hilo.

  • Excelente artículo y más excelente aún por haber sido escrito por un hombre!!! Aplausos para esa mente abierta, reflexiva y sin barreras. Hombres como vos son la esperanza de un mundo mejor aquí y ahora.

  • Genial artículo. Para mí La cuestión es que la industria de la belleza mueve muchos millones y permitir a las mujeres envejecer tranquilas sería la ruina de los cirujanos plásticos. Hollywood paso de vender cigarrillos , alcohol y moda a vender operaciones estéticas, entre otras cosas. Escribí sobre el derecho de las mujeres a envejecer aquí porsi interesa: http://gansossalvajes.com/2015/05/03/el-derecho-de-las-mujeres-a-envejecer-regalo-dia-de-la-madre/

  • Me pareció muy interesante el artículo y original. Tambien, confieso que estaba casi convencida que iba a encontrar algún nombre femenino en el lugar del «autor». Este hecho, le agrega para mí, mas valor aún a todo lo que aquí se enuncia Gracias.

  • No me cabrea especialmente que directores gagá filmen sus deseos sexuales de jovencitas. Tienen su público. Hay hombres que disfrutan y comparten esas fantasías (machistas, sí). Y su envoltorio cultureta las diferencia de Benny Hill.
    La historia inversa, una vieja artista llena de sabiduría que se tira a un jovencito, ¿qué público iba a tener?. El masculino no iría a verla, al no identificarse con los personajes (como me pasa a mí con las de viejos).
    ¿Y nosotras?. ¿Iríamos a ver cómo se lo montan la señora y su maromo?. ¿Ese argumento forma parte de nuestras fantasías?. No lo creo. En general no vemos al hombre como un objeto que cuanto más joven más bello y más categoría da a quien lo posee. La mayoría no deseamos biendotados muchachos que nos pongan mirando pa cuenca en nuestra vejez.
    Por eso para nuestro consumo no hacen esas películas, sino estas otras: las de mujeres que buscan y encuentran un buen marido, un partidazo. Alguien que cazas y te sube de estatus, un triunfador. Esas sí tienen público, esa fantasía (machista, también) sí la comparten aún muchas mujeres, nos guste o no. Incluso nos llega vía disney.
    Entre una mamarrachada y otra, no sé cuál prefiero.
    El cine no hace más que reflejarnos, con nuestras miserias. Si queremos otras pelis, hagamos otras realidades.

  • Cuando vi el cartel de la película en un autobús pensé y sentí muchas cosas…asco, rabia, impotencia y al final decepción, porque pensé que la gente veía a esos dos viejos en la piscina y a esa chica y no veían nada raro en esa imagen, pasaban de largo cuando yo sentía la necesidad de arrancarlo y me decía a mí misma que alguien debería pronunciarse al respecto. Y no se trata únicamente del envejecimiento de las mujeres, que también. Si no que una vez más el producto/obra/cartel es la utilización del cuerpo de una mujer, la mujer como objeto sexual, despersonalizada, deshumanizada, como posesión de dos hombres.

  • Si no la conoces, te recomiendo la peli «The mother», dirigida por Roger Michell, con guión de Hanif Kureishi. Estaría muy bien conocer tu opinión.

  • Felicidades por tu artículo . Solo falta mencionar mujeres con alguna discapacidad física (porque las psíquicas sería un escándalo!) sean cojas, vayan en sillas de ruedas o cualquier otra que se te ocurra) … también follan o se masturban o necesitan y desean el sexo como otra cualquiera, porque son personas, y la realidad es que lo tienen.. sí… con jóvenes y con viejos, con discapacitados o no (glups!) ¿nunca lo habías pensado? ¿o no tienen derecho? .. y quien no tiene una discapacidad? aunque sea simplemente no tener una capacidad mental de aceptar esa realidad?

  • Hola, creo que hay un muy buen ejemplo de una comedia romántica de una mujer mayor con un hombre joven, ella sí parece una mujer en su edad, no hay escenas explícitas de sexo pero es una película poco promocionada, se llama «Ana no pierde el tren».
    Muy de acuerdo con tu nota.

  • Hola. Algo bonito les cuento:
    Gracias por este artículo. Lo leí en voz alta para imaginarme la personalidad de quién lo escribió. Poco importa eso, pero digamos que un halago a su autor.

    Ahora lo que sí importa, sí hay una película que muestra a la mujer anciana hermosa y real. Es un documental chileno que se llama «Leontina». Toda la peli está dedicada a esta mujer y cómo ella abraza la soledad sin que sea un trauma.

    Aquí les dejo el Trailer: https://youtu.be/lj3_jThKj18

  • En LA PIANISTA mas o menos se presenta un affair entre un joven admirador de la ya 40 y tantos abriles de la Diva (supongamoslo asi) …
    Y si mal no recuerdo, La Pianista, es una mujer liberal que Dios Guarde la Hora ..si se supiera of trascendiera que una Dama frecuenta una porno shop…
    ,Entonces, aqui MAYBE, se trastoca el orden.

    ….

  • Muy buena reflexión. De joven me encantaban las mujeres mayores, será por aquello de aprender, digo yo. Sin embargo, ahora veo que al acariciar ya los 60, de nuevo miro hacia adelante. Ya las «viejas» no me producen rechazo y adoro el cuerpo femenino imperfecto, con kilos, arrugas, manchas, en fin, con tiempo acumulado.
    Ahora veo que en esa piel que no pasa el corte de la moda, lleva mucho más amor, mucha más experiencia y mucha más intensidad… y lo mejor de todo, con muy poco o nada que perder a la hora de aventurarse. Nada, que una mujer con muchos años, puede ser más joven, osada y apasionada que una con pocos años.

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