16 de enero 2015    /   IDEAS
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La votante española es de Cuenca (y de derechas)

16 de enero 2015    /   IDEAS     por          
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Las últimas encuestas con respecto a la intención de voto de los españoles traen consigo en las últimas semanas análisis de todo tipo. El principal titular, claro está, es el descalabro del PP y el PSOE, el ascenso estabilizado pero imparable de Podemos y la constatación de que Ciudadanos se convierte en una opción más que anecdótica.

(Este post se publicó en primer lugar en ElDiario.es)

Pero recientemente se ha instaurado la convicción de que el sesgo en intención de voto es también de género. “Las mujeres han votado siempre de manera conservadora”, es un lema que se repite en tertulias y análisis en medios de comunicación. Pero ¿cuán realista es esta afirmación?

La imagen tradicional de la mujer española nos devuelve un perfil muy concreto: el ama de casa, reticente a cambios, que se dedica en exclusiva al trabajo doméstico y a los cuidados. Este perfil cumple, sin dudas, el estereotipo del voto conservador. Según el estudio Perfil político y religioso de las amas de casa en España, elaborado por los profesores Josep Lobera, de la Universidad Autónoma de Madrid (UAM), y Xavier Coller, de la Universidad Pablo de Olavide (UPO), el perfil del ama de casa en España es el de una mujer católica practicante, votante de derechas sin formación por encima de la enseñanza secundaria obligatoria. Pero este dibujo no define a una gran parte de la población femenina española, ya que en la actualidad, solamente el 16% se dedica exclusivamente al trabajo doméstico no remunerado.

Si tomamos el último barómetro del CIS de octubre de 2014, en lo que respecta a la intención de voto –y teniendo en cuenta siempre que se trata de una estimación–, encontramos que las mujeres se definen como “conservadoras” más que los hombres, y se identifican menos que ellos con las etiquetas “socialista”, “socialdemócrata” o “comunista”.

Por otro lado, en intención de voto directo, si mañana hubiera elecciones votarían menos a todos los partidos que los hombres, únicamente con dos excepciones: PSOE y UPyD. Si el análisis clásico consideraba que las mujeres castigan más a los partidos tradicionales y mantienen la indecisión de voto y la vacilación electoral hasta último momento, esto se mantiene en todas las formaciones -dónde votan sensiblemente menos que los hombres- menos en estos casos. ¿Qué papel juega el atractivo de un líder en el voto femenino? ¿O que la cabeza de la formación política sea una mujer?

Si nos fijamos en otros países, podríamos afirmar que las políticas concretas pueden superar muchas generalizaciones. Por ejemplo: la campaña de Barack Obama en las elecciones de 2012 se centró en medidas que garantizaran la igualdad de salarios y la ampliación de las leyes sanitarias para que incluyera, entre otras cosas, las mamografías gratuitas. ¿El resultado? El 55% de las mujeres votó por Obama, y sólo el 44% por Mitt Romney. Aún así, las medidas se establecen teniendo en cuenta un patrón: según los datos de los últimos veinticinco años, las mujeres han votado siempre a candidatos demócratas por encima de los republicanos, creando una división de género que el Center for American Women and Politics de la Rutgers University declaró como “evidente e histórica”.

Votantes-leyendo_EDIIMA20150114_0996_13

El arquetipo en cultura

Pero esto no ocurre únicamente en política. La industria cultural construye también sus productos y estrategias teniendo en cuenta números globales y grandes generalizaciones con respecto a los gustos de los ciudadanos. Ese es el caso de una parte de la industria editorial, centrada en atrapar a una consumidora de libros tipo construida a partir de datos masivos: según el último baremo de los hábitos de lectura, el perfil del lector en España sigue siendo el de una mujer con estudios universitarios, joven y urbana, que prefiere la novela, en castellano, y que, cuando lee, lo hace por entretenimiento. Las mujeres leen más que los hombres en su tiempo libre – el 64,1% frente al 54%- y esta diferencia es mayor entre los 25 y los 54 años.

Además, las ciudades más pobladas concentran el mayor número de lectores (71%). ¿El manejo de estos datos tiene algo que ver con que entre los libros más vendidos estén El tiempo entre costuras de María Dueñas o Mi color favorito es verte de Pilar Eyre? ¿Qué viene antes, el dato o la construcción de un catálogo?

Irene Lucas, editora del grupo Planeta, donde suelen editarse bestsellers de amplio calado entre el público femenino, sostiene que fomenta un tipo de libro “teniendo en cuenta precisamente ese perfil de lector, que es en realidad lectora”. Lucas se resiste a decir que las colecciones se diseñen a partir de esa idea, pero sí que la “idea preconcebida de lo que puede gustarle al público femenino puede primar y generar muchos réditos”.

En el mundo televisivo, la generalización ha acuñado el ya famoso concepto de “la señora de Cuenca” -la ciudad es sustituible por cualquier otra urbe de provincia-. Según esta idea, que manejan tanto productores como guionistas, no se puede realizar un producto demasiado sofisticado o innovador en las teleseries puesto que el público mayoritario que consume televisión son amas de casa proclives a tramas sencillas y finales felices.

Algo de eso habrá cuando las series nacionales arrasan. Las últimas grandes producciones de las cadenas privadas, El tiempo entre costuras (Antena 3), El Príncipe (Telecinco) y Velvet (Antena 3) -cuyas tramas parecen diseñadas para ese prototipo- han superado los cinco millones de espectadores este año.

Gema R. Neira, directora de desarrollo en Bambú, productora responsable deVelvet confirma que ese estereotipo “es el público más fiel al que se dirigen las cadenas”. Aún así, insiste en que “cuando se desglosa el público se encuentra que hay muchos más espectadores hombres y jóvenes de lo que en principio pensamos”. ¿Por qué, entonces, perdura esta idea? “El consumo en internet todavía no incide en la publicidad y lo que importa a las cadenas. Cuando exista otra cosa más allá de los audímetros televisivos para medir la audiencia, probablemente la señora de Cuenca dejará de tener tanta importancia”, concluye Neira.

Que las cifras absolutas dejen de lado la atomización del consumo de series en internet, a los lectores con gustos menos predecibles o un alto grado de ciudadanos que no han decidido aún su voto -el 20%, según el último barómetro- no parece estropear un cuadro pintado a brochazos. Según este, la mujer española es de Cuenca, lectora y, por lo que parece, de derechas.

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Las últimas encuestas con respecto a la intención de voto de los españoles traen consigo en las últimas semanas análisis de todo tipo. El principal titular, claro está, es el descalabro del PP y el PSOE, el ascenso estabilizado pero imparable de Podemos y la constatación de que Ciudadanos se convierte en una opción más que anecdótica.

(Este post se publicó en primer lugar en ElDiario.es)

Pero recientemente se ha instaurado la convicción de que el sesgo en intención de voto es también de género. “Las mujeres han votado siempre de manera conservadora”, es un lema que se repite en tertulias y análisis en medios de comunicación. Pero ¿cuán realista es esta afirmación?

La imagen tradicional de la mujer española nos devuelve un perfil muy concreto: el ama de casa, reticente a cambios, que se dedica en exclusiva al trabajo doméstico y a los cuidados. Este perfil cumple, sin dudas, el estereotipo del voto conservador. Según el estudio Perfil político y religioso de las amas de casa en España, elaborado por los profesores Josep Lobera, de la Universidad Autónoma de Madrid (UAM), y Xavier Coller, de la Universidad Pablo de Olavide (UPO), el perfil del ama de casa en España es el de una mujer católica practicante, votante de derechas sin formación por encima de la enseñanza secundaria obligatoria. Pero este dibujo no define a una gran parte de la población femenina española, ya que en la actualidad, solamente el 16% se dedica exclusivamente al trabajo doméstico no remunerado.

Si tomamos el último barómetro del CIS de octubre de 2014, en lo que respecta a la intención de voto –y teniendo en cuenta siempre que se trata de una estimación–, encontramos que las mujeres se definen como “conservadoras” más que los hombres, y se identifican menos que ellos con las etiquetas “socialista”, “socialdemócrata” o “comunista”.

Por otro lado, en intención de voto directo, si mañana hubiera elecciones votarían menos a todos los partidos que los hombres, únicamente con dos excepciones: PSOE y UPyD. Si el análisis clásico consideraba que las mujeres castigan más a los partidos tradicionales y mantienen la indecisión de voto y la vacilación electoral hasta último momento, esto se mantiene en todas las formaciones -dónde votan sensiblemente menos que los hombres- menos en estos casos. ¿Qué papel juega el atractivo de un líder en el voto femenino? ¿O que la cabeza de la formación política sea una mujer?

Si nos fijamos en otros países, podríamos afirmar que las políticas concretas pueden superar muchas generalizaciones. Por ejemplo: la campaña de Barack Obama en las elecciones de 2012 se centró en medidas que garantizaran la igualdad de salarios y la ampliación de las leyes sanitarias para que incluyera, entre otras cosas, las mamografías gratuitas. ¿El resultado? El 55% de las mujeres votó por Obama, y sólo el 44% por Mitt Romney. Aún así, las medidas se establecen teniendo en cuenta un patrón: según los datos de los últimos veinticinco años, las mujeres han votado siempre a candidatos demócratas por encima de los republicanos, creando una división de género que el Center for American Women and Politics de la Rutgers University declaró como “evidente e histórica”.

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El arquetipo en cultura

Pero esto no ocurre únicamente en política. La industria cultural construye también sus productos y estrategias teniendo en cuenta números globales y grandes generalizaciones con respecto a los gustos de los ciudadanos. Ese es el caso de una parte de la industria editorial, centrada en atrapar a una consumidora de libros tipo construida a partir de datos masivos: según el último baremo de los hábitos de lectura, el perfil del lector en España sigue siendo el de una mujer con estudios universitarios, joven y urbana, que prefiere la novela, en castellano, y que, cuando lee, lo hace por entretenimiento. Las mujeres leen más que los hombres en su tiempo libre – el 64,1% frente al 54%- y esta diferencia es mayor entre los 25 y los 54 años.

Además, las ciudades más pobladas concentran el mayor número de lectores (71%). ¿El manejo de estos datos tiene algo que ver con que entre los libros más vendidos estén El tiempo entre costuras de María Dueñas o Mi color favorito es verte de Pilar Eyre? ¿Qué viene antes, el dato o la construcción de un catálogo?

Irene Lucas, editora del grupo Planeta, donde suelen editarse bestsellers de amplio calado entre el público femenino, sostiene que fomenta un tipo de libro “teniendo en cuenta precisamente ese perfil de lector, que es en realidad lectora”. Lucas se resiste a decir que las colecciones se diseñen a partir de esa idea, pero sí que la “idea preconcebida de lo que puede gustarle al público femenino puede primar y generar muchos réditos”.

En el mundo televisivo, la generalización ha acuñado el ya famoso concepto de “la señora de Cuenca” -la ciudad es sustituible por cualquier otra urbe de provincia-. Según esta idea, que manejan tanto productores como guionistas, no se puede realizar un producto demasiado sofisticado o innovador en las teleseries puesto que el público mayoritario que consume televisión son amas de casa proclives a tramas sencillas y finales felices.

Algo de eso habrá cuando las series nacionales arrasan. Las últimas grandes producciones de las cadenas privadas, El tiempo entre costuras (Antena 3), El Príncipe (Telecinco) y Velvet (Antena 3) -cuyas tramas parecen diseñadas para ese prototipo- han superado los cinco millones de espectadores este año.

Gema R. Neira, directora de desarrollo en Bambú, productora responsable deVelvet confirma que ese estereotipo “es el público más fiel al que se dirigen las cadenas”. Aún así, insiste en que “cuando se desglosa el público se encuentra que hay muchos más espectadores hombres y jóvenes de lo que en principio pensamos”. ¿Por qué, entonces, perdura esta idea? “El consumo en internet todavía no incide en la publicidad y lo que importa a las cadenas. Cuando exista otra cosa más allá de los audímetros televisivos para medir la audiencia, probablemente la señora de Cuenca dejará de tener tanta importancia”, concluye Neira.

Que las cifras absolutas dejen de lado la atomización del consumo de series en internet, a los lectores con gustos menos predecibles o un alto grado de ciudadanos que no han decidido aún su voto -el 20%, según el último barómetro- no parece estropear un cuadro pintado a brochazos. Según este, la mujer española es de Cuenca, lectora y, por lo que parece, de derechas.

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